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Editorial

Alejandro Guyot: El tango como gualicho y cosmos

De vuelta en el país tras un intenso y fructífero paso por Europa, Alejandro Guyot presentó a voz y guitarra el repertorio de “Gualicho de Tango” y allí mismo subrayó el resistente presente de una de las músicas insignias de la cultura popular.
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El cantor, compositor, escritor y docente Alejandro Guyot se plantó anoche en la esquina porteña del barrio de Parque Chacabuco donde se sitúa La Tierra Invisible, para celebrar su regreso al país con el lanzamiento del reciente álbum «Gualicho de Tango» y un concierto que fue mucho más allá de mostrar un nuevo y atractivo repertorio para el género.

Desde su voz honda, expresiva y potente, el fundador del grupo 34 Puñaladas que luego -y deconstrucción mediante- pasó a llamarse Bombay Bs.As. exhibió con destreza las credenciales actuales de la música ciudadana y desde esa premisa fundó un tiempo y un espacio donde el tango volvió a ocupar el centro de la escena.

Es que asumiendo una mezcla de inquietud, conocimiento y talento, Guyot construyó una velada en el que la canción de Buenos Aires burló algoritmos, likes y rankings para exhibir una potencia lírica, identitaria y sonora que encarna un mundo estético y cultural con memoria y presente.

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Lo interesante del asunto que fue capaz de colmar la sala –con predominio de artistas, docentes y estudiantes de la Escuela de Música Popular de Avellaneda y también con la presencia de Juan Pablo Fernández de Los Techistas del Apocalipsis, entre más- es que el artista desplegó ese mundo posible sin declamaciones ni anuncios sino simplemente poniendo en acto los gestos de un legado y sus resonancias actuales que son las que justamente pueblan el repertorio de “Gualicho de Tango”.

El disco lanzado hacia finales de agosto como un modo de saludar el regreso del vocalista al país tras ocho meses de giras, actuaciones y grabaciones en distintos lugares de Europa, brindó el ambiente ideal para instaurar ese universo de modos y sentires que el tango como cultura sabe capturar con sabia síntesis.

Tanto en el registro como sobre el tablado donde se recreó el repertorio, Alejandro apeló al diálogo fascinante entre su voz cargada y las cuerdas de guitarras que –al igual que en la placa- fueron ejecutadas por seis manos tan notables como diferentes: las de Kalén Ortiz, Pedro Cecchi y Alejandro Bordas.

En un ambiente de complicidades y afectos, la primera dupla la sostuvo con el virtuoso Ortiz y estuvo centrada en composiciones de la autora, cantante y abogada penalista Marisa Vazquez (presente en la sala) como “Madrugada y Soledad”, “En este bar” y “Zavaleta”, este último sobre texto de Mariano Pini (también entre el público) que da cuenta de un caso de gatillo fácil en esa villa miseria.

Luego, y en compañía de Cecchi –dueño de un toque preciso y austero- fue el turno de “Metafisica y barrial” (tremenda obra de la dupla Cinzarazi que integran Juan Cinza y Gino Arrazi), “Felicidad” (firmada por Guido Iacoppetti) y “Milonguera del camino”, una creación del guitarrista que no forma parte de “Gualicho de tango” pero bien podría integrar una antología de creaciones de este siglo.

Tampoco forma parte de ese disco de siete estaciones el magnífico “La sal, la herida”, del propio Guyot, con el que hizo su ingreso al tablado la sutil e inspirada viola de siete cuerdas ejecutada por Bordas, también protagonista de la atmósfera cotidiana de “Retazos”, creada por Juan Serén y sí presente en el álbum que convocó a la reunión.

El clima de festivo arrabal no solamente saludó la escasamente observada actualidad de un lenguaje que resiste los embates de otras texturas más ligeras e instantáneas, sino que acogió el retorno del anfitrión que en su raid europeo también regó de esa tradición aquellas tierras.

Guyot fue el duende en la puesta en la Deutsche Oper am Rhein de Dusseldorf de la operita de Piazzolla-Ferrer “María de Buenos Aires”, compartió recitales con la bandoneonista francesa Carmela Delgado y con el cuarteto L’art del Tango que integra el bandoneonista exFernández Fierro Pablo Gignoli y grabó dos álbumes: uno de cuño piazzolliano junto al Quinteto del Plata que integran músicos argentinos radicados en París y otro –“ Piano canción, volumen II”- que lo unió nuevamente con Elbi Olalla, la pianista mendocina que supo impulsar Altertango y está afincada en Barcelona.

La joven y estupenda cantora Jessica «La Maleva» Leventoux fue la encargada de inaugurar la función y también compartió con Guyot “Gualicho de luna” -otra creación de Vázquez que es parte del registro presentado en la ocasión- y otra guitarra, esta vez pulsada mágicamente por Pablo Sensottera y hasta el bandoneón de Julio Coviello, se integraron para sumarle matices al encuentro.

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Sergio Arboleya

Sergio Arboleya es periodista. Se desempeñó como editor de Espectáculos en la Agencia Télam y es autor de los libros “La Trova Rosarina” (1998) y “No pienses que nos perdiste” (2024). Integró el colectivo que entre 2006 y 2015 realizó la revista Devenir e integra el grupo que a partir de 2017 hace el programa “Después de la Deriva” en Revuelto Radio.
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