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Editorial

Marian Farías Gómez: un canto que viene de lejos

En el 15° Festival de Arte Popular Mercedes Sosa, la presentación del libro “Farías Gómez: La Tribu”, de Carlos Molinero, dio lugar a una conversación con una de sus protagonistas, Marián Farías Gómez, sobre la música popular y las historias que la hicieron posible. Entre anécdotas y canciones, en una jornada atravesada también por el fallecimiento de Piero, su habitual alegría quedó ensombrecida por la noticia aunque no impidió que cuente y cante sus verdades, a dos años de ausencia en los escenarios.
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La música fue el hilo conductor de una conversación que fue tejiendo recuerdos más allá de la reconstrucción biográfica: desde la música compartida como experiencia familiar hasta el compromiso político, el exilio y la persistencia de repertorios capaces de enlazar generaciones, la palabra de Marián fue trazando una memoria viva de la cultura popular. Una memoria que, en una jornada signada por la pérdida de Piero, encontró en las canciones una forma de homenajear a quienes hicieron de la música mucho más que un oficio de cantor.

La escena tuvo lugar en el marco del 15° Festival de Arte Popular Mercedes Sosa en el CCC (Centro Cultural de la Cooperación de Buenos Aires), organizado por la Fundación Mercedes Sosa y el CEFMA (Centro de Estudios y Formación Marxista Héctor P. Agosti). Cuatro días de encuentros, historias, pensamiento y música dieron lugar, el jueves 7 de octubre, a una conversación con el público, que tuvo a Ada García -pareja y representante de la cantante- como interlocutora, a Araceli Matus y a Alexia Massholder –presidenta de la Fundación y miembro del CEFMA respectivamente– como organizadoras, y a Diego Gallo, como guitarrista acompañante.

El libro de Carlos Molinero, editado n 2021, recorre distintas generaciones de los Farías Gómez y sus búsquedas artísticas, que también son políticas. Recompone así la historia de una manera a “lo” Farías Gómez de entender y habitar eso que llamamos folklore, advirtiendo la posibilidad creativa dentro de eso que llamamos tradición.

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“Yo cantaba porque todos cantábamos”

La casa familiar de San Isidro –apodada como “La Tribu”– era el lugar de encuentro permanente de músicos que para ese entonces Marián consideraba, antes que como “artistas”, como “amigos”. Cuenta que “a mí no me interesaba ser cantante, cantaba porque estaba toda esa gente en mi casa (..) cantaba porque todos cantábamos”. Se refiere a Armando Tejada Gómez, Vitillo Ábalos, Hamlet Lima Quintana, Mario Arnedo Gallo, Atahualpa Yupanqui, entre otros; Hugo Díaz hasta tenía llaves de una casa que no dejaría de abrir puertas.

Su voz se iba gestando así, a través de reuniones memorables, aunque por entonces imaginaba otro destino: “iba a ser médica”, cuenta entre risas. La raíz de su admiración por Ramón Carrillo venía de su linaje familiar: el Doctor era primo de su padre, Enrique “Tata” Farías Gómez –músico, investigador y compositor santiagueño– quien junto a su madre, María Antonia “Pocha” Barros –autora porteña de sus “crónicas con rima”–, tuvo cinco hijos: Chango, Mariano, Pedro, Marián y Bongo. La tribu alcanza así a figuras vinculadas a distintas ramas de la música y la cultura popular argentina.

Salomé Carrillo, madre de Ramón, le escribió un poema a su hijo, que Marián interpreta acompañada por Gallo pese a la tristeza de un día tan doloroso como el del fallecimiento del autor de una mezcla de guarania y chacarera como lo es “Soy pan, soy paz, soy más”, marca indeleble de la memoria sonora de una época en la que se “mezclaron las palabras/ o se escapaban las miradas” y de la que Marián conversaría luego.

Resulta que un día se la jugó y en una de aquellas reuniones, entre pasión y profesión, dejó algo bien clarito: “¡yo sé cantar se va se va la lancha!”, haciendo referencia a aquel tango-canción de Edgardo Donato, Héctor Artola y Francisco Bastardi que todo niño argentino escuchó alguna vez, por lo menos hasta fin del siglo pasado.

“Te necesitan los Huanca”

El punto de inflexión llegó de la mano de Blackie: “Te necesitan los Huanca”, le dijo. La periodista, actriz y cantante de jazz, Paloma Efron, es recordada por Marián como una mujer de carácter fuerte, “bastante sargentona”, que insistía en que debía ser “solidaria con sus hermanos”. Y Marián, que quiso serlo, se unió al conjunto fundamental de la renovación del folklore argentino. Bajo el nombre en quechua puesto por su tía Chavela que era “más mala que una araña ¡pero escribía muy bien!”,  debutó con los “hijos de la música” en el Teatro El Círculo de Rosario mientras que el otro número le correspondía a quien además de amigo, ahora era un prestigioso artista internacional, el mismo Atahualpa Yupanqui que diría que “lo que pasa es que ustedes los Farías Gómez son los únicos capaces de ponerle mostaza al asado y que no pierda el gusto”.

Con el diario del lunes (o no tanto), la pregunta acerca de la presencia femenina en los conjuntos folklóricos es ineludible. Ante ella, Marián cuestiona una idea repetida sobre su propia trayectoria: no fue la primera mujer en integrar un conjunto folklórico. Ese lugar, aclaró, le corresponde a Amelita Baltar, quien antes de dedicarse al tango también cantó folklore. La precisión, aparentemente pequeña, es significativa para entender las razones de esta conversación que tiene lugar frente a un público que pudo haber asistido algún “martes” a los conciertos de los Huanca: la estrategia era efectiva –como buena parte del sentido común– y consistía en advertir que si alguien estaba dispuesto a salir de su casa un martes exclusivamente para escuchar música, era porque realmente le interesaba.

“No tenes derecho a no cantar”

Mercedes Sosa ocupa el centro gravitacional de buena parte de la presentación, que a esta altura ya es conversación. “Yo no sé si sabían ¡pero cantaba mejor tango, como Gladys Osorio”, comenta. Por aquellos años, le decía: “no tenés derecho a no cantar”. Para Marián, “la suerte uno la merece, no la tiene porque sí”, y La negra “decía palabra por palabra, como debía ser”, como si el sentido ya estuviera incorporado a su voz. De allí que haya podido representar(nos) en tantos lugares del mundo… “hasta que la comercializaron”, lamenta.

La conversación se desplazó luego hacia otras grandes voces, entre ellas las de Mercedes Simone y Nelly Omar, cuya condición de “cantoraza ¡y peronista!” activó la complicidad de antaño entre Araceli –directora de la Fundación que lleva el nombre de su “abuelita” (y no de la “Pachamama”)– y su “tía”. La escena resultó elocuente: frente a grandes referentes del Partido Comunista, dos tradiciones, aún en tiempos de tanta mezquindad política, son capaces de reconocerse en una misma cultura popular.

“Si el éxito es esto, yo me voy”

Marián recordó las exigencias del Chango, quien convocaba a ensayos disciplinados a las ocho de la mañana. La falta de participación en las decisiones del conjunto terminó llevándola a tomar una determinación: “si el éxito es esto, yo me voy”. Ante una pregunta del público de los “martes” sobre una posible imposición del sello en pos de lograr un tono más “universalizante” de su voz en el disco solista del sello Trova, Marián aclara que lo decidió ella misma: “yo soy de Virgo, a mí no me convence nadie”. Años más tarde, al proponerle hacer un disco con temas todos de Serrat, –disipa toda sospecha– “dije rotundamente NO

“¿Por qué cantás Coplas para mi país?”

“Va a tener que acompañarnos”, escuchó después de que hayan tocado el timbre de su departamento. La familia había pautado un mecanismo discreto, casi imperceptible, con el fin de comunicarse ante la inminente detención. Si algo ocurría, cambiarían de lugar objetos cotidianos de la cocina. En aquella ocasión, Marián pidió, todavía en camisón, cerrar la llave de gas que “había quedado abierta”. Una pava movida algunos centímetros, pudo lo que las palabras ya no. Las canciones mucho menos: durante los tres días y dos noches que estuvo detenida, le preguntaron “¿por qué cantás Coplas para mi país?” y Marián, que era “joven y tonta”, como ella misma se definió, respondió: “porque es la verdad”.

Medio siglo después, ante la pregunta motivadora de Ada de si podía cantar esa canción cuya autoría le pertenece a su amigo Piero Antonio Franco De Benedictis, la voz se le quiebra. “Ay país, país, país”, resurge la melodía desde el público, como abrazándola. Suena así entera. De tan colectiva, íntima hasta los huesos.

“La música es una sola”

Sobre la época del exilio, cuenta que, como cualquier joven, iba a bailar a discotecas donde escuchaba flamenco y rumba. Así, la experiencia europea amplió su concepción de la música. Las giras por Estados Unidos, Venezuela, Colombia y Perú le permitieron conocer otras tradiciones populares que le hicieron comprender que “la cumbia y la bachata (también) son folklore”. Aún más, al recordar una obra de teatro en la Unión Soviética, vinculada a la historia de los Incas y sus conflictos internos, encontró resonancias con los derroteros y luchas de la propia historia argentina: “la música es una sola”, afirma.

“Mirá, Negra”

Hacia el final, las preguntas llevaron a conversar sobre las músicas actuales. Marián contó que le gusta tanto la cordobesa Mery Murúa como la jujeña Cazzu de quien recordó especialmente su versión de Alfonsina y el mar. Al escucharla, confesó que miró hacia arriba y le dijo: “Mirá, Negra”. También adelantó que prepara un nuevo disco, “Mi canto viene de lejos”, que incluirá –además de chacareras– canciones latinoamericanas y un tango muy antiguo que le debemos a un pedido personal de su madre. “Hay que hacerle caso a la vieja”, se escucharía al día siguiente entre el público de un concierto propio junto a Diego Gallo en guitarra y Paula Suárez en piano, como cierre del mismo Festival, luego de dos años de espera.

La investigación de Carlos Molinero —historiador, poeta, autor de Militancia de la canción— encontró en Marián una interlocutora capaz de volverla música. Las palabras del sociólogo Pablo Vila incluidas en la contratapa funcionan como una síntesis posible: “Los Farías Gómez son fundamentales para la música popular argentina, el folklore de proyección y la música militante”. Por su parte, Teresa Parodi advierte que “el libro, resume la impronta musical que dejaron los Farías Gómez, si es que esto fuera posible”.

La misma jornada pareció demostrarlo, al extenderse todavía en el marco del Festival. Continuó esa misma noche, ya en la Sala Pugliese, con la presentación del Dúo Silvana Serini y Camilo Ruiz, que propuso un recorrido por el cancionero popular argentino, con foco en sus compositores y compositoras.

La música -como Marián misma afirma- sigue siendo una sola.

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About Post Author

Eugenia Blanco

Música con formación en Antropología Social y Cultural en la Universidad Nacional de San Martín, la UBA y la École des Hautes Études en Sciences Sociales en Francia, se especializa en estudios sociales de la música. Su trabajo de investigación se centra en las músicas populares y las dinámicas de movilidad artística.
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