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Editorial

Julieta Laso: “Daniel Melingo me ayudó a creer un poco más en mi voz”

La cantante de tango habla del proceso de grabación de su nuevo disco, Fabriquera, con producción de Daniel Melingo, y dice: “De él admiro que fue tan leal a sí mismo y que no transó una”. El álbum se presentará el viernes 23 de a las 20 en el Teatro Margarita Xirgu (Chacabuco 875).
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Foto principal: Emiliano Rojas Salinas

La voz de Julieta Laso se agrieta, se quiebra, susurra y se expande en las canciones de su sexto disco, Fabriquera: vibra su fraseo de tango en las obras que le produjo Daniel Melingo, cuya partida, el 30 de junio, Laso aún no termina de asimilar. ¿Cómo recordar al “maestro”, como ella lo llama? Con Fabriquera, un disco en el que Laso retorna al decir tanguero -cuna y fuente-, con matices que trabajó durante dos años con él. Como dice ella: “Yo soñaba con cantar con Daniel Melingo desde que me decidí por el canto”.

Allá por 1998 él editó su seminal disco Tangos bajos; Laso tenía 16 años y para ella fue un antes y un después, a la par de su fascinación por Tita Merello, el rock argentino, Mercedes Sosa y Violeta Parra. “Y no paré de escuchar a Melingo”, cuenta Laso. Un largo puente unió la búsqueda de su voz con la impronta del ex Abuelos de la Nada y el resultado es Fabriquera. ¿Cómo lo ve ella? “Las canciones de este disco, aunque algunas cuentan cosas tristes, dan fuerzas. Los cantores devolvemos la tristeza convertida en algo bueno: los oyentes nos devuelven ilesos al escenario y en ese gesto tan hermoso nos salvamos todos”.

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En Fabriquera, Julieta Laso ofrece piezas inéditas, temas de Melingo, obras de Julián Centeya, Evaristo Carriego, María Celeste Torre y Patxi Andión, acompañada por Javier Casalla en violín, Camilo Ferrero en bandoneón, Patricio Cotella en contrabajo, Agustín Della Croce en cello, Muhammad Habbibi en trombones, Melingo en guitarra y tzouras -un instrumento griego de cuerdas-, y con invitados como Vicentico y Kubero Díaz. Lo presentarán en vivo el 23 de octubre a las 20 en el Teatro Margarita Xirgu (Chacabuco 875).

“Ser cantora es ser viajera -dice Laso-. Cuando no siento lo que canto, soy turista. En estos dos años de trabajo con el maestro Melingo lo acompañé por algunos senderos, siguiendo las huellas de los descendientes de africanos esclavizados en nuestro país. Me presentó a María Elena Lamadrid, cantora de candombe afroargentino. Ese día nos abrazamos y lloramos juntos. Yo soñaba con cantar con Melingo desde que me decidí por el canto. Pensaba que mi voz tenía que ver con el arrabal y con el mundo orillero que él cuenta”.

“Este es un disco hecho al óleo”, llegó a decirle Melingo. Y desde la primera conversación buscaban el protagonismo de las voces: “De hecho, descubrí cosas de mi voz que ni yo sabía”. Entre los temas del disco hay un poema de Federico García Lorca, “La seguiriya”,  “que quizás sea una clave del álbum y también de lo que es ser cantora: el dolor de los que no son amigos del comisario, ni del juez, ni de la abundancia, duele menos cuando se lo reconoce, cuando se lo canta. Negar que la gente sufre es humillar a las personas”.

¿Y qué sucede con “Pequeño paria”, de María Celeste Torre y Melingo, y en el que también canta Vicentico? “‘Pequeño paria’ es la canción de cuna que deberíamos haberle cantado a Santos Godino, el Petiso Orejudo, en el penal de Ushuaia. Hijo de la pobreza y el abandono, creció en las calles de San Telmo. Sus crímenes contra otros niños lo convirtieron en un monstruo moral en una ciudad donde la economía crecía escandalosamente para los ricos y la pobreza condenaba a los migrantes a situaciones inhumanas. Esos años dorados a los que pareciera que quieren volver los que nos gobiernan”, dice Laso.

¿Qué siente ella al escuchar Fabriquera? “Hay varias canciones, sobre todo muchas de las escritas por María Celeste Torre, que son muy luminosas: tienen mucha luz. Compensan a aquellas otras que son un poco más oscuras y tiran con fuerza para adelante. Hay una canción que termina diciendo ‘ya está por venir lo mejor’ y a mí me ayuda mucho esa parte de las canciones”. Así fue la trastienda del disco: “Cuando tuve esta oportunidad maravillosa de hacer un álbum con Melingo -cuenta Laso-, él me dijo ‘haceme una lista de canciones de las que más te gustaría cantar. Después fuimos sacando algunas, porque no se podía poner tantas. Algunas me marcaron desde los 16 años. También hay inéditas, pero en su mayoría son canciones que cantaba desde los 16”.

Entonces capta qué le aportó Melingo a su comprensión del fenómeno del tango: “Yo siento que estoy en un proceso y que van a ir cayendo un montón de fichas al pasar el tiempo. Con él aprendí demasiadas cosas; muchísimas de las cuales ni siquiera creo que soy consciente, porque era una persona muy sabia y le interesaba explicarte, contarte, conversar. Ahora últimamente estoy reescribiendo un montón de cosas que él me mandaba por mensajes y que están llenas de sabiduría”. Entre ellas, “creer en el poder de la voz, e ir a menos para llegar a más en los arreglos. Escuchar el silencio, utilizar el silencio y siempre sugerir”.

Hay “un sentido espiritual de la vida y del arte en las enseñanzas de Melingo”, sabe Laso. Y en su forma de cantar también fue definitorio: “Melingo me ayudó a creer un poco más en mi voz, en mi herramienta, y a llevarla a lugares más sutiles. Pero, para que pase eso con la voz, además tiene que pasar con la música que está sonando. Entonces, sí, me ayudó a creer en el poder de la voz. Por cantar en la calle y en la milonga, donde tenés que imponerte, me llevó mucho laburo liberarme de ciertos vicios. Pero ahora escucho Fabriquera, hay muchas canciones en las que no me reconozco y eso me encanta”.

Foto: Nora Lezano

¿Qué aparece de novedoso cuando se escucha? “Oigo mayor ternura en algunos momentos: como si estuviera más relajada. Y sobre todo escucho sentimientos diferentes: intenciones diferentes. Pero eso me llevó trabajo; no es que me salió orgánicamente. Por eso grabamos tantas tomas”. El disco “tiene una sonoridad llena de capas y capas, en las voces, y es muy profundo el lugar al que va. Siento que es un disco abrazador para algunas personas”. Y dice: “Fue muy fuerte sacar Fabriquera. Estuve una semana enferma, yo creo, por lo fuerte que era la situación, porque no esperaba que las cosas sucedieran de esta manera. Todavía estoy haciendo un duelo y cuando lo saqué dolía más la ausencia de Melingo”.

Laso piensa en la presentación en el Margarita Xirgu y dice: “Ya me tiemblan las piernas. Y es que van a estar también todos sus músicos, con los que trabajó los últimos veinte años. Entonces, no es sólo lo que me pasa a mí, sino lo que nos pasa a todos”. Y se remonta a sus primeros años y cuenta: “Desde que empecé a cantar supe que quería hacer un disco con Melingo, pero no pensé que iba a tener la suerte de que me pasara. Tenía ese sueño desde que canto y diez años después se cumplió”. Un día él la llamó y la invitó a que lo acompañara en varios conciertos y “en el documental increíble que estuvo haciendo estos últimos años”.

¿Qué sentía ella? “Yo estaba calladita, agradeciendo compartir con él. En sus conciertos yo estaba muy atenta, escuchando, viendo, y a partir de ahí nunca más se cortó nuestra relación, y empezó a crecer. Para mí era mucha emoción estar ahí compartiendo y todo el tiempo trataba de absorber y aprender”. Porque ella sabe bien qué la moviliza de Melingo: “Su atención por los lugares periféricos, por el arrabal, por todos esos lugares al filo de la marginalidad, y por todos esos personajes que él cuenta. A mí todo eso me identifica mucho. Después admiro todo su recorrido: que fue tan fiel, tan leal a sí mismo, y que no transó una. Pero su universo sonoro y las poesías que utiliza me identifican por completo”.

Daniel Melingo la llevó a conocer a María Elena Lamadrid, cantora de candombe: “Y me hizo escuchar Afroargentina, su disco maravilloso, que yo no conocía. Y después también fui a grabaciones con antropólogos, para investigar el origen del tango y su influencia negra, que es siempre tan negada por los tangueros. Melingo era un investigador, un músico, un artista tremendo, un filósofo, y yo trataba de acompañarlo en todo lo que él iba haciendo”.

Para Fabriquera, entre las obras seleccionadas Julieta Laso eligió grabar “Con toda la mar detrás”, del cantautor español Patxi Andión, que su padre le enseñó cuando era chica. “Su letra me quedó grabada a fuego: ‘Se levantó la arbolada sin quererlos avisar y al entrar en la ensenada comenzaron a zozobrar. El piloto está borracho y lo tienen que amarrar. Y naufragaron despacio como intentando esperar. Sólo el piloto ha quedado para poderlo contar. Desde ese día borracho ya nunca sale a la mar. Y no hay suficiente vino para comprarle la sed. Y busca un verdugo amigo y nadie lo quiere ser’”.

Dice Laso: “Yo entiendo que el tema de Patxi Andión tiene mucho que ver con lo que hago. Y el maestro también entendió eso, supongo. Le encantó la prosa y dijo: ‘Lo ponemos, claro que sí’. Fue algo fundamental para mí”. ¿Y qué le pasa con el tema ‘Pequeño paria’, en el que sumó su voz Vicentico? “Es otro de mis favoritos. Lo que pasa con la voz de Vicentico es increíble. Yo sé que Melingo le hizo grabar muchísimas tomas, porque grabamos en distintas tonalidades. En ese tema queda muy clara esa preciosidad que busca con las voces: ponerlas como protagonistas. Este disco es distinto a todos los anteriores”.

También Julieta Laso se conmociona por la realidad argentina; observa la crudeza del gobierno libertario y dice: “Todo lo que está pasando lo vivo con una tristeza total. Nunca viví un tiempo tan horrible. Todo el tiempo una trata de no llenarse de un odio tremendo para poder seguir, no perder la alegría y seguir dando fuerza cuando se sube al escenario. Pero nunca viví un momento tan cruel, tan despiadado, donde uno tenga que escuchar cosas tan espantosas que dan vergüenza. Recuerdo perfectamente el 2001, pero esto, a nivel país y a nivel mundial, es desolador. Todo el tiempo hay que estar viendo cómo hacer para que no te coma el monstruo”.

¿Qué opone a todo ello? “Lo que a mí me salva son las situaciones comunitarias, las manifestaciones, los conciertos, las asambleas, y estar con personas a las que les importan las otras personas”. Y los artistas “son parte y son víctimas de lo que está pasando en Argentina. Pero yo creo que en todos los oficios uno puede hacer cosas. A veces parece que son muy pequeñas, porque perdés la fuerza y decís: ‘Pero, ¿para qué?’. Pero bueno, son las cosas que uno puede asumir. Y, por supuesto, creo que los artistas ocupan un rol cultural con un valor enorme. Algunos lo utilizan, otros no tanto, y así avanzamos”.


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Patricio Feminis

Es periodista. Escribe sobre música popular, series, cine, espectáculos y cultura. Colabora con Clarín Spot, Caras y Caretas, La Agenda BA, Tiempo Argentino, De Coplas y Viajeros, Negras y Blancas y otros medios.
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