Liliana Herrero: Alzar una comunidad cantando

Haciéndole frente a pérdidas y dolencias, Liliana Herrero volvió a un gran escenario para presentar su reciente y magnífico disco “Fuera de lugar”. Ante un ND Teatro a tope repuso su mejor voz para el canto y para la palabra con todo aquello que, con idéntico peso y coraje, omitió y dijo.
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Foto de portada: @kvkfotos

En el caminar artístico de Liliana Herrero resultan centrales, por supuesto, la música y el repertorio pero al igual que en su cantar también importan fundamentalmente las palabras y los silencios que pueblan ese universo de ideas y sensibilidades que estructuran una obra esencial para la cultura popular argentina.

Y anoche, en un ND Teatro repleto y emocionado, la intérprete entrerriana hizo gala de esos atributos nombrando y callando desde el canto y las intervenciones aquello sobre lo que necesitó expresarse en el marco de la presentación de su duodécimo álbum solista “Fuera de lugar”.

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La velada tuvo una visita rigurosa y exquisita de las 10 estaciones que conforman el disco, un material imprescindible entre los lanzamientos de estos tiempos, junto a un elenco musical fuera de serie: Pedro Rossi en guitarra y voz, Ariel Naón en contrabajo (sus dos laderos estables) y, también, el piano de Mariano Agustoni y la percusión de Facundo Guevara quienes sumaron cuerpo sonoro y atmosférico al cancionero.

Pero antes de entregarse a ese itinerario tallado con sabiduría para aportar a una lectura conceptual y orgánica, Liliana decidió alterar todo protocolo y de la mano de Pedro y Ariel y mientras un aplauso sostenido devenía en ovación, necesitó hablar como prólogo al concierto.

“Somos una comunidad y no puedo ni nunca pude pensar de manera individual ninguna actividad. Es necesario estar juntos y fundar un lugar nuevo para transformar este horror que estamos viviendo”, expresó de pie y al borde del escenario después de nombrar a sus compañeros de grupo y de “decir una vez más y mil veces más libertad a Milagro Sala”.

Ya sentada en el centro de una escena con ladrillos a la vista en el fondo y un frondoso y rojo ramo en un florero (todo diseñado por su amiga actriz y directora Cristina Banegas) deslizó “estoy muy nerviosa y lo mejor que puedo hacer es cantar”, pero precisó continuar y sostuvo que “Fuera de lugar” es “un disco breve, feliz e intenso que fue hecho pensando en la ausencia del querido compañero Horacio. Y marcamos esta ausencia en este tiempo maldito” y otro bramido de afecto le respondió desde la sala para acompañar la evocación al sociólogo y ensayista González quien fuera su compañero desde mediados de los 80 y falleciera en pandemia.

En el caminar artístico de Liliana Herrero resultan centrales, por supuesto, la música y el repertorio pero al igual que en su cantar también importan fundamentalmente las palabras y los silencios que pueblan ese universo de ideas y sensibilidades que estructuran una obra esencial para la cultura popular argentina.

Con Pedro Rossi (guitarra) y Ariel Naón (contrabajo). Foto: @kvkfotos

Cuando parecía que se largaba a cantar, retomó el hilo y, señalando a la derecha del tablado, explicó: “Allí hay un pañuelo blanco que Hebe le entregó a Horacio y hay otro pañuelo palestino. Y sé que faltan pañuelos como el verde que hablan de las luchas que debemos librar para transformar, para revolucionar”.

Fueron menos de 10 minutos de una tremenda intensidad emocional y política donde puso su cuerpo y su cabeza en función de nombrar (y de no nombrar) aquello que la sostiene en este presente aciago sin temor a enseguida tener que estar a la altura de semejantes discursos.

Y Herrero encabezó prontamente un viaje conmovedor al corazón y a los recovecos de ese cancionero sentando a su lado a Lidia Borda y ubicando en escena también a Susy Shock, las dos grandes invitadas del disco, y siguiendo a pie juntillas la narración trazada que comenzó con la contenida melodía de “El sanjuanino” (de Naón) a cargo del propio contrabajista y del pianista Agustoni en la pieza “Poema” donde la anfitriona recita las palabras del francés René Char (1907-1988): “Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo”.

Con esa impronta abordó la genial relectura sobre “Chipi chipi” de Charly García y en esa acometida ratificó cuánto recuperó de su canto indómito, una sensación que se multiplicó inmediatamente sobre el pulso demoledor y envolvente de la percusión de Guevara en “Aguafuerte”, una joya del poeta paraguayo Elvio Romero a la que Teresa Parodi le puso música.

“El camino será poético, será la lucha, será la trama que logremos construir. Ese será el camino” (Liliana Herrero)

A dos voces con Borda compartió el lirismo de Luis Alberto Spinetta en “Asilo en tu corazón” e integrando el recitado de Shock con un fragmento de su poema “Yo, monstruo mío” (“Yo, vieja alumna de esta escuela de los suplicios, Amazona de mi deseo, Perra en celo de mi sueño. Rojo. Oblicua, bizca, silvestre, artesanal, poeta de la barbarie, con el humus de mi cantar, con el arcoíris de mi cantar, con mi aleteo. reivindico mi derecho a ser un monstruo y que otros sean lo normal”) mostró otra genial traslación a partir de “Compostaje”, de Mocchi, que el propio artista uruguayo saludó desde uno de los palcos del primer piso. “El camino será poético, será la lucha, será la trama que logremos construir. Ese será el camino”, subrayó para darle aún más espesura a la pieza que el uruguayo registró en “El frío que nos convoca” (2024).

Con Lidia Borda y Susy Shock. Foto: Pablo Astudillo.

El segmento folclórico de ese tramo se integró con la zamba “El alazán”, de Atahualpa Yupanqui, y con el gato “Por seguir” con texto de Carlos Marrodán y melodía de Raúl Carnota, antes de “Ejercicio”, otra aguda creación de Mocchi que a contramano del registro, quiso compartir vocalmente con Lidia y Susy.

La estupenda “Martín”, de Edgardo Cardozo, que entonó acompañada solamente por la guitarra de Rossi, llevó al final del cancionero plasmado con “Horacio” donde el piano de Agustoni ambientó palabras que González incluyera en su discurso de despedida como director de la Biblioteca Nacional (“No homogeniza la conciencia de nadie. No hace de nadie parte de una conciencia única. Los hace a todos mucho más libres saberse parte de una comunidad. Una comunidad es un síntoma de libertad, no una forma obligatoria de convivencia”).

“Segunda parte, fiesta” anunció ella a menos de una hora de iniciada la función y al momento de sumar al tablado a Julieta Laso y a Luciana Jury.

Con la banda y a cinco gargantas se oyó la “Chacarera del expediente” y luego, entre vasos de tinto alzados, hubo intervenciones solistas de cada una de ellas: Borda encabezó “El necio”, de Silvio Rodríguez, a voz y piano; Laso se lució en “Mi mariposa triste”, de Daniel Toro; Shock eligió la guarania “Pa’ despenar”, de Andrea Bazán; y Jury asumió “La de lejos”, otra maravilla de Raúl Carnota.

Herrero retomó la centralidad para dos festivas y multitudinarias aproximaciones a «Oración del Remanso», de Jorge Fandermole; y a «El tiempo está después», de Fernando Cabrera, sobre la que aprovechó a apuntar: “A mí lo que más me gusta de esta canción es la frase ‘tendremos suerte si aprendemos’. Y tendremos que hacerlo con ingenio y con gracia y en comunidad”.

Con la misma impronta avisó: “No me gusta la esperanza, así que a la que viene cantémosla como una promesa”. Y hubo otro coro generalizado sobre “Y dale alegría a mi corazón”, de Fito Páez, que adelantó un final a pura percusión (con cajas y bombo legüero) para “Dueño no tengo”, la vidala riojana que supo recopilar Leda Valladares.

El clamor popular que combinó el pedido de una canción más con el hit incriminatorio de “Karina alta coimera”, devolvió a Liliana y su cuarteto al tablado para repetir “Aguafuerte” (“Toda la patria en el suelo/Sobre dos palos en cruz/Y encima el viento/ Y abajo el viento/Y enfrente el viento/Y abajo y abajo) que eligió rematar exclamando “Y arriba la patria” mientras el teatro, una vez más, la aclamaba.

Foto: Pablo Astudillo.


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Sergio Arboleya

Sergio Arboleya es periodista. Se desempeñó como editor de Espectáculos en la Agencia Télam y es autor de los libros “La Trova Rosarina” (1998) y “No pienses que nos perdiste” (2024). Integró el colectivo que entre 2006 y 2015 realizó la revista Devenir e integra el grupo que a partir de 2017 hace el programa “Después de la Deriva” en Revuelto Radio.
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