Fotos: Juana Mauri
Hernán Possetti es uno de los pianistas más destacados de la escena tanguera. Su figura combina una sólida formación académica –adquirida tanto en el Conservatorio de Música de Chascomús como en la Escuela de Música Popular de Avellaneda– con un vasto recorrido por los escenarios más prestigiosos de América y Europa. A lo largo de su carrera, compartió agrupaciones con figuras de la talla de Julián Plaza, Julio Pane, Rodolfo Mederos y Juan José Mosalini. También acompañó a las voces de Jorge Sobral, Amelita Baltar, Guillermo Fernández, Virginia Luque, María Graña y Adriana Varela, entre otras. Desde marzo de 2004 es integrante de la Orquesta de Tango de la Ciudad de Buenos Aires. En paralelo, dicta clases y seminarios de piano tango.
Los días 8 y 9 de noviembre de 2025, en Hasta Trilce, se llevó a cabo la primera edición del Festival de Piano Tango “El amanecer”. La iniciativa, alumbrada por Leda Torres y Paula Suárez, contó con la participación de Lilián Saba, Daniel Godfrid y Diego Schissi, entre otros destacados ejecutantes. Durante el evento, se rindió tributo a leyendas como Alfredo Gobbi, Carlos Di Sarli y Orlando Trípodi. Este último fue homenajeado por Possetti. La elección tenía sus razones. El chascomusense fue, durante cuatro años, discípulo del sanjuanino en la EMPA. Durante el concierto, el pianista ofrendó tangos arreglados por su maestro. Las piezas eran las que preparaba, especialmente, para sus alumnos. Aquella jornada sembró la semilla de “Presente”. El flamante disco –subtitulado “Trípodi por Possetti”- reúne nueve de esas gemas interpretadas a piano. Un justo, y amoroso, reconocimiento para con uno de los olvidados del 2×4.
-Gabriel Cócaro: Con esos arreglos – hechos específicamente para los estudiantes – Trípodi realizó un enorme aporte al género.
-Hernán Possetti: ¡Totalmente! El trabajo lo empezó a elaborar en el año 1987. En ese tiempo, no había ninguna bibliografía pianística dedicada al tango. Entonces, debió crearla. Fueron los primeros pasos de la academización de la música popular. El material –un cuadernillo hecho con fotocopias de sus manuscritos- fue circulando. Sin embargo -hasta este álbum– no había un registro formal.
Cuatro años después de su muerte –el 12 de agosto de 1995–, el sello Melopea lanzó un disco para homenajearlo. La entrega incluía piezas en vivo interpretadas por Trípodi, al comando de su cuarteto y por ex alumnos de la EMPA. Entre los que estaba yo. Más allá de las buenas intenciones de la propuesta, el sonido de la placa no era el mejor.
En “Presente” recreo aquellos arreglos recibidos de primera mano. Los estudié junto a él y, por eso, sé exactamente cómo deseaba que se tocaran. Después, claro, les puse mi impronta.
¿Cómo fue el reencuentro, después de tantos años, con ese trabajo elaborado por Trípodi?.
En su momento, transcribí los arreglos – respetando las indicaciones que me había dado y creé unos archivos PDF. Comenzaron a propagarse entre alumnos y colegas, pero jamás fueron editados en un libro. Al digitalizarlos, claro, pierden la calidez de un manuscrito garabateado. Por eso cuando preparé el concierto de Hasta Trilce, y luego este álbum, volví a las fotocopias de los documentos originales donde estaban anotadas sus directrices. Aún las conservo, protegidas dentro de una carpeta, porque soy un nostálgico. Regresar a ese material fue muy emotivo. Leía las partituras y recordaba su tono de voz. Además, recurrir a ellas me sirvió para recuperar su mirada respecto a dichos tangos.
Al escuchar el disco resulta evidente que Trípodi, en sus arreglos, utilizaba tanto rítmicas del tango como del jazz.
Existe un coqueteo, con ciertas armonías extendidas, que vienen del jazz. De hecho, él era devoto de Oscar Peterson. De todas maneras, aunque utilizaba candencias que no eran habituales en el tango, seguía sonando a tango. Su objetivo era desarrollar en el alumno un “tanguismo”, no tanto desde los modelos tradicionales de marcación, sino a través de la interpretación y la expresividad. Su versión de “Griseta” es un claro ejemplo de ello. Trípodi fue producto de una época donde se buscaba una renovación del género por fuera del camino trazado por Astor Piazzolla.
¿En “Presente” tocaste sus arreglos exactamente como los concibió o te tomaste algunas licencias interpretativas?
Ejecuté cada una de las notas que estaban en sus manuscritos, pero me permití manejar los tempos y fraseos. Lo bueno de su material es que admite reelaboraciones. No es un corpus estático. En cada una de las piezas del disco, claramente, hay una mirada personal.
El álbum ostenta un repertorio de pareja calidad. Sin embargo, hay dos obras que brillan con singular intensidad: “Nada” y “Palomita blanca”.
¡Hermosas ambas!. La primera es un tango romanza con una melodía bellísima compuesta por José Dames. Trípodi realizó un trabajo impresionante –con algunas modulaciones divinas– que pone el acento en lo expresivo. Prefiero, en lo personal, este tipo de tangos a los más rítmicos. La segunda -creada por Anselmo Aieta- era la última pieza que Orlando daba a sus alumnos porque presentaba el arreglo de mayor complejidad. Por momentos, parece un vals de Frédéric Chopin. Disfruto mucho tocándola aunque, cuando encaro la parte final, empiezo a rezar.
Trípodi formó parte de la Orquesta Símbolo Osmar Maderna, de la de Miguel Caló, del cuarteto de Reynaldo Nichele y del octeto de Néstor Marconi. También fundó Los 7 del Tango y secundó a cantores como: Roberto Florio, Jorge Durán, Nelly Vázquez, Guillermo Galvé y Roberto Goyeneche. En resumen, desarrolló una trayectoria excepcional.
¡Sin dudas!. Además, supo adaptarse al estilo de cada uno de los conjuntos que integró sin dejar de ser él. Poseía, como instrumentista, una gran personalidad. Era un pianista conductor, claro, potente, fino y expresivo. ¡Su mano izquierda era mágica!.
Tuviste la fortuna de tenerlo como maestro mientras estudiabas en la EMPA. ¿Cómo era Trípodi en su rol de docente?.
Tenía mucha pasión a la hora de transmitir conocimientos. A cada uno de sus estudiantes –desde el más habilidoso hasta el menos capacitado– le prestaba la misma atención. Siempre antepuso el bienestar de sus alumnos. Les iba subiendo el nivel de exigencia, pero en forma paulatina. No los apabullaba. Muchos docentes, priorizando su ego, imparten arreglos complejos que terminan frustrando a quienes los reciben porque no los pueden reproducir. Él no cometía ese error. De sus clases, nadie salía lastimado. Buscaba, además, que cada quien lograra su propia sonoridad. En definitiva, fue un gran pedagogo.
Desde hace treinta y dos años dictás la Cátedra de Piano Tango en la EMPA. La vida te ha puesto en el lugar que supo ocupar Trípodi durante tus años formativos.
Es verdad. Amo dar clases. Cada vez que estoy frente al alumnado, resuenan en mí sus enseñanzas como docente.
Parte de ese legado está plasmado en “Presente”.
Así es. El disco es un gesto de gratitud para con un hombre fundamental en la historia pianística tanguera. Su figura ha sido injustamente relegada. Este trabajo aspira a poner en valor al músico y docente que fue.

