Foto: Hernán Possetti homenajeó a Orlando Trípoidi.
De cerca nadie es normal, dice Caetano Veloso en una canción. Porque de cerca se percibe la singularidad. Y para alcanzar la singularidad del tango, la primera edición del Festival de Piano Tango El Amanecer transitó de la periferia al centro. Antes que el tango mismo irrumpieron en el escenario del bar Hasta Trilce los contornos de la canción folklórica y el antecedente criollo como una forma de orbitar pacientemente el objeto sin lanzarse sobre él. Hubo, en esa sucesión de escalas hacia el nucleo tanguero, una suerte de tesis sobre el mejor modo de presentar un hecho estético sofisticado. En esa dinámica transcurrió la primera jornada del Festival, que hoy domingo continúa con tres conciertos.
Seis conciertos en dos días, reza un programa. Bien mirado, la grilla invita a pianistas ya consagrados en la escena tanguera a arriesgarse a formatos y/o a repertorios que puede que no sean los propios de sus rutinas profesionales, en las que los pianistas aparecen ensamblados en una orquesta, una formación o sin el oído puesto en toda la proyección musical que el piano es capaz de ofrecer en calidad de solista.
El estreno del festival El Amanecer estuvo a cargo de dos pianistas de inequívoco linaje folklórico: Lilián Saba y Andrés Pilar.
Con estilos personales definidos, probados ambos en la tarea del arreglo, mostraron un repertorio por fuera, en los bordes y por dentro del tango, sin resignar su registro compositivo e interpretativo propio; esto es, necesariamente, a cierta distancia del canon. Pudo observarse (y oírse) aquello, por ejemplo en el arreglo de “María” (Saba) o “Yuyo verde” (Pilar), dos títulos estandartes de la tradición tanguera que en su caligrafía y en su toque denunciaban una formulación más abierta.
Completado el bautismo subieron al escenario Yazmina Raies y Daniel Godfrid, quienes mostraron un repertorio de raíz criolla, solos y compañía del cantor Nacho Cedrún. Quedó expuesto el sistema de préstamos e intercambios del lenguaje tanguero: se incluyó “Noche de abril”, la zamba de un tanguero, Enrique Santos Discépolo (por Raies-Cedrún) y “El sueño”, tempranísima grabación de Carlos Gardel en su período pre-tanguero. Las dos emblemas del cancionero de Nelly Omar.
Ya en el terreno estrictamente pianístico, Raies y Godfrid desplegaron una muestra de la obra de Lucio Demare. Más allá de la narrativa tanguera en derredor al Trío Argentino -que Demare formó con Agustín Irusta y Roberto Fugazot-, aquel suceso de los años veinte -en giras, no la en la Argentina- fue redimensionado luego a partir del desarrollo orquestal y compositivo de Demare que los dos pianistas honraron anoche.
Finalmente, sí, el tango en estado puro.
Hernán Possetti miró de frente a la tradición tanguera en un concierto homenaje al pianista, compositor y docente Orlando Trípodi, cuyos arreglos y cuya musicalidad se extendieron más allá de su propio nombre.
Possetti replicó con el público el modo didáctico que su maestro aplicaba con los estudiantes y que lo convirtió en un pedagogo experto -pero sin título alguno- y en un eslabón de la Escuela de Música Popular de Avellaneda en su tiempo fundacional. El pianista repasó los estudios que Trípodi había preparado para los diferentes años de estudio para luego avanzar sobre su labor compositiva, siempre con centro en la expresión.
El pianista celebró la pertinencia del encuentro musical. Y señaló la ausencia de logos y banners sobre el escenario qe indicaran apoyos a una iniciativa que no debería depender únicamente de las virtudes de la autogestión.
El Festival El Amanecer, que concluyó anoche con el arreglo de Trípodi de «Madreselva» tocado a cuatro manos por Possetti y Leda Torres, continuará el domingo 9 con tres conciertos e Hasta Trilce (Maza 177): a las 18, Abel Rogantini (“Dos lenguajes, tango y jazz); a las 19.30 Nuhuén Martino y Javier Arias (Alfredo Gobbi y Carlos Di Sarli en piano solo) y a las 21 Diego Schissi (concierto y presentación de su libro de partituras de piano solo).
Igual que en la jornada inaugural, el Festival El Amacecer continuará -como pedía Caetano Veloso- con un pie en la osadía y otro en la tradición.
