“Hace diez años, desde que me vine a vivir acá, es todo diferente. No ando corriendo el colectivo ni chocando los codos con gente que camina por la calle” avisa el autor apenas iniciada la conversación con Negras&Blancas.
Acá es Agua de Oro, una pequeña localidad del centro de la provincia de Córdoba ubicada en el departamento Colón, con Salsipuedes como referencia más cercana y con una población que apenas supera los tres mil habitantes.
En ese clima que rara vez rompe la monotonía cotidiana, el periodista, que nació en la ciudad de Olavarría en 1958, continúa pergeñando la elaboración de materiales porque “sigo teniendo ganas de escribir historias que alguna vez me han contado y que he aprendido haciendo algo que sé hacer bien: escuchar”.
Victor Pintos, quien también se desempeña como escritor, locutor y productor multimedia, es marca ineludible a la hora de referirse a aquellos escribas que dejan huella en el periodismo musical. Trabajó en las secciones espectáculos de los diarios Clarín, Página 12, Sur y La Razón. También participó en las revistas Expreso Imaginario, Humor, El Periodista y Rolling Stone.
Además consiguió dos Martín Fierro por labores en televisión; uno por el ciclo televisivo «Música Urbana» (1995) que se emitió por la red Cablevisión, y el otro por el programa «La Previa de Cosquín» que se transmitió por Canal 10 de Córdoba.
Su último texto, “66 historias que merecen ser contadas”, está en la calle recientemente, lanzado por edutorial Mil Campanas. Es una suerte de repaso de anécdotas y vivencias que el autor recepcionó a lo largo de su trayectoria profesional. Cuenta con el prólogo de León Gieco.
“A la gente parece que le cuesta ahora, más que antes, contar historias. Y mucho más si son cortas”, especifica el escritor que ya lleva publicados una docena de volúmenes, entre ellos, “Tanguito, la verdadera historia” (1993), que sirvió de base para el guion del film “Tango Feroz”, la obra más reconocida del director Marcelo Piñeyro, inspirada en la vida del cantautor fallecido en 1972 y a quien muy pocos conocieron como José Alberto Iglesias.
Y el porqué son “66 Historias…” y no otra cantidad también ocasionan la reflexión de un Pintos que dice que “el número salió de casualidad, aunque si me pongo a pensar son 66 años los años que tengo. Así que no sé”, revela.
Para Víctor la clave de estar “en el lugar justo, en el momento adecuado” obedece a esa condición de “ser testigo de historias que otros protagonizaron”.
Así, el libro relata historias que atravesaron y marcaron a los más grandes y variopintos artistas de distintas latitudes y géneros. Mercedes Sosa, don Atahualpa Yupanqui, Roberto Goyeneche, Luis Alberto Spinetta, Charly García, Litto Nebbia, Ricardo Soulé, Billy Bond, Pappo, Herbert Vianna (Paralamas), Joaquín Sabina y otros aparecen en las reseñas de un autor meticuloso, detallista y que supo guardar “los papelitos o testimonios que otros estaban dispuestos a tirar”.

Víctor Pintos y Charly García.
“Guardé todo con la sorpresa del pibe del interior que se encuentra con algo inesperado” admite el periodista para justificar distintas páginas de cuadernos o bocetos que figuran en su poder y que, a través de este libro, desterrarán polémicas ancestrales. Como por ejemplo que “La Balsa” fue compuesta por Nebbia y Tanguito, sin dudarlo.
Uno de los tantos testimonios recabados por el autor, el panameño Rubén Blades, le dejó una sentencia que Víctor asumió como propia desde que la escuchó: “La óptica de la vida cambia cuando tenés más pasado que futuro por experimentar”
Esa sencillez expuesta por el creador de gemas como “Pedro Navaja” o “Desapariciones” (reversionada a principios de los ’90 por Los Fabulosos Cadillacs) el periodista la vivió en carne propia: después de una entrevista en la ciudad de Buenos Aires, el artista le pidió a Pintos que lo acompañase “a comprar libros y discos” por diferentes tiendas de la avenida Corrientes.

Con Rubén Blades.
Dejar de lado el protagonismo es una máxima que el autor impuso para cada una de las actividades que desarrolla, inclusive en este periodismo actual diferente al que “uno conoció”, sin redacciones casi y con cámaras para streamings pululando por doquier.
“Cambió la manera de hacer periodismo y también las formas de hacer y escuchar música. Pero es lógico porque ha cambiado la forma de relacionarse con el mundo exterior” describe el también responsable del libro “José Palazzo-Cosquín Rock” (2009), que narra vivencias y episodios del festival federal rockero en la Argentina, que ya lleva más de 25 años.
Pintos reconoce haber crecido bajo una generación de periodistas de música que dejaron huella, aunque resalta que “tal vez no haya sucesores o formadores” de la talla de Alfredo Rosso o Claudio Kleiman, dos de los escribas siempre nombrados a la hora de buscar referencias.
El periodista, que también condujo en radio un ciclo señero denominado “Disco Pi” (102.3) en Córdoba, se enorgullece de tener “amigos de vieja data” como León Gieco, de quien revela una infidencia cuando comenta que “se juntaba con Charly (García) y Nito (Mestre) a escuchar ‘El Lado Oscuro de la Luna’ de Pink Floyd, cuando apenas había salido”, allá por la década del ’70.

Entrevista a Keith Richards.
“Al fin y al cabo, los libros son como los discos: todo depende de lo que quieras contar” resume Pintos, quien desde hace un tiempo sigue los partidos de Boca Juniors a distancia y desde la computadora añorando los tiempos tribuneros de Casa Amarilla, en compañía de su hermano Guillermo.
Con la paciencia de un orfebre, de un artesano que intenta darle su toque de distinción a cada pieza que elabora, allí va Pintos en la búsqueda de contar nuevas historias. Que podrán ser 66 o más. Pero que siempre merecerán ser repasadas.
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