Fotos: Kaloian Santos Cabrera
A siete años de su última visita y en el inicio del primero de tres conciertos agotados en el estadio Movistar Arena de Buenos Aires, el trovador cubano Silvio Rodríguez reafirmó el hechizo de su palabra poética con un concierto capaz de construir una intimidad multitudinaria.
La decisión de evitar muchas de las piezas más populares que talló con sensibilidad maestra no menguó el impacto de una inspiración que lo tiene merecidamente instalado en el Olimpo de la historia de la canción iberoamericana y, además, habilitó una suerte de guion posible para desentrañar por qué se decidió por los 23 temas que echó a volar en poco más de dos horas de recital.
A tono con la propuesta que estrenó el 19 de septiembre pasado en el umbral de la Universidad de La Habana y dio el puntapié a un tour regional que siguió con cuatro funciones en Santiago de Chile y también pasará por Montevideo (17 y 18), Lima (el 25) y Colombia (el 31 en Medellín y el 2 de noviembre en Cali), se aprecia un cancionero contenido y reflexivo que, siendo consecuente con su propia historia, inclusive cuestiona algunas de sus posicionamientos políticos puertas adentro y puertas afuera de la coyuntura cubana.
Referente del movimiento Nueva Trova que funcionó como embajada sonora de la Revolución comunista instaurada el 1 de enero de 1959 en la Isla pero siempre afable con las diversas formas del progresismo capitalista en Latinoamérica (en el marco de la gira actual en Chile visitó al presidente Gabriel Boric, aquí a la exmandataria con prisión domiciliaria Cristina Fernández de Kirchner y en la presente lista de canciones incluye “Más porvenir” dedicada al fallecido “Pepe” Mujica que ejerció el gobierno en Uruguay), Silvio usó en este repertorio a Ernesto Che Guevara como ariete, como bandera, como incómoda advertencia.
Y por ello en dos pasajes de la noche entonó tanto la “Tonada del albedrío” (parte de “Segunda cita”, disco de 2010) donde repite valores del revolucionario (“Dijo Guevara el humano/que ningún intelectual/debe ser asalariado/del pensamiento oficial”) como la siempre incendiaria “Canción del elegido” (“La última vez lo vi irse/ entre el humo y metralla/contento y desnudo/iba matando canallas con su cañón de futuro”).
Pero antes y después de estas dos explícitas tomas de posición, logró ser más cuestionador e incisivo que en sus relaciones públicas y políticas como para escribir su propio capítulo acerca de las tensiones entre la obra y la persona, entre el individuo y el artista.

Siempre apoyado en la palabra y sobre los aprontes de la melodía de “Ala de colibrí” que inauguró la nómina 10 minutos pasados de las 21, la velada abrió con un fragmento del ensayo “Maestros ambulantes” de José Martí (“Hay un cúmulo de verdades esenciales que caben en el ala de un colibrí y son, sin embargo, la clave de la paz pública, la elevación espiritual y la grandeza patria. Los hombres han de vivir en el goce pacífico, natural e inevitable de la Libertad, como viven en el goce del aire y de la luz. Ser bueno es el único modo de ser dichoso. Ser culto es el único modo de ser libre. Pero, en lo común de la naturaleza humana, se necesita ser próspero para ser bueno”) y esta tónica fue continuada por la presencia del poeta local Jorge Boccanera que leyó cinco breves textos propios (“¿Será posible el sur?” que dedicó a trabajadores del Garrahan, «Báscula», «Exilio», «Los milongueros» y «Cuchara» sobre Palestina) y alcanzó su cenit con el sobrecogedor escrito “Halt!” de su compatriota Luis Rogelio Nogueras (1944-1985) que leyó envuelto en el pañuelo palestino kufiya (“…pienso en ustedes, judíos de Jerusalén y Jericó, pienso en ustedes, hombres de la tierra de Sión, que estupefactos, desnudos, ateridos cantaron la hatikvah en las cámaras de gas; pienso en ustedes y en vuestro largo y doloroso camino desde las colinas de Judea hasta los campos de concentración del III Reich. Pienso en ustedes y no acierto a comprender cómo olvidaron tan pronto el vaho del infierno”).
Otros homenajes destinados a los que denominó “compañeros de generación” y que tuvieron un signo romántico los asumió en familia junto a la flauta de Niurka González y la voz de Malva, hija de la pareja: la excepcional “Créeme”, de Vicente Feliú, “Te perdono” de Noel Nicola, y la emocionante visita a “Yolanda”, de Pablo Milanés.
Prescindiendo de la utilización de las pantallas que son parte del dispositivo corriente en el mundo del espectáculo musical y como eje de un refinado septeto que lo acompaña hace tiempo, Silvio padeció un sonido algo disminuido en la primera parte de la presentación y, más tarde, las evidentes secuelas de un cuadro gripal por el que hacia el final indicó: “Debo pedirles excusas porque estoy un poco acatarrado. Por favor discúlpenme”.
La visible dolencia seguramente minó una celebración más extendida pero no impidió gozar momentos sublimes junto a la estilizada compañía de Jorge Aragón (piano), Maykel Elizarde (tres), la citada Niurka González (flautas y clarinete), Rachid López (guitarra), Jorge Reyes (contrabajo), Malva Rodríguez (piano y coros), Oliver Valdés (batería y percusión) y Emilio Vega (vibráfono y percusión), como fueron los de “Casiopea”, “Quien fuera” y “Te amaré”.
Con un hilo de voz asumió en soledad y para los bises las gemas “Historia de la silla” y “Rabo de nube” y más temprano se permitió el estreno de “La bondad y su reverso” (“Cuando la bondad se equivocó/toda su virtud pendió de un hilo/Cuando la bondad rectificó/mucha gratitud perdió camino/A su reverso le va campeón/el mal no atiende reclamación/A su reverso le va muy bien/haciendo daño y mirando a quien”) que ubicó en medio de la crítica «Viene la cosa» y de la celebratoria “Pequeña serenata diurna” en otro segmento de cariz conceptual.
Ante un público mayor y quizás menos explosivo de lo esperado que matizó el momento con unos esporádicos arrebatos masivos que fueron desde “Karina es alta coimera” (al ritmo de “Guantanamera”) a “La Patria no se vende” y pasando por “Vamos a volver”, Rodríguez –que el 29 de noviembre cumplirá 79 años- construyó otra deliciosa cita con la canción que en el mismo recinto se repetirá esta noche y el martes 21.

Paula Ferré, merecedora de abrir la primera noche
Dueña de una trayectoria consecuente para entrelazar el testimonio y la construcción colectiva, Paula Ferré tuvo la posibilidad de abrir la primera de las tres funciones con las que Silvio Rodríguez regresó a la Argentina en la que posiblemente sea una de sus últimas visitas.
En formación de trío y a guitarra y voz, la artista asumió nueve canciones (ocho de su autoría), entre ellas, “Manos de madre”,
“Camino del olvido”, “A Palestina” (que prologó pidiendo detener el genocidio en Gaza) y “Mujer originaria” (cuya nueva versión con la participación del célebre cubano se está lanzando hoy en plataformas digitales).
Antes de salir a escena mientras la muchedumbre se acomodaba en sus ubicaciones, Paula sostuvo a Negras & Blancas que abrir esta presentación “es un honor, una enorme responsabilidad y un agradecimiento eterno. Es un sueño que tardó en llegar 39 años. Un compromiso. Defender la canción, llevarla como bandera para luchar por un mundo más justo y bello. Dedique mí vida a esta canción social y la milité desde todas mis aristas. Fundando MUJERTROVA, creando la Casa Museo de la Trova Argentina y haciendo red de Trovadoras y trovadores por Latinoamérica con Canto de Todos, Dándole Cuerda y otras plataformas. Lo vivo como un legado, un destino”.
A partir de las 20 y en las aperturas de esta noche y del 21, estarán presentes el conjunto de música para las infancias Pin Pau y Ramiro Abrevaya, respectivamente.
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