Fotos: Kaloian
Esto es ¡FA!, o simplemente ¡FA!, toma su nombre de una expresión que Mex Urtizberea dice usar frecuentemente y que da idea de alegría, asombro o fastidio. Como sea, el ciclo que se emite por YouTube se fue dividiendo en programas dedicados a una cuestión en particular: desde los libros y la radio, hasta la amistad y el futuro, por nombrar solo cuatro de esos temas. El objetivo, cuenta Urtizberea, era reunir gente muy distinta entre sí para hablar de un mismo asunto. Y en eso consiste uno de sus méritos: para el encuentro sobre el folklore, bautizado ¡FAlklore! y propuesto a Mex por el cantante de trap Milo J, en agrupar en una misma mesa a personas ligadas a lo popular de modos diversos.
En esa peña, celebrada en mayo y difundida el 20 de junio, se reunieron por ejemplo Teresa Parodi, excelente cantautora que compuso una pieza como “Pedro Canoero”, himno del cancionero folklórico y sumamente conocido en los ámbitos pesqueros de este país; Soledad Pastorutti, que desde su adolescencia en la década del 90, se abrió camino no tanto a fuerza de sutilezas como de capacidad de espectáculo y convocatorias masivas; y Juan Quintero, magnífico guitarrista versado en las especies folklóricas que, en discos solistas y especialmente en Aca Seca Trío, puso a conversar esos ritmos con el jazz y la música académica…
Por lo demás, la tertulia en casa de Mex habilitó la reunión del Chaqueño Palavecino y la entonación épico-telúrica de su canto y sus declaraciones, con el Peteco Carabajal que, en sus mejores momentos, entrega algo más que una entonación o una tonada: un tono provinciano, una “luz de provincia” –con permiso del poeta Carlos Mastronardi– finamente entretejida (las canciones “Como pájaros en el aire”, “Perfume de carnaval” y “La estrella azul” no desmienten lo que aquí se afirma).
Plural y verosímil sobremesa, entonces, en la que no falta la guitarreada y a la que se suma el cruce entre géneros y generaciones. Por caso, el del Chango Spasiuk y su música de resplandor mesopotámico, con el Milo J de las composiciones traperas; el del casi octogenario Cuti Carabajal, con la veinteañera Maggie Cullen.

De “solo esto es folklore” se pasó a “todo es folklore”. En relación con la primera afirmación, basta recordar cómo, dado que su propuesta artística no respondía a los mandatos de la ortodoxia folklórica, Mercedes Sosa no atrajo demasiado público cuando formó parte del Nuevo Cancionero, el mismo que en los años 60 combinaba estilos de canto tradicionales con una poesía y una música exquisitamente elaboradas. Solo adquirió reconocimiento y se convirtió en estrella, anota el historiador Matthew Karush, cuando en 1965 se reinventó como personificación de lo aborigen y, además de cantar obras sobre los pueblos originarios, adoptó un aspecto menos pulcro y delicado que el que puede verse en la tapa de su segundo disco (La voz de la zafra, de 1962): su condición estética vanguardista y su filiación política de izquierda le impedían viabilidad comercial, pero su imagen indígena le abría puertas trasnacionales, apunta Karush.
Por otro lado, la hospitalidad o ambigüedad que a lo largo del tiempo ganó el término folklore, puede confirmarse en el propio ¡FA!: el tango es el folklore de la ciudad, sostiene Teresa Parodi; la cumbia es folklórica, comenta Soledad Pastorutti; el cuarteto también lo es, se entusiasma el Chaqueño Palavecino; la manera de tocar el rock en Argentina es singular de este territorio, el rock nacional es folklore, sugiere el probado y sensible acordeonista Chango Spasiuk.
Bien se sabe que ponerle etiquetas a la música deriva, muchas veces, de comodidades clasificatorias más que de la dinámica propia de unir los sonidos artísticamente. Si bien es cierto que los rótulos genéricos obedecen en gran medida a las preceptivas del mercado musical, argumentaba hace unos años el sociomusicólogo Simon Friths, sería desconcertante entrar a una disquería (hoy, a Spotify) y encontrarse con que los rótulos desaparecieron y los discos están ordenados solo alfabéticamente.
En este sentido, desde ya que los límites genéricos funcionan como limitaciones, pero a su vez pueden volverse orillas o posibilidades compositivas. Porque por cierto, y pese a la declarada apertura estética de los comensales de FA!, claro está que no todos ellos bebieron significativamente en las fuentes diversas que se encargan de defender. Por lo demás, si todo es folklore, ¿no surge ahí una nueva forma de ortodoxia, una que se arroga el derecho de englobar el conjunto de la música popular?
Cuando en 1846, para designar lo que consideraba “antigüedades populares”, el anticuario inglés William Thoms acuñó la palabra folklore (saber del pueblo), fijó un término que en lo musical suele dar cuenta de ritmos y melodías propios o asociados a prácticas sonoras rurales, anónimas y ancestrales. ¿Vale, entonces, hablar de Almendra o de Serú Girán como folklore? ¿No es eso estirar o más bien torsionar la palabra?

Hace unos días, el guitarrista y docente Juan Falú objetó, larga y maduradamente, la vergüenza que el saxofonista y conductor de TV Roberto Pettinato dijo sentir por el folklore. Si bien lo del ex integrante de Sumo seguramente tiene que ver con un no gusto –aceptable pero mal formulado– por la música folklórica, el hecho de que Falú se venga posicionando públicamente ante poses y posturas con las que no acuerda, resulta más que importante, especialmente en tiempos en que la discusión no dispone del sitio necesario en los medios masivos de comunicación.
En este orden de cosas, el acierto del programa de Mex no solo estuvo en poner a interactuar músicos que, difícilmente, se hubieran juntado en algún escenario del mundo. Su buen pulso también lo llevó a formular, con cara de inexperto o ingenuo, confesiones y preguntas para nada desprovistas de agudeza.
Por ejemplo, habiendo asumido criarse en una familia no precisamente conocedora de la música folklórica, y habiendo evocado las escuchas que por su propia cuenta hizo de notables como Ariel Ramírez y el Dúo Salteño, Urtizberea consultó a los folkloristas sobre por qué, al mirar los grandes festivales en televisión, comprueba que el chamamé casi no aparece: “¿El chamamé es folklore?”, pregunta de entrada; “¿Esto (el escaso lugar de la música chamamecera en Cosquín) es problema de los organizadores o de una puja interna?”, indaga después.
Aunque a comienzos de la década del 60 la intérprete correntina Ramona Galarza gozó del estrellato, es innegable la centralidad de la chacarera y la zamba norteñas en el actual escenario coscoíno, por lo que la consulta de Mex podría extenderse al escaso lugar de la música cuyana y la pampeana en el emblemático festival cordobés. Estas cuestiones no dejan de conectarse con el hecho de que ya en 1921, cuando Ricardo Rojas reseñaba en La Nación la llegada del folklorista santiagueño Andrés Chazarreta al teatro Politeama de Buenos Aires, exaltaba la música del Noroeste y su nota llevaba el título de “El Coro de las selvas y de las montañas”, contribuyendo a fijar la cuna de la argentinidad en el NOA.
Valiosas intervenciones las de Falú y Mex, dado que ayudan a seguir pensando otras cuestiones del fenómeno folklórico. Por nombrar solo dos, y por un lado, la cosmovisión patriarcal persistente en el ambiente, puesta en cuestión por interesantes propuestas como las de Luciana Jury y Susy Shock.
Por otro lado, la relacionada con dos líneas temáticas dominantes en la poesía telúrica: la pintoresquista, que idealiza la vida campesina presentándola idílicamente; y la que, a partir de Yupanqui, empezó a exponer la división social del trabajo y las injusticias padecidas por los peones. En este sentido, el cancionero folklórico suele hablar de un habitante rural que vive o feliz u oprimido, pero que por lo general es presentado como un ser noble, sencillo y moralmente correcto. ¿Aparecerán o serán más visibilizadas las poéticas que, con vuelos estéticos como los de Manuel Castilla, Leda Valladares o Jorge Fandermole, presenten otras figuras de campesino?
No falta quien sostenga que el tango murió y, desde hace unos años, algunos afirman que lo propio pasó con el rock. Con relación a la música rockera, el historiador Sergio Pujol señala que no se puede decir, así como así, “esto ya terminó”, pero a su vez aclara que la historia de las artes muestra que unas músicas suplantan a otras (“si no, seguiríamos escuchando los valses de la época de Strauss”) y que los géneros mutan. Llegará un momento, agrega Pujol, en que la idea de rock no servirá para dar cuenta de lo que está ocurriendo musicalmente y, por lo tanto, se hablará de rock en tiempo pasado.
Las afirmaciones sobre el deceso del folklore quizás sean menos que las referidas a otros géneros. En primer lugar, porque no hace tanto, en la década del 90, si no se lo resucitó, al menos se intentó rejuvenecerlo: con el cliché de folklore joven, anota el investigador Patricio Féminis, se aludió a un conjunto de expresiones vinculadas al folklore y que utilizaban códigos del agite y del furor del rock, junto con estéticas pop y de la música denominada (mercantilmente) romántica. En segundo lugar, porque tal vez en ningún ámbito la tradición, la necesaria, inventada y mutante tradición, tiene tanto peso como en el folklórico, de manera que la identidad –entendida en ese caso como lo idéntico a sí mismo– resiste más que en otras zonas del quehacer artístico.
Hablando de jóvenes y de música telúrica, ¡FAlklore! convocó a la talentosa Maggie Cullen, artista que se hizo conocida gracias a La voz argentina, pero que no se plegó a los rumbos estéticos alentados por ese tipo de programas televisivos (en Canciones del viento, disco muy bien logrado, interpreta obras exquisitas de Chacho Müller, Eduardo Falú-Manuel Castila y Pedro Aznar-Lucho González, entre otros). ¡FA! posibilitó, además, escuchar a Milo J promoviendo un repertorio musical distinto del que tiene acostumbrado a sus seguidores y cantando, en versiones menos íntimas que caseras, piezas de Cuti Carabajal y Horacio Guarany.
En el principio fue Diego. El ¡FA! iniciático, no el 1 sino el 0, se llamó “Recordando a Maradona”. Después de la pandemia, Mex tenía ganas de reunirse con gente admirada y querida, para compartir charlas y música en torno al futbolista más amado y odiado de todos los tiempos.
Casi cuatro años (un mundial) después de aquella peña, ¡FA! (FAlklore) pasa de la tertulia pública en una casa a un recinto curtido en multitudes. El próximo 10 de agosto las arenas del Movistar serán el espacio donde unas quince mil personas, de la mano de Mex y Milo J, presenciarán lo que estos dos anfitriones y sus invitados tienen para ofrecerles con el desafío de no perder el clima de guitarreadas, ni el tono reflexivo que despertó el interés en el ciclo.
¡Esto es FA!
La primera emisión de ¡Esto es FA!, exitoso ciclo de tertulias conducido por Mex Urtizberea, se realizó en 2021 y estuvo dedicada a Maradona. Después llegarían más de veinte programas y fiestas en estadios. Pero fue en plena pandemia cuando YouTube, gracias al streaming, alcanzó un punto de difusión altísimo que todavía sigue en ascenso. En inglés, stream significa arroyo, corriente u oleada, pero en el contexto de las nuevas tecnologías el streaming no es otra cosa que reproducir en vivo un contenido multimedial (imágenes, sonidos y texto).
Mucha agua (mucho streaming) corrió bajo el puente en poco tiempo, y con tanta pregnancia en un público de entre veinte y treinta años, que no pocos profesionales formados en las lógicas televisivas decidieron probarlas en el mundo YouTube, entre ellos el músico, actor, humorista, conductor y escritor Mex Urtizberea.
Desde fines de 2021, y acompañado por Fabiana Segovia, Nicolás Tolcachier y Pedro Saborido en dirección, guion y producción, Mex viene presentando ¡Esto es FA!, ciclo de “Música, charlas, amigxs y mucha tertulia”, como dice la descripción en su canal de YouTube. Todo eso llegando a destinatarios de variadas edades.
A lo largo de veintidós encuentros, dibujantes, psicoanalistas, humoristas, escritores, músicos y locutores, asistieron a la casa del señor con pelos electrificados y amarillos, a fin de compartir un almuerzo, una conversación y algunas canciones. En ciertos casos, la reunión íntima devino fiesta a gran escala, como sucedió cuando Fa! se mudó al mítico estadio Obras, al Complejo Art Media (los dos en Argentina) y a la Sala del Museo del Carnaval (en Uruguay).
La tertulia surgió como propuesta de Milo J a Urtizberea, y sus protagonistas, además del joven trapero y el propio Mex, fueron Teresa Parodi, Soledad Pastorutti, Cuti y Peteco Carabajal, Juan Quintero, Maggie Cullen, el Chaqueño Palavecino, Julián Kartun, el Chango Spasiuk, Coscu, el dúo Campedrinos, Lito Vitale, Juan Ábalos y Miguel Rep. Salvo Milo J (artista que padeció la censura cuando el gobierno nacional, en febrero de este año, le impidió presentar un disco en el Espacio Memoria y Derechos Humanos ex ESMA), Kartun (actor y cantante de rock), Coscu (conductor de streaming), Ábalos (guitarrista rockero), Rep (dibujante) y Lito Vitale (pianista multigenérico), el resto de las visitas proviene de un imaginario ligado sobre todo al folklore
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