Foto de portada: Marcos Mezzotoni
Inquieto, prolífico, testimonial y talentoso, son apenas algunos de los calificativos que podrían tratar de definir el torbellino que Mocchi instaura desde la canción y su onda expansiva. Artista trans nacido en 1990 en Montevideo y con cinco álbumes publicados (“La velocidad del paisaje”, “Mañana será otro disco”, “1990”, “La certeza del dolor” y “El frio que nos convoca”), su voz contiene un pulso imperioso cargado de imágenes donde la calle se tutea con la poesía y en el que los procesos de íntima transformación personal buscan darse la mano con procesos políticos y colectivos.
En ese tránsito, su repertorio hondamente amoroso caló hondo también de este lado del Plata donde ostenta un público aliado con el que ahora propone tres conciertos para “Hacernos casa” en una cancha de fútbol y espacio cultural cooperativo del Barrio Chino porteño llamado Que Tren que devino en punto de cita y refugio para esos encuentros.
“Yo siento que una casa es una construcción totalmente simbólica y también subjetiva y está bueno poder proponerlo desde un lugar como Que Tren donde fuimos armando algo que se fue modificando junto con el espacio y que sentimos como nuestra casa”, sintetiza Mocchi desde Montevideo.
En la charla con Negras&Blancas, el músico y compositor de piezas que han trascendido su personalísima impronta interpretativa (como “Ahora”, “Ejercicio”, “Seré yo”, “Díaz sin vos” y “Compostaje”, por citar apenas algunas), insiste con el lazo que lo une con Argentina y señala: “Yo me siento parte, no consigo vernos como entidades separadas y me da tristeza porque se están metiendo con mis hermanos. Si bien no soy un bobo y llego a Montevideo y a Uruguay y respiro otra tranquilidad porque hay un Estado que por ahí no me odia como me pasa en Argentina en este momento, tengo que llegar hasta ahí y generar entornos más amables en escenarios no tan agradables como siempre porque evidentemente hay más hostilidad en el aire”.
De cara a esas tres veladas en el espacio sito en Olazábal 1784 y con localidades disponibles en: www.passline.com/eventos/mocchi-hacernos-casa, Mocchi también apunta: “Esto es decir, bueno, yo con lo que puedo genero algo para el resto y para mí porque si no es insoportable. América Latina está prendida a fuego y yo ¿qué voy a hacer más que canciones? Y por eso propongo un espacio de encuentro al cual pertenecer, siento que nos re-falta eso. Por lo menos hagamos un lugar en una cancha de fútbol, en una cooperativa cultural, donde ahí adentro las cosas sean distintas, al menos un rato”.
Para esta primera presentación porteña –enmarcada en el contexto de una gira argentina que además prevé otras cuatro fechas durante marzo: el 11 en Rosario, el 12 en Gualeguaychú, el 13 en Paraná y el 15 en Escobar- Mocchi actuará junto a Noelia Sinkunas en piano, Rodrigo Gambetta en guitarra, Christine Brebes en violín, Carolina Rodríguez en viola, Marcela Vicente en cello, Lucila Pivetta en bajo y Esteban Blanca en batería.
Y aún sin querer soltar prenda en relación a la velada inaugural ni a las demás citas en Que Tren, anuncia: “Pensamos tres conciertos distintos con invitados distintos también. Y no me gusta dar mucha información de lo que va a pasar porque prefiero que la gente vaya y se sorprenda”.
Palpitando la experiencia por venir, reflexiona: “Nos propusimos hacernos un espacio en una cancha de fútbol en una cooperativa cultural donde llegamos un equipo de trabajo de amigos y amigas con sus lógicas para lograr que ahí adentro las cosas sean diferentes. Si no podemos redistribuir la riqueza del mundo, hagámoslo por lo menos en nuestros shows”.
Foto: Vito Fernández.
-¿Eso implica pensar no desde lo utilitario pero sí desde lo concreto que la música y el arte sirven para esas construcciones?
-Sí, yo siento que sí sirven porque sobre todo es un momento de encuentro con gente que se emociona con las mismas cosas, que lucha por las mismas cosas. Y eso me parece que es increíble de mi trabajo y me siento muy muy agradecido de poder ocupar un pedacito de esos lugares que son muy diferentes a los del rol de la música actual que un poco está siendo entretenimiento a gran escala para que la gente pueda poner la cabeza en blanco un rato. Pero yo
quiero ocupar otro lugar, justamente el del encuentro, el del intercambio donde todos nos vayamos con algunas preguntas y, a lo mejor, con alguna respuesta. Esa es un poco mi búsqueda.
-¿Qué características ponderás de esos encuentros activos que se dan en tus recitales?
-Que siempre se da esa conexión donde cada uno aporta sus peguntas y también sus posibles respuestas. Porque yo estoy arriba del escenario con un micrófono pero también escucho muchas de las cosas que me dicen y a mí me gusta también que me cuestionen porque de eso se trata mi obra, de disparar algo nuevo y entonces que alguien sienta en un show la posibilidad de decir «che, yo no estoy de acuerdo con esto que dijiste», a mí me hace sentir que yo ya gané. Por ejemplo, te cuento, la otra vuelta fuimos a tocar a un festival en Necochea y con Noelia (Sinkunas) estrenamos una canción sobre los incendios y yo hablé sobre los bosques y dije “se la vamos a dedicar a Milei que parece que no se enteró”. Y una persona que estaba bastante lejos hizo “uf” como “qué estupidez”, una cosa así. Y la verdad es que la persona tenía razón. Yo por ahí podría haber entrado en la de argumentar y replicar “no te lo tomes tan literal lo que estoy diciendo” pero elegí callarme y aceptarlo.
-Esa canción acerca de los incendios revela una manera tuya de estar creando al filo de la coyuntura…
-Vamos componiendo muchas cosas en la ruta y en el camino. Y eso se va elaborando indefectiblemente y se cuela en el show porque uno quiere tocar las canciones que va haciendo.
-¿Estás a favor de esa pulsión de la canción urgente que te interesa y que te nutre como artista?
-Sí, me interesa, me nutre como artista y no me sale de otra forma. Siendo que no tengo mucho conocimiento ni herramientas musicales porque no tuve la oportunidad ni la suerte de estudiar música como hubiera querido. Entonces, más allá de que me gusta, es la forma en la cual puedo hacerlo: De repente tengo una idea y me grabo con el celu y después necesito dejarla registrada de alguna manera porque si no, no existe. Y por otro lado siento que es un momento donde hay que decir y dejar de cuidar el cómo y la forma porque un poco siento que el mundo está así porque las cosas no se dicen. Tener canciones donde querés decir algo pero decidís “la voy a grabar en tal lugar el año que viene», la verdad que no, boludo. A la gente la están cagando a palos ahora. Si querés decir algo sobre tu carta astral ahí sí, tenés toda la vida para componerlo y mandarlo a mezclar a Estados Unidos. Pero no es mi caso, que compongo canciones del aquí, del ahora y de la cotidianeidad y de mi historia personal atravesada por la política, porque eso es lo que hago: Una autobiografía desde el punto de vista de la de la intervención política, porque escribo desde como me atraviesa el mundo.
-El tuyo es un testimonio muy en carne viva pero su carga poética y sensible lo salva del cantor de barricada que es tan necesario como obvio…
-Yo siento que igual extraño un poco eso. Yo me formé escuchando a Ska-p que es cero poesía y mucho panfleto pero es necesario también eso porque hay un montón de gente a la que la poesía le resuena como algo muy de cheto. Tenés que haber tenido mucha suerte para poder leer una poesía y entenderla, como que a mí me pasó y la entiendo hace muy poco y se enriqueció mi vocabulario. En la música de hoy hay menos panfleto y más entretenimiento y nosotros no sé, somos unos tibios (risas). Siento que yo estoy entre el panfleto y el entretenimiento.
-El año pasado Liliana Herrero grabó por primera vez dos temas tuyos en su disco “Fuera de lugar” y después la invitaste a cantar al Teatro Solís ¿Cómo estás a partir de ese acercamiento con una artista tan importante para todos nosotros?
-Para mí es increíble porque Liliana es una de las voces por las cuales yo me di cuenta que podía cantar porque fue la primera persona a la que escuché cantar con una voz no hegemónica porque por entonces la música al alcance de mi mano eran Cris Morena y Thalía. Y cuando empecé a componer, siempre imaginé mi obra en las voces de artistas de ese estilo como Liliana Herrero y como Fernando Cabrera. Y aunque el propio Fernando supo impulsarme a que hiciera contacto con ella no me había atrevido hasta que mi padre, que es mi fan número uno, me avisó que tenía un comentario de ella en YouTube, le escribí a un correo que me había pasado Cabrera y al toque me respondió invitándome a merendar a su casa y yo le pedí a Susy Shock que me acompañara porque estaba re-nervioso y porque soy muy tímido aunque no lo parezca. Y cuando me abre la puerta de su casa me dice «No sabes los nervios que tengo por conocerte» y no pude creerlo. Y menos todavía cuando nos sentamos y la chabona tenía toda la letra de “Compostaje” escrita y subrayada para preguntarme cosas sobre por qué había dicho eso y no había dicho no sé qué. Había hecho todo un análisis de la canción y fue como meterme adentro del esqueleto que Liliana observó desde su impronta de filósofa porque me desarmó toda la canción. Porque su forma de cantar y su forma de atravesar la obra es justamente desarmando y haciendo algo nuevo que ella entiende como intérprete y como una docente de filosofía. Conocerla a Liliana me hizo revisarme pero, además, me permitió ganarme una amiga y ahora es como una tía que tengo y que voy a visitar cada tanto (risas). Hablando en serio, que ella haya grabado canciones mías significa que Liliana hizo con ellas lo que sabe hacer que es re-analizar, reestructurar, reinterpretar, re-entender y adentrarse en el núcleo de una canción para hacer otra cosa. Algún día habrá que encontrarle un nombre a eso que hace que no es ni componer ni interpretar.

