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Editorial

La utopía de la música y la palabra

La Trova (contra) pampeana, un trío musical y literario con origen artístico en Pergamino, estrenó su propuesta en la Ciudad de Buenos Aires, a sala llena, en Galpón B. Desde el territorio de la autogestión, limitado y a la vez virtuoso, escribe el autor de este texto, la Trova (contra) pampeana nos hace un regalo: nos imagina todavía capaces de transformar y transformarnos a través de un país pródigo de músicos y poetas.
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Si la poesía es una forma de cortesía que nos entrega alguien que ha renunciado al lenguaje plano para transformarlo con la estética y el pensamiento, el movimiento literario y musical que atraviesa al trío denominado Trova (contra) pampeana, que el sábado tuvo su estreno en la Ciudad de Buenos Aires, es la expresión exacerbada de esa posición: no presume que el público es un sujeto impaciente que transita el precipicio de la intolerancia; distante de la reflexión o el goce derivado de la morosidad que necesita la construcción de una frase. La Trova (contra) pampeana nos homenajea con el gesto de pensarnos más allá de ese extendido prejuicio que denuncia el estado de nuestro tiempo.

La Trova (contra) pampeana es un trío con referencia territorial en Pergamino pero que, aunque reconoce y se afirma en las tradiciones musicales bonaerenses, a la vez las pone en entredicho y las permite expresar a través de formas (musicales y poéticas) abiertas. Bajo los aires culturales y comunicacionales dominantes, en aquella encrucijada que presentaba Robert Frost -aquel poeta que alguna vez fue un universal de la escolarización anglosajona-, cuando “dos caminos se bifurcaban en el bosque/yo tomé el menos transitado, y eso hizo toda la diferencia”.

Claro que los anclajes literarios de la Trova son otros y no los del autor del poema “The Road Not Taken” (1916). “Vivir en el interior de la provincia de Buenos Aires -escriben sus integrantes- es habitar un doble desplazamiento: desde cierta mirada no infrecuente en el imaginario popular, a quienes vivimos en estos lugares suele ocurrirnos que en Capital Federal se nos considera provincianos, y en lo que se dio en llamar las provincias, de Capital Federal: para los porteños somos del interior, y para los del interior, porteños. Vivir en la provincia de Buenos Aires, entonces, es habitar un no-lugar: una utopía. No se puede decir de forma más bella.

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Quien lo enuncia sobre el escenario es Alejandro Gómez Monzón, escritor, poeta, y quien asume el oficio de verbalizar las intenciones artísticas de la Trova (contra) pampeana. Dos guitarras, Diego Palavecino y Federico Cassani son el fundamento musical de la formación, que no sólo se atreve a las especies musicales de la pampa bonaerense.

No hay preocupación por presentar un formato acabado, conocido (y, por lo tanto, cómodo). No fue un concierto clásico, pero tampoco una lectura literaria con una dosis de música. Todo estuvo integrado. La noche se estructuró a través de versos de Gómez Monzón, algunos publicados en los libros “Entre gallos y cuervos” y “Los silbidos que afilaron las piedras”, a los que se sumó la resonancia de la milonga bonaerense, composiciones de corte original y el aporte de invitados.

Hubo sobre el escenario un pulso vital, inquieto, hasta desobediente. “Los perros de la muerte no tienen nombre/para que no puedan obedecer a nadie”, reza una de las sentencias de Gómez Monzón. En ese contexto Cristian Olivera, músico y compositor de origen santiagueño, amplió el horizonte propuesto por el trío, mientras que el poeta y ensayista Jorge Boccanera presentó, sí, una sección tradicional de lecturas pero perfectamente enlazadas con las letras y canciones de la noche porque su voz sureña y latinoamericana pertenece a la familia literaria de la Trova. “La poesía se come cruda”, se sentencia desde el escenario a modo de cita al poeta argentino cuyos versos cantaron Mercedes Sosa y Silvio Rodríguez.  

Gómez Monzón invoca otra cita, un pensamiento sobre el espacio y el lugar de Michel de Certau. Como la Trova, aquel intelectual francés no se ajustaba a las clasificaciones convencionales. Dejó una expresión reproducida como una declaración de principios en los estudios culturales, la que afirma que lo popular no existe por fuera del gesto que lo suprime, que lo popular no puede ser leído sin ese desplazamiento externo que es precisamente en el que lo constituye bajo esa categoría.

Las músicas de la Trova (contra) pampeana llevan implícito otro desplazamiento, el que impone una época que expulsa cualquier complejidad, no ya de la industria y sus nuevas formas, más impiadosas, sino ahora también, en nuestro país, incluso, de los modestos espacios oficiales que hasta hace un tiempo persistían.

Desde el territorio de la autogestión, limitado y a la vez virtuoso, la Trova (contra) pampeana nos hace un regalo: nos imagina todavía capaces de transformar y transformarnos a través de un país pródigo de músicos y poetas.

Allí esta está su utopía, que es también la nuestra.

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Mariano Suarez

Licenciado en Ciencias de la Comunicación, magister y doctor en Derecho del Trabajo; Doctor en Derechos Humanos y Previsión Social. Escribió una decena de libros de derecho, comunicación y música.
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