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Editorial

“Coraje Buenos Aires”: historia de un mito del jazz argentino

Un disco de jazz, “Coraje Buenos Aires”, expresión de la denuncia social y política contra la dictadura de Onganía y Lanusse, alcanzó estatura mítica en el circuito musical porteño. Su máster desapareció con la llegada del “Proceso…”, en 1976. El periodista Gabriel Cócaro reconstruye su formidale historia en esta nota.
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A mediados de 1970, Jorge López Ruiz era una de las figuras más destacadas del jazz local. Con apenas treinta y cinco años ya había compartido escenarios, y grabaciones, con músicos de la talla de Lalo Schifrin, Enrique “Mono” Villegas y Sergio Mihanovich. Su trayectoria ostentaba puntos altísimos como aquella participación -a mediados de 1963, en el predio de la Sociedad Rural- en el combo del vibrafonista Lionel Hampton o la sesión de improvisación junto al trompetista Dizzy Gillespie durante su paso por la Ciudad de Buenos Aires.

Cuando comenzó a trabajar para Sandro, su nombre trascendió el ambiente jazzístico. Desde junio de 1967 hasta mayo de 1970 fue arreglador y director orquestal del cantante. “El Flaco” llevó a “El Gitano” hacia la balada romántica y así alumbraron piezas de gran impacto popular como “Las manos”, “Porque yo te amo”, “Penumbras” y “Así” por citar solo cuatro de ellas.

Por entonces, el contrabajista contaba con tres álbumes. “B.A. Jazz by López Ruiz”, “Jorge López Ruiz interpreta a Jorge López Ruiz” y “El grito”. Este último era una suite instrumental, de cinco movimientos, con la que expresaba su profundo rechazo a la dictadura autodenominada como “Revolución Argentina”.

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Mientras “El grito” llegaba a las disquerías, José Tcherkaski desembarcaba en “Siete Días Ilustrados”.

Su único antecedente relacionado con la escritura se encontraba en “Cosas de Buenos Aires”, un libro -en coautoría con Daniel Spiguel- en el que presentaba una serie de poemas. En la revista compartió redacción con plumas ilustres, como las de Roberto Vacca y Otelo Borroni, de las que aprendió el oficio de escribir. Durante los seis años que ejerció como redactor – además de entrevistar a celebridades como Federico Fellini u Omar Torrijos – le otorgó voz a quienes orillaban los márgenes de la sociedad. Junto al fotógrafo Osvaldo Dubini visibilizó historias de los sectores más postergados de la Argentina.

Una tarde, a principios de 1969, Piero arribó a las oficinas del semanario. Por aquellos días el cantante, tras haber lanzado un puñado de temas pasatistas sin mucha repercusión, buscaba reavivar su carrera. Por sugerencia de Vacca y Borroni, el vocalista comenzó a trabajar con Tcherkaski quien, hasta entonces, no había manifestado inclinaciones por la música. La primera pieza alumbrada por el dueto, sin embargo, se anidaría en el corazón de generaciones de argentinos.

“Mi padreun inmigrante ruso, llamado Mariofue central en mi vida. Un hombre culto que falleció cuando yo tenía catorce años”, cuenta Tcherkaski desde su hogar en el barrio de Almagro. “En mi libro de poemas había unos versos dedicados a él que fueron el germen de la primera canción hecha con Piero”, revela. “Mi viejo”, una balada con las dosis exactas de ternura y melancolía, fue concebida en el monoambiente donde el periodista vivía junto a su mujer de entonces y su hijo. Una vez terminada fue registrada en un grabador Geloso.

La dupla, con el reproductor a cuestas, comenzó a recorrer sellos discográficos. Luego de varios rechazos fue aceptada por Héctor Techeiro, productor de CBS, porque vislumbró su matiz comercial con vistas al Día del Padre. La pieza contó con arreglos de López Ruiz quien trabajaba en la compañía para Sandro.

El tema, lanzado en mayo de 1969, se convirtió en un éxito instantáneo. Sus cuantiosas cifras de ventas impulsaron la concreción de dos elepés con obras del dueto arregladas por el contrabajista. “Piero se encargaba de musicalizar mis letras. A veces – detalla – sugería algún cambio en la lírica para ajustarla a la melodía”. Varias de esas creaciones – como “Pedro Nadie” o “Valdemar, El Brasilero” – estaban inspiradas en los desangelados descriptos por el cronista en sus notas.


Los días 29 y 30 de mayo de 1969, en la provincia de Córdoba, se produjo una rebelión popular de magnitudes inéditas en el país. Durante esas jornadas, estudiantes y obreros se manifestaron contra el ajuste económico (suspensión de convenios colectivos de trabajo y congelamiento de salarios, entre otras medidas) y el autoritarismo del régimen encabezado por Juan Carlos Onganía. Luego de arduos enfrentamientos, el Ejército retomó el control de la capital provincial. Más de una treintena de muertos y cientos de detenidos fue el saldo de aquellas horas turbulentas.

La revuelta – que socavaría los cimientos de la dictadura militar – causó un gran impacto social. Conmovidos por los acontecimientos, López Ruiz y Tcherkaski elaboraron una obra conceptual que reflejaba el estado de ánimo de gran parte de la población. “La bronca se palpaba en el aire. Entonces – recuerda José – con ‘El Flaco’ plasmamos esa emoción en un elepé”. A partir de textos del periodista, el músico compuso piezas atravesadas por el free jazz. Dichas melodías rompían, de manera caótica, con los cánones establecidos del género. El mismo gesto rupturista de los protagonistas de “El Cordobazo”.


“Bronca Buenos Aires” fue grabado en enero de 1971 en los estudios ION. Para registrarlo, López Ruiz conformó una fabulosa orquesta de jazz. El baterista Carlos “Pocho” Lapouble, el contrabajista Alfredo Remus, el organista Santiago Giacobbe, el pianista Fernando Gelbard, el saxofonista Horacio “Chivo” Borraro y el percusionista Eduardo “Zurdo” Roizner fueron algunos de los elegidos. A ellos se les sumó un coro mixto de siete integrantes. Todos dirigidos por el guitarrista Oscar López Ruiz. Esa máquina jazzera, con arreglos a lo Gil Evans y pasajes indómitos con el espíritu de Ornette Coleman, proporcionó el marco adecuado para los textos poéticos e insurgentes del periodista. Fue el propio Tcherkaski quien puso su voz – clara y firme – para recitar esos versos. En “La ciudad vacía”, por ejemplo, se refería al “hambre proletario apuñalado”. En el tema que titulaba el vinilo bramaba: “yo me animo, dijo alguien, y gritó como aquél. Como nosotros, como ustedes. ¡Ahora!. ¡Ahora!. ¡Saltó la bronca!. ¡Carajo!”. El disco, lanzado por el sello Trova, tuvo una presentación furtiva en la localidad bonaerense de San Isidro. Los medios no lo difundieron y sus cifras de ventas fueron exiguas.   

Lejos de amedrentarse, López Ruiz y Tcherkaski subieron la apuesta. La dupla, a mediados de 1972, concibió la secuela de aquella placa vanguardista. La grabación de “Coraje Buenos Aires” –realizada en los estudios de la compañía RCA– fue costeada por sus autores. El músico, nuevamente, reunió a un seleccionado de notables. Los saxofonistas Jaime Prats y Hugo Pierre, el pianista Santiago Giacobbe, el guitarrista Ricardo Lew y el baterista Carlos “Pocho” Lapouble fueron los convocados. Además de un coro de seis miembros.

La continuidad de la “Revolución Argentina” –liderada, en ese tiempo, por Alejandro Agustín Lanusse– mostraba signos de desgaste, pero la represión proseguía. El contexto, sin embargo, no intimidaba al dueto. “Íbamos para adelante sin medir las consecuencias. Si bien no éramos héroes, jamás tuvimos miedo”, asegura José.

La obra, a diferencia de su antecesora, tuvo una presentación formal. El viernes 11 de agosto de 1972, en el Teatro Coliseo, las flamantes piezas sonaron en vivo por única vez. El anuncio del evento, publicado el día anterior en el diario La Nación, lo describía como una “conversata para recitante y noneto de jazz”. También destacaba la participación de Carlos Bisso. Meses después, el cantante de Conexión N°5 registró dos temas que demandaban el retorno – al país y al poder – de Juan Domingo Perón. Ambos – lanzados por Groove, un sello subsidiario de RCA – contaron con arreglos del contrabajista.


“Coraje Buenos Aires” era una obra conceptual de cuatro movimientos. Esos treinta y dos minutos de música oscilaban entre el free jazz, pasajes donde los instrumentistas desplegaban su virtuosismo y arreglos corales. Todo comenzaba con “Pido perdón por los muertos” donde Tcherkaski aludía a los mártires de “El Cordobazo”. “Tengo en la boca el sabor de los muertos de mayo”, declaraba. Luego pedía indulgencia “por la amargura de la vientres, por los cabellos destrozados en los ríos”. Una escalofriante premonición de los días por venir. “La tarea creadora, si tiene alguna virtud, es la de anticiparse a los hechos”, sostiene. “El secreto – afirma – es saber mirar”. Seguía “Creo que ayer me asesinaron” donde se le daba voz a una de las tantas víctimas de las fuerzas represivas. “El aniquilamiento de opositores a la dictadura era moneda corriente. En mis versos – explica José – lo ponía de manifiesto”. En “¿Quiénes tendrán la vida por delante?” el periodista vislumbraba un futuro en libertad porque ya habrían muerto “los que mataron el mundo”. El cierre llegaba con el tema que titulaba la entrega. El presente era un “tiempo salvaje” donde parte de una generación era devorada “en el delirio de la sangre”. La ciudad tenía “bronca” y, además, coraje para expresarla. Sobre el final, el poeta se preguntaba: “¿cuándo seremos nosotros?”. “Aún – responde con resignación – sigo sin saberlo”.


Por motivos nunca revelados, el álbum quedó sepultado en los archivos de RCA. Tras la llegada del funesto “Proceso de Reorganización Nacional”, el 24 de marzo de 1976, el trabajo corrió la misma suerte de miles de argentinos. Desapareció. Afortunadamente, el contrabajista -quizás presintiendo aquel destino fatal– se aseguró una copia de la cinta original.

A mediados de 2014, López Ruiz y Tcherkaski realizaron una tirada limitada del frustrado elepé –unos cuarenta discos compactos– que repartieron entre allegados. En octubre de 2023, el sello RP Music lo lanzó en vinilo, en CD y en plataformas digitales. La placa – remasterizada por Pablo López Ruiz – también fue presentada por la compañía alemana Altercat Records.

A más de medio siglo de su concepción, “Coraje Buenos Aires” resulta un impactante retrato de época.

“Una canción no puede subvertir el orden establecido, apenas alcanza a denunciarlo”, reflexiona José. “La realidad que nos agobia – concluye – solo se cambia a través de la lucha contra los opresores”.

Esta gema resucitada del jazz local es parte de ese combate sin fin     

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Gabriel Cócaro

Gabriel Cócaro es Licenciado en Ciencias de la Comunicación - UBA - y periodista. A lo largo de su carrera, trabajó en radios como: FM La Tribu y AM 750. Sus artículos han sido publicados en: La Milonga Argentina, Acción, Los Inrokuptibles, G7, Rolling Stone y Revista Ñ. Actualmente está en La 2x4 y colabora en el diario Página/12 y en la revista alemana TangoDanza.
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