Foto: Marcos Mezzettoni
A poco más de un año de haber iniciado la experiencia de encontrarse formalmente para un posible andar compartido y con un flamante disco en vinilo llamado “Destinos cruzados”, los enormes artistas uruguayos Fernando Cabrera y Hugo Fattoruso regresaron anoche a Buenos Aires para comenzar una nueva serie de conciertos que tuvo su punto de partida el martes pasado en el montevideano Auditorio Nacional Adela Reta.
En la primera de casi tres funciones compartidas en el Café Berlín (tocarán esta noche desde las 20.45 y Cabrera será invitado del recital que el sábado a la misma hora darán Fattoruso y Barrio Sur), la dupla reafirmó la capacidad de asentar un repertorio sin que el hecho de fijarlo lo estanque sino, más bien, halle mayores posibilidades expresivas.
Y para Hugo & Fernando esa experimentación es una tarea que se va tallando sin estridencias desde el piano, el teclado, el acordeón, la guitarra eléctrica y las voces en un ensamble donde lo que suena también es el silencio, donde la palabra pesa tanto como lo insinuado, como lo no dicho.
En ese ejercicio apoyado en las imponentes trayectorias creativas de ambos que se van entrelazando con una naturalidad tan respetuosa como libre e irreverente, casi todo el viaje habilita momentos deliciosos.
De entre ellos descuellan “La garra del corazón” a la que Hugo da una pátina tanguera desde el acordeón, las travesuras en torno a “Candombe en tres”, la versión sin guitarra de “La casa de al lado”, el fulgor de “Letras doradas”, la notable visita al tango “Araca la cana”, el desolador encanto de “Palabras” (“en la vida, se aprende o se marchita”, según advierte el texto de la compositora uruguaya Giselle Graside), la novedad de “Un pueblo” (una pequeña y animosa creación de Cabrera que es el único estreno del cancionero común) y la fabulosa recuperación de “Al mismo tiempo” que grabara hace 25 años para su encuentro en directo con Eduardo Mateo.
Pero más allá de lo estricto de un repertorio gozoso que irradia buen gusto y complicidades envolviendo desde el escenario a la platea, escuchar a este dúo conformado por dos individualidades que constituyen parte fundamental de la música rioplatense es una aventura que convida a descubrir los gestos de un legado cultural que no reconoce fronteras sonoras ni territoriales.
Cabrera y Fattoruso instauran así un momento de profunda conexión donde cada sonido y cada sílaba dejan entrever un universo posible en donde la canción se ofrece como una síntesis mágica y poderosa.
