Alejandro Bordas es músico y docente, fue parte del grupo Siniestra tango durante 20 años y coordina el área de tango de la Escuela Musical de Música Popular de Avellaneda (EMPA). En el último tiempo, asumió la tarea de hacer un disco y un libro firmados sólo con su nombre. El primero se titula “Mudanza” y combina composiciones propias, clásicos con una búsqueda sonora que de alguna manera se extiende y continúa en el libro “Tango en siete cuerdas. Un mapa posible para la guitarra”.
Editado por Mil Campanas, este primer libro de Bordas fue pensado para estudiantes avanzados de escuelas de música y sus colegas profesionales abocados a la guitarra. Sin embargo, el proyecto no se termina en esos interlocutores, Bordas se propone presentar el libro durante uno o dos años en distintas escuelas de música de todo el país “poque es un material que no hay”. Quiere que haya material de guitarra de siete cuerdas en las bibliotecas.
¿Cómo se fue gestando esta pasión por el tango? ¿Cómo se encendió esa inquietud para convertirse en la música de su vida? “En mi familia no se escuchaba tango salvo mi abuelo y mi abuela que bailaban entonces estaba de fondo todo el tiempo. En mi recuerdo, estaba (Aníbal) Troilo, muy poquitito de (Osvaldo) Pugliese porque ellos eran muy tradicionales, muy de (Juan) D’Arienzo. Mi abuelo me planteaba hipótesis muy curiosas, yo le preguntaba si había ido a ver a (Astor) Piazzolla y me decía que había ido siete veces. No le gustaba pero no lo entendía y volvía para ver si lo podía entender. Con D’Arienzo no le pasaba porque escuchaba y bailaba. Piazzola tiene un atractivo hermoso y yo entré un poco por ahí y después descubrí Troilo. Después llegué a Salgan”, repasa en diálogo con Negras&Blancas en una tarde de lluvia vía meet.
-Fue un cambio grande formar parte de una banda, trabajar con otros y empezar a firmar el disco y el libro solo. ¿Cómo se da ese diálogo entre el disco y el libro?
-Sin dudas, el disco también lo saqué este año y hay cuatro obras solistas que están publicadas en el libro y grabadas en el disco. Venía tocando con mi grupo que era Siniestra tango desde hacía 20 años, ese proceso estuvo buenísimo. Después de la pandemia se disolvió un poco el proyecto, las ganas así que decidimos celebrar el último concierto en el CAF el día en el que cumplimos 20 años. A partir de ahí, en 2024, empecé un proceso de ver qué hacía, cómo pensarme artísticamente y hacía un tiempo que tenía ganas de sacar un disco solo. Antes tocaba con Claudia Humoller, con quien teníamos un dúo de guitarras, y a ella está dedicado el libro (falleció en 2014). El dúo arranco en el 2008 cuando no había tantos dúos de guitarra. Hoy es más habitual. Era instrumental y de tango. Desde ahí me quedó la idea de grabar solo. Por otro lado, tengo una labor docente en la EMPA como docente hace 16 años, desde 2009.
Hay mucho trabajo de probar en las clases con los alumnos y alumnas. El universo de las siete cuerdas no es tan popular como la guitarra de seis. No había, hasta ahora, material específico para guitarra de siete cuerdas. Desde que empecé a tocar guitarra de siete cuerdas, más o menos en 2010 hasta la fecha, no encontré material publicado en este sentido. Pero sí ha habido guitarristas que tocan viola de siete.
-¿Por qué creés que pasó eso?
-Porque el universo socioeconómico y cultural de la Argentina fue llevando a que el guitarrista sea el que acompaña y eso se fue acrecentando a medida que fue creciendo el género. Va creciendo de a poco porque hay más gente que estudia tango, que va a los conciertos. Siempre nos quejamos del poco financiamiento cultural de parte del gobierno, hoy directamente hay una invasión cultural con muy poca defensa del tango, de la música propia. Todo lo extranjerizante es mejor que nuestro contenido cultural propio.
-En paralelo al desfinanciamiento hay una necesidad tan grande de la música, del recital, la música en vivo, del ritual como espacio de encuentro.
-Hay una necesidad del artista de ir a ese encuentro, la crisis de público sigue estando. Está difícil convocar, como entre 2001 y 2004 cuando nos sentábamos con colegas a hacer cosas porque solos no llegábamos. De todas maneras, creció el interés de guitarristas de siete cuerdas porque en el universo de acompañamiento de cantantes, que haya una cuerda más es significativo. Es ocupar un espacio artístico que lo ocupa un contrabajo, venís a cubrir una necesidad acústica que antes no estaba. Eso permite el devenir de nuevas sonoridades. Son muchas más posibilidades de acordes, de ocupar posiciones que no existen o a las que no se llegaría. Es un mundo a seguir descubriendo. Los brasileros, por ejemplo, tienen más desarrollado el universo de la guitarra de siete cuerdas para la música y un perfil más melódico de los bajos. Acá lo pienso más integralmente, no solo con bajos que se suman.
-Decís que este es un país muy guitarrero, ¿por qué?
-En el universo de lo socioeconómico y sociocultural una guitarra es un instrumento barato que hay en todas las casas, pianos no hay acá. Están los pianos franceses que trajo Sarmiento o quizás en una casa con una monedita más tenían alguno pero no suele haber, tampoco bandoneones. El instrumento más barato es una guitarra. En cualquier casa, el instrumento que podés encontrar es una guitarra, de distintas calidades pero hay. Ese plan sarmientino de la importación de los planes franceses, ingleses y alemanes para tocar en actos y reuniones patrias tuvo mucha influencia. En los diseños curriculares está inmerso el universo del folclore, no así el tango. Hay mucho de ese desarrollo de cancionero de Arnoldo Pinto de canciones sencillas para tocar de folclore. Eso fue un material circulante en las primarias y secundarias. En las secundarias existía danza folclórica, porque no existía danza tango. Estuvo más circunscrito al universo de la ciudad de Buenos Aires. Hoy en día está un poco más federalizado, tenés algunos nodos en Rosario, Córdoba, Mendoza. El folclore siempre estuvo en la currícula de los niveles obligatorios. Todo eso hace a la idea del país guitarrero.
-¿Cómo fue tu vínculo con la música? ¿Cuál fue el primer instrumento que te dieron?
-Un piano. Me formé en el Instituto Vocacional de Arte Manuel José de Labardén (IBA), arrancó siendo todo como un juego. Casi en paralelo, mi viejo me mandó a estudiar piano a unos cursos de la casa Promusica. Eso fue de los 5, 6 años hasta los 10. Eran clases de lenguaje musical grupales. Después fui a clases grupales de piano. En un momento dije no quiero más la música, quiero jugar al fútbol y mis viejos respetaron eso. Seguí en el IVA y pasé al fútbol. Después empecé a estudiar clases de guitarra y me la pasaba con la guitarra encima todo el día. Seguí jugando al fútbol los domingos pero ya no tanto. La música siempre estuvo ahí como un juego, como una cosa lúdica.
«Antes de la EMPA no existía nada en relación a la música popular, había una falta de sistematización de contenidos en relación a la música popular ni para tango ni para folclore»
-Trabajás en la EMPA, que está por cumplir 40 años. ¿En qué momento está en relación al tango?
-Se está generando un cambio en relación al agotamiento y a la poca salida laboral de los conservatorios clásicos y el modelo pedagógico de la EMPA y la música popular ofrece otra alternativa. Poco a poco, están apareciendo espacios de música popular en distintos conversatorios que van generando un desgranamiento de alumnos en la parta clásica y suman en la parte popular. Ahí veo que va a haber un desgranamiento a largo plazo en distintos aspectos.
-¿Y cómo se está viviendo este contexto de ataque a la educación pública y la cultura?
-Es un espacio de resistencia, la cultura y la educación lo están siendo. Estamos proponiendo un debate sobre el perfil del egresado y egresada. Fue importante sentar las bases para planes de estudios que tienen que ver con la institucionalización de la música popular. Antes de la EMPA no existía nada en relación a la música popular, había una falta de sistematización de contenidos en relación a la música popular ni para tango ni para folclore. Igualmente se da jazz en la EMPA.
-¿Qué pasa con la matrícula en este contexto de crisis?
-En el 2015, cuando se inauguró el nuevo edificio hubo un boom, llegamos a tener 3500 alumnos. Hasta ese momento no había tenido una sede propia. Fueron casi treinta años de lucha por el edificio propio, con cortes de Puente Pueyrredón incluidos. Reclamamos y lo logramos, fueron 30 años de lucha. Es un lugar hermoso, en una casa de música diseñada para estudiar música porque la arquitectura y el diseño fueron pensados especialmente. Ningún aula es cuadrada ni rectangular, todas tienen inclinaciones para rebotar sonido. Nada de esto fue mágico y no hubiera sido posible sin generaciones que pusieron en valor su época, hicieron sus apuestas, sus investigaciones, su desarrollo de materiales, etc. EL 2015 fue un hito importante, en la pandemia hubo una baja de matricula porque las clases de música eran muy difíciles de sostener. Las más teóricas zafaban un poco más, pero las practicas eran muy difíciles. En la música tenés que estar de cuerpo presente y con la otra persona tocando.
Recién ahora se están recuperando los niveles normales de inscriptos que suelen ser 2600. Es un montón, somos trescientos veintipico de docentes.
-¿Qué le recomendás escuchar a alguien que no escucha tango y quiere empezar a hacerlo?
-A los estudiantes les digo que vayan a escuchar cosas más nuevas. Les recomiendo cosas puntuales de Troilo, Pugliese o Pizazaolla como “Sur”, de Troilo y Goyeneche. También Libertango, la versión de la BBC. Pugliese tiene una sencillez en lo complejo, una potencia alucinante.
También les digo que vayan a escuchar música en vivo, no importa si estudian música o no, vayan a escuchar música en vivo a ver qué les pasa, ahí hay conexión posta. Está todo bien con los discos, pero hay mucha gente viva haciendo música de tango en esa reunión de ritual. En el universo de la música en vivo mandaría a escuchar gente que está haciendo música actual. No mando a escuchar orquestas tradicionales que hacen homenajes: el estilo de Troilo, de D’Arienzo. No, para eso están los discos. Anda a escuchar compositores de música actual de tango. Hay que tener una mirada en el pasado para ver de dónde venimos pero después es estar en el presente y mirar para el futuro.

