Si Pat Metheny fuera un músico común y corriente, sus próximos conciertos del jueves 11 y el viernes 12 de septiembre para la presentación del tour Dream Box/Moon Dial,en el Gran Rex, podrían haber sido anunciados como la celebración del 40 aniversario de su primer paso por la Argentina, en el marco de la gira de estreno de First Circle, que incluyó por primera vez en las filas de su grupo a nuestro Pedro Aznar.
Pero si hay algo que desde siempre evita el músico nacido 71 años atrás en Lee’s Summit, en la periferia de Kansas City, es eso que conocemos como obviedad. Una actitud que llegó en algún momento a preocupar a sus propios padres, que no lograban entender del todo esa vocación que a sus tempranos 12 o 13 años lo llevaba a “pasar cada minuto posible despierto intentando comprender la música”, tal como contaba en una entrevista que le hice en 2021.
“Cada experiencia aporta algo nuevo. Para mí, todo es una sola canción que se divide en capítulos. Incluso cuando escribo cada nota, el mensaje de la música es consistente. Lo más importante es que todo forma un conjunto, todo está conectado. Y eso incluye todos los viajes, lugares, audiencias y personas que he conocido. Siempre trato de mostrar la conexión entre las cosas”, decía entonces.
En ese contexto hay que entender, si es que eso fuera posible, su nueva visita al país, que tiene como excusa la presentación de Dream Box (2023) y Moon Dial,(2024), dos álbumes grabados en solitario con diferentes conceptos y sonoridad.
Mientras Pat describe al primero “una recopilación de pistas solistas grabadas a lo largo de algunos años” y que descubrió mientras escuchaba durante una gira, el segundo puede ser inscripto en la exploración de las posibilidades que propone la guitarra barítona, que dicho de manera vulgar ubica su rango de prestación entre lo que ofrecería una guitarra normal y un bajo, un ejercicio que cuenta con One Quiet Night (2003) y What’s It All About (2011) como antecedentes.
Una sensación infinita con cuerdas argentinas
“Quería capturar las cosas mientras eran frescas y emocionantes”, explicó el artista a la revista Jazz Wise, durante una entrevista acerca de la publicación de Moon Dial realizada por Stuart Nicholson en 2024, en la que también señalaba que haber presentado gradualmente su nueva guitarra barítona con cuerdas de nylon ante el público le resultó “una sensación hermosa, rica, casi infinita” que le permitió realmente concentrarse en las cosas, “en términos de tacto, de sonido, de armonía y de melodía”.
El dato particular de este nuevo mundo sonoro que se le abrió a Metheny justo pisando los 70, es que lo consiguió con materia prima argentina. “Dos días antes de que comenzara mi gira Dream Box, escuché sobre una empresa en Argentina que fabricaba cuerdas de nylon que permitirían que ocurrieran tonos muy altos y muy bajos en una guitarra de escala normal. Pedí unas por Amazon, y llegaron el día antes del tour”.
“De repente, pude hacer todas estas cosas que nunca habría pensado hacer con una barítona de cuerdas de acero; es casi como un instrumento diferente”, completó el relato registrado por Nicholson.
La música en estado puro
A diferencia de Moon Dial, cuando a partir de una serie de escuchas en medio de su gira de 2022 decidió recopilar en Dream Boxgrabaciones hechas de manera rápida con el fin de registrar “una nueva melodía, una guitarra nueva (o vieja), un tema estándar, o simplemente para probar algo”, tal como lo explicó en su portal, el guitarrista se enfocó en la guitarra eléctrica “en silencio”.
“Una meta siempre ha sido lograr un toque en la eléctrica que pueda acercarme tanto como sea posible a la clase de dinámica frase por frase que puede ocurrir naturalmente con un instrumento acústico. De hecho, usar una eléctrica de esta manera es bastante más difícil que lo que ocurre naturalmente con una acústica. Hay un paso más entre el toque del intérprete y el oyente que debe ser tenido en cuenta”, señaló en su propia reseña del trabajo.
“A partir de esas sesiones de escucha, poco a poco fui filtrando todo hasta que este programa emergió como un todo coherente. Descubrí que, sin proponérmelo, había llegado a un destino que no había planeado” concluyó en aquel escrito en el que, lejos de su falta de imaginación reconocida por el mismo para darle título a sus piezas, le asignaba a éste una significación bien definida.
“Box es jerga de músico para una guitarra eléctrica de cuerpo hueco. Usando ese lenguaje, hay algunos instrumentos Dream Box muy geniales representados en esta grabación, incluido el prototipo de un nuevo instrumento en el que he estado trabajando con Ibanez y que refleja mi interés en las pastillas de estilo Charlie Christian anteriores a la guerra”destacó entonces.
Y enseguida agregó, tal vez, una de las claves en el modo en que Metheny aborda su ejecución, resaltando la frecuencia en que vibra ese conjunto de maniobras en el plano onírico: “Para mí, la música existe en un estado esquivo, a menudo en su mejor momento cuando se descubre aparte de cualquier intención particular.”

De la guitarra en solitario al hombre-orquesta
En M.S.Rau, una de las casas más importantes de antigüedades de la Royal Street, Calle Real o Rue Royale, según el momento histórico de Nueva Orleans del que hablemos, los atractivos para los amantes de la música son infinitos. Pero entre esas joyas valuadas en cientos de miles de dólares hay tres piezas que llamarían especialmente la atención de cualquier melómano.
Una es el Hupfeld Phonoliszt-Violina Model B Music Cabinet que, presentado en sociedad en 1910, integra tres violines con un piano que los acciona simultáneamente simulando una orquestación; otra es Mills Double DeLuxe Violano Virtuoso, contemporáneo del anterior, que presenta dos violines que se “autoejecutan” de manera independiente en conexión con el piano de 44 teclas. La tercera, en una lista que no reconoce orden de ponderación, es el Arburo Orchestrion Organ de Bursens And Roels, cuya aparición a mediados de los años ’20 en Bálgica y Países Bajos revolucionó la escena de los dance halls.
Esta especie de “radio catedral” gigante combina un órgano de 168 tubos que funciona con electricidad linkeado con un acordeón a la vista, un triángulo y una batería que se controlan mediante uno de los 20 rodillos incluidos en este Orchestrion. Además, un potente motor proporciona alta presión de aire para accionar los tubos y el vacío, que lee el rodillo, controla la percusión y permite que el órgano genere el volumen necesario para superar el ruido de los asistentes en un salón de baile abarrotado.
Los aparatos de este tipo fueron los que durante varias décadas obsesionaron a Pat, que recuerda como disparador de su curiosidad la pianola que su abuelo guardaba en el sótano de su casa, en Wisconsin. “La idea de un instrumento como este, capaz de tocar casi cualquier cosa mecánicamente, me resultaba totalmente alucinante. Era algo absolutamente encantador; por un lado, era anticuado pero, al mismo tiempo, casi como ciencia ficción”, escribió hacia 2009.
“Con los años, esa fascinación temprana creció y estudié la tradición de este tipo de instrumentos, incluidos los orquestriones de principios del siglo XX que llevaron más lejos esta idea. Usando varios otros instrumentos orquestales conectados mecánicamente al mecanismo de piano/rollo de piano para desarrollar sonidos de conjunto, era posible una orquesta en miniatura”, agregaba entonces completando el círculo que terminó de cerrar con la cristalización en 2010 de su propio The Orchestrion Project.
El proyecto, que convocó a gente de diferentes disciplinas, le permitió activar en tiempo real una veintena de instrumentos desde su guitarra, procesada a través de la tecnología midi. “Como ha ocurrido varias veces en mi camino, me encontré deseando un contexto conectado con esta tradición más amplia, mientras anhelaba reconciliar esos impulsos con las oportunidades intrínsecas a este momento particular en el tiempo: encontrar algo que solo pudiera estar sucediendo ahora”, señaló el músico en ese momento.
Al final, lo que importa es la música
Aunque venimos hablando de álbumes relativamente recientes, en el contexto de los 50 años que Metheny lleva haciendo música -y ganando Premios Grammy-, el punto de inicio de su búsqueda en diálogo íntimo con su guitarra hay que buscarlo en 1978, cuando hizo un disco llamado New Chautauqua, que describe como “una sesión construida sobre la idea de usar el estudio en sí mismo como un instrumento, superponiendo varias guitarras una sobre otra para crear un sonido de conjunto”.
El problema que surgía inmediatamente era la falta de practicidad para llevarlo a cabo en vivo. “Desde entonces se ha vuelto posible, utilizando tecnología de looping en vivo, crear una plataforma viable para una versión limitada de lo que se puede hacer en un estudio en tiempo real”, explica desde su página WEB.
Sin embargo, enseguida apunta contra las restricciones que el método impone para los tipos de entornos armónicos cambiantes que disfruta hacer. “Con los años, he soñado con idear un entorno para escribir que use la ‘parte frontal’ de la tecnología musical moderna, mientras aprovecho el poder de los instrumentos acústicos reales”, dice ahí, antes de presentar en sociedad su ambicioso Orchestrion.
No obstante, Pat hace hincapié en la profundidad musical. “Informada -advierte- por las experiencias de toda una vida y con la búsqueda de invocar el espíritu y el alma que son el núcleo de ser el tipo de músico que he aspirado a ser.”
“A menudo digo que, ya sea desarrollado e interpretado acústicamente o de otro modo, con un instrumento de diez dólares o un sofisticado sistema informático, las buenas notas son buenas notas, y casi siempre son esquivas en cualquier camino que uno tome para encontrarlas. Sin embargo, las buenas notas, una vez reveladas, parecen llevar consigo su propio valor intrínseco hacia adelante, sin importar cómo hayan llegado a ser”, explica.
La vida en equilibrio
“Yo puedo emocionarme cuando escucho a (Yehudi) Menuhin, a (Isaac) Stern, a Juanjo Domínguez, al maestro Yupanqui, a Grela o a Troilo y Piazzolla. Pero también me emocioné mucho cuando un hombre del monte, con el color de la tierra en la piel, con un instrumento que él mismo se fabricó me tocó una música monocorde, que me contaba su vida. Ese hombre no sabía escribir; sin embargo era un artista que hablaba con el lenguaje que conoce, que es el del lugar en el que nació y vive”, recordé días atrás que me había dicho el gran Raúl Barboza, en una entrevista realizada en 2017.
Algo más, del músico fallecido el pasado 26 de agosto: “Mi mamá me contaba que cuando ella estaba embarazada, y venían los paraguayos o correntinos a ensayar al inquilinato de La Boca en el que vivíamos, me movía de una manera especial. Yo nací chamamecero”.
“Crecí en un pueblo de Missouri, con mi habitación a 10 metros de la vía del Missouri Pacific Railroad. Literalmente, había un tren cerca de mí 20 de las 24 horas. En muchos sentidos, era un poco analfabeto en términos de educación formal. Pero también aprendí sobre ciencia, matemáticas, historia y todo lo demás a través de la música. Es una manera siempre evolutiva de entender lo que significa estar en la Tierra. Después, viajar se volvió parte de mi vida, y ese contraste con el pequeño pueblo forma parte de mi música”, me dijo Pat cuatro años más tarde.
A buen entendedor…
En ambos casos, la barrera entre la música y la vida misma se diluye de manera inexorable, y todo se convierte en una cuestión de proporciones. “Si vives la vida como músico, entendés rápidamente que si hay demasiado de algo, algo más sufrirá. Siempre hay que encontrar las proporciones correctas. Eso es algo que he aprendido y que aplico a todo. Honestamente, para mí, la frontera entre la música y ser músico y todo lo demás es cada vez más inexistente”, reflexionaba el guitarrista en aquella entrevista de 2021, publicada en Clarín.
Para condensar finalmente todo, o casi todo, en una especie de decálogo metheniano: “Intento hacer todo como música, y estar dentro de la música igual que fuera de ella. Con el tiempo, todo es lo mismo: estás tratando de comprender y estar en cada cosa mientras sucede. Para los músicos que improvisan, esa es la descripción del trabajo: vivir dentro de cada momento mientras sucede. Es difícil encontrar músicos capaces de hacer eso.”
Mucho más, claro, si se trata de un músico común y corriente.
Pat Metheny presenta “Dream Box/Moon Dial Tour” los días jueves 11 y viernes 12 de septiembre a las 20:30 horas en el Teatro Gran Rex, Av. Corrientes 857. Entradas desde $88200 por TuEntrada.com
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