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Editorial

La Muchacha: una visita íntima a Buenos Aires y la promesa de volver

La artista colombiana visitó la Argentina por primera vez, casi sin anunciarse. Dueña de una identidad musical que combina elementos de la tradición con recursos contemporáneos del rap y el hip hop, La Muchacha revela: “Me crié con Mercedes Sosa y Atahualpa Yupanqui”. En su único contacto con la prensa, la colombiana dialogó con el periodista Daniel Jatimliansky para Negras&Blancas y dejó la promesa de volver -ya oficialmente- antes de fin de año.
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Foto: Daniel Jatimliansky

Casi sin anunciarse, excepto por sus redes sociales, como si tanteara un terreno extraño y ansiado, Isabel Ramírez Ocampo, conocida como La Muchacha, visitó por primera vez la Argentina: realizó tres conciertos íntimos (todos con entradas agotadas) en Capital Federal y City Bell, entre el 6 y el 13 de febrero. En esa excusión se tomó el tiempo de dialogar con Negras&Blancas.

Poseedora de una voz capaz de colmar auditorios incluso a capela, con un acento colombiano que parece emitir música hasta cuando saluda, anticipó que planea volver antes de fin de año, quizá en septiembre. Su llegada a esta tierra fue muy añorada por ella, ya que en esta región nacieron algunas de sus influencias musicales más importantes.

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“Crecí con Mercedes (Sosa), mi mamá siempre me puso sus zambas, sus chacareras, cantando (temas de) Atahualpa Yupanqui… tengo eso metido en la sangre”, reveló durante la única entrevista que brindó durante su estadía el país.

Uno de los conciertos lo inició tocando un bombo legüero, instrumento nativo de Santiago del Estero, construido de manera artesanal a partir de un ceibo ahuecado, árbol que crece en la región del Chaco y la Pampa. “No es un bombo colombiano, caucano, también vaciado con un árbol de allá, ¿sabes? Está bueno entender que una tiene un poquito de todos lados y que tengo cosas entrañables con la Negra. Me conmueve y pienso mucho en mi madre. Somos del sur, y ese sur se amplía y nos representa por todo el continente”, consideró.

Además de Buenos Aires, la gira, denominada Rumbo Sur, incluyó presentaciones en Chile (donde había estado en 2022), país en que nacieron otros artistas que la inspiraron de niña, como Víctor Jara y Violeta Parra. El viaje surgió a partir de una convocatoria del programa multilateral de cooperación internacional Ibermúsicas, creado por iniciativa de numerosos Estados de América, más España y Portugal, en 2011, para fomentar el conocimiento de la diversidad musical.

En la Argentina, incluyó dos fechas en “La casa de Lolita”, en la capital del país, y una en “Refugio Abierto”, en la Provincia de Buenos Aires. En todos los casos, en formato individual, después de haber girado gran parte de 2025 en trío con “El propio junte”, donde La Muchacha está acompañada por el baterista Camilo Bartelsman y el bajista Miguel Velazquez Matijasevic.

-Daniel Jatimliansky: Te presentaste en formato solista, ¿fue una búsqueda artística o se debió a una limitación de presupuesto que impidió viajar con el grupo?

-La Muchacha: De todo. De presupuesto sí, sobre todo por la economía del sur, que se hace difícil. Pero también llevábamos girando con la banda mucho tiempo: el 11 de diciembre hicimos la última fecha. Hicimos Estados Unidos, Europa y también está rico recogerse. Volver a los inicios de La Muchacha: a la autosustentabilidad del proyecto, que tiene varios formatos.

Está rico hacer algo más íntimo. Además, con banda toca buscar lugares grandes y que todo se acomode a la propuesta de sonido, por ejemplo. Está bueno tantear y, después, decir: «podemos venir con la banda”.

-Han llegado a Europa y Estados Unidos antes que a esta parte del continente.

-Eso es duro, pero por algo pasan las cosas. Implica tener más posibilidades de apañar cosas que no van a ser rentables en el sur, es la realidad. Tenemos que ir a Ecuador, Bolivia, Perú, Paraguay, Uruguay. Hay que empezar a mover la flecha para acá.

-¿Qué significa venir por primera vez a la Argentina, el país donde nació Mercedes Sosa?

-Significa mucho. Porque nuestra música toda la atraviesa esa columna vertebral latinoamericana. Venir al sur es sentirte en familia. Llegar a la casa de Sofía Viola (se alojó en su hogar) y que nos reciba con su cotidianidad, con sus alimentos que prepara tan deliciosos. Sentarnos a cantar y que me enseñe y me cuente. ¡Es una mujer increíble! El sur ha implicado sentirnos en entornos de confianza y seguros para trabajar desde lo independiente. Y no sabíamos que teníamos harta gente que nos escucha aquí.

-Además de los tres conciertos, ¿qué otras actividades hiciste?

-Hicimos lo que llamamos una “toma cultural” sobre una vereda del café de un amigo (el 11 de febrero), y estuvo re bien. Fue como abrir un poquito la posibilidad al público que no alcanzó a ir. Una “muestrica” de autonomía.

-También estuviste en un taller de percusión…

-En la biblioteca Popular Bernardino Rivadavia, de General San Martín. ¡La visita a esta biblioteca fue la cosa más hermosa! Conocí la Percuteca Legüera (n de la r: un taller y banda que funciona en el lugar): un montón de gente tocando los bombos. Llegué por un bombo (criollo, de madera terciada) que quería arreglar y terminé comprándome un bombo legüero hermoso (hecho artesanalmente con un tronco ahuecado, que utilizó en su siguiente concierto). Fue conocer otros proyectos comunitarios, resistentes, disidentes, con otro tipo de miras a la cultura. Chévere. Siento que Buenos Aires se nos ha abierto un montón.

-¿Debieron realizar alianzas locales a partir de la ayuda económica de Ibermúsicas?

-Claro, aliarnos con empresas u organizaciones que trabajen acá y que sepan de gestión independiente, sobre todo. Nos gusta trabajar a nuestro ritmo y no es tan fácil encontrar gente que no apele siempre a lo comercial y al ultra ritmo. Podríamos haber hecho 20 fechas, ¿sabes? Pero queremos trabajar distinto.

-¿Por qué elegís trabajar de manera independiente?

-Nos gusta hacer las cosas a nuestras formas de pensar la vida. A veces, siento que la industria es super impositiva. Y nos gusta tener nuestro ritmo, nuestro sello independiente. Hacer toques jugosos, sustanciosos. Pocos y que signifiquen harto. Así no sea lo más masivo del mundo.

-¿Y eso también involucra a los escenarios?

-Que entiendan que tenemos nuestros tiempos y concepciones. Y podemos tocar en lugares que son afines a nuestros principios políticos, a nuestras creencias. Que tienen un respeto y una humanidad en el trato, que no nos van a subestimar, que podemos escoger nuestro repertorio. Nos hemos acostumbrado a dignificar nuestro trabajo en lo independiente.

Cambios y permanencias

Isabel nació hace 32 años en Manizales, Colombia, donde reside en la actualidad. Tras haber participado en diferentes proyectos, inició su etapa solista bajo el nombre de “Muchacha Pájaro”, que más tarde derivó en La Muchacha. Según contó en varias ocasiones, al analizar el significado del término “muchacha” como una suerte de sirviente (una acepción que figura, incluso, en los diccionarios actuales), eligió desafiar ese sentido.

En 2018 editó su primer disco solista, denominado “Polen”. Luego llegaron “Canciones crudas” (2020), “Más canciones crudas” (2021) y “Los ombligos” (2023), este último con formación de trío. En ellos, mostró su capacidad para incorporar géneros diversos y sin fórmulas estáticas, aunque centrada en lo que podría denominarse música popular latinoamericana. En 2025, editó con “El propio junte” el EP “Ruda”, con base en la música urbana.

“Mi hermano mayor, que me lleva 10 años, me crió con el rap. Escuchando Cypress Hill, 50 cent, Lauryn Hill, 2PAC, Wu-tang Clan, mucha gente. El día que compuse mi primer rap, dije: ‘¿de dónde salió?’. Fue muy hermoso darse cuenta de que crecí con esa música y hacer un homenaje respetuoso a lo que, para mí, representa ese género”, destacó.

-¿Vas a continuar ese camino?

-El EP empieza diciendo: «yo no soy rapera, pero crecí con el rap». No quiero pretender ser rapera y que esa sea mi nueva faceta. Es algo que me mueve y me alimenta muchas cosas, como la creatividad increíble, la manera de improvisar.

-¿Y qué sigue, lo sabés?

-Tengo dos discos en mente. Uno todavía no está nada hecho. El otro es como una recopilación de muchas canciones que tengo guardadas hace años. Es un disco que quiero que se llame “Aguamasa”.

-¿Aguamasa?

-Es como un revuelto de cosas que les dan a los marranos en Colombia. Es super nutritivo y les ponen a los cerdos para que coman. Ese disco es como ese revuelto de frijoles, arroz, maíz, plátano… está todo ahí, no quiero que tenga una temática, no quiero que tenga una dirección estética. “Aguamasa” es un revoltijo de canciones con el cuatro, a capela, con el bombo, canciones viejas, canciones nuevas, todo. ¡Que sean 20 canciones (risas)!

-¿Y las giras?

-Vamos a Europa en abril. Y con ganas de construir muchas cosas desde Manizales. Quiero hacer, algún día, un encuentro barrial en Manizales.

-¿Cómo sería un encuentro barrial en Manizales?

-Un “encuentrico” en mi barrio, como un sancocho (una sopa típica de Colombia que combina múltiples ingredientes e influencias culinarias, fruto de la fusión cultural del país), una “tomita”. Algo que le pueda devolver a la comunidad que me vio crecer, a mis vecinas de toda la vida.

-¿Cómo es el Manizales donde creciste?

-¡Es increíble, está a 2300 metros de altura, pura montaña! Bosque de niebla, se nubla mucho. Así haga sol, en un momento todo se tapa, luego vuelve a hacer sol y luego llueve. Es pequeña. En su pensamiento político, tiende a ser conservadora. Pero tiene muchas universidades y siento que ha cambiado el temperamento porque está más abierto.

Es una ciudad super taurina. Re colonial, a lo español duro. Tiene una “Calle del tango”, siempre hay tango en Manizales. Gardel iba bastante. Y es muy linda.

-¿Y cómo influenció la ciudad en tu música?

-Le tengo mucho amor. Tiene un volcán, con sus picos nevados, que se llama el Kumanday (nombre originario Quimbaya), o Nevado del Ruiz, colonialmente bautizado. Lo veo desde la ventana de mi sala, ¿sabes? Me levanto muy temprano para poder verlo despejado. Siempre me da mucha nostalgia. Eso influye mucho en mi manera de componer.

-¿En qué sentido?

-Se metieron con el Páramo (de Santurbán, un ecosistema con numerosas fuentes hídricas y biodiversidad, que en la década de 2010 fue eje de un conflicto por la intención de realizar una explotación a cielo abierto por parte de una minera estadounidense) y Manizales está muy cerca del Páramo. Hice una canción (“Canto páramo”, del LP “Polen”), que fue el comienzo del tinte político de mis canciones.

-¿Lo ubicás en ese momento?

-Sí. Empezó porque se metieron con el Páramo y dije: «no lo voy a permitir». Porque es el reservorio de agua más importante que está cerca de las poblaciones. Está conectado con la selva, porque nacen los ríos. Además, porque estas organizaciones (la empresa multinacional se llama AngloGold Ashanti), muchas veces, tienen nexos con paramilitares. Es una cosa muy turbia y muy compleja.

Manizales es eso: distintos impulsos que han construido lo que soy ahora. Tengo canciones que reflejan mucho el río, el sonido, el monte, los perros callejeros, montar en “bondi”, que en Manizales decimos buseta.

-Son muchas imágenes…

-Manizales es mi lupa para enaltecer los detalles que veo, que me llevan a no hacer una canción literal, sino a buscar rinconcitos para no dar todo tan masticado.

-También la lucha por la tierra y el campesinado están presentes en tus canciones, ¿cómo se dio ese proceso?

-He conocido comunidades campesinas a través de la música, también acompañando procesos como mercados campesinos locales. Tristemente, en Colombia hay una relación del campesinado con la violencia. Y con nuestras comunidades indígenas también, que también son campesinas porque hay una mezcla.

-Y las comunidades campesinas también son indígenas por sus raíces.

-Exacto. Es tan grande el abandono que tenemos por los campesinos en nuestra tierra, cuando tenemos un potencial agrícola tremendo. Es una relación que quiero tener con mucho respeto. No irme a creer que soy campesina, ¿sabes? No les estoy dando voz a los campesinos, porque ellos tienen su voz. Lo único que hago es amplificar sus realidades para ayudarme, a mí, a entender que dependo del trabajo de la tierra de mucha gente. Que mi alimentación depende de eso. Y también que la gente lo sepa.

Acompañar su lucha con mi música, de la manera más cuidadosa y respetuosa, porque no quiero sentirme abanderada de la voz de nadie. ¡Y qué lindo también es conocer la tierra! Es gente que sabe tanto de plantas, sabe cómo sembrar un árbol, cómo sacar una plaga. Vivo muy asombrada y dispuesta, energética y laboralmente, para acompañar el proceso campesino.

-También te atraviesa el feminismo, ¿cómo te influenciaron las olas feministas de los últimos años?

-Ha sido un regalo maravilloso para entenderme. Entender cómo me gusta hacer las cosas y en qué lado del feminismo me gusta pararme. Hay una cantidad de corrientes que permiten que cada una se adapte a su modo de luchar o de comprenderlo. Por ejemplo, no soy trans excluyente.

Me he sentado también a investigar un poco más de qué se trata. De que no sea una celebración. Porque el 8M es una conmemoración de un acto violento, sale porque una cantidad de mujeres murieron incendiadas en una fábrica.

-Tenés un tema, “No me toques mal”, que habla sobre lo que viven muchas mujeres todos los días…

-Un amigo que conocí acá me decía que le conmueve mi canción “No me toques mal” porque no puede creer que la mitad de la población mundial, que son las mujeres, vivamos bajo esas condiciones de violencia, de opresión, de inseguridad, de cómo te vistes, de cómo tienes que ser biológicamente, menstruando, pariendo, alimentando. Y es una violencia ya incrustada en los micromachismos, que nos toca lidiar todos los días. Fue muy loco que un hombre me lo dijera como: “¡qué horror!”, y no diciendo que somos exageradas.

-¿Esa es la devolución que tenés de los varones en general, de que son exageradas?

Sí, claro. Y es duro. Pero hay que confiar en que no todos los varones están en esa posición y que, aunque no estoy tan de acuerdo en maternar a ningún man para que aprenda, porque a veces a veces preguntan de más o no tienen la iniciativa suficiente para entender lo que está pasando, sí me siento muy dispuesta a hablar. Siempre.

Si tienes preguntas sobre el aborto, pregúntame. No estoy maternando un man, estoy teniendo una conversación con un hombre que ha vivido en una burbuja del sistema heteropatriarcal y necesita romperla. ¿Y quién más le va a aclarar cosas? Tampoco se las puede saber todas. Solo que hay gente que no pregunta nada o da por sentadas muchas cosas del cuidado, de la casa, de todo. Pero es importante entender el feminismo como posibilidad de diálogo también, de no seguirnos cancelando y segregar en estos super polos que son machismo y feminismo. Sino ver cómo nos entendemos dentro de lo que nos ha pasado como humanidad.

Mundo ilustrado

El dibujo es otra de las pasiones de Isabel, que estudió la carrera de Artes Plásticas. Sus ilustraciones, que realiza a través del nombre La dibujadora, pueden verse, entre otros ámbitos, en su cuenta en redes virtuales, en un libro y en las portadas de algunos de sus sencillos y los de colegas como Pedro Pastor y Andrea Echeverri, cantante de Aterciopelados. También realizaba los afiches promocionales de sus primeros conciertos.

-¿Qué permanece de aquella Muchacha de los inicios y qué cambió? ¿Qué es de La Muchacha hoy?

-(Piensa…) ¡Uff…! La primera muchacha estaba sola contra el mundo. Garzoneando (trabajando en bares) para poder pagar el disco. Cambió la posibilidad de tener un equipo, una familia para estar tranquila. Trabajo con mis amigas. Que me digan: “tú compón, tú cuídate, canta, brilla y destaca, mientras nosotras nos encargamos de lo administrativo”. Sin quitarme la posibilidad de enterarme de cómo pasan las cosas. Me han enseñado cómo leer mis contratos, cosas de producción, he entendido cosas de sonido y tengo una ingeniera de sonido. Eso es maravilloso porque tenemos una calidad asegurada.

-¿Y qué permanece?

-Ha cambiado la ejecución en la guitarra pero se ha quedado la rebeldía, el carácter, la curiosidad de investigar, la ñoñez, sigo dibujando… Todo eso está, hay un fueguito, como “niñístico”, que está rico. Eso se queda.

Y han crecido los amigos, que son mis referentes y que digo: «por Dios, ¡¿pueden ser mis amigos?!”.

El criterio se ha fortalecido: sé más qué quiero, en qué lugares quiero tocar. Ya nadie me la “monta”, ¿sabes? Tengo la posibilidad de exigir. No desde un lugar de poder, sino de “parce”: ser muy claras con la comunicación de cómo trabajamos.

-En una entrevista, asociaste a Colombia con una niña abandonada, maltratada, raspada y regañada todo el tiempo. Al escucharte, imaginaba también a la Argentina y a Latinoamérica. ¿Por qué surgió esa asociación?

-Hice una canción que se llama “Arrullito” (publicada en “Más canciones crudas”). Tenía mucho dolor y empecé a visualizar esa nación, esa patria. Bueno… nación no me gusta, tampoco patria… esa tierra, nuestra casa, nuestro terruño como una niña que se cae y se raspa. Y su mamá, en lugar de decirle que ya está todo bien, la regaña y le dice: “¡tan torpe, le dije que no se metiera por ahí!”. Nuestra posición con nuestra tierra muchas veces es eso.

-En vez de abrazar a la niña.

-Esa canción me llevó a una visión de nuestra tierra como una niña que hay que arrullar y decirle: “acá estamos y te quiero cuidar”. No pensar a Colombia en comparación con otros terruños. Está bien compararse, pero no desde ese punto de vista que destruye las pocas posibilidades de fe que podemos tener en nuestro país. Navegar en las profundidades de nuestra psique como colombianos y entender por qué estamos tan rotos y nos matamos todo el tiempo. Por qué somos tan violentas, tan violentos. Por qué reaccionamos de esa manera al conflicto. Siento que es un llamado para mí misma, de tener paciencia y fe en lo que tenemos.

-¿Y pensar en cómo se cambia?

-Eso nos empuja a una fuerza colectiva que nos puede ayudar a cambiar algo, así no lo veamos. Angela Davis (filósofa feminista estadounidense, que incorporó las diferencias raciales y de clase en sus publicaciones) decía que hay que actuar como si uno pudiera cambiar el mundo todos los días, así no pase. Esa es nuestra apuesta.

Y sin subestimar a la niña creyendo que todo el tiempo hay que consolarla. Saber que ella es fuerte y se puede parar. Como cuando la mamá lo apoya a uno y te hace sentir más más fuerte. Todas tenemos cicatrices en las rodillas. Todas aprendimos cayendo.

-Mencionaste a Mercedes Sosa, ¿hay más artistas de la Argentina que te hayan influenciado?

Yo cantaba las canciones de Sofía (Viola), ha sido una referente siempre. Juana Molina me encanta. Lola Aguirre (integrante de Perotá Chingó). Perotá Chingó, que me recuerda mucho a mis tiempos de universidad. Agustín Magaldi, que escuchaba mi abuela. Sasha Sathya, que es una artista trans que vive en México pero es de acá. Sara Hebe, Chancha Vía Circuito, Juana Aguirre, que es la hermana de Lola Aguirre. Churupaca. Cuatro pesos de propina. ¡Juepucha, escucho mucha gente de acá! Luis Alberto Spinetta, ¡por Dios!

-Te tocó venir a la Argentina en un momento álgido desde lo político, ¿estás al tanto de la situación local?

-Claro, ha sido desastroso. Nos ha llegado desde antes que Milei fuera presidente. Era muy impresionante verlo eliminando los papelitos de un tablero: “Ministerio de Cultura, ¡para afuera!”. Como un pelotudo jugando al poder. Me “shockeó” mucho. Por ejemplo, que los precios cambien rápido y la gente ya lo sabe. Lo de la ley de glaciares, ¿cómo se le ocurre? Y los incendios en la Patagonia, mientras estaba cantando y dándose besos con su ex.

-¿Qué expectativas tenías y qué te llevás de la Argentina?

-Tenía muchas ganas de conocer esta tierra hace mucho tiempo y de escuchar mucha música de acá. Me llevo muchas personas muy entrañables y gente linda con la que se puede trabajar, con la que se puede contar. ¡Y las “ganísimas” de volver! Quiero volver en septiembre. A Chile, a la Argentina, subir a Bolivia. Quiero conocer La Pampa, ir a Tucumán y volver en enero de 2027 al Encuentro de Copleras de Purmamarca. Ya encargué una caja.

-¿Y qué vas a subir al avión, además de un bombo?

-Me queda mucho amor, mucha abundancia, mucha colectividad bonita, muchos amigos apañadores, muchas casas lindas, mucha sensación de hogar y eso me gusta. Tenemos que volver con mucho más tiempo para hacer más cositas.


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Daniel Jatimliasky

Daniel Jatimliansky es fotoperiodista. Fue parte y colaboró en medios como Lonely Planet, Ámbito Financiero, Infonews, Cielos Argentinos, Siente Días, La Nación, Forbes, Lonely Planet y otros. Sus imágenes fueron publicadas en Lonely Planet, Forbes, Tiempo Argentino, El Cohete a la Luna, el mensuario de Abuelas de Plaza de Mayo, Cielos Argentinos, Auto Bild, Sudestada, Infonews y otros. También integró la muestra fotográfica oficial por los 60 años del Festival Nacional de Folclore de Cosquín.
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