Kali Fotografía
Luli Maidana halló en “Mi jardín azul” el lugar físico y espiritual para desplegar sus sensibles ideas acerca de lo que para ella es la canción litoraleña, un impulso que atribuye al carácter de Resistencia, su ciudad natal.
“Siento que hay algo que tiene que ver con Resistencia, que es la ciudad de la que vengo, que es una ciudad muy joven donde al no haber un género musical oficial ni regirse por tantas reglas sí se permite mucho de la fusión, de estas nuevas voces, de una mirada más contemporánea y me parece que tal vez mi búsqueda musical va por ahí”, señala Luli a Negras&Blancas.
En el mismo sentido y entusiasmada con el resultado estético alcanzado, la autora, guitarrista y cantante advierte que “trato de narrar el litoral y de llevarlo, pero valiéndome de que no está tan arraigado a ciertas maneras, sino que va buscando un nuevo camino para encontrarse con otros sonidos y tal vez ese es el aporte que busco tener”.
En el álbum registrado en la región brasileña de Mato Grosso do Sul y que ya presentó en la capital del Chaco y en Asunción del Paraguay, Maidana grabó ocho temas propios y una versión del clásico “El universo de tu amor” (creado en música y letra por Cayetano «Cayé» Gauna y Lino Mancuello, respectivamente) que entonó junto a Coqui Ortiz, uno de sus referentes y mentores.
“Mi jardín azul” fue realizado bajo la producción de Sandro Moreno, Luli Maidana, Lean Zarza e Ivo Cassiet, y contó con la ingeniería de Anderson Rocha. Entre otros aportes destacan, además, los de la arpista paraguaya Carmen Monges, la cantautora Flor Sandoval y el violinista Matías Romero.
La presentación porteña del disco sucesor de “En un primer lugar” (2024) será el próximo sábado 12 desde las 21 en Casa Deriva (Castillo 834 del barrio de Villa Crespo), con localidades a $12.000 disponibles en PuertaPlus y contará con un elenco acotado y diferente al que encaró su gestación, manteniéndose, además de Luli, el guitarrista Ivo Cassiet y sumando también a Julieta Lizzoli, Hugo Dellamea y Alin Demirdjian, entre más.
“Aunque el disco se grabó con una banda bien jazzera con batería, bajo, guitarra y piano que también me acompañó en Resistencia y Asunción, -comenta- era un poco complejo llegar con esa formación a Buenos Aires, pero estoy armando un concierto que buscará ser inmersivo e íntimo”.
-¿Qué implica para vos que tus canciones puedan funcionar en diferentes espacios y con distintos ropajes?
-Creo que el reto de la música independiente en general y el mayor desafío para mí es que mis canciones no pierdan la esencia sin importar el formato o el espacio donde lo presente y que allí aflore lo imprescindible, lo que sostiene tanto a las canciones como la propuesta estética del universo de “Mi jardín azul”.
-¿Y cuánto te sirvió situar el repertorio en el jardín azul que da título al disco?
-Me sirvió un montón por permitirme identificar el espacio físico pero también mental de ese jardín azul, qué conceptos abordaba, qué sensaciones tenía. Como que me dio algunas reglas para comprender de qué manera elegir qué canciones quedaban y cuáles no. Cuando llegué a “Mi jardín azul”, que además es una de las canciones, había algo del título y de esa frase en particular que me parecía súper pregnante. que me conmovía, que me dejaba pensando, que me gustó y a partir de ahí dije «tal vez este jardín azul es el espacio que estoy proponiendo, como ese jardín interno que cada uno tiene y que tiene que cuidar”. Y a partir de allí pude demarca conceptualmente cada canción que me aparecía como una plantita distinta, como una flor con diferentes características aunque todas tenían que ver con este universo emocional, íntimo y con algo de nostalgia.
-¿Cómo fue que llegaste a la decisión artística de grabar en Brasil?
-Fue un poco una aventura inesperada porque en realidad tenía muchas ganas de trabajar esta fusión entre el folk latinoamericano y el jazz y en un viaje a Asunción conocí un músico brasilero que es el baterista Sandro Moreno con quien tuvimos mucha química musical y él me comentó que había hecho la producción de varios proyectos, me mostró su trabajo, nos gustó mucho cómo nos llevamos, me propuso hacer la producción del disco en Brasil y me encantó la idea. Quizás también porque en mis canciones hay algo de Brasil presente, algo de bossa nova, algo de samba y fue un poco loco porque en realidad lo conocí en diciembre y en febrero ya fui a grabar el disco y tuve que terminar las maquetas a las corridas para grabarlo prácticamente en vivo en tres días. Pero, además, para llegar hasta Campo Grande y el camino que hacemos desde Resistencia es a través de Asunción, entonces existía algo también de este camino de Argentina, Paraguay y Brasil que se daba de manera muy natural en el trayecto del disco y se aprecia en el trasfondo toda una conexión que tiene más que ver con lo regional.
-Entonces significó también un impulso tremendo…
-Sí, la verdad que me obligó a acelerar algunos procesos, a no tener tanto tiempo para planificar y dejarme llevar un poco más por la experimentación o por la intuición y así fue saliendo. Pero todo fue dándose de una manera bastante orgánica y bastante accidental en un punto, entonces me parece que eso también es algo bastante insignia de “Mi jardín azul”.
-Por si ese trabajo fuera poco, hay dos formatos más que funcionan en paralelo con el álbum: un documental y un libro ¿De qué se trata la jugada?
-El documental, cuya duración prevista es de unos 45 minutos y vamos a estrenar en octubre, surgió un poco de forma accidental durante la grabación del disco porque cuando nos dimos cuenta que íbamos a grabar en tres días en otro país y con músicos que no conocíamos, nos pareció una experiencia que estaba bueno documentar y lo que hicimos fue -cada uno con su propio teléfono- mostrar cómo lo iba viviendo en primera persona. Entonces, quedó un material que está ha hecho de manera comunitaria y me pareció interesante esa mirada sobre el proceso creativo.
Con el libro sucede algo opuesto porque surge de mi propia reflexión acerca del proceso creativo para escribir las canciones, de las historias que hay detrás, de los territorios que dieron luz a esas canciones, entonces es algo bastante más personal.
-¿Cuál ha sido el rol de la Fundación Madre Canción en todo este trabajo multidisciplinario?
-La Fundación Madre Canción no cumple un rol en lo que fue “Mi jardín azul” pero sí es fundamental en mi camino artístico porque es un espacio de formación constante del que formo parte y donde encontré muchísimas respuestas y muchísimo acompañamiento para todo mi andar musical. Por eso la presencia de Coqui Ortiz, que es la cabeza de la Fundación, en una de las canciones tiene que ver con reconocer en Madre Canción un lugar de compartir y de acompañamiento.
-¿Te genera algún tipo de responsabilidad el tomar nota que ahora tenés que estar a la altura de lo que estás sembrando?
-No lo pensé y ahora capaz me das miedo y me siento responsable (risas). Siento que la mía es una búsqueda realmente artística y personal y esa es la única posibilidad que siento y de la que puedo hacerme cargo. Pensándolo bien, no me siento responsable de nada, sino que me siento feliz porque, por ejemplo, me animé a abordar algunas temáticas que por ahí me resultaban un poco intangibles como la presencia del ausente o la muerte o algunas cosas que por ahí no sabía cómo asimilar y que el disco y las canciones me dieron la posibilidad de poder abordar como algo un poco sanador.

