Foto principal: Ana Flores.
“Yo soy naíf y lo asumo: naíf de alegría, de esperanza”, dice a los 36 años la cantora de folklore Anabel Urdaniz, que, a la par, como periodista, se desempeña en la Dirección de Género del Organismo de la Niñez y la Adolescencia de la Provincia de Buenos Aires. De sus vivencias íntimas, de su empatía por lo colectivo y por los cambios sociales y de su voz revelada en canciones brotó su disco Festejo, el instante en el que elegimos la esperanza: con él inaugura su etapa solista tras veinte años de trayectoria en distintas agrupaciones de raíz folklórica. ¿A dónde fluyen las imágenes y las emociones reveladas de Anabel Urdaniz?
La formulación oficial es clara:“La búsqueda de Festejo es conectar con lo popular desde la alegría, una alegría que nos permita la transformación y no esté vaciada de contenido. En el folklore pude abrir la mirada y comprender la desigualdad social desde estas canciones que hablan, entre otros, del trabajo esclavo: de la jangada, de la zafrera, del pobre. Pero también a través del folklore pude entender la potencia del pueblo. Como folklorista mujer me interesa reflexionar sobre los lugares que ocupo en un contexto de tanta inequidad”.
Festejo tiene la producción del multiinstrumentista Pablo Vignati y Urdaniz lo va a presentar el sábado 5 de septiembre en el Auditorio de la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de La Plata y el viernes 13 de noviembre en la Casa de la Provincia de Buenos Aires, en Capital. El disco Festejo -que se lanzó en junio- expresa los hondos sentires de Urdaniz: como dice el texto oficial, “busca reflejar los paisajes sonoros, poéticos y sentimentales que inspiraron su camino”. Nació en La Plata en 1990, se crió en General Belgrano y canta profesionalmente desde los 15 años: Festejo cierra un círculo de compromiso personal.
Cuenta Urdaniz: “Estoy en organizaciones sociales y desde hace dos o tres años nos cuesta encontrar un camino. Parece que se obturan algunos canales que antes estaban habilitados y empezamos a no encontrar espacios donde construir esa esperanza. Entonces, las canciones de Festejo buscan conectar con esos momentos pequeños que a mí me generan alegría, que pueden ser estar en una fiesta y escuchar un riff de chacarera que conocés, o una zamba que te recuerda a tu infancia, o algo que te recuerda a tu abuela. Yo creo que la música nos da la posibilidad de transformar la realidad. ¿Cómo? Construyendo humanidad”.
Así lo siente Urdaniz: “Yo lo milito de esa manera y el disco Festejo es un poco eso, buscar construir esperanza: momentos, instantes de felicidad”. Está integrado por once canciones con un trabajo único de instrumentación para cada una -gracias a una veintena de artistas- y se oyen arreglos de violines, contrabajo y cello, así como de flauta traversa, trombón, trompeta y bandoneón, para vestir la dúctil interpretación del registro de contralto de Urdaniz. “Trabajé mucho para encontrar el color de cada canción y que la interpretación no quedara sólo en los gestos, sino que pudiera comunicar a través de la voz”, dice ella.
En Festejo versiona “A la abuela Emilia”, de Teresa Parodi, con un audio cariñoso de su abuela Beba; hace “Chaya de los pobres”, de Ramón Navarro y Roberto Palmer; canta “Beatriz Durante”, de Carlos Aguirre; aborda “La alucinada”, de Jorge Milikota, y “Cuando tenga la tierra”, de Ariel Petrocelli y Daniel Toro; interpreta “El campo te está esperando”, de Peteco Carabajal, y “Entre a mi pago sin golpear”, de Pablo Raúl Trullenque y Carlos Carabajal; elige la romántica “Lejos de ti”, del peruano Gian Marco; y cierra con “Zamba del laurel”, de Armando Tejada Gómez y el Cuchi Leguizamón, y con el tango “El corazón al sur”, de Eladia Blázquez. Pero también hay una sorpresa: su propio tema “Triunfo para intentar”.
“Festejo habla de una maduración artística -dice Urdaniz-. Es un repertorio de canciones que me acompañaron durante mucho tiempo y que quería que fueran mi carta de presentación”. En este disco “hay una construcción desde la alegría. Por eso se llama Festejo. Yo solía cantar con un timbre mucho más grave, con mucha profundidad, y trabajé mucho para traer mi voz más adelante: para resonar con un timbre más alegre. Hubo un trabajo para llevar el disco hacia ese lugar”, dice. La cantora platense-jujeña Milena Salamanca le sugirió que convocara a Pablo Vignati para la producción; el disco le insumió dos años y, al fin, pudo concretarlo.
¿Qué le pidió a Vignati? “Le dije que yo quería a una persona que me pusiera un poco en jaque -recuerda Urdaniz-. Que quería cambiar la forma de cantar, no porque no me gustase mi voz, sino porque necesitaba tener otros colores. Y le pedí que fuera lo más crítico posible: yo quería llevar mi voz un poco más adelante”. También le dijo que deseaba que Festejo “fuera un disco bien popular, no de nicho. Que lo escuchara todo el mundo”. Por eso “también incluimos ‘Lejos de ti’, que es una canción que yo oí en mi adolescencia y que se bailaba en los boliches, porque la cantaba La Sole”. A Vignati le dijo: “Quiero que sea un disco que la gente baile. Así, el trabajo con él como productor fue un gran aprendizaje”.
En su búsqueda, Anabel Urdaniz también se siente parte de una generación de artistas en sintonía: “Yo reivindico el Nuevo Cancionero de Armando Tejada Gómez, Oscar Matus y Mercedes Sosa, pero también me siento en una bisagra: la de respetar mucho lo antiguo, todo lo que tenía mucha construcción de sentido, pero también la de aprovechar todo lo nuevo que surge ahora con las nuevas tecnologías. Me interesa mucho la mixtura de géneros. Hace un tiempo hice una cueca y le puse un rap, y eso era imposible hace unos años. Así, siento que soy parte de una transición en la música de raíz folklórica”.
Y en lo personal, ¿qué aprendió al hacer el disco Festejo? “Primero, que nada se hace sola. A mí me costaba mucho largarme como solista y poner mi nombre. Y después me di cuenta de que ya tengo una forma de construir en colectivo. Así que desde la elección de los temas compartí con cuatro o cinco compañeros, preguntándoles qué les parecían las canciones que había seleccionado. Además, invité un coro para cantar, así que desterré la idea de que una hace las cosas sola. Por más que cantes en forma solista, necesitás a un conjunto de gente que te apoye desde lo profesional y lo sentimental. Y de esa manera afirmé mi convicción para dejar de lado inseguridades y darle para adelante, incluso en lo vocal”.
En ese proceso “fue una compañía tremenda el Taller de Formación Integral para Cantores (TFIC), de Micaela Vita, del grupo Duratierra, en el que ya voy por el segundo año. En 2025, en que estaba en plena grabación de Festejo, las cantoras y cantores compartíamos nuestras inseguridades, construyéndonos desde el plano artístico. Y eso es lo que saco, sobre todo, de este disco. Laburar el plano artístico: elegir cómo me voy a posicionar en el escenario, no sólo como Anabel sino como una artista”. Además, Urdaniz cursa el tercer año de la carrera de Música Popular en la UNLP; estudió canto con Carlos Firmani, Gabriela Bullich y Victoria Birchner, e hizo el curso “Germen de canciones” con el cantautor cordobés José Luis Aguirre.
De hecho, en aquel taller le surgió su propio tema “Triunfo para intentar”: “Fueron unos jueves divinos, de estudiar cómo se arman las canciones, y un día José Luis Aguirre nos dijo: ‘Ahora intenten hacer estrofas de lo que se les venga a la cabeza’. Y, sorprendentemente, me salieron unas diez estrofas, y quedaron las más interesantes y alegres, porque también había estrofas mucho más combativas y contundentes. Yo a José Luis le decía: ‘Quiero hacer un triunfo’. Y él me contestó: ‘El tuyo es un triunfo que intenta’. Y entonces ahí quedó”.
Las primeras estrofas dicen “un triunfo para intentar una nueva forma de habitar, que digo, esta humanidad. Una semilla de mundo donde no exista la crueldad, que digo, triunfo para intentar. Que siempre un nuevo lenguaje, con las palabras sin decir, que digo, triunfo para incluir. Nada de un triunfo agresivo que imponga solo su canto, yo digo triunfo colectivo”. Y así lo ve Urdaniz: “El tema va todo el tiempo hilando cosas que a mí me parecen importantes, como la memoria, la diversidad y el no imponerse ante lo colectivo”.
En sintonía, el track dos es un recitado en el que Urdaniz da su visión de este “festejo” al que alude el disco: “Hablemos del amor, hasta que jugar con un amigo sea más cotidiano que ir al supermercado. Hasta que decir ‘te quiero’ se repita más que mirar el celular. Hasta que la memoria tenga más tapas de diario que la inflación. Hasta que la seguridad sea sinónimo de cuidado y no de represión. Hasta que la canción nos permita mirarnos a los ojos y saber que no estamos solos, que no estamos solas. Hagamos de la calle, el encuentro, la familia y la intimidad, un festejo, ese instante en que elegimos la esperanza”.
En ese recitado “traigo un montón de cosas que son importantes en mi vida y que tienen que ver con la militancia social, con el compromiso y con la empatía -cuenta Urdaniz-. En ese texto están esos dos mundos unidos: el de la familia y el de la intimidad, y el de lo público y lo social. Porque yo creo firmemente que la música tiene algo más. No puede ser solamente que una cante para recibir aplausos y para comunicar algo. Yo quiero otra cosa: quiero que seamos trovadoras: que apostemos a cambiar algo. No estoy contenta con el mundo en el que vivimos y siento que no podemos quedarnos conformes con él”.
Y en esa disconformidad también Urdaniz observa algo crucial en la música popular: la Ley de Cupo, de 2019, que fija que haya un treinta por ciento más de mujeres en los escenarios, “no se cumple: hay una regresividad en ese sentido. Por eso en el disco busqué la equidad de género. Eso fue también una militancia. A Pablo Vignati le dije: ‘Busquemos mujeres’. Es algo que hay que tomarse el trabajo de hacer porque sistemáticamente todo está preparado para que sea más fácil contactar a los varones. Hay una construcción social del sentido que dice que sea así. Pero hay que construir nuevas prácticas y problematizar algunos discursos”.
Ella misma lo ve en los flyers y en las convocatorias. “Muchas veces, a las cantoras nos convocan como invitadas, pero para ponernos en los flyers, para que figuremos nosotras y para que luego sean todos varones los que toquen. Es tremendo. No te invitan con tu banda. Y lo hacen compañeros nuestros que conocemos. Por eso dejé de ir a algunas peñas como invitada. Ahí digo que no, porque yo tengo mi proyecto, tengo una construcción propia y quiero llevar mi identidad. No quiero ser una invitada. Eso es algo que también está pasando”.
¿Cuáles fueron las inspiraciones para los temas que eligió grabar en Festejo? Anabel Urdaniz sonríe: cada uno tiene su propia historia: “Yo buscaba chacareras que iban más a lo popular, a lo compartido. Entonces elegí ‘El campo te está esperando’ y ‘Entre a mi pago sin golpear’, que si vas a la Fiesta de la Abuela Carabajal están todo el tiempo sonando. Algunos me decían de no hacer ‘Entre a mi pago sin golpear’ porque la versionaron un montón de artistas, pero yo insistí con mi deseo: ‘Quiero que sea un disco que la gente lo escuche, lo cante y lo baile’. Así que quedó. Yo buscaba temas que tuvieran conexión con el pago, la familia y la intimidad. Y también elegí “Cuando tenga la tierra” por el peso que tiene”.
De Eladia Blázquez ella quería versionar “Como somos”, pero Pablo Vignati sugirió “El corazón al sur”: “Y fue una gran decisión de producción. Tenía mucho más que ver con la lógica del disco”, dice. ¿Y “Zamba del laurel”? “Me acompañó toda la vida y está muy resignificada por toda la historia que cuenta Armando Tejada Gómez sobre una pregunta de su hija. Yo tengo toda una conexión en mi vida con las niñeces, con escuchar que son sujetos políticos, así que “Zamba del laurel” me entra por ese lado. Cada canción arma una columna en el disco”.
La chacarera “Beatriz Durante” “habla de una mujer que baila y la elegí, sobre todo, porque mi hermana baila al lado mío desde que somos chiquitas. Además es una canción muy alegre”. A la zamba carpera “La alucinada” “la elegí porque amo la versión que hacía Tamara Castro y porque es bien festivalera. Yo quería una zamba carpera, y sobre todo una que hubiera cantado Tamara. Y, cuando suena esa introducción de guitarra o de bandoneón, en este caso, yo me imagino que alguien está sentado en la reposera, en un festival, se levanta y se pone a bailar. Esa fue la inspiración”.
A “Chaya de los pobres” la versionó luego de haber ido a ver una proyección del documental Un pueblo hecho canción, una película sobre Ramón Navarro, de Silvia Majul. “Además, ‘Chaya de los pobres’ dice un montón de cosas duras, pero a la vez tiene esperanza”, observa Urdaniz. Y está “A la abuela Emilia”, de Teresa Parodi. ¿Por qué la eligió? “Teresa construyó con una simpleza increíble el mundo de nuestras abuelas. Y me dije: ‘A esta canción la quiero hacer’. Mi abuela está muy viejita, tiene 90 años, y quería tener un recuerdo de ella. Así que empecé a llamarla, pero grabándola, y logré hacer ese registro de su voz para abrir el tema. Es una gran emoción. Así es este disco: también recupera las cosas más pequeñitas”.

