Anyul Arévalo Acosta toca los tambores sonriendo para transformar el mundo. La percusionista colombiana de 37 años se formó en la Facultad de Artes de La Plata, se perfeccionó viviendo en Costa Rica y regresó a Colombia en 2025 para profundizar su proyecto sonoro feminista y artivista Tocá el tambó. Y ahora tiene un motivo cercano para seguir en movimiento tamborero: Anyul vuelve en septiembre a la Argentina, en gira con el grupo Guafa Tribu, que combina la música andina y llanera de Colombia con otras tradiciones. Así, Anyul sigue haciendo palpitar sus parches siempre junto a los demás.
Ella pulsa el tambor alegre -con el sonido del Caribe colombiano-, vibran las maracas llaneras, se suman el bombo legüero, el cajón peruano, el redoblante y las semillas que guarda en su set multicolor de percusión. Anyul construye ritmos múltiples con su “batería ancestral”, como la llama ella, y rescata horizontes musicales para transformarse. ¿Cómo se siente hoy? “Estoy muy feliz de volver a la Argentina -dice-, esta vez como integrante de Guafa Tribu, y también con mi proyecto Tocá el tambó, a partir del desarrollo de una propuesta pedagógica que reivindica el trinomio de tocar, bailar y cantar”.
Además de Anyul en percusión, Guafa Tribu está integrado por Ignacio Ramos en flauta traversa y en saxo, Javier Andrés Mesa en bajo y Cristian Guataquira en cuatro colombiano. La agrupación nació en 1988 “y ha contribuido a los nuevos lenguajes en las músicas llaneras y andinas colombianas -rescata Anyul-. Guafa tiene un tinte de raíz, pero es una raíz diversa, de donde emerge su sonoridad. Ignacio Ramos explora mucho con su flauta traversa para ampliar horizontes desde la tradición y el lenguaje urbano. Guafa experimenta con timbres, formas y dinámicas, y esta gira a la Argentina va a ser muy importante para el grupo”.
Con las percusiones sin fronteras de Anyul: “Yo reivindico los cueros, las maderas, las semillas; juego mucho con los ritmos y se mezclan las músicas llaneras con las raíces afro de nuestro país: el festejo peruano se emparenta mucho con el joropo, con el bambuco colombiano e incluso con la chacarera”. Por eso para Anyul es un placer pensar en esta gira argentina: “Es un honor tocar con Ignacio Ramos, porque ha logrado tener un lenguaje muy propio desde la flauta traversa. Estar en Argentina nos va a permitir contar que en Colombia, además de una herencia muy fuerte de músicas del Caribe y del Pacífico, hay otra mirada”.
En paralelo, Anyul hará el “quinto viaje pedagógico” de su proyecto musical y vivencial Tocá el tambó. ¿Cómo lo concibe? “En Costa Rica divisé la importancia de hacer viajes pedagógicos con compañeras mujeres. Esta vez voy solita para poder compartir mi experiencia, entrelazando encuentros para reivindicar el tambor. Llevo los saberes de las tamboreras migrantes”. Tocá el tambó atesora “otras maneras de interpretar los parches y de percibir el mundo a través de este lenguaje colectivo, en función de un baile y de un canto que necesitan ser revisados para mejorar la equidad de género. Se resignifica el rol de la mujer en las músicas de tradición oral y cómo hablamos a través del tambor”.

Tocar en colectivo, abrazar tradiciones sonoras y constituir una mirada de género a través de los parches. En todo ello piensa Anyul: “Cuando los cuerpos feminizados o las mujeres nos acercamos al tambor, yo sientipienso que hay una pulsión de vida. He visto que en muchas compañeras, cuando se acercan al lenguaje de los tambores, hay un punto de giro en la historia. Hay un antes y un después, no solo porque se ha tocado el tambor, sino porque en este proyecto se habilitan espacios amorosos, tiernos, respetuosos, reivindicativos y reflexivos de nuestras vidas”.
Y “comprendemos que hay otras compañeras buscando a veces cosas similares. Entonces, cuando tú estás con tus pares, tal vez cantando un bullerengue a la muerte, a la vida, o tal un bullerengue al tambor mismo, dices ‘qué rico poder decir esto, sonarlo y resonarlo juntas’”. A Anyul la esencia del tambor grupal la lleva a las transformaciones políticas pendientes, a nivel colectivo, y también con su interior. “No es sólo una cuestión estética: es una cuestión de vida. Yo siento que últimamente me he conectado con esa cuestión espiritual a través de la música”. ¿A dónde lo ve en particular la colombiana?
“Me pasa con Ignacio Ramos, de Guafa Tribu -dice Anyul-: cuando toca la flauta traversa el aire se combina de una manera tan perfecta que empiezas a sentir que la música tiene colores. Todo brilla y se pausa el mundo material. Logras encauzarte a través del sonido, como en una meditación perfecta. Es como decir ‘mi vida tiene sentido, aunque sea una hora’, porque cuando sales de esa gran aura y de esa vitalidad empiezas a ver la vida diaria. Ahora estoy en ese momento en el que agradezco a todas las personas con las que puedo musicar, bien sea una clase o un concierto, porque hay una reivindicación de la vida frente a estos contextos políticos que te tiran tan para abajo y que nos llevan a tanta tristeza”.
Pero “cuando tocamos, cuando estamos en una clase, cuando vamos a un concierto, cuando nos permitimos que realmente el sonido entre en nuestro cuerpo, las cosas se alinean por un momento y logras decir ‘vale la pena seguir’. Es el poder espiritual de la música, sin llevarlo a lo terapéutico, sino de sentirse abrazada a través del sonido. Eso es lo que más me ha tocado en estos años”, dice Anyul. Y eso también la implica frente a los desafíos para construir más oportunidades para todes en Colombia: “Mucha gente está haciendo un gran esfuerzo para encontrar un sentido político, y desde mi lugar eso tiene que hacerse a través de las canciones, de las músicas y de los espacios en los que somos docentes y artivistas”.
Lo piensa en particular frente al terremoto que asoló a Colombia el 10 de agosto, y que afectó en especial a Cali, Pereira, Manizales y a ciudades del eje cafetero. “Fue tremendo, un duelo durísimo y muy fuerte para todos -cuenta Anyul-. Justo ganó las elecciones el derechista Abelardo de la Espriella y ocurrió el terremoto. Pero el gobierno no se pronunció. Se pronunció la gente: las personas que a veces no tienen tantos recursos y que lo dieron todo para ayudar. Y desde el arte tenemos que poder reivindicar los derechos, la organización, lo autónomo, lo cooperativo, para no dejarnos abatir y apuntar a lo humano”.
Para Anyul “frente a los proyectos políticos que terminaron con el Ministerio de la Igualdad y Equidad en Colombia, o que quieren terminar con el Ministerio de Cultura, hay que seguir trabajando en equipo, creyendo en los principios que nos hacen ser trabajadores de la música, y, sobre todo, articuladores y guardianes de los sonidos de tradición oral, los cuales siempre han estado al margen de lo institucional. Un ejemplo es el Festival de Música del Pacífico ‘Petronio Álvarez’, dedicado a la música del folklore del Pacífico colombiano. Es una apuesta ética y política grandísima y donde se hace un trabajo de base muy importante”.
Entonces Anyul vuelve a su experiencia musical en Costa Rica, donde vivió varios años, y cuenta: “Tocá el tambó, si bien tiene la intención de continuar siendo un proyecto pedagógico, vivió en Costa Rica una de sus transformaciones más grandes en cuestión de producción musical. Ya en Argentina había una intención muy fuerte en lo político, de la voz colectiva, pero cuando arribamos a Costa Rica el tambor en la calle no tenía tanta presencia. De hecho, había un montón de cosas a nivel político que frenaban las acciones colectivas”.
Sin embargo, “al llegar allí se pudo concretar una participación concreta con compositoras de Costa Rica y eso permitió que el proyecto diera un pasito más y el espacio se siguió transformando. Trabajamos con Guadalupe Urbina, que es una compositora muy importante de Costa Rica, y con Maf é Tulà, que es una mujer muy joven, pero que tiene un compromiso muy grande con las luchas ecologistas, entre otras artistas. Eso nos permitió desarrollar proyectos artísticos y artivistas un poco más concretos a nivel de producción: hacer videoclips, grabar para discos, participar en documentales y en festivales. Nos empezamos a mover en esa otra dimensión de la música”.
¿Y qué representó para Anyul volver a Colombia? “Nos aclaró el panorama a nivel musical -dice-. En Costa Rica habíamos logrado un capital simbólico para luego movilizarnos a Colombia y que muchas compañeras valoraran más el viaje hacia Sudamérica, en vez de a Europa o a Estados Unidos. También pudimos potenciar nuestra mirada colectiva y asumir que en diecisiete años Tocá el tambó creó un archivo que está vivo y que construye un repertorio no solamente musical, sino escénico, performativo y corporal, que hace que muchas compañeras hoy podamos sentir que hay un camino de vida a través del tambor. Cada una no camina sola: sabemos que hay una unidad común en esta búsqueda musical”.

