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Editorial

Uma Kabusacki: principios para la belleza

Uma Kabusacki grabó las canciones de Seattle, uno de los discos más bellos que se haya publicado durante 2026, y que la artista presentará el próximo viernes 4 de septiembre en Buenos Aires. En la previa del estreno, Eduardo Slusarczuk dialogó con ella y también con su padre, Fernando Kabusacki, que la acompaña como guitarrista.
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Si, ubicada ahí, cerca del vértice noroccidental de los Estados Unidos, Seattle es una ciudad musicalmente reconocida por haber sido la cuna de Jimi Hendrix y el grunge. De ahora en adelante habrá que agregar que también es el lugar en el que Uma Kabusacki grabó las canciones de Seattle, sin duda uno de los discos más bellos que se hayan, y que se vayan a publicar durante 2026, que la artista presentará el próximo 4 de septiembre en Buenos Aires.

¿Exagerado? Puede ser, pero solo un poco. Y para nada por eso injusto. Basta escuchar el “ey” con el que Uma abre la canción King Kong, en el inicio del álbum, para entender que lo que sigue no es un disco más entre los muchos que se suman día a día a las plataformas digitales sin más destino que el de un rápido olvido o una masiva indiferencia eterna.

La versión de Here Comes the Flood, de Peter Gabriel, que sigue al tema de Charly García intensifica esa sensación, que termina de consolidarse como una certeza cuando suena Runs in the Family, un tesoro que las hermanas Maggie, Terre y Suzzy Roche imprimieron en el álbum debut de The Roches, editado en 1979 con producción de Robert Fripp.

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De ahí en más, el viaje que propone la artista se hace cada vez más placentero. Acariciados por su voz, los temas Tu nombre y el mío, de nuestro Lisandro Aristimuño; First Love, de Adele; y Jokerman, del eterno Bob Dylan, se van sucediendo con una naturalidad que invita a pensar que todas esas canciones paridas entre 1977 y 2005 fueron en verdad fruto de un único Big Bang creativo que encontró en Uma a una intérprete a su perfecta medida.

Little Person, una pequeña gran perla compuesta por Charlie Kaufman y Jon Brion; I Talk to the Wind, incluida en 1969 en el primer trabajo discográfico de King Crimson; La máquina de ser feliz -sí, Charly otra vez-; y Mary, originalmente cantada por Terre Roche en el poco conocido pero magnífico álbum Exposure, que Fripp publicó en 1979, completan la nomina de títulos incluidos en Seattle, más una versión “desnuda” del tema de Gabriel y el “pasaje frippertrónico” Agua Music.

Canciones notables que en la voz veinteañera de Uma, con la producción de Steve Ball, D Box y Fernando Kabusacki y la colaboración de Robert Fripp, León Gieco, Lisandro Aristimuño, Ariel “Topo” Raiman, Nathan Grigg y Rob Taylor Manning, entre otros, se conjugan en un discurso sonoro que sintoniza con los tiempos que corren.

Canciones que además, en sus palabras, constituyen una suerte de autobiografía musical, que cuenta su historia. “El criterio para seleccionar las canciones y lo que las une es que todas tienen que ver con que tuvieron un lugar importante en mi vida”, explica a través de la gacetilla que presenta su álbum debut.

“Son todas canciones que siempre sonaron mucho en mi casa, donde permanentemente estuvo esa música. También está muy relacionado con mi papá. La presencia de todo lo relacionado con Robert Fripp se da mucho por influencia suya, y por haber hecho muchas cosas con él y con sus músicos”, agrega ahora, en la apacible calma del bar de la Librería del Pasaje. A su lado, papá Fernando asiste como espectador a la charla que lo incluye como protagonista.

Link directo entre el universo musical de Fripp y la escena argentina a través de su participación en The League of Crafty Guitarists y la creación del grupo Los Gauchos Alemanes, de los ’90 a la actualidad, Fernando fue ampliando sin pausa los límites de su mapa musical. De Liliana Herrero a Hermeto Pascoal y Tricky, entre Mono Fontana, Juana Molina y Charly García, el guitarrista diseñó una trayectoria tan atractiva como inclasificable.

En ese devenir, su reciente colaboración con los chilenos Kiuge Hayashida y Toño Silva, quienes acompañaron a García a partir de 2001 en diferentes etapas y circunstancias, para interpretar temas de Rock and Roll Yo, Kill Gil y Random con Uma como voz cantante, fue la puerta de entrada de su hija al repertorio menos frecuentado de Charly. “King Kong, por ejemplo, la conocí en esa situación, y me encantó. Fue la que más me gustó de todas”, recuerda.

De ahí a sumarla al puñado de canciones que se llevó consigo a Seattle para darle forma a su álbum fue solo cuestión de tiempo. Con los locales D Box y Steve Ball como anfitriones en London Bridge, el estudio en el que nacieron obras como Ten, de Pearl Jam; Facelift, de Alice in Chains; y Louder than Love, de Soundgarden, “la idea fue ir y ver qué pasaba allá”. Uma: El plan era ver qué canciones salían de manera más genuina. Quizá había cosas que teníamos pensadas y después nos sonaban como habíamos pensado.

¿Por ejemplo?

Uma: Hicimos Superstar, de Carpenters.

Divina.

Uma: Sí, pero no pasó. También había una de The Roches; estuve en unos ensayos el año pasado, la escuché a Terry cantándola y fue “wow”.

Hasta acá queda claro tu vínculo con esas músicas que a esta altura son clásicos de diferentes épocas. ¿Qué te pasa con lo más actual? ¿Tenés alguna o algún artista de referencia, que te atraigan especialmente?

Uma: Sí. Ahora estoy muy fan de Rosalía. Hay algo de ella que me parece muy destacable, que es que en su música siempre mantiene como una base muy clásica de la música de su país, que luego conecta con cosas actuales. Eso a mí me flasheó un montón. Eso de no elegir una de las dos cosas, sino que es posible actualizar algo superclásico y más complejo y que siga sonando como algo clásico. Se nota que tiene mucha formación ahí, pero igual hace cosas muy modernas. Esa mezcla rarísima es lo que más me llama.

En algún punto tu interpretación contrasta con tu edad, por la madurez que se percibe en ella. ¿Cómo fuiste forjando ese estilo? ¿Es el resultado de una búsqueda personal o hay mucha influencia del afuera?

Uma: No, fue todo bastante orgánico. El tono fue apareciendo a medida que las tocábamos. King Kong arrancó en un living, pensando ideas… D Box arrancó tocando el piano, la empecé a cantar y coincidimos en que era suficiente con eso. La canción ya es increíble en sí misma. Entonces, la idea de agregarle más cosas termina siendo innecesaria. Con menos termina siendo más. Por otro lado, nunca intenté buscar una interpretación parecida al original o a alguna versión, sino hacer lo que sentía partiendo desde cero, sin una búsqueda específica de nada. Hacer genuinamente lo que me saliera. En el caso de Charly, recién con Los instrumentales me empecé a meter más en conocer sus canciones. No es que ya tenía claras todas las ideas de cómo tenía que ser la versión.


Los Instrumentales es un proyecto compartido por Fernando Kabusacki, Matías Mango y Fernando Samalea, con el foco puesto en rescatar del archivo las canciones no cantadas de García, desde La Máquina de Hacer Pájaros en adelante. En una entrevista de Joaquín Vismara publicada por La Nación, el propio Kabu la define como “una banda de discovers”, a la que Uma se sumó por imperio de la necesidad.

“Queríamos hacer A los jóvenes de ayer, que es un tema que tiene voz, entonces se nos ocurrió que cante la hija de Kabu, que al ser joven tiene una visión más despojada de lo que es Charly”, explicó Matías Mango en la misma publicación.

Con La máquina de ser feliz, en la lista de autores de Seattle el de Charly es el único nombre recurrente, con la particularidad de que ambos títulos pertenecen a la etapa del autor menos frecuentada por sus exégetas, y también por ese público “de la primera, segunda, o tercera, hora”, que el autor fue centrifugando a medida que intensificaba su perfil Say No More.

Un rasgo que estimula la curiosidad por saber de qué manera alguien nacido ya entrado este siglo conecta con la obra de alguien que marcó a fuego el cancionero de pila de varias generaciones. “Lo que pasa es que yo no lo tengo tan en orden, porque fui conociendo la obra de Charly a medida que íbamos haciendo sus canciones en el marco de Los Instrumentales. Ahí empecé a conocerlas, y era como que no lo podía creer ver. Pero no las tengo ordenadas por épocas; aparecen y las voy conociendo y de repente hay un montón. Pero no hubo algo planeado. Fue saliendo a medida que las hacíamos. La máquina de ser feliz es una canción que escucho desde muy chiquita y siempre me pareció hermosa. Me emocionaba un montón, así que dije que tenía que estar”, cuenta Uma.

¿Quedaron muchas canciones fuera, de esas que llevaron para testear?

Uma: Deben haber quedado unas cinco o seis. Había algunas más de The Roches, de Charly también, pero no teníamos una hoja de ruta definida. Tampoco teníamos demasiado tiempo como para proyectar una imagen de cómo queríamos que sonara, por ejemplo, Bubulina. Así que nos enfocamos en lo que sentíamos que salía de manera orgánica.

¿Cuánto te aportaron los productores o invitados de allá, desde la mirada que puedan tener ellos de algunas de estas canciones que pueden resultarles ajenas?

Uma: Siento que nunca lo analicé demasiado. Tampoco con los de acá, como Lisandro. En su caso, me parece como que tiene una interpretación que eleva todas las canciones que tiene. Más allá de que son hermosas, me mueve mucho la manera en la que lo interpreta. Entonces, no sé si tomo algo de ahí de manera consciente, pero es algo que me inspira mucho. Cuando vino para Jokerman, que la grabamos en su estudio, fue hermoso. Y me re ayudó; me hizo de coach. Para mí eso es increíble.

-Tu bio especifica que te graduaste en el Conservatorio Juan Pedro Esnaola. ¿Qué lugar ocupa esa etapa en esto? ¿Hasta dónde te tenés que despegar de cosas que aprendiste en lo académico, y hasta dónde lo académico le suma a tu interpretación?

Uma: Con el Esnaola hay que tener algo de cuidado, porque puede resultar estructurado. Es un lado de la música tan estructurado… Técnicamente aporta muchísimo, pero conozco mucha gente a la que tener esa formación tan estructurada la alejó de la música. A mí no me pasó tanto eso de estar en bandas; no lo viví así. Yo vi más el lado de “bueno, tengo que rendir piano clásico y de tal manera”, y que justo te tocan profesores que más o menos…

O sea, vos empezás muy chico en el Esnaola, y el hecho de que tu primer acercamiento a la música sea tan rígido, puede generar esa distancia. A mí me ha pasado eso de preguntarme: “¿La música es esto? Entonces capaz que no me gusta.” Pero hay que rescatar todo lo bueno de eso, pero sabiendo que la música quizás no es solo eso. Tiene una base que técnicamente te aporta muchísimo, y que agradezco mucho haberla adquirido, pero después hay que conectarla con cosas más actuales.

Abordarla desde la manera que a uno le nace, más genuina. Siento que con la técnica sola no alcanza. Siento que tanta rigidez quizás te desconecta de la música, cuando lo más importante es esa conexión, más allá de “yo toco más rápido” o todos los matices donde van en la partitura. O sea, todo eso es recontra importante; para mí es re importante que esté esa base porque sé que me ayuda mucho y me da seguridad.

-Te da la herramienta, los recursos.

Uma: Sí. Pero siento que es fácil perder esa conexión más genuina con la música, que hay que cuidarla, por estas cosas de “hago un parcial de esto y tengo que rendirlo de tal manera” o “tengo que hacerlo así”. Esa saturación tan académica a mí, por lo menos, me costó mucho. Y algo de eso me pasó también en la EMBA. Siento que son dos lados muy distintos: una cosa es la conexión más genuina y la otra cosa es lo académico, que te da una base y las herramientas para después conectar con la música de verdad.

-Antes hablabas de la influencia de tu papá, y se me venía a la cabeza esa escena que siempre contaba Charly -siempre se vuelve a García- que tenía en su casa a Eduardo Falú, a Mercedes Sosa… ¿También tenías ese contacto directo con los músicos que tocaban con él?

Uma: Sí. Siempre estuve muy cerca. Siempre lo iba a ver, y si tocaba con Marina Fagés después volvía y agarraba la guitarra para imitarla, sin saber nada. Hasta que en un momento empecé a hacer canto de manera más seria, él me decía que me la aprendiera y la hacíamos juntos.


La formación de Uma incluye mucho de comedia musical, de muy chiquita, y clases de canto con un profesor rosarino con el que entendió que “eso” era lo que quería hacer. Sin embargo, aclara que las canciones de los musicales nunca le terminaron de gustar, y que de ahí tomó algunas herramientas técnicas, aunque evitando la cuestión más estructurada del género; algo bastante parecido a lo que se llevó de las clases de canto lírico del Esnaola.

-El grupo de músicos que te acompaña en el álbum es varias generaciones mayor que vos, contemporáneo en muchos casos del repertorio. ¿Cómo es compartir esas canciones con músicos de tu generación?

Uma: A decir verdad, no estoy muy inmersa en un ambiente de músicos de mi edad. Pero en mi círculo de gente que con la que estoy, nadie conoce nada. Sin embargo creo que genera algo, porque son todas canciones que objetivamente son increíbles y hermosas, más allá de si sabés que ésta estuvo grabada por tal músico y aquella por tal otro. Siento que son tan fuertes que a cualquier persona le llegan, aunque no sepan de dónde vienen.

-¿Qué pasa con quienes son fans de esas músicas, algunas de las cuales son de un consumo algo circunscripto a círculos de “especialistas”, muy celosos e hipercríticos de quién se mete con esos repertorios.

Uma: Es verdad, yo me me metí en eso. Y tuve las dos situaciones canciones. Cuando hice el curso de Fripp en Italia, en los almuerzos y en las cenas se tocaba. Obviamente todos son guitarristas y todos tocan canciones del repertorio Guitar Craft. Pero yo no sé tocar la guitarra, así que cantaba. Y cuando lo hacía, muchos venían emocionadísimos, elogiando la versión que había terminado de hacer.

Supongo que en parte porque eran canciones que para ellos tenían un significado especial y les resultaba emocionante escucharlas con un abordaje de alguien más joven, trayéndolas al siglo XXI. Pero también fui parte de una gira de algunos guitarristas del Guitar Craft, y ahí no hubo una buena sintonía. No había conexión con ellos. Era como que el repertorio era de una manera y no había manera de que se hiciera algo distinto. Así que todo terminó en: “Bueno, ustedes lo ven de esta manera, yo lo veo de otra y no podemos mezclar”.

O sea, a veces pasa eso de querer hacer algo que no representa un cambio importante, pero que apunta a hacer algo más en conjunto y te das cuenta de que no funciona porque hay una rigidez que ni siquiera permite eso.

Fernando: Está todo ese lado más crafty, quizás. O no. En realidad no es crafty, es equivocado. Pero además no tiene nada que ver con todo lo que es Robert Fripp, Termina siendo una mirada parcial, que es la que tienen ellos. Ahí me meto un poco, porque curiosamente una de las personas que más apoya y se enloquece con cómo ella canta es Fripp. La apoya, la incentiva, le parece maravilloso lo que canta y las versiones que hace de sus temas.

-¿Qué te pasa cuando un tótem de la música como Fripp te elogia de esa manera?

Uma: Es muy fuerte. Lo cierto es que hace poco que yo entendí lo importante y lo fuerte que es. Yo lo conocía, obviamente sabía quién era, pero siento que terminé de entender su relevancia cuando fui parte del curso, lo vi a hablar, vi cómo transmitía su energía. Porque no solo es un músico increíble sino que es algo más abarcador.

Ahí dimensioné todo ese mundo, pero como fui sin tener toda esa carga, el acercamiento fue desde otro lugar. Caí como como ya siendo un poco parte de toda esa cosa. Después, le mandamos la versión de Mary y tuvimos su apoyo, nos sugirió usar los frippertronics… Eso es increíble, porque también sé que es difícil. Me daba un poco de cosa meterme en ese universo.

No tenés claro cómo va a resultar hacer una canción de alguien que está en esa posición, de ser un músico tan importante. Te intimida. Me pasó un poco eso. Estar nerviosa esperando que la escuchara la grabación. Pero como era un tema que nunca se había hecho en vivo y la primera vez que la hicimos fue en Italia, en la catedral, con él allí, fue muy emocionante. Entonces, también fue como llegarle desde ese lado.

-¿Cómo llega León Gieco a ser parte de este entramado musical?

Uma: A León lo conocí en un proyecto que estamos llevando a cabo con Luis Gurevich, sobre un disco que hicieron juntos.

Fernando: Fue León quien le sugirió a Gurevich que me llamara para hacer en vivo el álbum El hombrecito del mar. Empezamos armando eso con Uma, Gurevich y la banda, y León se subió, como invitado. Hace años que con él venimos diciendo “hagamos algo”, y esto le pareció una buena oportunidad para hacerlo.

León es un músico al que admiro; es uno de mis favoritos desde que tengo 12 años. Yo también soy del interior. Tenemos mucho en común; entre otras cosas ídolos como Dylan, Daniel Lanois, Crosby, Still & Nash, The Roches…

Uma: Justamente le propusimos que grabara en Jokerman porque sabíamos que le iba a gustar la idea.

Fernando: León es muy fan de las Roches, también. Con él nos conocimos en un concierto de Fripp en Rosario.

Uma: Por eso, a la hora de llamarlo no fue tanto porque “necesitábamos un León”, sino que se trataba de invitarlo porque sabíamos que a él le iba a gustar la propuesta, porque sabemos que le interesa este otro mundo que capaz es un poco distinto a lo que él hace.

-También esta el Topo Raiman, baterista de Los pericos. Otro “cachetazo” a los prejuicios.

Uma: Mi papá hace rato que me venía diciendo que quería hacer algo con el Topo Raiman, y Jokerman está en línea con el tipo de música que toca. Así que pensamos que le iba a gustar hacerla. Todo fue pensado como para que sea un disfrute para los músicos, y no tanto como una búsqueda del sonido perfecto. Estuvo planteado desde un principio como una reunión de seres humanos que compartimos el gusto por estas canciones y que íbamos a pasarla bien grabándolas.


La Real Academia Española dice que algo es orgánico cuando esté “constituido por partes que forman un conjunto coherente”, o también cuando “es realizado u obtenido sin emplear productos químicos artificiales”. Seattle cumple con ambas caracterizaciones.

Sin sobreactuaciones, Uma capta la esencia del puñado de canciones que le da forma a Seattle y las devuelve envueltas en un formato despojado de ornamentos de esos que suelen distraer la atención de lo que realmente importa. Menos cálculo y más apertura hacia “aquello de la música que nos hace más felices.”

-La música de hacer feliz.

Uma: ¡Jaja, claro! Ya teniendo músicos tan geniales, se puede buscar más el lado de eso que es lo más importante: la conexión, que sea genuino, que sea algo orgánico, que sea pasarla bien. Ahí sale más lo más lindo.

¿Cómo pasa Seattle del disco al vivo?

Uma: Va a pasar al vivo el viernes 4 de septiembre en La Fábrica. Van a venir Steve Ball y D Box, así que va a ser como revivir muchos de esos momentos que se dieron durante la grabación, que fueron realmente hermosos. Lo pasamos muy bien como grupo.

Para mí es muy importante estar acompañada por estos músicos que son tremendos. A veces cuesta dimensionarlo, pero todo se da de un modo muy natural, porque en el medio está el rol de mi papá. Es lo mismo que pasa con Fripp; yo a él lo conocía antes como un amigo de mi papá que como músico.

Fernando: Uma lo conoció a Fripp cuando tenía 2 años. Venía a casa y ella era bebita.

Uma: Entonces es como que recién ahora quizás hago más consciente eso, porque ahora yo me estoy relacionando desde algo que hago yo.

¿Eso cómo funciona? ¿En algún momento te planteaste la duda de si la respuesta de estos artistas respondía más a que sos “la hija de” que a tu propio trabajo?

Uma: Bueno, eso él (señala a Fernando) siempre me lo dice. Me aclara que no es por él que se producen todas estas cosas. Siempre me lo remarca, y creo que un poco lo que hace salir un poco de ese lugar de duda son los momentos en los que estamos trabajando con los músicos, y se crea un clima que te hacer sentís que realmente estás compartiendo con el otro un momento de disfrute de esa música. Como que no es un favor ni un trabajo.

León grabando las armónicas se recopó. Nos mandó videos tocando como por si queríamos hacer un clip, me halagó muchísimo la versión… Me dijo cosas muy lindas, y eso ayuda a despojarse de esa idea.

¿El repertorio del vivo incluye algún material adicional, además de lo que está en el disco?

Uma: Cambiamos algunas cositas. Vamos a hacer un tema de Rosalía que a mí me encanta hacer, que lo grabamos para otro disco que estamos haciendo con Thomas Hepner. Y después hay algunos que quedaron fuera, que tal vez son más lindos para hacer en vivo que para grabarlos. Por ejemplo, Hammond Song, que es una canción de las Roches, yo tengo ganas de hacerla en vivo, pero en cambio para grabarla ya había muchas versiones, y nos pareció mejor hacer Runs in the Family. Así que sí, habrá algunas cosas agregadas.

¿Cómo se hace para objetivar a una hija? ¿Es difícil?

Fernando: No, yo siento que soy bastante objetivo. Y siempre le digo, como también lo hace otra gente, que canta bien. No sé si es verdad que a uno por ahí siempre le parece que lo que hacen sus chicos está todo bien siempre, pero en mi caso creo que soy objetivo. Y realmente me gusta me emociona mucho cuando la escucho cantar a Uma. No tengo ninguna duda.

Es lógico que toda la experiencia y recorrido que tenés en la música ejerza una influencia en Uma. ¿Cuesta mantener un equilibrio y no invadir su espacio de elecciones y decisiones?

Fernando: No, las elecciones son siempre de ella. En este caso, con Steve y D Box sugerimos algunas cosas, a ver si está este tema… Y más atrás, ella empezó a curtir el mundo de Charly por el proyecto de Los instrumentales, con Samalea y Mango, que fue quien propuso que fuera Uma la que cantara, porque no iba a tener un preconcepto ni iba a querer hacerse el Charly, sino que lo iba a cantar de una manera fresca, como inocente, y como la música que es.

Mi respuesta fue: “Bueno, si te parece, dale.” Pero no fui yo el que dijo “Che, ¿por qué no le decimos…?” Nunca quise eso. Incluso ahora que estamos tocando el disco Exposure, en vivo, a punto de salir al mundo con Terry Roche, Pat Mastelotto… Hasta hace tres semanas Fripp me insistía con que Uma tiene que cantar ahí, porque como cantó Mary fue “superb”, lo mismo que Here Comes the Flood, de la que ahora propone hacer una nueva versión con ella. Así que siempre es otra gente la que propone.

Si ella termina haciendo lo de Exposure, que ya lo hicimos el año pasado en Texas con Terry Roche, que la quiere mucho a Uma, va a ser porque lo hace muy bien.

Suponiendo que estamos hablando de canciones que pertenecen al universo del rock, para la generación de quienes ya superamos los 50 o 60 años, es un género que proponía una ruptura con el mundo de los padres. En este caso, y no es el único, lo refuerza. ¿Hay puntos de desencuentro en lo musical, entre ustedes?

Fernando: No, porque yo los temas o situaciones musicales que propongo quedan sujetas a la aprobación de ella.

Uma: Coincidimos mucho en eso. Confío mucho en su criterio musical. Y con este disco, específicamente, mi desafío era poder tomar las decisiones, y eso también es difícil: ponerse en el lugar de quien dice “eso lo quiero así”.

Además, se lo estás diciendo a músicos con algo de experiencia encima, ¿no?

Fernando: Pero somos buenos, ¿no? No nos ponemos en el lugar de “no, esto no va porque…”

 Uma: Que es algo que a veces necesito. Que me digan cómo hago.

¿Qué sigue a la presentación de Seattle?

Uma: Después de la presentación del disco vamos a estar el 8 de octubre participando del 20 aniversario del Día del Estudiante Solidario que organiza Conduciendo a Conciencia en el teatro ÓperaOn, con León; el 20 estamos haciendo Rock and Roll Yo, Kill Gil y Random en La Fábrica; y el 31 presentamos también allí lo que estamos haciendo con Luis Gurevich. Además, estamos grabando ese disco con Tomás Hepner, en el que estamos trabajando hace bastante, y que está buenísimo. Es algo muy distinto. Ahí hacemos canciones que nos juntamos a componer.

¿Tenés una rutina de composición?

Uma: No, no tengo eso de sentarme a componer yo sola. Es algo que lo tengo medio trabado, al menos por ahora. Pero con Tomás sí, nos juntamos para ir armando material desde cero y a improvisar. De hecho, al principio iba a ser algo más ambient, y al final terminamos haciendo más canciones que compusimos en conjunto. Él hizo más la parte de la letra, que es lo que yo menos haría.

-¿Por alguna razón en especial?

Uma: Porque no me interesa tanto meterme en eso. Siento que no sería lo mío, si bien tampoco lo intenté mucho. Le tengo un poco de miedo a meterme en eso. Es algo que tengo conmigo. Porque también se puede componer, que te quede en el teléfono y ya está. Pero no siento que lo vaya a disfrutar tanto. En cambio, hacer las melodías y trabajar la parte musical me encanta. No es que lo hubiera hecho antes sola, pero empecé haciéndolo con Tomás, y en ese contexto se dio, la pasé genial y me encantó hacerlo. De hecho, tenemos el disco casi terminado. Y me encanta también porque es como una música hecha desde otro lado.

-¿Te referís al estilo?

Uma: Sí, es un poco más pop, más electrónico. Tomás toca teclado y va en esa dirección. Además, al ser canciones que hicimos desde cero está bueno. Fernando: Es un poco como el opuesto a Seattle, porque tiene mucha producción, muchos sonidos, programación…

-Capa sobre capa sobre capa. Uma: Claro. A diferencia de Seattle, que es bien despojado.

-Si tuvieses que elegir cinco artistas sub-30, ¿a quiénes nombrarías?

Uma: Rosalía es la más. ¡La más! Después, Adele. Pero tiene más de 30, así que no califica. C. Tangana, que también tiene eso que tiene Rosalía y que para mí es genial, que es esa cosa muy tradicional… También lo hizo Bad Bunny en el disco nuevo. Para mí esa conexión es muy interesante; lo mismo que tiene Milo J. A mí me llama mucho eso, cuando tiene ese lado, quizás es más Esnaola, de todo lo clásico conectado con un sonido más actual. C. Tangana tiene mucho de eso, y verlo en vivo es increíble, porque cuando están ahí arriba con los artistas pasan otras cosas y te cambia la perspectiva que tenés de ellos. Son ellos, y Catriel & Paco también.

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Eduardo Slusarczuk

Es periodista desde 2004, después de haber sido metalúrgico y dueño de una disquería especializada. Ingresó como redactor en Clarín en 2008 y fue Editor del área de Música en el Suplemento de espectáculos del diario entre 2014 y 2022. Además, colabora con las áreas de prensa de la Fundación SOIJAr (Sistema de Orquestas Infantiles y Juveniles de Argentina) y de la Asociación Artística Clásica del Sur.
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