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Editorial

El espíritu colectivo de Duratierra llega al Festival de Cosquín

Duratierra se presentará el lunes en Cosquín con su espíritu autogestivo y su estética abierta. «El folklore es nuestra cultura viva, no puede ser la muerte o aquello que sólo otros experimentaron. Esto interpela al presente», afirma Micaela Vita.
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Foto: Sofía Martinsen

El año pasado, Duratierra cerró una etapa con A los amores, el disco que salió en 2023, dice Mica Vita, cantante de la formación. Con ese álbum recolectaron experiencias de otras historias, compartieron un universo emocional inesperado y en cada lugar se encontraron con una historia. Era un sueño pendiente el de grabar un disco en esta tecnología obsoleta de la cinta abierta, y grabar un disco de folklore argentino de canciones propias. Era algo que hace mucho tiempo queríamos hacer y lo pudimos llevar adelante”, reconoce. Y agrega: “Es una obra que tiene que ver con poner el amor delante de todo y en todas sus formas”. 

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Duratierra terminó el año celebrando 21 años de camino musical y colectivo. Lanzó “Puentes (cruzar el territorio)”, una serie de episodios audiovisuales en los Duratierra invita a colegas para compartir y celebrar algún tema emblemático de sus repertorios. El primero fue “Puño y Letra”, junto a Eli Suárez, de Gardelitos. 

El disco del que se despidieron, A los amores, fue diferente para la banda. Se acentuó el compañerismo y potenció la necesidad de aferrarse a la música como una trinchera. Ante tiempos hostiles, dice MIca Vita, formar tribu era necesario. La vocalista habló con Negras&Blancas sobre su responsabilidad como vocalista de la Duratierra. 

-Hablás de la emocionalidad que conecta a la banda con su público, ¿cómo te impacta en el cuerpo todo eso, siendo quien lleva la voz cantante?

Es una energía preciosa. Siento una entrega muy grande en cada concierto, me predispongo así. Pero hay algo de ir desde ese lugar a habitar un escenario, compartiendo esa energía y entendiendo a la música como una posibilitadora de un vínculo, de una cercanía con la gente. Voy así y vuelve eso.Salgo de todos los conciertos muy emocionada y con una gratitud de sentir en el cuerpo el placer de estar habitando de ese modo el arte. Siento que estamos generando lo que queremos generar con la música. Para mí lo más interesante sucede abajo del escenario, ahí es donde sucede la transformación. Cuando veo lo que va pasando y que eso que yo siento se está reflejando en el sentir de muchas personas es una experiencia sin igual. No siento ese placer ni esa sensación de estar en el lugar indicado, en el lugar elegido, en ninguna otra área de mi vida. Es muy gratificante. Hay algo de esa completitud en ese vínculo con los demás que resulta fundamental para inspirar mi canto.

-¿Cómo fue ese camino hasta llegar a esta sensación?

Siempre supe que iba a cantar y siempre supe que quería cantar. No me imaginaba que cantar era todo esto que es ahora en mi vida. Creo que hasta que no lo habitás como forma de vida, hasta que el canto no se transforma realmente en lo que trabajás todos los días de tu vida y en lo que le da sentido no sabés de qué se trata. Durante mucho tiempo pensé que el canto era otra cosa, lo habitaba desde otro lugar. Lo pensaba como un lugar donde tenía que buscar una validación o que tenía que entregar cierta perfección. Creo que tenía que ver más con un comportamiento egoico.

-¿Cómo se dio el cambio?

-La música, la vida misma, la maternidad y un montón de cosas me fueron mostrando que no era por ahí el camino. El mío por lo menos. Que la idea de la vidriera o de ir a mostrarse no tenía nada que ver con la magnitud y con lo espiritual que es cantar. Tampoco con lo social colectivo que es cantar, que no es lo individual. Y mirar y escuchar a otros artistas también fue muy inspirador. Y algo ahí de fascinación, y sobre todo de inspiración, que es la diferencia en el arte que te inspira y lo vuelve todo posible. Había algo adentro mío que ya sabía que cantar era el destino, era la elección, era un deseo fuerte y la observación de otras personas que funcionaron como inspiración.

¿Qué aprendizajes te trajiste de estas primeras experiencias?

Para mí al principio el escenario era un lugar de sufrimiento. Estaba entendiendo la música desde un lugar muy chiquito, muy mezquino, como una prueba personal. Aprendí mucho de eso porque me frustraba mucho, porque por supuesto que buscaba cierta perfección que no iba a encontrar jamás. Pero creo que lo que cambió profundamente mi hacer, fue el hacer colectivo. A mí Duratierra me enseñó a cantar, me enseñó a pensar el canto, me enseñó a construir y a entender que había algo mucho más grande que yo. Que ya no son las individualidades sino que es el resultado de esa construcción grupal. Mi hacer en los inicios era muy solitario.

-¿Y cómo se construye ese encuentro con el otro dentro de una grupalidad y desde tu identidad como cantante?

Se construye en el andar, en el transcurrir de la vida, en las discusiones que te da el presente. En lo colectivo, vas a tener momentos de mayor conexión, de menor conexión, de más diálogo, de menos diálogo, de más entusiasmo creativo, de menos entusiasmo creativo. Pero tenés cierta certeza de que es esa la gente con la que querés construir. Hay algo que te llama y te impulsa como la familia elegida. 

«La excusa recurrente es el “porteñismo” o lo “moderno que ensucia lo tradicional”. Pero después ves los grupos que ocupan el espacio del mercado, de la industria y del folklore, te preguntás “¿esto qué tiene de tradicional?”, ¿qué tiene de tradicional la formación musical? ¿qué tienen de tradicional las letras? Incluso cuando proponen lo nuevo es un lenguaje que está mucho más asociado a lo melódico del pop que al lenguaje del folklore tradicional» (Micaela Vita)

-¿Qué discusiones aparecieron primero?

-Empezamos versionando canciones de otras personas. Nos comenzaron a preguntar, desde el periodismo si hacíamos folklore y a cuestionar que como porteños el folklore no nos pertenecía. Toda una cosa muy vieja con olor a naftalina que no construye nada positivo. Pero a nosotros esas discusiones nos llevaron a lugares interesantes. Nos dimos cuenta de que había algo nuestro adentro también. Que lo peor no era lo que nos interpelaba el afuera, sino que adentro teníamos ciertos prejuicios para con nosotros mismos respecto del hacer. Y hubo un momento donde esa identidad se empezó a cristalizar y a volverse más contundente cuando empezamos en los conciertos a percibir que la gente cantaba nuestras canciones.

Fue un momento de quiebre, porque nos dimos cuenta de que estábamos armando vínculo a través de la música. Tenemos más de 20 años encima, pero los primeros años fueron de tocar para la familia y los amigos. Con el disco Cría (2017) cambió. Ahí apareció esta certeza, como dice Liliana Herrero, de que estamos haciendo comunidad a través de la música. Había algo en estas canciones que convocaba a la gente a querer estar, a querer cantarlas, a querer versionarlas, a dedicársela a alguien, a que esas canciones formen parte de su vida. Hay una identidad que construimos con la gente. Fue en el andar, en el persistir. También en el de dialogar con el contexto político

-Como Duratierra también comenzaron a sumar canciones al cancionero de folklore

-Siempre exisitó la resistencia a que el cancionero folklórico se amplíe o renueve, y ya es hora de trascender esa discusión. Todavía tenemos que preguntarnos por qué hay tanta gente que insiste en mantener el folklore estático, quieto en una vitrina de un museo. ¿Por qué nos quieren afuera de eso? 

La excusa recurrente es el “porteñismo” o lo “moderno que ensucia lo tradicional”. Pero después ves los grupos que ocupan el espacio del mercado, de la industria y del folklore, te preguntás “¿esto qué tiene de tradicional?”, ¿qué tiene de tradicional la formación musical? ¿qué tienen de tradicional las letras? Incluso cuando proponen lo nuevo es un lenguaje que está mucho más asociado a lo melódico del pop que al lenguaje del folklore tradicional.

Tampoco hay una propuesta renovadora desde lo estético musical o visual. Estos discursos son superficiales y no promueven una discusión de verdad; simplemente buscan sostener lo que es funcional a una cierta forma de entender la música y su industria. Me encanta que debatamos y que nos hagamos preguntas, pero solo cuando existe una contraparte dispuesta a aportar ideas enriquecedoras. De lo contrario, todo se queda en la superficie.

-¿Con qué relacionás eso?

-Como dice Susy Shock, “el mercado es cada vez más supermercado”. Para mí, no es inocente: busca dejarnos fuera porque hay que discutir las letras viejas del folklore. Hemos evolucionado como sociedad, y es necesario repensar muchas cosas; por eso, hacen falta canciones nuevas que sigan diciendo el folklore en tiempo presente. 

El folklore es nuestra cultura viva, no puede ser la muerte o aquello que solo otros experimentaron. Esto interpela al presente. No creo que sea inocente establecer parámetros sobre qué se difunde y qué no en los medios de comunicación. Nosotros somos una banda 100 por ciento autogestiva, nunca transamos ni modificamos nuestro hacer por exigencias externas. Siempre nos paramos en este lugar que nos representa honestamente a nosotros y a mucha gente.»

Cosquín otra vuelta por el escenario

En 2018, el Festival de Cosquín organizó una jornada de folklore alternativo. Allí estuvieron Luciana Jury, Lisandro Aristimuño, Raly Barrionuevo, José Luis Aguirre, Mery Murúa y Duratierra. “Fue una de las noches que más entradas se vendieron, fue un éxito, pero la siguiente edición ya no estuvo, nunca volvió a suceder una fecha así”, recuerda Vita. 

“Hay entonces otras razones por las que no siempre somos programados. Por ahí es que venimos a decir cosas que incomodan al mercado, que incomodan a los medios hegemónicos de comunicación, que incomodan al poder”, agrega. “En este presente, para muchas personas es más necesario que nunca encontrar artistas que están diciendo lo que necesitamos decir. Los conciertos hoy son urgentes. Son necesarios para la vitalidad y para la idea de un mundo mejor porque estamos cantando con la esperanza y con optimismo”.

«Hay pibes jóvenes y pibas jóvenes que se siguen queriendo acercar, que siguen impulsando el folklore. A pesar de que quienes se encargan de sostener la idea de que el folklore es viejo, de que es aburrido o que no tiene onda. Quedarnos lejos de la juventud ya sabemos, porque lo estamos experimentando en tiempo presente políticamente, lo riesgoso que es. Es riesgoso que las canciones no interpelen a la gente joven» (Micaela Vita)

-Se dice que el folklore no vende, que es viejo aunque niegan lo nuevo, ¿qué pensás de todos esos postulados? 

Están pasando cosas hermosas con el folklore. Pienso en Milo J como un representante de la juventud y de otro estilo, pienso en Cazzu sacó también un disco recontra inspirado en los ritmos latinoamericanos. Hay gente que lo está haciendo vivir a su modo, a su manera. Hay pibes jóvenes y pibas jóvenes que se siguen queriendo acercar, que siguen impulsando el folklore. A pesar de que quienes se encargan de sostener la idea de que el folklore es viejo, de que es aburrido o que no tiene onda. Quedarnos lejos de la juventud ya sabemos, porque lo estamos experimentando en tiempo presente políticamente, lo riesgoso que es. Es riesgoso que las canciones no interpelen a la gente joven, no la inviten a acercarse, no la hagan ser parte.

-¿Qué responsabilidad sentís como artista en este momento? 

-Yo no puedo separar el arte de la política. Es un posicionamiento, la forma que hemos elegido de vivir con la música. En este momento siento ese deseo más que una responsabilidad. No sé si es una responsabilidad, pero sí siento el deseo de poder aportar algo en este presente horrendo. Para mí es fundamental que suceda esto, que la gente se vaya inspirada, que vengan cantoras a decirme «salí del concierto y me fui a cantar, quiero cantar». Que nos ponga a hacer y que nos siga conectando con la ternura, con el amor y que nos siga conectando con lo mejor que tenemos. Creo que la música es transformadora y que puede acompañar y puede colaborar con procesos muy profundos de transformación de cada uno de nosotros. 

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About Post Author

Maby Sosa

Editora de género del diario Tiempo Argentino y editora de Agencia Presentes. Co-autora del libro "Mercedes Sosa, La Mami". Forma parte del programa La Patria de las moscas de la Red de Medios del Oeste e integra el programa de política y cultura latinoamericana Al Carajo.
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