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Editorial

Darío Pagano: “Pity le da la voz proletaria al rock nacional”

Cristian “Pity” Álvarez, el creador de Viejas Locas e Intoxicados, es el artista que pudo ponerle voz y letra a la angustia generada por el neoliberalismo en los barrios populares. Una entrevista a Darío Pagano, al autor de su biografía del músico que acaba de lanzar el videoclip “Lejos de ser”, cuyo coro grita: “Quiere matar al presidente”.
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Foto: Juan del Río.

En un rato entre sus clases, Darío Pagano, politólogo y profesor de historia, conversa con Negras&Blancas acerca de su proyecto de biografiar a Cristian “Pity” Álvarez, el creador de Viejas Locas e Intoxicados, el artista que pudo ponerle voz y letra a la angustia generada por lo arrebatado por el neoliberalismo en los barrios populares. El resultado es “Piedrabuena blues”, una biografía precisa y potente sobre la formación de bandas y creación de música a cargo de Álvarez.

Editado por Sudestada, el libro cuenta con prólogo de Pity y un detallado trabajo de archivo que Pagano fue reconstruyendo con compañeros y amigos del músico. Además se trata de una investigación alimentada por las horas de escucha de su música y presencia en numerosos recitales como fan. La euforia por contar esta trama musical lo lleva a focalizar en procesos creativos y cambios de rumbo en las distintas etapas de la vida musical del cantante.

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“No hay que olvidarnos que en la ciudad más opulenta de la Argentina no te lo perdonan venir de un barrio postergado. ¿Cómo vas a tener apetencia viniendo de los sectores populares? El Pity ocupó un lugar que inclusive muchas personas del rock nacional no le perdonaron”, sostiene Pagano (Buenos Aires, 1973).

Si en los últimos años, las noticias sobre Pity se encontraban en la sección policiales de los diarios y canales de noticias por el asesinato de Cristian Díaz en circunstancias que la justicia todavía está investigando, en los últimos meses volvieron las presentaciones y las noticias sobre su música. En 2022, el juicio fue suspendido «hasta que el imputado se encuentre en condiciones psíquicas de afrontar el juicio» y por el momento, permanece postergado y sin nueva fecha.

Después de detenciones en distintas condiciones en alcaidías, penales, centros de salud mental y un arresto domiciliario con tobillera electrónica, sabemos que el día a día del Pity incluye música y presentaciones en vivo. Ya hubo una en Córdoba y se aproxima una en Rosario el 9 de mayo.

Darío Pagano

-Decís que dimensionaste la figura de Pity cuando empezaste a ejercer como docente. ¿Por qué? ¿Cómo fue?

-Cuando empecé a dar clases, por listado y puntaje, me tocaron las escuelas del sur de la Ciudad porque era donde quedaban cargos vacantes. Empecé a laburar en el barrio Piedrabuena, en Lugano, de lunes a viernes a la noche. Yo sabía que era el barrio del Pity. Cuando llegué, no me podía escindir de todo el bagaje de subjetividad negativa que llevaba porque me decían que era peligroso, pero las letras del Pity me habían investido de un halo de “soy invencible, loco”. Sentía “a mí no me va a pasar nada si yo escucho al Pity, conozco sus canciones”. Era como tener un pasaporte comunitario. Me hablaba alguien a las 12 de la noche y el primer tema que salía era Pity.

-¿En qué momento del Pity era eso?

-Y yo empecé a laburar ahí en el 2012, 2013. Estaba rearmando la banda después de la segunda separación de Viejas Locas. En ese momento se dio cuenta que podía ser solista y empezó a tocar todo su repertorio.

-Definís a “Homero” como “nuestra épica obrera: Marx y Marechal”. ¿Cómo sería eso?

-Cuando trabajaba en Lugano con los pibes de quinto año tenía como carta pedagógica esa canción o “Como ganado” y me llamaba la atención que los pibes no conocieran a Pity cuando era su vecino más ilustre. Sin embargo, cuando escuchaban, me decían “che profe este Homero puede ser mi papá”.

-El 25 de mayo es una fecha clave para el barrio y ahí está la realización del festival Ciudad Oculta Rock.

-Si, Oculta es como la barrera entre Lugano y Mataderos. Esos festivales los empieza a hacer Korneta, líder de Los Gardelitos, en el año ‘85 junto a un referente barrial El gordo bomba. Era una válvula de presión, la gente tenía una válvula de alegría en un momento de la historia en el que el neoliberalismo se estaba llevando puestos a los barrios populares. Yo les digo ritos de celebración plebeya porque ahí realmente veía lo que era el carnaval, la celebración.

-¿Hay alguien encarnando ese espíritu poético y artístico del Pity en este momento?

-No. Muchos amigos me dicen que Dillon es re Pity y no, es re mainstream. A Pity nunca le interesó serlo. Hablamos de Oculta Rock, al otro día de ese festival, en el 2000, Viejas Locas tocaba en Obras y tenía la excusa perfecta para no ir y sin embargo el chabón quería estar ahí porque se sentía parte del barrio. Nunca se mudó de Lugano, siempre estuvo ahí pululando o en los márgenes porque su usina etnográfica estaba ahí. No hubiera podido construir su obra en un barrio cheto porque su ojo estaba entrenado para eso porque son las cosas que él vivió. No tiene sucesores porque interpreta una realidad particular. Estoy esperando los temas nuevos, estoy seguro de que va a seguir interpretando la realidad de la misma manera, más allá de que ahora está en una especie de ostracismo, tiene el proceso judicial detrás. El sucesor de Pity es el propio Pity. El contrato se rompió en Tucumán, el día del desastre, ya la gente no le perdonó las tardanzas. Se hizo un nuevo contrato. El último show fue el de Córdoba, ahora toca en Rosario el 9 de mayo y van a venir otros.

Un libro para abrir la conversación sobre Pity:

“Escribir sobre Pity no es recordar a un músico. Es leer en su obra la radiografía de un país. Es reconocer que, en medio de la marginalidad, la violencia y la ternura, hubo alguien que supo decirlo todo con una guitarra desafinada y frases que se clavan como puñales”, dice Darío Pagano en esta biografía escrita a partir de la necesidad de pensar al creador de Viejas Locas e Intoxicados desde sus dimensiones artísticas.

Asegura que no tiene las herramientas para abordar el aspecto judicial que atraviesa el cantante y además reconoce una vacancia en torno al rol artístico de Pity Álvarez en el análisis y la narrativa del rock nacional. Desde el respeto y la admiración, con preocupación por hablar con muchas fuentes y documentar las decisiones artísticas, Pagano construye una biografía para conocer el universo del doctor Álvarez y el creador de la música de los excluidos de los 90.

-¿Qué te llevó a escribir este libro?

– Es una manera de generar una nueva corriente para que no prime más lo policial. Yo no me puedo despojar de esa piel de fan. Soy fan del Pity, siempre lo fui. Pensaba tengo que escribir su historia, tengo un anecdotario suyo, de seguirlo, de ir con mis tíos cuando tenía 14, 15 años. Era un mundo muy zarpado para mí. Yo estudié historia y ciencias políticas. Veía el concepto de habitus y pensaba en el Pity. Es un artista con tanta riqueza, con tanto análisis de la realidad en sus letras, con declaraciones tan punzantes que, cuando escuché el podcast -“Intoxicado: El Caso de Pity Álvarez”-, me enojó que lo contaran sólo desde el género policial. No se puede desentramar, ni se escinde ni se esconde de las personalidades que él mismo forja. A veces dice que fue su propio agente de prensa, cuando los medios requerían tal cosa, se las daba.

-Hay muchos nombres y un mapa de sus bandas y amigos que se van entramando en el libro. ¿Cómo fuiste armando ese mapa?

-A varios los conocía por seguir a Pity. Todo el mundo lo quiere mucho y es una persona entrañable, tuvo un momento de oscuridad como nos puede pasar a nosotros. Es un chabón entrañable. Creo que él no sabe el lugar que ocupa en la línea de tiempo del rock nacional. El tipo es un parteaguas porque le da la voz proletaria al rock nacional que hasta la aparición del rock barrial es un rock burgués. Salvo Manal y Moris, Tanguito, gente con calle que interpretaba la realidad, pero eran marginales. El Pity es un emergente de los 90 y lo sabe. Dice: yo armé Viejas Locas con una estrategia, para despegar de las otras bandas tuve que desplegar una estrategia.

-Esa actitud y capacidad de estrategia se nota cuando es el recital de los Rolling en Argentina y logra que la banda sea telonera cuatro noches seguidas. Fue su estrategia y tenacidad.

-Si, es una persona que confía en su producto. Cuando se separa Viejas Locas, en el 2000, le ofrecen hacer un último show en River y dice que no. Él ya sabía y tenía en su cabeza la idea de que iba a triunfar con Intoxicados. En ese show en mayo del 2001, el chabón sale a hablarle a un público que estaba muy enojado con él porque sabían que la separación era una decisión suya. Es un hábil declarante y un chabón re pillo. Sale, habla y nos da vuelta como una media. Ese día tocó dos temas de Los Ramones para echar al público ortodoxo porque era la época de los punks contra los rollingas. Él quería renovación, quería un público festivalero y ese día lo logró.

-¿Cómo fue que aceptó escribir el prólogo?

-Logré dar con Gaby Prajeman que fue bajista de Viejas Locas y de Intoxicados y es el actual bajista de la banda del Pity. Es muy cercano a él y empezamos a hablar. A través suyo, le mandé una especie de resumen del libro. Un día me mandó un audio que era del Pity diciéndome que el trabajo estaba muy bueno, que siguiera para adelante. Estaba re manija, escribía todos los días. Yo quería romper esa lógica. La tarea más difícil fue despojarme de mi rol de fan y no hacer algo adulador.

-Me sorprendió que, en el prólogo, dijera que sentía más propio “Intoxicados”.

-Es uno de los problemas por los cuales se separa Viejas Locas: porque quería abrir el arco de texturas y géneros musicales y ciertos músicos eran reticentes a eso. El Pity quería tocar reggae, hip hop. El bajista y el violero no querían y, el de alguna u otra manera, le dio forma a otro proyecto que incluyó estos ritmos que él venia viendo en su barrio. Planteaba que, en vez de pibes en las esquinas tocando rock and roll, había pibes con bandas de improvisación rapera. Es un etnógrafo, se da cuenta de estas cosas antes de que las analicen las ciencias sociales.

-¿Reconoces un momento como el más luminoso en lo artístico y lo personal?

-Creo que toda la primera parte de Viejas Locas, desde el primer disco al tercero, tuvo un hiato. El hace el primero en 1995 y es de rock barrial, interpreta lo que pasaba en la época, era lo que pasaba en la esquina, hablan de falopa, de escabio. En el segundo empieza a bosquejar un concepto: el rol que tienen las fuerzas de seguridad en mi barrio, como la policía los empieza a tratar, hay un tema “El chico de la Oculta” habla de un pibe que vive en el asentamiento y la vida lo pasó por arriba. Hay un tema que se llama “Puente La Noria” que habla de la contaminación del rio matanza riachuelo. Empieza a bosquejar cositas. Ya en el tercero está “Homero”, “Se que lo atraparé”, “El árbol de la vida”. Todos temas con una filosofía. Parece que hubiera leído a Marx y no lo leyó. Pity te cuenta las relaciones sociales de producción que no se ven, te lo cuenta en “Homero”, en “Como ganado”. Creo que siempre es luminoso salvo en la ultima parte de Intoxicados que es una especie de rapero. Pity interpreta la marginalidad. Hay muchas facetas para analizarlo. Hay tantos Pitys como personas.  

-¿Y cómo te dice que sí al prólogo?

-Me hizo unas preguntas, le dije que me gustaría hacer un prólogo con él, me escaneó. Le dije que confiaba porque es un artista. Un día me manda unos audios y me dice “¿te parece que esto sea el prólogo?”. Los desgrabo y no cambio ni una coma porque interpretó lo que yo quería. En un momento le dije: ¿Qué te copó más? “Que hablaste con el Chorza (Juan Diego Incardona), ¿sabés todos los libros que podría hacer de mí?”. Ellos se veían todos los días durante cuatro años porque iban juntos a la escuela.

-¿Qué dato te sorprendió al hacer este libro?

-Yo no había llegado a ver el inicio de Viejas Locas como banda potente, fue cuando se dieron esta estrategia de repartir volantes, pegar afiches, escribir con aerosol las paredes, pegar stickers en los timbres. Esa estrategia los llevó a hacerse conocidos. Fue una estrategia del Pity. Decía que la banda era patrimonio de los barrios antes de hacerse conocida. Decía que los iban a ir a ver por las pintadas, pero no se van a ir porque el producto estaba buenísimo.

-¿Qué canciones le recomendarías a alguien que no escuchó nada del Pity?

-“El árbol de la vida”, “Tornillo eterno”, “Damelo”, cuyo mensaje es que hay que desprenderse de todas las instituciones que generan apego a la estética y normativa del capitalismo. Dice “algunos quieren todo el oro, yo solo quiero vagar con vos y ser una vieja loca vagando por las calles escuchando rock and roll”. “Homero” y “El árbol de la vida” también. De Intoxicados, “Como ganado”, una síntesis del 2001 porque palpó lo que estaba pasando en los barrios. “Se fue al cielo”, también “Nunca quise”, un tema que el tecladista, El burbuja, de quien Pity dice que nació armonizando, cuenta que cuando lo llevó a la sala todos dijeron lo mismo: este tipo es un genio, es la canción perfecta, tiene todo. Al último disco le tengo cariño personal porque es una síntesis perfecta entre Dios y el diablo.

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Emilia Racciatti

Periodista - Licenciada en Ciencias de la Comunicación - Letra P / Radio AM 530
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