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Editorial

Daniel Santucho Navajas: “El daño de no saber la verdad persiste y sigue causando violencia”

Nieto recuperado número 133, Daniel Santucho Navajas convirtió su experiencia, que es también la experiencia de un país, en un libro que descubre las contradicciones del tránsito hacia el momento en que recobró su identidad. “El daño de no saber la verdad persiste y sigue causando violencia”, afirma.
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Daniel Santucho Navajas nació el 10 de enero de 1977 en el centro clandestino de detención y torturas Pozo de Banfield. Su madre era la socióloga y docente Cristina Navajas y al momento de nacer tenía dos hermanos, pero todo esto no lo supo entonces, ni años después cuando tuvo conciencia y pudo manejar el lenguaje. Lo supo recién el 26 de julio de 2023, a los 46 años.

Hasta entonces festejaba su cumpleaños el 24 de marzo y desarrolló su vida creyendo ser otro, el hijo de un policía de la Bonaerense y su esposa, que tejieron una red de silencio, violencia y mentiras sostenida día tras día a lo largo del tiempo.

Recién en 2023, luego de un largo y doloroso proceso en que las dudas sobre su identidad se agigantaron a niveles intolerables, se contactó con Abuelas de Plaza de Mayo, se realizó una prueba de ADN a través de la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (Conadi) y supo que era Daniel Santucho Navajas.
También supo que tenía tres hermanos y un padre que lo buscaban hacía décadas, que había tenido una abuela que también lo buscó incansablemente a partir de una carta y que su madre, militante del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), había sido secuestrada por un grupo de tareas el 13 de julio de 1976 embarazada de dos meses en un departamento del barrio porteño de Villa Crespo junto a su cuñada Manuela Santucho y Alicia D’Ambra.

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«Lloré para despedirme de una historia larga y plagada de mentiras y lloré con emoción porque era testigo y protagonista de mi nacimiento, un nuevo nacimiento», relata Daniel en su libro «Nieto 133 Mi camino hacia la verdad» (editorial Planeta), sobre el momento en que accede finalmente a su identidad.

-Pedro Fernández Mouján: ¿Cómo fue la experiencia de escribir el libro?

Daniel Santucho Navajas: Yo ya estaba escribiendo para mí con la idea de poner en papel las sensaciones que tenía después de recuperar mi identidad y un primo, el periodista Diego Genoud, me acercó la propuesta de hacer un libro con mi historia de vida. Me interesó que quedara un registro de lo que había sucedido, mi historia era parte de la historia; quise poder indagar sobre situaciones que me venían solas a la mente en mi adolescencia e infancia: el modo con que se manejaron conmigo mis apropiadores, la manera como formaron en mí una personalidad insegura y dependiente de ellos.

Sabiendo la verdad, se ve todo más claro, y también queda claro cómo simulaban que yo era hijo biológico de ellos, remarcando cínicamente ciertos supuestos parecidos físicos; ellos no podían decir que yo era adoptado porque quizás yo hubiera querido saber por qué me había abandonado mi mamá biológica, el querer saber hubiera significado llegar a la verdad y la verdad era que ellos habían cometido un delito.

-En el libro señalás que la apropiación es un delito que los apropiadores cometen todos los días.

Mantener la mentira es todos los días y el daño de esa mentira se genera y se reproduce todos los días.


-Cuando vos decidís contactar con Abuelas eras padre y mencionás en el libro que la paternidad convirtió el tema de tu identidad en un tema que también afectaba a tus hijas.

Sí, en un momento yo confronto a mi apropiador y él me confiesa que no es mi padre. Dice una mentira, me cuenta que se había separado de la esposa, que luego se reconciliaron y que cuando se reconciliaron ella estaba embarazada. Eso que me dijo me permitió romper ese lazo que todavía podía quedar de afecto con él. Ahí entendí que lo único verdadero que tenía eran mis hijas, ni la familia en que nací, ni la fecha de nacimiento. Entender que esa mentira seguía en ellas fue lo que me impulsó a resolver la incógnita, pensar en el futuro de ellas fue mi motor para enfrentar la situación, porque cuando sos padre esa mentira sobre tu identidad se traslada a los hijos. Estaba en un estado depresivo, en un momento muy oscuro y dije «lo tengo que resolver no solo por mí sino por ellas». Poder llegar a la verdad era fundamental, fuera quien fuera.

-¿Y qué sucedió?

Cuando conocí mi identidad, el hecho de que hubiera un padre, tres hermanos, tíos, primos, que estaban y que habían estado buscándome por años es algo que me cambió la vida, tanto a mí como a mis hijas, nos permite compartir cosas que no teníamos. Si bien yo visitaba a mi apropiador, mis hijas no lo veían como su abuelo y hoy tener un vínculo con tíos que no tenían, con su verdadero abuelo, ir generando ese lazo de afecto, de cariño, es algo nuevo para nosotros. Compartir actos del colegio donde van los tíos son cosas que antes no estaban en la vida de mis hijas, momentos que no pudimos tener, momentos simples que pueden pasar en miles de familias que no teníamos y ahora disfrutamos mucho.

Los padres de Daniel, Julio César Santucho y Cristina Navajas. Y su hermano Camilo

-En el libro señalás que encontrar tu verdadera identidad fue un nuevo nacimiento.

Yo llegué de un lugar muy oscuro, era una persona muy insegura, aún como adulto, porque mis apropiadores se encargaron que fuera así: de chico no podía tener vínculos, nos mudábamos permanentemente, cambiaba de colegio y de adolescente tenía dificultad para relacionarme con los otros, como adulto era muy introvertido. Llegar a la verdad dio paso a que naciera una nueva persona, siento que soy un nuevo ser, sin esa carga de mentiras en que estuvo envuelta mi vida años y años. Tal vez tengo ahora algo que siempre tuve y no podía expresar pero cada día que pasa me siento más seguro de quién soy y qué quiero.

-Al contar tu vida relatás que tu novia, que después es la madre de tus hijas, ya en 2001 te sugiere recurrir a Abuelas en relación con las dudas que vos tenías con tu identidad, sin embargo es algo que no hacés sino 20 años después.

Había algo adentro que me empujaba, pero vivía una contradicción muy fuerte. Aun con muchas sospechas de que quienes decían ser mis padres fueran apropiadores sentía afecto hacia ellos. Por un lado tenía el apoyo de mi pareja pero me negaba a terminar de ver la cuestión, quería escapar de ese dolor. Había también un sentido de culpa muy fuerte, culpa de que ellos fueran presos. Romper con ese lazo afectivo es muy dificil, por eso entiendo los nietos que faltan recuperar, es muy duro. El daño psicológico que los apropiadores causan es muy fuerte y cuesta mucho hacer el proceso de descubrir la propia identidad. Me ha tocado compartir con otros nietos y a muchos nos llevó mucho tiempo todo el proceso y a algunos aun aceptar la verdad. Tampoco sé si a los 21 años hubiese podido afrontar todo lo que trajo consigo la restitución de mi identidad, poder relacionarme con mi familia actual como lo hice. Uno no tiene las mismas armas, es muy difícil, cada historia es diferente, el daño que se hace es muy fuerte.

-¿Las dudas sobre tu identidad pasaban por la apropiación?

Sí, lo asociaba con la dictadura. Crecí viendo cómo los que decían ser mis padres insultaban a las Madres y las Abuelas. Recuerdo a medidados de los 90 el caso de los Melli (conocios como Reggiardo Tolosa y que eran hijos de los miliantes montoneros Raquel Negro y Tulio Valenzuela), me acuerdo de estar viendo eso en la televisión, yo con la misma edad que los Melli, y la postura de ellos de mucho enojo y bronca con las Abuelas. Fue fuerte. Cuando llegan las dudas sobre mi identidad lo relaciono con una apropiación.

Daniel y su hermana Florencia.

Con su hermano Miguel

Con sus hermanos Miguel y Florencia y su padre, Julio César.

-¿Cuando recuperás tu identidad, cambia tu manera de pensar y tu ideología?

No tanto, siempre tuve mis ideas, lo que me permitió fue tomar acción. Yo estaba de acuerdo con las políticas de memoria, verdad y justicia pero no tenía la iniciativa, sólo lo veía, opinaba, tenía mi visión, pero no tomaba la iniciativa. El hecho de entender cómo fueron las cosas, qué me ocurrió, la historia familiar, la fuerza de mi mamá, el coraje de la búsqueda de mi hermano, de la lucha de mi abuela (Nélida Gómez de Navajas, fallecida, que fuera Abuela de Plaza de Mayo), son cosas que me despiertan la decisión de aportar desde mi lugar. Yo vengo a sumar al trabajo de Abuelas y lo hago desde el amor y con el corazón con el que me buscó mi abuela.

-Cómo ves el rol de los nietos ahora que las Abuelas están grandes.

Lo primero es cuidarlas al máximo, son muy importantes, la lucidez de Estela es muy clara a la hora de transmitir el mensaje, el ejemplo de ellas es el mayor ejemplo de valentía y decisión que podamos tener. Muchos nietos ya han tomado, hace tiempo, el compromiso de la búsqueda acompañando a Abuelas y tomando también acciones y decisiones respetando siempre la decisión de Abuelas. Tenemos que continuar porque nos faltan muchísimos nietos y nietas. Hay que hablar con los jóvenes también, sean estudiantes secundarios o primarios, porque ellos pueden ser la llave con la que sus padres concreten el esclarecimiento de su identidad. Si bien pasaron más de 40 años el daño de no saber la verdad persiste y sigue causando violencia.

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Pedro Fernández Mouján

Periodista. Durante los últimos veinte años trabajó en la Sección Espectáculos de la hoy desaparecida agencia de noticias Télam. Escribió la novela "Millas" (Beatriz Viterbo).
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