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Editorial

Coqui Ortiz: La canción como lugar sagrado

Con 54 años recién cumplidos y una actividad que se levanta contra crisis e invisibilizaciones, Coqui Ortiz prepara una nueva visita a Buenos Aires para compartir escenario con Cecilia Zabala mientras alista nuevos repertorios y ultima detalles de la segunda edición del encuentro Madre Canción que en julio próximo se ofrecerá en el marco de la Bienal del Chaco en la ciudad de Resistencia.
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Julio Alberto Coqui Ortiz reside en la capital chaqueña desde donde ha construido no solamente una obra musical que trasciende largamente esa geografía sino una actividad cultural que constituye una referencia regional y un modo de defensa y promoción de artistas locales que sirve de guía de acción para tiempos mejores y también para los actuales.

“Hay una frase que tengo anotada que es de Roberto Yacomuzzi, poeta y compositor pampeano que dice ‘me gano la vida con la música aunque me gane el pan de otro modo’. Entonces, yo lo que puedo toco, doy talleres y en un momento como este del país me ha tocado también ganarme el pan de otro modo porque trabajo con un material sensible que me hace feliz aunque no me dé para comer todos los días. Por eso también recurro a otra frase poética que tiró el Diego cuando dijo ‘la pelota no se mancha’ y que en el caso de la canción tiene que ver con preservarla de todo lo demás y la tarea es no pelearse con la música que es la que nos va a poner a salvo”, fundamenta el Coqui durante una conversación con Negras&Blancas.

Desde la ciudad de Resistencia y capaz de ponerle el cuerpo a esa premisa, el guitarrista, cantante y compositor no quiere quedarse quieto y por eso ya prácticamente cerró el proceso en torno a “Álbum de memorias”, su quinto disco lanzado en octubre de 2025 donde dejó plasmado un legado que hasta aquí era solamente oral y sobre el que resalta como “un material recontra conceptual que tiene que ver con mi lugar, con los maestros nuestros y por eso los músicos que participan, del primero al último, están sabiendo bien de qué se trata la historia y son todos parte de esa historia”.

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En cambio, colocar en la mira la decisión seguir creando y de no dejar de proponer nuevas confluencias y antes de viajar a Buenos Aires para reunirse el jueves 7 con Cecilia Zabala en la sala Hasta Trilce, el artista fundamenta la certeza acerca de que “lo único que yo nunca dejé de hacer es producir” y en la charla van asomando creaciones en solitario y otras piezas que lo vinculan con Jorge Fandermole, Teresa Parodi, Matías Arriazu, Luis Salinas, Liliana Herrero, Germán Kalber, Carlos “Negro” Aguirre, Germán Correa y Yamandú Costa, entre más, junto al repertorio que amasa con el terceto que comparte con Juan Mora en el piano y Julio Ramírez en acordeón o bandoneón.

Sobre la primera horneada de canciones, Coqui comenta: “Ahora hay una serie de canciones a las que voy a ir grabando en el formato del trío, la mayoría son mías pero otras también con textos del poeta  

Germán Correa. Son temas que siempre llevé conmigo pero que no grabé y que ahora me propongo registrar”.

-¿Entre algunas de esas novedades se contará “Sonidos”, un tema que subiste a tus redes por el 50° aniversario del Golpe de Estado y que cuenta la historia de un militante político detenido-desaparecido?

-Sí, seguramente la grabe con algún invitado como parte de un muestrario de otras tres o cuatro canciones testimoniales que también refieren, por ejemplo, a Malvinas u otras historias de gente conocida que de algún modo me conmovieron.

-¿Cómo se fue conformando esa paleta de colaboraciones con artistas tan diversos?

-Es un proceso que se dio a lo largo de los años como fruto de toda la gente que me fui encontrando en el camino y al que ahora quiero darle un formato con nuevas versiones con personas invitadas para ser grabadas. Es algo que nunca hice y que siento que me debo.

Fijate que con Fander nunca grabé una canción y ahora quiero que grabemos “Patria de los ríos”, hay otro par que hicimos con Teresa, volver a juntarme con el “Negro” que siempre estuvo presente como en el disco con Aledo Meloni (“La palabra echa a volar en el canto”, de 2014) y grabar con Liliana, con Luis Salinas que aún antes de que yo sacara un disco (por “Coqui Ortiz en grupo”, de 2002) fue de los primeros que me confió una música para que yo le ponga letra que fue “Para Corrientes y el Chaco”. Y la lista sigue porque son un montón y la idea es ir haciendo de a poco.

-¿Por qué sentís que es el momento de dejar testimonio de esas creaciones?

-Son tiempos difíciles para andar tocando y eso se nota en todos lados por la escasez de lugares y de recursos para movernos en un país como el nuestro, tan extenso, tan costoso. De pronto todo bajó a la mitad y como se complica para andar tocando, el hecho de producir nos hace felices y nos sostiene. Tengo un montón de material que no di a conocer y me parece que es el momento de mostrar estas dos propuestas: Por un lado las canciones con el trío y por el otro estos cruces con artistas, con compañeros y compañeras.

-Por poner solamente dos ejemplos, con Fandermole te encargaste de la música y en el caso de Salinas hiciste las letras ¿Cuál de los dos aspectos de la composición disfrutás más?

-Las dos cosas me gustan porque son como procesos distintos, pero a la vez, bueno, yo siempre estoy pendiente de ambas y en los talleres que por ahí armo y que llamo carpintería de canciones porque siempre se me queda la imagen de lo que era la carpintería de mi viejo. Ese lugar donde se tienen herramientas, retazos, muebles que va construyendo y así un poco sucede con las canciones. Yo tengo un banco de retazos a los cuales de vez en cuando les pego una revisada y las ideas que dejé anotadas por ahí resurgen. A veces alguien dice algo o alguien me cuenta algo y lo anoto porque la idea en sí ya es poética pero después hay que desarrollarla y ese trabajo a veces lleva tiempo. Ahora, en estos días, hay un enorme músico como Yamandú Costa que estrenó “Mañana”, que es una de las tres canciones que compartimos y que, aunque él se destaca como ejecutante de guitarra de una dimensión extraordinaria y sus conciertos son totalmente instrumentales, quiso cantarla en el marco de una gira por Estados Unidos.

-¿Para sostener semejante producción recurrís a algún método que ordene el trabajo?

-No, eso siempre es caótico. Voy estando conectado con lo que va surgiendo y para eso me tomo algún momento del día pero me resulta imposible proyectarlo. Así que en cuanto tengo un hueco le meto y si las cosas surgen es porque existe como una conexión, una mirada puesta en eso, en las ganas de crear.

-¿Algo de esas experiencias aparecen en Madre Canción?

-Sin duda. Pero también la decisión de juntarse y proponer proyectos culturales, por eso hace unos años iniciamos Madre Canción que en su base está funcionar como una escuela abierta. Así que dentro de este panorama y dentro de lo que es ganarse el pan de cada día, construimos estos espacios a 1.000 kilómetros de Buenos Aires en este país federal que nunca terminó de suceder del todo, pero por suerte tuvimos la enorme oportunidad de integrarnos a lo que es la Bienal del Chaco y en 2024 pudimos hacer nuestra primera edición en ese contexto e hicimos un encuentro hermoso que trataremos de replicar en julio próximo.

-¿De qué se trata la Bienal y cómo funciona este espacio musical en ese marco que se desplegará entre el 17 y el 26 de julio?

-La Bienal, con su eje en la escultura (con su tradicional concurso internacional, la presencia de invitados, muestras individuales y colectivas y un certamen para estudiantes de arte, entre más) es considerada como una de las de mayor prestigio en el mundo del arte y en ese contexto donde también habrá artesanías, feria y un festival filarmónico, tenemos un lugar donde sucede Madre Canción.

La verdad que es una cosa de locos poder hacer esto en este momento, en este mundo, en este país, con todo destruido en todos lados y donde otra vez retrocedimos 25 casilleros, y lo encaramos desde una provincia que siempre se destacó por la pobreza, por la falta de un montón de cosas.

Allí vamos a estar haciendo actividades junto con la Universidad de la Cuenca del Plata y otras actividades propias reuniendo a músicos con profesores de filosofía, psicólogos, historiadores porque la canción no es letra y música, es el pensamiento, es la historia y siempre está atravesada por todo eso. Así que no es el escenario, no es una clínica cerrada para músicos, sino que es conversar sobre a lo que nos lleva cada canción y mencionar autores, libros, temáticas. Cosas que nos puedan conmover para que después veamos cómo la contará cada quien con la técnica que tenga, con los recursos que tenga.

Viaja para armar “Paisajes” junto a Cecilia Zabala

El próximo jueves 7 desde las 21, el Coqui bajará hasta Buenos Aires para instaurar sobre el escenario de Hasta Trilce unos “Paisajes” que pintará junto a Cecilia Zabala.

Desde la autoría, la guitarra y la voz, la dupla mostrará en su primera reunión las maneras en que aborda la canción, un territorio sobre el que ella visitará básicamente el repertorio de “Sagrado rito”, su octavo disco de estudio publicado en 2025.

“Con Cecilia nos conocemos hace muchísimos años y a mí siempre me sorprendió mucho el modo que tiene ella de armar las cosas y de armonizar y está buenísimo compartir, poder tocar algo juntos y escucharnos el uno al otro también”, comenta Ortiz sobre la presentación en la sala sita en Maza 177 del barrio de Boedo.

Desde esa voluntad, añade que “el desafío es intentar acercarse desde la música porque conversar y compartir desde cada lugar es algo siempre bellísimo y cada encuentro te deja esas horas compartidas para lo que después pueda suceder en tres minutos en una canción”.

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Sergio Arboleya

Sergio Arboleya es periodista. Se desempeñó como editor de Espectáculos en la Agencia Télam y es autor de los libros “La Trova Rosarina” (1998) y “No pienses que nos perdiste” (2024). Integró el colectivo que entre 2006 y 2015 realizó la revista Devenir e integra el grupo que a partir de 2017 hace el programa “Después de la Deriva” en Revuelto Radio.
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