“La crisis causó 2 nuevas muertes” fue el escalofriante eufemismo con el que el diario Clarín puso en su portada el operativo de cacería y represión con el que fuerzas nacionales y bonaerenses enfrentaron una movilización de organizaciones de trabajadores desocupados el 26 de junio de 2002. Hubo un criminal saldo: los asesinatos de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán. Cuatro años más tarde, aquel título y provocación les sirvió a los jóvenes cineastas Patricio Escobar y Damián Finvarb para poner sobre el tapete los mecanismos del encubrimiento.
Desde su lanzamiento, el documental caló hondo en audiencias sensibles y conscientes, hasta tuvo sus instantes de gloria televisiva oficial al ser referido para poner en evidencia el “descubrimiento” del gobierno kirchnerista acerca del axioma “Clarín miente” y, al margen de esos episodios, sigue caminando como referencia y muestra de un entramado de impunidad para que nada cambie.
Casi dos décadas más tarde y lejos de cualquier comodidad o especulación política y partidaria, la dupla autoral retoma aquella masacre que pone en cuestión –una vez más- la más honda formalidad del funcionamiento del sistema democrático en pos de profundizar en los responsables políticos del suceso.
Pero, además, la película se completa no solamente con la denuncia sobre el estado de la causa judicial con apenas dos condenados sino con una paleta de voces militantes que sirven para desentrañar cómo pasamos de esa sociedad activa, demandante y propositiva a un gobierno de ultraderecha.
En conversación con Negras & Blancas acerca de la propuesta cinematográfica y política presente en “La crisis causó 2 nuevas muertes–Segunda Parte” que completa su propuesta con la leyenda “Planificación y consecuencias de la Masacre de Avellaneda”, uno de sus realizadores, Patricio Escobar, comenta que “lo que me gustaría a mí es que esta sea una película para futuras militancias”.
Capaz de desarrollar esa premisa, el también autor de “¿Qué democracia?” (2013), “Sonata en Si Menor” (2014), “Bienaventurados los mansos” (2017), “Antón Pirulero” (2018) y “Bufones de la risastencia” (2021) apunta: “Quiero que la película se vea y que sirva para para leer el pasado y cómo estamos parados ahora. Como estuvimos parados hace 20 años atrás y cómo estaríamos parados más adelante. Para mí es importante el planteo de que es necesario salir a las calles luchar porque desde arriba no se va a cambiar nada”.
Satisfecho por el recorrido de aquel filme inaugural reflexiona con una sonrisa que “fue muy importante para nosotros por la repercusión que tuvo hasta transformarse casi en una película de culto que superó nuestras expectativas aunque mediáticamente se siga hablando de ‘enfrentamiento’ cuando hay una represión”, el periodista y realizador apunta que esta segunda entrega “terminó quedando como un diálogo de la militancia”.
En ese trayecto final del capítulo II de “La crisis…” se reúnen testimonios de Alberto Santillán (padre de Darío), Emilio Pérsico (líder del Movimiento Evita), Nicolás Salas (militante del FOL y Marabunta), Luis Zamora (referente de Autodeterminación y Libertad) y de los exmilitantes del MTD como Mariano Pacheco (de Almirante Brown) y Pablo Solanas y Luis Zalazar (ambos de Lanús), para intentar responder a la pregunta que Patricio formula en voz alta al decir “¿qué fue lo que pasó para pasar del clima social de 2001 a este gobierno de derecha?”.
Al respecto y puesto a explicar la presencia de Pérsico –que no aparecía en la primera parte- en ese panel, indica que “él no estaba en el 2001 ni en la Masacre de Avellaneda, pero es como la parte más clara de cómo el movimiento piquetero se institucionalizó y siendo dependiente del Estado terminó siendo uno de los más grandes y más convocantes”.
En el tramo inaugural del filme de 77 minutos, en cambio, desfilan funcionarios nacionales y bonaerenses de la época, entre ellos el presidente Eduardo Duhalde, el gobernador Felipe Solá, el jefe de Gabinete Alfredo Atanasof, el ministro del Interior Jorge Matzkin, el secretario de Seguridad Interior Juan José Álvarez, el subsecretario de Seguridad bonaerense Marcelo Sain y el intendente de Avellaneda Oscar Laborde.
Entre ambos segmentos las voces de Claudio Pandolfi, abogado de las víctimas, y del periodista Claudio Mardones completan una paleta nutrida que conecta los crímenes, el espíritu asambleario de comienzos de siglo, las derivas políticas entre Néstor, Cristina, el macrismo y la gestión Fernández, hasta llegar a la actualidad con la hegemonía de Milei.
Con edición y sonido de Finvarb, cámara de los directores junto a Guillermo Guevara, Teo Escobar y Carolina Fernández y música de Nahuel Prado-Juan Pablo Martini, el documental se estrenará el próximo jueves 31 y durante agosto también podrá verse los días 1, 2, 3, 9, 15, 16, 17, 30 y 31, siempre a las 19.30. Con localidades a $6.000, las funciones serán en La Usina Mutual Cultural, ubicada en Santo Domingo 2752 del barrio porteño de Barracas, un ámbito autogestivo e independiente, conformado por artistas, docentes y gestores culturales que se encuentra en lucha por la devolución de horas cátedra recortadas, actualización salarial y restitución de talleres eliminados por la gestión local del Ministerio de Cultura.

Represión planificada y pérdida de agenda
-¿Cómo sentís que dialoga el dispositivo desplegado entonces en el Puente Pueyrredón con el consenso social del que goza la política represiva de Milei-Bullrich?
-En cuanto al apoyo que otorga la sociedad, tiene que ver con una derechización que nos pone muy lejos de lo que era el grito “piquete, cacerolas, la lucha es una sola”, los piqueteros molestan y se volvió a instalar el discurso del orden que implica darle palo a la población que se manifiesta. Pero cuando el gobierno se vea acorralado probablemente pueda llegar a desatar una represión como aquella, algo que ya vimos un poco con lo que le sucedió al fotoperiodista Pablo Grillo.
-¿Con qué sensaciones te quedaste al final de cada de una de esas entrevistas con los representantes del staff político y gubernamental de 2002?
-Si uno ve las dos películas, queda claro que hubo una planificación para un escarmiento, para meter miedo y tratar de bajar la conflictividad en las calles tal como lo estaba pidiendo el FMI y la embajada de Estados Unidos y, de paso, armar una jugada fuerte para hacer que Duhalde pudiera mantenerse en el poder. Y después tenían la pata judicial para hacerles juicio por sedición a todas las cabezas del movimiento piquetero.

Patricio Escobar
-¿Cuánto del modo de construcción y acumulación política del kirchnerismo en relación a los movimientos sociales explica el desembarco de Milei en el gobierno?
-Evidentemente Milei llega a la presidencia no solamente por ese factor, pero nosotros sí vemos que hubo una desmovilización en el campo popular en cuanto a tener una agenda, en cuanto a generar políticas propias, en cuanto a construir relaciones humanas diferentes. Como dice Nico Salas se pasó de estar organizados en asamblea a administrar recursos del Estado y eso generó más un engorde que una concientización política para el cambio social y para debatir eso es que hacemos la película también. Para ejemplificar ese cambio de subjetividad me remito a los casi seis millones de kilos de comida que el Ministerio de Capital Humano tuvo guardados en depósitos de Villa Martelli y Tafí Viejo, algo que de haberse dado en 2001 hubiera implicado una movilización organizada para tomar esos alimentos y ahora apenas hubo una marcha del sector de Juan Grabois rodeando el galpón bonaerense.
