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Editorial

Santiago Torricelli: “Hay una alquimia que llamamos música”

Del teatro al disco: “Para lo invisible”, el álbum del trío conformado por Santiago Torricelli, Flor Bobadilla Oliva y Titi Chiappero, se presentará el viernes 31 de octubre a las 20 en el Centro Cultural Borges. Gratis en Viamonte 525.
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La música de cámara, la canción popular, el universo de lo escénico, la voz femenina, el piano, el violonchelo y la palabra, se enlazan de un modo etéreo e inspirado en “Para lo invisible” (Shagrada Medra, 2025), nombre del flamante álbum que el trío integrado por el pianista y compositor Santiago Torricelli, la cantante Flor Bobadilla Oliva (voz) y la violonchelista Titi Chiappero. Se presentará este viernes 31 de octubre a las 20 en un concierto gratuito que el grupo ofrecerá en el Centro Cultural Borges, en Viamonte 525 de la Ciudad de Buenos Aires.

Después de haber estrenado su versión teatral el año pasado con funciones en el Portón de Sánchez, esta obra conceptual llega a escena desde su faceta puramente musical y poética, algo que Torricelli, según contó en charla con Negras&Blancas, vive “con mucha expectativa y agradecimiento”.

“Para lo invisible” propone un viaje sonoro onírico en 10 canciones que marcan la continuidad de la inagotable búsqueda del artista y docente oriundo de Chivilcoy (Torricelli), quien conforma este terceto junto a dos intérpretes talentosas que potencian su vuelo creativo.

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“Es el trabajo de muchos años, verlo crecer y tomar nuevas formas nos da la sensación de que siempre está naciendo algo nuevo. El material original fueron las canciones, pero inmediatamente nació la obra escénica”, dijo en relación a la puesta que contó con coreografía de Carla Rímola y Laura Figueiras, quienes además fueron intérpretes y colaboraron en el arte de tapa.

“Compartir este viaje con la danza resignificó todo. Carla Rímola y Laura Figuieras se ocuparon de toda la puesta y la interpretaron junto a Carmela Rodríguez” -indicó-.

Santiago Torricelli

“Pienso que el haber pasado por esa experiencia nos ubica en un lugar distinto como músicos. Parte de esas sensaciones quedan impregnadas en el cuerpo”, dijo Torricelli, egresado de la Universidad Nacional de las Artes (UNA), donde es docente de las materias Piano y Música de cámara desde hace 18 años.

A lo largo de su camino, el pianista desarrolló sus tres facetas, una vinculada a la música académica y otras dedicadas a la música popular y la música para las artes escénicas.

En 2015 formó el Ensamble y editó el álbum “Cercanía” (2018), además cofundó la agrupación Vuela Chiringa en 2016, donde se desempeña como pianista, compositor y arreglador. Editaron los álbumes “Tonadí“(2019) y “Coplas para el Azar” (2023).

Recibió la beca de la Academie Nazionale de Villecroze para perfeccionarse en el repertorio camarístico para canto y piano (Francia, 2009) y realizó presentaciones en Argentina, España e Inglaterra; en paralelo trabajó en música para teatro y danza con directores como Juan Onofri Barbato, Juan Pablo Gómez, Carla Rímola y Laura Figueiras, entre más.

Ahondando en el significado que tiene para él la concreción de este trabajo, Torricelli dijo que es “especial” porque condensa muchas de sus búsquedas, y destacó la admiración que siente por sus compañeras de trío: la música y actriz misionera Flor Bobadilla, quien viene construyendo un camino propio desde la investigación de músicas populares del mundo y la violonchelista Titi Chiappero, egresada del Instituto Superior de Arte del Teatro Colón, discípula del maestro Stanimir Todorov, y que actualmente se desempeña como Profesora de violonchelo en el conservatorio “Astor Piazzolla” en el nivel superior.

“El codo a codo con Flor y Titi no empieza en el primer ensayo, empieza muchos antes -contó-. Ellas traen su propio universo, que no deja de alucinarme, y esa identidad traza un camino en cada canción. Fundamentalmente yo pienso que sólo en la instancia interpretativa, cuando las canciones entran en contacto con el aire, aparece esa alquimia que llamamos música. Sólo entonces se revelan verdades y aparecen nuevas preguntas. La música, si está sólo en el papel, ¿existe?”

En este trabajo, el trío busca conectar lo invisible con lo visible, el mundo del sueño y el de la vigilia, a partir de un universo sonoro sugestivo, y una poética -es la primera vez que Torricelli escribe las letras de sus canciones- e interpretación que acompañan ese espíritu.

“Por un lado es mi primera incursión en el mundo de la palabra, puedo reconocerme como un buen lector pero nunca había tenido una relación muy fluida con la escritura. En este proyecto encontré el cómo. La música de cámara, la canción popular, la voz femenina, el violonchelo la palabra…tengo unos aliados hermosos”, indicó.

–    Un tono onírico atraviesa esta obra conceptual. ¿Cómo la describirías si tuvieras que hacerlo? ¿Cuál es para vos su principal hilo conductor?
ST: Tomo lo de onírico porque es central aquí. En clave poética, esto es un elogio de las cosas que nos conforman pero que no responden ni a lo material ni a la primera conciencia. El mundo de los sueños es tan importante aquí justamente porque no está dentro de los dominios de la razón. Los sueños, los recuerdos que se confunden con la imaginación, las emociones, los símbolos, esa es la materialidad de esta obra.
El hilo conductor existe, claro, pero necesitamos imaginarlo. Si no damos lugar a la imaginación del que recibe, todo esto sería una contradicción.
Sólo diré algo sobre lo que hay consenso absoluto. La clave está en la primera canción: “Caminante”. Aquí hay un personaje que inicia un viaje. Un viaje interior, por supuesto, por ese lugar de la existencia que llamamos “Lo invisible”

¿Cómo lograron esa sonoridad tan propia donde tanto el piano, como la voz y el cello tienen un lugar importante?
ST:
La equidad entre las partes es la regla de oro de la música de cámara, y esta música no escapa a esa condición. Estas canciones no son arreglos para trío, sino que fueron concebidas de ese modo. Es decir, los tres instrumentos están al servicio de una idea. Hay un poema, luego la melodía de la voz debe dialogar con ese color poético. Y lo mismo con los instrumentos, yo no concibo el rol del piano y el cello como acompañantes, si no que mi intención es que construyan sentido junto con la voz.


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Romina Grosso

Periodista - Porteña - Cantante en Piraña
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