En el tango no todo se toca como está escrito ni todo se escribe como suena. Antiguo misterio que ha obsesionado a músicos argentinos y de todas partes. Con ánimo divulgador y la certeza de que compartir es mejor que esconder -a contramano de cierta costumbre del género en su tiempo dorado-, Anahí Melendez y Katharina Deissler publicaron el libro “Los solos de violín en el tango”, con la intención de quitarle al toque del tango la falsa atracción de un enigma innecesario, aplicado a uno de los instrumentos que están en su raíz histórica. El resultado de ese trabajo ahora es accesible para todos.
“Los solos de violín en el tango”, editado por Mil Campanas, incluye más de 80 transcripciones de grabaciones de solos emblemáticos del tango. Hay una aproximación a al sonido de músicos que ya no podemos escuchar que puede ser apreciada por músicos profesionales pero también por tangueros con buena oreja. Se encuentra disponible en www.milcampanas.com.ar
“Está bueno recordar, y de hecho es algo que nombramos en el libro, que nada reemplaza a la imitación por escucha -destacó Melendez-. Escuchar a los grandes del género y tratar de imitarlos, tocar encima y desgrabarlos, ya es un aprendizaje enorme en sí mismo y es un poco la esencia de una música que se concibió y se reconoce a sí misma como popular. Como esa gente ya no está entre nosotros, nos quedan sus grabaciones. Ese fue nuestro punto de partida”.
Nacida en Mar del Plata y radicada en Buenos Aires desde 2016, Anahí es egresada de la Licenciatura en Música por la Universidad de las Artes; y es violinista en diversas agrupaciones de tango y música clásica. Además sostiene una intensa labor docente: da clases para niños y adultos en espacios con impronta socioeducativa y en contexto de encierro.
“Este libro puede servir para diferentes búsquedas, según el recorrido o la mirada de cada instrumentista u oyente”, apuntó Katharina Deissler, quien nació en la Selva Negra, Alemania, y vive en Buenos Aires desde 2014. Dirige e integra diferentes proyectos de tango como la orquesta Cuerdas del Plata y el cuarteto de cuerdas Azabache. Es violinista de la Orquesta Estable del Teatro Colón, y desde 2023 está a cargo de la materia “Violín tango” en el ciclo superior de la Escuela de Música Popular de Avellaneda.
“Los solos de violín en el tango”, contiene una edición con más de 80 partituras de solos de violín, biografías de los máximos exponentes del instrumento de la historia del tango (Antonio Agri, Elvino Vardaro, David Díaz, Hugo Baralis y Enrique Camerano, entre otros); y presenta un libro con los recursos del instrumento (como adornos y fraseos graficados con ejemplos que descubren sus formas escritas) para que cuando llegue el momento de que “cante” el violín, el intérprete tenga a mano herramientas y se abra a un amplio abanico de posibilidades sonoras para embellecer ese pasaje de la pieza, ese momento único en el que el violín es protagonista.
“No pudimos nombrar ninguna mujer referente del violín en el tango. Siguen siendo pocas las mujeres que dirigen grupos, que arreglan o componen música. También hay pocas bandoneonistas y pocas guitarristas, por ejemplo. Se nota que todavía hay algunos bastiones que son más difíciles de conquistar y que nos va a llevar un buen tiempo más”, explica Deissler.
“Anahí Melendez y Katharina Deissler abordan una tarea gigantesca y fundacional: analizan en detalle los estilos solísticos de los violin Creo sinceramente que este libro se convertirá en un hito para todos los violinistas que decidan emprender un camino en el género. Y para aquellos que ya hemos dado algunos pasos, será un refugio querido donde conversar con las voces más admiradas y, en ese diálogo, amarlas todavía un poco más”, afirmó Ramiro Gallo, uno de los grandes violinistas de la escena contemporánea.
El libro se presentará el sábado 15 a las 18 en el teatro bar Hasta Trilce (Maza 177), en el barrio de Boedo. Entrada gratuita.
Romina Grosso: Si bien el libro se centra en una época en la que el tango como género ya se había desarrollado, ¿podrían describir cómo se fue incorporando el violín al tango, siendo un instrumento muy propio de la música clásica?
Anahí Melendez y Katharina Deissler: El violín estuvo presente en el tango desde sus inicios, a fines del siglo XIX, junto con instrumentos como la flauta traversa y el arpa, todos provenientes de la tradición académica europea, una de las principales influencias del género. Incluso el bandoneón, hoy símbolo del tango, llegó desde Alemania, donde se usaba como órgano portátil en música sacra.
A medida que el tango fue consolidando su identidad —primero en los tríos, luego en los sextetos y orquestas típicas—, el violín incorporó recursos propios de la música popular: por ejemplo las articulaciones rítmicas que fueron necesarios para darle su carácter bailable (siendo el tango una música de baile que no lleva instrumentos de percusión), efectos como el arrastres y los glissandos (imitando otros instrumentos o la voz humana) y los fraseos que vienen del hablar de los porteños.
RG: ¿Piensan que este libro ayuda a acercar al estudiante a la música porteña y a descubrir algunos de sus secretos?
AM: Vamos a ver qué dicen las devoluciones cuando el libro empiece a girar pero sí, espero que le acerque algunos yeites al estudiante de tango o que al menos despierte la curiosidad en ver por dónde viene la mano. Si bien personalmente vivo el libro como un fenómeno más musicológico que didáctico, inevitablemente tiene su faceta educativa, ya que hay mucho detalle y mucha explicación atrás de cada recurso que aparece nombrado en el libro.
KD: Esa es toda mi esperanza. Porque el libro nació, en realidad, de la práctica. Tocar tango hoy en día significa relacionarse con una música a la que tenemos acceso sobre todo a través de grabaciones, y algunos pocos videos. Nuestra generación nunca tuvo la posibilidad de escuchar las grandes orquestas en vivo ni de aprender tocando al lado de esos maestros. Entonces buscamos refugio y referencia en los registros que dejaron. Hay un trabajo de escucha e imitación que es el puntapié para nuestra propia interpretación: esa es la fuente que nos nutre y que nos enseña.
En eso estamos todos los y las entusiastas del tango: lo hacemos de manera individual, en los ensambles. Sin embargo, el solo es el momento en que tenemos la posibilidad de expresar algo muy propio, muy individual. Es un trabajo más bien en soledad. El libro es una manera de compartir ese trabajo en soledad, ¿no? De pensar las herramientas de un modo más teórico, por un lado, para dar ideas y para pintar un panorama lo más completo posible (aunque sabemos que nunca puede ser del todo completo), y por otro, de compartir muchos de los descubrimientos que fuimos haciendo en ese camino, para que otras personas también puedan apreciarlos, descubrirlos y usarlos en sus propias interpretaciones.

Anahí Meléndez.
RG: ¿Qué representa en su camino la publicación del libro “Los solos de violín en el tango”?
AM: Para mí representa algo impensado, no fue algo planeado con antelación ni es el producto de un sueño a cumplir. Nunca me imaginé que fuera a hacer esto y en parte se lo debo a mi compañera Katha, que es una persona muy inquieta y siempre mantuvo la llama encendida. El proceso fue muy largo y cansador, y por momentos se perdía el foco y era difícil mantener el entusiasmo a la orden del día. Personalmente lo vivo con mucha humildad y sin expectativa pero con curiosidad por ver cómo va a ser recibido el material.
KD: Es una confluencia entre varias cosas: por un lado, una curiosidad personal, tal vez una leve tendencia a obsesionarme; y, en eso, haber encontrado una compañera que se entusiasme de la misma manera, con quien formamos un equipo que funcionó demasiado bien. Tan bien, que las cosas se fueron dando hasta la publicación de un libro, algo que no estaba previsto ni soñado al principio. Para mí, ese fue el motor que siguió dándole cuerda al proyecto todos estos años: el placer de pensar y repensar juntas conceptos e ideas, las ganas de discutir sobre términos y detalles, de compartir la escucha y el disfrute de una música tan rica. También la necesidad de bibliografía que empecé a notar en mi trabajo como docente: es llamativo lo poco que hay todavía escrito sobre el género, aunque cada vez haya más grupos y espacios para aprender.
RG: ¿De alguna manera este libro es la concreción de algo que comenzó a partir de la curiosidad de dos violinistas amantes del tango y terminó convirtiéndose en un material específico e importante para los ejecutantes de este instrumento que emprenden un camino en el género y un lugar de consulta o de “refugio”, como expresa Ramiro Gallo en el prólogo, para los más experimentados?
AM: Bueno sí, así fue como comenzó, a partir de nuestra propia curiosidad. ¡Lo que no sabemos es cómo sigue! La verdad espero que el libro resulte un material útil y de consulta tanto para violinistas como para músicos y tangueros en general.
KD: Me parece que no somos nosotras quienes tendríamos que decir si es importante o no. Creo que el libro reúne mucha información para personas que comparten las mismas curiosidades que nosotras, y que tiene distintas capas: por un lado, materiales más básicos que intentamos ordenar de una forma que sea útil en la práctica, para quienes todavía no se metieron tanto en el tema; y, por otro, detalles muy específicos para los más apasionados, para comparar, sumar, recordar… Porque en realidad no hay una única manera de entender estas cosas. Es una propuesta que, de algún modo, sigue en proceso, y seguramente va a seguir creciendo con el tiempo. Pero puede servir como punto de partida para diferentes búsquedas, según el recorrido o la mirada de cada instrumentista y persona que esté interesada en el tema.
RG: ¿Cuál fue su principal objetivo cuando empezaron a armar el libro? ¿Qué fue lo que más las sorprendió en el proceso de investigación?
AM: Cuando vimos que teníamos tantos solos desgrabados pensamos que teníamos que hacer algo con eso. Guardarnos todo ese material la verdad que iba a ser una actitud un tanto egoísta. Y ese fue el principal objetivo al armar el libro, compartir el material. Cuando decidimos que eso iba a ser así, ahí empezaron los problemas (risas). Todo se hizo mucho más complejo porque nos dimos cuenta que teníamos mucha data para ordenar y clasificar más allá de publicar un cuadernillo con las transcripciones. Y personalmente eso fue lo que me sorprendió. Toda la data que estaba oculta “detrás” de las partituras y que de alguna forma pudimos vislumbrar.
KD: La idea del libro fue apareciendo con el tiempo. Al inicio estaba la investigación que compartimos, el material que surgió de ahí y las preguntas que nacieron a partir de ese material, y que nos fueron llevando a seguir escuchando y pensando. Así fue creciendo tanto el volumen del drive que compartíamos como la dimensión que empezó a tomar el proyecto.
En un principio había surgido la idea de dar un taller para compartir el trabajo con otros y otras violinistas que tuvieran ganas de discutir y escuchar. Lo hicimos en Capital y en Rosario. Esos fueron momentos súper enriquecedora, porque nos ayudaron a ordenar el material y a pensarlo de una manera más didáctica. Y, por otro lado, porque nos retroalimentaron muchísimo: surgieron ideas nuevas e inspiraciones en el momento mismo de compartir. Cada persona percibe distinto, escucha distinto, interpreta distinto. Compartir es una forma de aprender de esas diferencias y expandir las propias ideas. Creo que eso fue lo más sorprendente: ver cuán diferentes pueden ser nuestras percepciones, cómo incluso la nuestra cambia todo el tiempo, y cómo los conceptos no son certezas ni conclusiones fijas, sino ideas en movimiento.
RG: ¿Cómo viven hoy el momento de “el solo”? ¿Qué cambió en su interpretación o en su visión después de haber analizado y tocado los solos de los estilos del tango desde el 30 y hasta los 80?
AM: Bueno, me parece que lo lindo es vivir ese momento lo más libremente posible y sin presiones. Lo que me dejó todo este trabajo es una paleta de colores y herramientas muy amplia pero que no siempre elijo usar. Tiene mucho que ver también el estilo del tango que haya que tocar y ver primero qué propone la música, antes de usar yeites por el solo hecho de usarlos.
KD: Pienso en dos aspectos. Por un lado, mi trabajo personal hoy pasa por soltar un poco el trabajo técnico y analítico, para acercarme a la interpretación de una manera más lúdica e intuitiva. No quiere decir olvidarse de todo lo que hicimos para el libro —eso está ahí, está incorporado—, pero sí dejar de “sobrepensar” la música, dejarla fluir y sentir hacia dónde me lleva el contexto musical, su clima.
Y, por otro lado, también aprender a relajar un poco con ese entusiasmo de querer usar todas las herramientas que descubrimos para cada solo. A veces menos es más. Solo hay que saber elegir bien.

Katharina Deissler.
RG: ¿Cómo creen que influyen en los músicos actuales todos los trabajos de sistematización y transcripción que se vienen haciendo en el tango?
AM: Bueno, según como cada uno viva el aprendizaje y la práctica de la música. La verdad pienso que hay trabajos muy útiles y valiosos dando vueltas y como pasa con todo supongo que habrá gente que tome nota de eso y otra que no. Creo que cuanto más laburo se sume, mejor, ya que a medida que pasa el tiempo vamos quedando cada vez más lejos de los orígenes y siempre está bueno rescatar, recordar y readecuar.
KD: Es que hay muy poca bibliografía, y la que se publicó en los últimos años es oro para los músicos. Yo misma me he basado en ella tanto en mis estudios personales —como violinista y arregladora— como también en mi trabajo docente. Para nuestro libro fue indispensable: tanto el de Ramiro Gallo como el de Julián Peralta fueron referencias fundamentales. Porque acá nadie inventa nada; se trata de construir conceptos juntos, de adaptarlos y repensarlos. Y creo que esa poca bibliografía que existe es indispensable para cualquier músico que quiera ir un poco más a fondo. No reemplaza el trabajo de ensayar en ensamble, ni las horas de escucha, de arreglo o de estudio personal, pero son una fuente valiosísima de información, de pistas, una guía de escucha. Además, es un trabajo que ya fue hecho de manera muy seria y apasionada.
RG: ¿Qué rol ocupa la mujer hoy en el tango?
AM: Hay un montón de instrumentistas, compositoras, cantantes, letristas y gestoras dando vueltas y haciendo cosas muy valiosas. Desde hace un tiempo ya, han florecido cantidad de grupos de tango en general y muchos de ellos con protagonistas exclusivamente mujeres.
KD: Fue cambiando bastante en todos estos años desde que llegué al país y al género. Hoy hay muchas excelentes cuerdistas de tango, mientras que en el libro no pudimos nombrar ninguna mujer referente. Al mismo tiempo, siguen siendo pocas las mujeres que dirigen grupos, que arreglan o componen música. También hay pocas bandoneonistas y pocas guitarristas, por ejemplo. Se nota que todavía hay algunos bastiones que son más difíciles de conquistar y que nos va a llevar un buen tiempo más.
RG: ¡Podemos decir que en el libro exponen la importancia que tiene la historia para innovar o ir hacia adelante?
AM ¡Espero que sí! (risas). Creo que siempre está bueno volver a las bases, a los orígenes, ya sea para visitar por puro gusto o cuando perdiste el foco.
Creo que nadie desarrolla una voz o lenguaje propios de la nada. Quieras o no siempre estás influenciado por un otro y cualquiera sea el desarrollo que haya tenido el género en todo este tiempo, no puede negar sus raíces.
KD: Definitivamente. No podemos pretender alimentar un género sin conocerlo.
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