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Editorial

Marta Gómez: “Ante la desazón hay que seguir cantando”.

La cantautora colombiana regresó a la Argentina en septiembre para dar cinco conciertos y hacer un documental. Aquí habla del proyecto y de su reciente disco Arauca, con el pianista venezolano Antonio Mazzei. Se manifiesta frente a los gobiernos ultraderechistas en Latinoamérica y dice: “Ante la desazón hay que seguir contando y cantando”.
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Marta Gómez se proyecta en un río de músicas una vez más. La cantautora colombiana, una de las voces siderales de Latinoamérica, editó este año Arauca, un disco a dúo con el pianista venezolano Antonio Mazzei; prepara un documental en su regreso a la Argentina en septiembre y, a la par, ya tiene un nuevo proyecto: un disco homenaje a la poeta polaca Wislawa Szymborska. Y en su vuelta al país -en la gira “Letra y música”- tocó en Tilcara el 22 de septiembre y en Córdoba el 24; hay más fechas el 25 en Rosario, el 27 en Buenos Aires y el 1º de octubre en Luján. ¿Y el documental? “Es una gran oportunidad que tengo en Argentina”.

Cada vez que la voz de Marta Gómez aborda una canción, sea del país que sea -Argentina, Colombia, Venezuela, Chile, entre otros-, las melodías parecen flotar, como si hubieran sido escritas para ella. A la vez están sus canciones, de una profundidad y simpleza que las hacen resonar sin tiempo. Así, a lo largo de los años ella construyó un acervo de temas con sensibilidades sin fronteras. En letra y música, Marta Gómez es local y a la vez universal. ¿Por dónde comenzar a hablar de sus proyectos? Por el disco Arauca, con Antonio Mazzei, que alude a un río caudaloso que conecta a Colombia y Venezuela. En él se inspiran juntos.

El río Arauca nace en el Páramo del Almorzadero, a más de tres mil metros sobre el nivel del mar, y desemboca en el río Orinoco, en Venezuela. En ese flujo de agua que atraviesa geografías reside la metáfora de la conexión entre la colombiana Marta Gómez y el venezolano Antonio Mazzei. El disco Arauca es el fruto de la amistad entre ambos, que viven en Barcelona, y el repertorio se compone de temas venezolanos, de algunos rescates de Marta Gómez, de clásicos y de otras joyas. Y todo comenzó porque, luego de haberse hecho amigos por gente en común, un día Mazzei le dijo: “Hagamos un disco juntos”.

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Compartieron dos conciertos y con ese dinero grabaron. “Antonio lo planeó todo y yo me metí al estudio para seguirle la corriente, y es uno de mis discos que más me gustan. La grabación fue preciosa e hicimos dos tomas de cada tema en el verano en Barcelona”. La idea era que hubiera “mucho de Venezuela” y también de Colombia con sus canciones, y ella aprovechó para rescatar temas que no había registrado. “Y salió un disco profundo y precioso. Antonio tiene una manera de tocar increíble. Los músicos casi no escuchan sus discos, pero yo lo pongo en los aviones y me relajo con el piano de Antonio y con mi voz”.

¿Qué siente Marta Gómez? “Que es un disco de dos amigos del alma que se sentaron a cantar juntos”, dice. “Antonio es un músico muy sutil y yo tiendo a ser bastante sencilla. Me hace ir más hacia adentro, hacia un tono de voz más suavecito, con notas muy largas. Pero, por ejemplo, en Argentina llevo trabajando algún tiempo con el pianista Joel Tortul, que llena el espacio con su pasión al tocar. Y disfruto tocando con ambos, que son tan diferentes. Si estás de pronto con un loco que hace chistes, te metes en el tren. Y si estás con un amigo melancólico tiendes a callarte más. Con Antonio Mazzei es buscar ese silencio, esas notas largas y suaves, y con Joel Tortul es como oírlo sonreír con una explosión de alegría”.

Las canciones de Arauca

¿Qué repertorio aborda Marta Gómez con Antonio Mazzei en Arauca? Comienza con una versión del clásico “El cigarrito”, de Víctor Jara, y sigue con “Eso pido yo”, que la cantautora ya había grabado en el disco Cantos de agua dulce, de 2004: “La rescaté porque es una canción que me gusta mucho tocar con piano. Complementa mucho a la parte melódica”. Le sigue “Hierro”, también de ella: “Es de mis nuevitas canciones, es muy profunda y me gustó hacerla con un sonido oscuro y triste. Mi padre tiene una ferretería que todavía existe y me crié literalmente entre vigas de hierro. Siempre quise escribir una canción para que la gente supiera que yo no crecí entre músicos, poetas o filósofos, sino entre el hierro”.

Prosiguen con “Mañana empañeto el rancho”, de Juan Herrera, “El sabanero de Venezuela”: “Antonio Mazzei me mandó una versión de una muchacha cantándola en el campo y yo dije: ‘¿Qué es esto tan loco?’. Él hizo un arreglo con gran densidad para esta canción completamente popular y es como nuestro hit en los conciertos de los dos. Empañetar es como reconstruir, tapar un poquito las grietas, y la canción ha sido tan importante que tomó otra trascendencia. Ya no es sólo sobre un señor que quiere arreglar su rancho, sino que, luego del terremoto en Colombia, alude a que todos necesitamos empañetar nuestros ranchos después de lo que está pasando”.

Marta Gómez y Antonio Mazzei

El disco continúa con “Ella”, el tema más reciente de Marta Gómez: “Tiene que ver con mi divorcio, mi separación. No sé por qué me salió en tercera persona, pero habla de que las mujeres tomamos durante años la determinación de separarnos hasta que decimos ‘ya, me llené de razones y va a ocurrir’. Nosotras nos tomamos mucho tiempo y por eso el duelo se hace durante la relación. Mi psicóloga siempre me dice ‘tienes que componer más para ti’, así que fue un ejercicio en ese sentido”.

El tema que sigue es “La ausencia es una forma de invierno”: un poema de Luis García Montero musicalizado por ella. “Hay un proyecto muy bello que se llama Las líneas de su mano, con cantautores musicalizando a poetas -cuenta-. A mí me tocó hace unos años este poema, que me encantó, y también me había tocado ‘Celia’, sobre un poema de Fernando Valverde, y que está en el disco”. Luego suena “Todo este campo es mío”, de Simón Díaz, de Venezuela: “Amo a Simón Díaz -dice Marta Gómez-. Siempre canto canciones de él y Antonio Mazzei hizo un arreglo divino para el disco. Simón Díaz es infinito y maravilloso”.

Después eligió grabar “Mariposas”, un tema de la chilena Magdalena Matthey: “Yo tengo una conexión muy fuerte con los cantautores de Chile y esa canción me encanta porque es hermosa. Magdalena se puso muy feliz de que la eligiéramos”. Continúan con “Canción del naranjo seco”, sobre un poema de Federico García Lorca, y que Marta Gómez ya había incluido en el disco El corazón y el sombrero, de 2011, en homenaje a aquél: “Es otra de las canciones viejitas que siempre me piden. En un momento se me ocurrió volverla a grabar, se la mandé a Antonio Mazzei y él estuvo de acuerdo”.

Luego ella rescató su canción “Entender el camino”: “Es un tema triste y fue hecho en pandemia, cuando ocurrió lo de Black Lives Matter. Siguen habiendo las mismas injusticias y discriminación. Entonces, lamentablemente, siempre va a haber algo que sea como anillo al dedo para ese tipo de música”. El tema final de Arauca es “Pedacito de esperanza”, una canción de Marta Gómez que estaba inédita. ¿En qué piensa al cantarla? “En esto: en Colombia, la entidad que debe proteger a las infancias decidió borrar la palabra ‘niñas’ y ahora nombra ‘niños’ a todos. Y justamente borran a las niñas, que son las que más sufren”.

Ella prosigue: “Son cancioncitas que quedan huérfanas y que grabo en discos siguientes. También tengo por grabar ‘Tan sólo una palabra’, que compuse en 2025 a raíz de que el gobierno de Javier Milei decidió retirar la palabra ‘femicidio’ y la cambió por ‘violencia doméstica’”. Entonces Marta Gómez piensa en los gobiernos ultraderechistas en el poder, como incluso ocurre en Colombia con Abelardo de la Espriella: “Es lamentable que la gente siga votando desde el miedo, desde noticias falsas o desde cosas que son tan absurdas -dice-. Iván Cepeda, el que fue contrincante de Abelardo de la Espriella, es un ser humano con todas las letras. Esperamos que algún día pueda llegar al poder en Colombia”.

Al rastro de la esperanza

Ante la desazón por los procesos políticos neoliberales “hay que seguir contando y cantando -siente Marta Gómez-. Somos muchos los que estamos desde el otro lado. Pero bueno, es lo que tenemos en este momento del mundo y parece que nos vamos hacia esta derecha que significa no derechos humanos y menos derechos para las mujeres y niñas. Frente al terremoto en Colombia, también se vio lo que es el actual presidente. Él no reaccionó, sino que lo hizo el pueblo. Así que nos esperan cuatro años de lucha permanente”.

-¿Qué cosas te dan esperanza frente a estos procesos?

-Yo soy una persona con mucha esperanza, por más de que el mundo se empeñe en demostrarnos lo contrario. Tengo esperanza porque soy mamá y creo que los que somos padres no tenemos el lujo de tirar la toalla. No les podemos decir a nuestros hijos “bueno, se acabó todo”. Lo que más me genera esperanza es el ser humano, nunca los gobiernos. Siempre es el ser humano el que se une. Pensemos en Colombia, que está tan polarizada: la mitad es de un extremo y la mitad es del otro. Pero por el terremoto estaba todo el mundo donando y hasta tuvieron que decir “no traigan más cosas porque no damos abasto”. Entonces, para mí el ser humano sigue ganando y somos muchos los que estamos dando lo que podemos y eso es lo que me da mayor esperanza en el mundo.

Ahora, en su venida a la Argentina, Marta Gómez hará un documental “pensando mucho en el Norte”, dice. “Se nos ocurrió volver a visitar lugares con más calma, porque uno siempre va a Buenos Aires y con suerte a Tucumán y Córdoba, y ya. Entonces esta vez iremos también a Salta, a Tafí del Valle, a Jujuy, que son los lugares a los que fui hace muchos años con mi familia. Entonces vamos a componer canciones y haremos distintas experiencias, incluso con escuelas, para este documental. Estoy muy intrigada”, cuenta la cantautora.

El Norte argentino conecta a Marta Gómez con la potencia nostálgica de las zambas y las vidalas. “El tango tiene esa misma nostalgia, pero no me pasa tanto esa conexión con él, aunque lo amo -dice-. Pero sí me conmueve la nostalgia, que no llega a ser tristeza profunda, que tienen las zambas y las vidalas”. Y cuando ella termine las giras y regrese a su casa en Barcelona, seguirá con su idea de disco homenaje a la poeta polaca Wislawa Szymborska, Premio Nobel de Literatura en 1996: “Yo llevaba años con este proyecto, y con las canciones compuestas desde antes de la pandemia. Lo grabamos con Nicolás Buenaventura, que es un cuentacuentos con el que ya hice el disco Dar a luz, en 2021. Yo cantaré y Nicolás narrará los poemas de Wislawa Szymborska. Estoy muy ilusionada”.

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About Post Author

Patricio Feminis

Es periodista. Escribe sobre música popular, series, cine, espectáculos y cultura. Colabora con Clarín Spot, Caras y Caretas, La Agenda BA, Tiempo Argentino, De Coplas y Viajeros, Negras y Blancas y otros medios.
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