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Editorial

In-Dios: elogio de lo omnipresente

La muerte de Carlos Alberto Solari golpea a la cultura popular argentina. El “Indio”, como ninguna otra figura, encarnó en un mismo movimiento al mito, al dios capaz de estar incluso no estando, al ser misterioso y público que pasó de surcar ostracismos cargados de ideas a devenir en vocero de internas partidarias y palaciegas. El periodista y escritor Sergio Arboleya escruta su figura con un texto que no renuncia a interrogar e incomodar, dos persistencias que también eran propias de Solari.
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Carlos Alberto Solari, cuya muerte ocurrida el viernes pasado a sus 77 años, golpea a la cultura popular argentina por llevarse a uno de los ídolos del extendido universo rockero que la nutre y puebla, deja para siempre no solamente la huella de un cancionero provocador sino una figura única, la del Indio, que como ninguna otra encarnó en un mismo movimiento al mito legendario, al dios capaz de estar no estando, al ser misterioso y público que pasó de surcar ostracismos cargados de ideas a devenir en vocero de internas partidarias y palaciegas.

En ese vaivén y a caballo de una popularidad que como todo fenómeno de masas conlleva una carga de cuestión azarosa e inexplicable, a Solari le tocó la tarea de asumir varios roles en nombre de unas contraseñas generacionales que cambiaron junto con él. 

La historia de Indio surge como grito poético y desgarrado entre los ropajes de Patricio Rey y Los Redonditos de Ricota. Voz lírica y cantante de una epopeya colectiva, artística y marginal que resistió los embates de la dictadura cívico-militar, pateó la escena del rock acostumbrada a otras narrativas y que a partir de “Gulp!”, su álbum debut de 1985, siguió incomodando –esta vez- a la recién recuperada institucionalidad democrática.

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Sobre un lienzo rabioso y urgente, el canto al filo de Solari empezó a desatar tempestades desde verdades paganas y cuestionadoras que trascendieron su propia caligrafía para volverse lengua popular, un atributo reservado a pocos elegidos.

En ese ejercicio temporal pueden ubicarse el mito (que es capaz de explicar ciertos sucesos por medio de relatos fantásticos) y la leyenda (capaz de cronicar asuntos sin prescindir de exageraciones).

Con todo, el camino de Indio liderando las huestes autogestivas de Patricio Rey en conciertos memorables a los que por su carácter se los denominó “misas”, sumó sacrificios robustos que le costaron la vida a fieles de la banda como Walter Bulacio – en Obras en 1991- y Jorge “Pelé” Ríos –en River en 2000- sin que el frontman del conjunto se expidiera sin alegorías en los reclamos de justicia.

Si bien el apuñalamiento de Ríos en River salpicaba al propio grupo que seguía produciendo sus espectáculos pese al descomunal cambio de tamaño de sus recitales, en el caso del crimen de Walter, de 17 años, a manos de personal de la comisaria 35° de la Ciudad de Buenos Aires, el silencio sigue sin encontrar explicación alguna.

Esas omisiones o ausencias son propias del carácter de Dios que también se le puede conferir al artista nacido el 17 de enero de 1949 en la ciudad entrerriana de Paraná pero criado y forjado en La Plata desde donde irradió su potencia creativa.

La cualidad de deidad capaz de tenerlo presente/ausente en esas tragedias sin que las deserciones hicieran mella en su poder de fuego y convocatoria profundizó otra etapa de esa suerte de evolución que se plasmó en tiempos del proyecto Indio que con la salida del disco “El tesoro de los inocentes (Bingo Fuel)” en 2004, confirmó el tumultuoso final de Los Redondos cuyo última función había acontecido tres años antes.

Pero ni siquiera la disputa pública y judicial con la pareja Skay Beilinson-Negra Poly que junto al vocalista supo conformar el triángulo de hierro del proyecto grupal desactivado rozó el aura del músico quien al frente de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado se sostuvo como el máximo heredero del legado ricotero.

Ya en modo Indio y en clave de redes sociales, el hasta entonces huidizo personaje que escapaba recurrente y filosóficamente de los asuntos mundanos, empezó a tener una voz pública y militante que para algunas personas vino a cristalizar la coherencia de un recorrido y para otros seres –aparentemente los menos- significó una decepción.

Haciendo yunta con el periodista y escritor Marcelo Figueras quien además colaboró en la autobiografía “Recuerdos que mienten un poco”, pero sin por ello declinar otras producciones mediáticas, entre ellas una en alianza con Mario Pergolini y su multimedio Vorterix en marzo de 2016, Solari jugó sin tropiezos el nuevo/viejo rol de referente opinador.

En paralelo a la flamante vida social del hombre enigmático, el artista continuó creando y lanzó otros tres contundentes álbumes “Porco Rex” (2007), “El perfume de la tempestad” (2010) y “Pajaritos, bravos muchachitos” (2013) que merecieron otras 18 citas musicales en directo atestadas de público, siendo la última de Indio en persona la del 11 de marzo de 2017 en el Predio Rural La Colmena de Olavarría en donde murieron Javier León y Juan Bulacio.

Metido en ese aquelarre de proclamas, el propio convocante había advertido un par de días antes: “No pequen de inocentes y cuiden a quien tienen al lado. Este es un momento especial. Hay intereses oscuros que con pocos miembros pueden alterar la fiesta. A bailar y cantar es a lo que vamos y eso haremos. El sábado, a cuidarse y a cuidar de quienes nos rodean, aunque no los conozcamos. Cierta gente de mierda (debería puntualizar: PODEROSA gente de mierda) se regodearía si alguien sale lastimado. No le demos el gusto”.

El anuncio sobre el Parkinson que menguaba su estado de salud y lo alejó definitivamente de los escenarios se hizo oficial en febrero de 2023, pese a lo cual el estupendo combo de Los Fundamentalistas

(encabezado, entre otros, por Gaspar Benegas, Pablo Sbaraglia, Déborah Dixon y Baltasar Comotto) siguió en actividad local e internacional, presencial y virtual, desde 2019 y hasta el presente.

Ayer, en la conmocionante jornada en que se conoció el fallecimiento de Solari, hubo otro hecho capaz de confirmar la estela divina del Indio cuando la convocatoria en Plaza de Mayo para despedirlo coincidió con la huelga de hambre promovida por Grupo de Curas en la Opción por los Pobres “para visibilizar a los jubilados, a las personas con discapacidad, a todos los sectores en riesgo”, según explicó Guadalupe a una movilera de C5N en el lugar mientras seguidores del referente ricoteros sumaban sus pareceres sobre la pérdida que los convocaba a ellos. Entonces la muchacha quiso sintetizar ambas situaciones y expresó: “El Indio aportó mucho a la conciencia popular y social estaría acá más que nadie”, justo él que nunca estuvo en ningún lado. Y en todos.

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Sergio Arboleya

Sergio Arboleya es periodista. Se desempeñó como editor de Espectáculos en la Agencia Télam y es autor de los libros “La Trova Rosarina” (1998) y “No pienses que nos perdiste” (2024). Integró el colectivo que entre 2006 y 2015 realizó la revista Devenir e integra el grupo que a partir de 2017 hace el programa “Después de la Deriva” en Revuelto Radio.
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