Son apenas 30 segundos. No hace falta más que ese medio minuto inicial de Foreign Tongues, para rendirse -una vez más y van…- a los pies de “sus majestades satánicas”, los inacabables, interminables, inoxidables Rolling Stones.
No hace falta ni siquiera escuchar la voz del cantante, que algunos llevamos impregnada en nuestros oídos durante las últimas cinco décadas, para ratificar eso de que el tiempo es tan relativo como estos tipos hayan decidido en algún momento de sus y nuestras vidas.
Porque ya ni siquiera resiste la siempre atractiva idea del pacto con el Diablo que, además dicen por ahí, a esta altura también tiene en su morada infernal una capilla ardiente en la que se suele postrar ante las imágenes de Mick Jagger, Keith Richards y compañía.
“No estoy seguro si debería decirlo, pero son una banda de versiones de blues, eso es lo que son los Rolling Stones”, dijo Paul McCartney en 2021, y “estallaron las redes sociales” con la tan efectiva y eficiente estrategia estrategia de avivar una controversia que jamás existió.
“Te muestran la canción, comienzo a tocar y empiezo a pensar: ¡estoy tocando con los Stones!”, contó el mismo Paul semanas atrás, reviviendo su paso por el estudio para meter su bajo beatle en Bite My Head Off, uno de los temas de Hackney Diamonds, que los Stones publicaron en 2023, y en Covered In You, uno de los temazos del vigésimo quinto trabajo de estudio de la banda, que no hace más que darle entidad a aquella “sentencia”.
Porque en un punto, o en realidad en varios, Foreign Tongues, que termina con una versión de la Beautiful Dalilah de Chuck Berry en plan acusticazo con sonido vintage y la batería del Red Hot Chili Peppers Chad Smith, no deja de ser sólo rock ’n’ roll (y nos encanta).
O, mejor, en pocos puntos Foreign Tongues deja de ser sólo rock ’n’ roll, si es que eso sucede. Y nos encanta también.
Volvamos al principio, que es con Rough and Twisted, una canción que transcurre en ese terreno en el que el blues y el rock se llevan de maravilla, cuyo título de propiedad está a nombre de la banda desde los lejanos ’60.
Cuentan las leyendas, que en este caso sería Keith y Mick, que la primera vez que hablaron fue en la estación de Dartford. El guitarrista esperaba el tren con un par de discos de Chuck Berry y Muddy Waters bajo el brazo, y el cantante no aguantó su curiosidad por saber “de dónde mierda” había sacado esos tesoros. Era 1961 y no… no había Spotify.
De modo que no es antojadizo que un tema de Berry cierre un álbum que en el primero menciona algo sobre unas “aguas turbias”, que en inglés se dice, vaya no casualidad, “muddy waters”. Una especie de declaración de principios que enmarca una docena de canciones que de In the Stars, tan inconfundiblemente stone en ese riff inaugural que lo contamina todo de la mejor manera, a esa desgarradora oración a la amistad que es Back in Your Life, con un fantástico solo que Ronnie Wood grabó a la memoria de Brian Wilson incluido, recorre casi toda la paleta sonora acuñada por la banda a lo largo de seis décadas.
Sólo en You Know I’m No Good la homogeneidad del heterogéneo universo sonoro stone se pone en pausa para que el aura de Amy Winehouse sobrevuele la soberbiamente fiel interpretación que los Stones hacen de su track publicado en el gran Back to Black.
En orden de aparición de canciones, Jagger luce su particular falsete en la soulera Jealous Lovers (a propósito, qué bueno es el videoclip del tema que protagoniza Anya Taylor-Joy), que como si fuera poco lo tiene a Steve Winwood en órgano; una guitarra de Richards anclada en los ‘70 manda en Mr. Charm, Divine Intervention, en la que sumaron la guitarra del The Cure Robert Smith, destila rock and roll; y Ringing Hollow aporta el remanso folk que todo álbum stone debe tener. Preciosa canción sobre cigarrillos fumados, películas vistas, autopistas recorridas, bares visitados, dinero gastado… ¿De qué puede hablar una canción folk de los Stones sino de eso que también tanto nos gusta?
La línea de bajo casi “disco” de Never Wanna Lose You nos recuerda que cuando en octubre cumpla años, Bill Wyman será el primer Rolling Stone en llegar a los 90. En tanto, la potentísima Hit Me in The Head trae al presente la química inalterable del combo Jagger-Richards-Wood + la batería de Charlie Watts. Como para que no nos olvidemos de quién jamás nos olvidaremos. Aún cuando Steve Jordan nos haga creer, por momentos, que siempre fue un stone.
Some of Us es una balada tan hermosa como casi todas las que canta Keith. Una canción de amor que admite que no podemos tenerlo todo, y que todo lo que necesitamos es un buen abrazo, un apretón…. Un poco de amor. Una plegaria amorosa que prologa la advertencia de que “siempre hay un precio que pagar antes de que los versos de Side Effects (Efectos colaterales) nos adviertan (o recuerden) que “hay un precio que pagar por todo. Por todo lo que te metés en las venas”.
La buena noticia, al cabo de escuchar Foreign Tongues, que entre paréntesis es un disco que HAY que escuchar de punta a punta, es que haciendo un buen análisis de costos beneficios, y negociando y administrando inteligentemente los recursos orgánicos personales no renovables, a los ochenta y pico podés seguir creando obras maravillosas como ésta. ¡O disfrutándolas!
Foto: Kevin Mazur/Getty

