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Editorial

Herrero-López: La charla como invocación

Dos mujeres en una conversación reponen el valor de la palabra como moneda de intercambio, como invitación a pensar y a pensarse. De eso se trata “Desandar los días-correspondencias y conjuros”, un inminente libro que reúne los diálogos de Liliana Herrero y María Pía López y que será presentado el sábado en el JJ Circuito Cultural.
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Liliana Herrero y María Pía López dos referencias de la cultura popular argentina que en sus andares atravesando músicas, escrituras, pensamientos y militancias exhiben sus años de entrañable complicidad en un intercambio epistolar que bajo el título “Desandar los días-correspondencias y conjuros” estructura un libro que bien puede abordarse como un diálogo imprescindible acerca de estos tiempos.

«En las conversaciones que hemos sostenido durante tantos años, cada pequeño ruidito del mundo no nos ha pasado inadvertido, nos ha suscitado sorpresas, ya amargas como gozosas. Hemos sido casi cronistas del chirriar de las cosas, atentas a la historia como el inevitable telón de fondo, a veces lejano, apenas audible, aun sabiendo que es la trama que nos persigue y nosotras dentro de ella. Hemos situado los sufrimientos en una conciencia que va de la desdicha al placer en el corazón de las palabras. Palabras que son el pasaje de una cosa a la otra, de algo bajo a algo alto, de algo inesperado a algo permanente”, se lee en la contratapa del volumen publicado por Las cuarenta y que constituye el tercer título de la colección Los pájaros.

En poco más de 110 páginas, el volumen se estructura a partir de un “Umbral” y cuatro Cuadernos que corresponden a escritos fechados a lo largo de los años 2023, 2024, 2025 y 2026 donde se entrecruzan correos electrónicos que, burlando al propio dispositivo, forjan una charla a contrapelo de algunas ponderaciones mediáticas a un habla pasteurizada en busca de acuerdos fugaces y asombros de bolsillo, para poner de manifiesto la importancia del diálogo a partir de asuntos medulares.

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Aunque la coyuntura, los entreveros personales y las urgencias amenazan con devorarse cualquier atisbo de reflexión en nuestros encuentros cotidianos, María Pía y Liliana no esquivan el apunte íntimo ni la familiaridad pero subrayan la importancia axiomática del pensamiento y reflexionan acerca de aquello que las desvela como mujeres implicadas en los avatares sociales de la comunidad en la que activan.

Y por ello en los intercambios todo el tiempo irrumpe la figura y la estela de Horacio González (compañero de vida de la intérprete y compinche y aliado de la socióloga), pero también otras recurrentes menciones a Charly García, una constelación de epígrafes que inauguran varios de los escritos y que suscriben Anne Dufourmantelle, Walter Benjamin, Luis Alberto Spinetta, José Watanabe, Diana Bellessi, Milton Nascimento, Bertold Brecht, Gustavo Cuchi Leguizamón, Gerardo Gandini, Javier Trímboli y apuntes acerca de los libros “Quipu” y “Travesía” de López y del disco “Fuera de lugar” de Herrero, todos materiales publicados durante los intercambios.

Además de resaltar el valor de la reflexión compartida, los lances entre Liliana y María Pía permiten apreciar de qué modo cada una de ellas observa el apogeo de la ultraderecha en el país, a la vez que hacen crítica memoria sobre sus adhesiones al proceso kirchnerista y a la propia pertenencia al universo del peronismo.

Lo que sigue es un recorte de algunas imágenes que López y Herrero ponen a rodar en sus interacciones donde cada palabra carga con una fascinante carga de hondura y belleza.

Foto: Nora Lezano.

El temblor de dos mujeres con deseo de manifiesto

Tanto en el primer capítulo de “Desandar los días” como promediando el debate en el Cuaderno 2025, María Pía López procura darle entidad a esta aventura compartida.

“En todo caso aparece como un deseo de escritura que sabe de su propio fracaso, de su lugar minoritario, escritura sin públicos amplios, escritura de rincones, y eso no la salva, no la justifica, pero sí la vuelve un poco más libre”, desliza al principio, para luego retomar ese hilo y llamarlo tanto “diario-diálogo” como “deseo de manifiesto”.

En un texto fechado el 8 de diciembre del año pasado, Liliana Herrero procura complementar esas denominaciones y lo define como “Un cuadernillo sencillo que sólo quiere mostrar el temblor de dos mujeres, dos amigas pensándose en la imposibilidad de ausentarse. Hemos escrito con el cuerpo”.

En el inicio del carteo virtual, aparecen las primeras preguntas que Liliana pone a andar con expresiones como “¿Qué ha ocurrido? ¿Qué desvinculación ha sucedido entre lo individual y lo colectivo? ¿Qué corte? Ese corte supone, me parece, una devaluación peligrosísima de lo colectivo como fuerza transformadora” y, en ese mismo texto del 5 de septiembre de 2023, agrega: “Lo que efectivamente es ausencia es el vértigo de la no resolución, de la elaboración, del rumiar, de la disidencia y el desvío. Si la palabra militancia continúa sin poder comprender que un legado debe pensarse críticamente, no serán posibles tales deseos”.

Sobre esa preocupación, López aporta una semana después: “Porque si lo colectivo, nuestro estar en común está dañado, el vínculo con los modos en que eso colectivo existió antes, si mantiene impensado el daño, corre el riesgo de presentarse como pura forma, o incrustación o liturgia” y su compañera le responde seis días más tarde que “en ese sentido hemos fracasado, pero el fracaso no es un mal lugar para pensar. Lo que irrita obliga a pensar, diría Horacio”.

La propia vocalista llama, luego, a que “pensemos desde el corazón del fracaso y no como pasión triste sino como posibilidad de apertura. Fracaso no es derrota, fracaso es crítica. No es lo mismo. Pero en este caso fracaso es crítica del hecho mismo en el que un grupo de personas se constituyen en políticos y conducen un país” y la ensayista y docente recoge el guante y desmenuza: “Fracaso: en la palabra anida acaso. Acaso ¿podrían haber sido de otro modo las cosas? Acaso ¿En alguna bifurcación podríamos ser redimidas? Acaso nuestras formas de vida, las que defendemos, sostenemos ¿podrían no ser condenadas?”

Un acumulado de memorias

Con las heridas y la dependencia tecnológica que dejó la pandemia, Herrero escribe: “En la comunidad política o en el modo en que la política pensó y piensa las comunidades, repetimos antiguas formas de acercamiento, no hubo palabras para las diversidades ni para el dolor y el miedo sufrido” y su amiga responde con preguntas: “¿Sustituimos esas palabras faltantes con consignas? ¿Esquivamos ese no saber, esa ignorancia, ese temblor, galopando hacia una nueva estabilidad post pandémica? ¿Nos privamos de interrogar la debilidad de nuestras propias argumentaciones políticas para poder seguir adelante, haciendo caso omiso a los múltiples signos de resquebrajaduras? ¿Callamos para no dañar un gobierno débil pero también para no señalar que el modo en que el sector que nos resultaba más afín de ese gobierno estaba dando la discusión era no poco lamentable, porque la escena que se ponía ante las mayorías era la de una interna casi inintelegible?”.

Y de ese colapso como causal de la aparición de Javier Milei con este renovado modelo colonial de saqueo, María Pía se permite una caracterización (“Parecen tarambanas salidos de una novela arltiana, pero nada es sin plan, nada sin sistema. Por eso nos cuesta tanto comprender la abismal decisión de destruir todo lo hermoso, todo el tejido colectivo, la riqueza social, los bienes comunes, el porvenir. Pero es eso lo que están queriendo hacer”), pero de ningún modo anula la (auto) crítica: “¿Qué pasó con las lecturas en esta zona política en la que nos sentimos parte? ¿Hay jóvenes lectores de izquierda, kirchneristas? ¿O fuimos asistiendo a una suerte de extensión de una tendencia anti-intelectual, que oponía a los libros el territorio (vuelto mito más que experiencia), a un desprecio a las escrituras y a la crítica, como desvíos de energías o cacareos u ornamentos inútiles?”.

Desde esa pertenencia, Herrero argumenta que “pensábamos que la Historia, así con mayúsculas –error que no percibimos- estaba con nosotros y que si no actuábamos nos pasaba por encima y perdíamos su promesa fundamental: la justicia, la solidaridad y la libertad” y López postula: “No me gusta que nuestra crítica se vuelva moral, pero siento que en estas condiciones de daño social inmenso habría que hacer otra cosa con las representaciones políticas. ¿Otra cosa?, digo eso a sabiendas de que no sabría qué”.

Convencidas que la actual administración estatal viene a continuar un curso abierto por la última dictadura cívico-militar, Liliana considera que “llevaremos esos años en nuestros cuerpos como un hilo tenso e inolvidable que sí nos permitirá pensar el presente, pero nunca el presente será el cierre de lo que fuimos. Por eso insisto, y dicha a borbotones la pregunta sigue siendo: cómo podemos nombrar lo que fuimos” y así conecta con algo que había escrito casi 14 meses antes…”Siempre creí que la frase de Fernando Cabrera en ‘El tiempo está después’ era cierta y que a mí me tocaba cantarla con mucho énfasis: ‘que no hay ningún atracadero/que pueda disolver/

en su escondite lo que fuimos’. Pero antes dice ‘’tendremos suerte si aprendemos’ que al menos pone en cuestión la certeza anterior. Tendremos entonces que recuperar el deseo vital de ser también otros”.

María Pía lo fundamenta a su modo: “El experimento del terrorismo de Estado dejó hilos de que de algún modo se tejen con la avanzada del neofascismo gubernamental: un enlace entre economía y política, la decisión de disciplinar por todos los medios a la sociedad” y alerta sobre un problema para enfrentarlo al señalar que “está un tanto rota la palabra resistencia, no solo las acciones. Y, aun así, debemos acunarla, abrazarla, darle aire y amparo”.

Sobre ese vacío, su compañera cita a Fito Páez y llama a empuñar “ideas que no son para provocar ni para transgredir, no son para hacer concesiones ni sacrificios, ni pensar que se hacen como novedad o algo que nadie se animaba a decir. Simplemente atar unos cabos, ciertos cabos. Sólo intentando retomar ‘puntas de un mismo lazo’, que también son parte de una forma personal y de preocupación por el mundo, pero nunca como pretensión de verdad” y López advierte que “ahora estamos en ese tiempo del no saber qué vendrá, por eso todo parece vacía repetición, opacos llamados a la obediencia, letanías de una lengua política impotente y adocenada. Quizás lo esté formulando de modo demasiado optimista, el de pensar que aún lo que se presenta entero o pleno, tiene grietas, resquebrajaduras”.

Sobre el rol de la cultura

Como habitantes de un mismo espacio vital de creación y de disputa, desde mediados de noviembre del ’24 y hacia el final de ese año, López y Herrero no dejaron de referir al rol de esos entornos en la panorámica actual.

“La expresión industrias culturales no fue creada ayer. Este es un país inhospitalario para pensar estos temas, pero aún creo en una noción amplia de justicia basada en la idea de que es posible un proyecto de traducción de valores provenientes de las diferentes prácticas culturales a través de una nueva huella de cotidianeidad crítica no necesariamente mediada por el poder hegemónico de los medios de comunicación, ni por el mercado ni por los horizontes más comunes por donde transita la música y cualquier pensamiento resistente”, presenta Liliana.

“Aún las revoluciones triunfantes acarrean unas derrotas de otras más plebeyas, más radicales, más igualitarias…Si esto es así, entonces el lugar de las artes y las letras es también el de alojar esa memoria de lo derrotado, a sabiendas de que se acuñan monedas para ser pasadas de generación en generación, de un grupo de conspiración a otro, de unos plebeyos ensoñados a unas brujas recientes”, alumbra María Pía.

En el final de esa temporada de intercambios, la entrerriana y Licenciada en Filosofía, asevera: “Cantar es construir un territorio. Siempre lo he formulado de otra manera. He dicho cantar es pensar un territorio. Me gusta ese cambio. No es una inversión, es una promesa y una apuesta poderosa a la acción y el pensamiento no está ausente de ella. Construir con los restos, con lo olvidado, con lo roto, con lo perdido”.

Pasados, presentes, futuros

Tomando nota de la dimensión de la derrota popular que padecemos, López inauguró otra saga el 21 de febrero de 2025 para observar que “quizás esta época, en la que los victoriosos hacen gala de gesto fascista de tratar a muchas vidas como desechos, nos exija esa otra política, la de construir con nuestros pedacitos esa incrustación en la arena, con nuestros sueños ese mar que llega y se retira, siempre -decía un poeta- joven”.

A partir de su disciplina musical, Herrero comenta que ha procurado “poner en escena la relación compleja entre pasado y presente ya que el pasado no es algo que el presente recibe sin más ni que el presente encuentra con sólo volver la mirada atrás. Pensado así se abre la posibilidad de crear algo inaudito. El pasado o los legados no son reliquias, son desarreglos” e inmediatamente se suma la observación de la docente y editora: “Me gusta citar a Mariátegui, su idea formidable de que sólo pueden comprender el pasado quienes pueden imaginar el futuro. Que se puede dar vuelta también. Porque no podemos imaginar el futuro sin alguna osadía frente al pasado. El tiempo siempre se nos presenta un tanto deshilachado, enredado, nos enredamos en él”.

Apenas un día después y con el disco “Fuera de lugar” en ciernes, su protagonista sostiene que “la música está llena de contrastes, de inquietud y de turbulencias, más que de fusiones o de mezclas. La música está en el tiempo y el tiempo está en las palabras y ellas en territorios. Eso quisiera cantar, eso desearía expresar. Cantar el silencio, el abandono, el olvido, las batallas y el fin de todas las penas. Ese es el diccionario de nuestras vidas, el mapa de todas nuestras utopías”. Un mes más tarde y al margen de nuevos cruces, parece querer completar la idea en torno a su disciplina artística y lanza: “La voz tiene múltiples pliegues, inflexiones, tiene singularidad cultural. Por eso el canto no se autojustifica, aunque el canto piense. El canto no se autojustifica porque construye su horizonte sobre escombros, sobre ruinas. En ese sentido, el canto sólo puede contarse a sí mismo su derrota, es decir no puede inventar nada, pero debe alimentarse del deseo de la novedad, el deseo de desprenderse de lo que ya está allí como historia cantada”.

Lo procedimental también ocupa a Liliana y María Pía, opera como guiño, como contraseña para seguir hablando… “Al final creo que lo único que hago es una especie de manifiesto sobre el procedimiento, es decir: qué hago con lo que hay”, comenta la primera a lo que López incorpora que “hacer foco en los procedimientos es también plantear una materialidad. Que no es sólo para pensar lo que duele, sino que es necesaria para activar la alegría sensible, las huellas de la felicidad. Si hay un porvenir a nuestro alcance, lo que oriente nuestra búsqueda colectiva, no surge de la nada”.

Foto: Ximena Talento.

La tram(p)a electoral

Ese tramo de la correspondencia aparece intervenido por los procesos electorales que se dieron en dos episodios: el 7 de septiembre en la provincia de Buenos Aires con un triunfo del oficialismo del gobernador peronista Axel Kicillof y el 26 de septiembre a nivel nacional con un resonante éxito gubernamental y de La Libertad Avanza.

“En la conversación pública aparece la idea de deserción para tratar esos actos de no reconciliación. Prefiero tratarlos como actos de afirmación, de insistencia, que no se van a otro lado, sino que fundan en el plano agonista. Incluso al borde de la muerte. Ese plano agonista me interesa, porque no deja de atravesarnos. Una suerte de pelea al interior de cada existencia, entre los cansancios y la insistencia, entre el conformismo y las búsquedas. Vivir es un enigma, porque también desconocemos qué es lo que nos hace persistir en confabular, en crear, en amar”, razona López al filo de la victoria del peronismo bonaerense, pero apenas un día después de la conquista ultraderechista que le otorgó mayoría parlamentaria necesitó hacerse preguntas de las que se reproducen algunas. “¿Y si no fuera un problema sólo de la clase política, sino también de nuestra propia politicidad, cada vez más encadenada a una seudo alimentación virtual? ¿no nos dejamos aturdir por redes sociales y memes en grupos de whatsapp, en los que se trafica una promesa de triunfo o el chiste fácil sobre los ademanes de un gobierno vergonzante? ¿no somos parte de las industrias de la distracción antes que del pensamiento radical que la época nos exigiría? ¿no fugamos demasiado rápido a la consolación del meme compartido o a la altisonancia de imaginar una población dispuesta al combate en un nuevo Vietnam?”.

Seguramente interpelada por esas demandas, Herrero también se interroga “¿Cuándo se terminó en la política el vigor de lo que alguna vez fue honestidad, coraje y originalidad del pensamiento? ¿Cuándo pasamos a los números, nombres, cargos, pulseritas y a la ausencia e incapacidad para explicar una convocatoria bajo el amparo de proyectos generosos de comunidad?”

“La explicación –arriesga María Pía- es una suerte de contención ante la incertidumbre, un alojamiento que compartimos con otres. La pregunta, esa desorientación, nos deja más en desamparo. Pero quizás es momento de asumir la intemperie. El dolor, el desconcierto. Una suerte de orfandad respecto del saber político. No sabemos qué hacer”. Y sobre ese abismo Liliana piensa que “si la historia es instrumentalidad en un caso y cierre en el otro, un país se disuelve y deambula sin destino con modos que no sé si podemos comprender”.

En busca de otras fórmulas posibles López propone “como si fuera necesario armar un toldito en la intemperie, o un pozo en la tierra. Como la cocción de la cerámica en algunas técnicas norteñas: un pozo, las piezas al fondo, unas chapas y fuego arriba. Hay que ver después qué sale, si fue justo el calor, si no las dañó, si no quedaron a medio camino. Hacer un pozo o un toldo, o ambos” y su amiga cantante le anexa: “Todo lo que discutíamos antes del mileísmo debe ser retomado porque en el corazón de esos debates nos constituímos. Si aquello que fuimos no se disuelve podremos salir del angustioso y exclusivo acto defensivo”. Tras ocho días, Liliana se había quedado rumiando y ahora escribe: “También sé que esas insistencias suponen un largo aliento. No nos gusta la palabra eficacia, pero muchas veces deseamos estar en el corazón de un triunfo, un viento fresco que alivie la pesadez de la época precisamente para que nos resulte posible pensar en cierto futuro prometedor…Nosotras estamos en el modo que elegimos, la insistencia en pequeñas acciones y enormes deseos”.

En el medio y al cierre de esas postulaciones, María Pía recuerda a la jujeña Salas (“Milagro lleva diez años presa. Me da vergüenza”) y defiende el rol social de las labores que abraza y la constituyen: “No tendríamos que aceptar que cuando queremos pensar y hacer y vivir se nos condene con la idea moralizante de privilegio y lujo. Por el contrario, tenemos que apropiarnos de ese lujo de buscar un día ganado”.

Poder criticar lo monstruoso

“La sorpresa de lo monstruoso nos deja sin aliento, sin ideas y sin promesas…Son estos meses y estos días argentinos los que confirman, ahora a la inversa, el horror de la época, el peligro de este tiempo”, abre Liliana el último Cuaderno 2026 que consta de cuatro cartas despachadas entre el 18 de enero y el 8 de febrero.

En ellas, la música carga contra el carácter de los tradicionales festivales folclóricos veraniegos y consigna: “En el rito se cree que el pasado irrumpe entre nosotros diáfano, sin mediaciones, sin problemas, sin oscuridad ya que está vinculado a la interpretación literal del pasado y a la creencia en la ausencia de conflicto, de ahí su fuerza y de ahí su admirable error”.

Sobre esa plataforma, María Pía contribuye abriendo el asunto: “El problema, sin dudas, de la crítica a lo masivo y popular es su deriva elitista; pero el problema de la ausencia de crítica es la glorificación de todo lo masivo y popular por el hecho de serlo, como si la razón numérica se convirtiera en criterio valorativo y la estadística en juicio cultural”. Y en la misma senda abunda: “Porque la crítica no es juicio –decir: esto está bien o esto está mal-, sino que es pensar alrededor de un problema como problema, no como dato, no como evidencia”.

Para el final, la autora de textos feministas y de las novelas “No tengo tiempo” y “Miss Once”, entre otras, regala una traducción de un poema de Gregory Orr pero antes concluye: “Le estamos llamando fascismo a la política explícita de los declarados dueños del mundo, a los que la democracia como terreno de apertura de conflictos y ampliación de derechos les resulta un incordio, un obstáculo a remover. No dejamos de soñar un frente, una confabulación, una capacidad de movilizar en torno a la confrontación con ese fascismo. Algo que sacuda el aislamiento, que rompa el encierro, que sacuda la sensación de hastío y miedo, que nos permita reconocernos como parte de lo mismo”.

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About Post Author

Sergio Arboleya

Sergio Arboleya es periodista. Se desempeñó como editor de Espectáculos en la Agencia Télam y es autor de los libros “La Trova Rosarina” (1998) y “No pienses que nos perdiste” (2024). Integró el colectivo que entre 2006 y 2015 realizó la revista Devenir e integra el grupo que a partir de 2017 hace el programa “Después de la Deriva” en Revuelto Radio.
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