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Editorial

Borges, lecturas sobre una obra, un legado y un mito

El 14 de junio se cumplen 40 años de la muerte de Jorge Luis Borges. Leerlo es también encontrar nuevas maneras de hablar de esta patria. Para disentir, para oponerse, para volver a pensarla una y otra vez.
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El 14 de junio se cumplen 40 años de la muerte de Jorge Luis Borges. Desde mucho antes de ese día, su figura se había convertido en emblemática para pensar la literatura argentina. Se embarcaron en lecturas sobre su obra, docentes y críticos como Beatriz Sarlo, Silvia Molloy o Aníbal Jarkowski. Pero nadie llevó ese análisis a la pantalla como lo hizo Ricardo Piglia en 2013 en la Televisión Pública con un ciclo de cuatro clases: «¿Qué es un buen escritor?», «La memoria», «La biblioteca» y «Política y literatura”. Por entregas, los sábados a la noche, en horario central, un crítico, docente y escritor conversaba sobre una obra, una figura y un legado. Trece años después, reproducidas en YouTube y convertidas en libro -“Borges por Piglia”- siguen ahí para volver a visitarlas, tal como dice Piglia se podía ir a visitar a Borges cuando estaba vivo. “Nosotros en Buenos Aires sabíamos que estaba él en algún lugar. Lo podíamos ir a visitar. Eso es un milagro”.

En “Los diarios de Emilio Renzi”, la escena fundante es la de un niño de cuatro o cinco años en el umbral de una casa con un libro sobre las piernas, un hombre pasa y le indica que está al revés. El niño es Ricardo Emilio Piglia Renzi, el autor que décadas más tarde compartirá en sus diarios su conjetura: ese hombre era Borges, quien veraneaba en Hotel Las Delicias de Adrogué y era muy habitual que estuviera por esa zona en esos años. ¿Qué implica leer al revés? ¿Cuántas formas hay de leer? La maquinaria de lectura de Piglia tiene un motor en Borges y puede ser una llave para leerlo una y otra vez.

“Borges es el último intelectual de derecha, el único que dice las cosas que la derecha no se anima a decir, por eso lo citan tanto”, plantea en la última de esas clases. ¿Qué hacemos con Borges, entonces? Leerlo para encontrar una forma de amar la Argentina. Si Piglia retoma del autor de “Funes el memorioso”, la práctica de la conversación como forma central por encima de la imposición de un discurso uniforme, leerlo puede ser entonces encontrar siempre nuevas maneras de hablar de esta patria. Para disentir, para oponerse, para volver a pensarla una y otra vez.

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Las dimensiones de Borges:

Múltiples, variadas y contradictorias, las dimensiones de Borges son abordadas en “Lo que entiendo por Borges”, un libro editado por Godot, que recopila ensayos, ponencias, artículos, notas que Martín Kohan escribió a lo largo de su vida sobre el poeta, cuentista, ensayista. “Lo que entiendo por Borges es lo que tuvieron que escribir Manuel Puig, Juan José Saer, Ricardo Piglia, Rodolfo Fogwill, Cesar Aira, y etcétera, etcétera, etcétera, para que se pudiese seguir escribiendo en Argentina después de Borges”, señala en las primeras páginas.

Claro que está el peronismo como tema en los escritos de Kohan: si existe un peronismo clásico, existe un antiperonismo clásico también y Borges lo practicó de manera vitalicia. Así va hilvanando claves de lectura para pensar esa postura y una es que el peronismo para Borges y su amigo y cómplice, Adolfo Bioy Casares, es “aquello de lo que hay que salvarse”. Eso puede leerse en los diarios de Bioy de los que Borges es protagonista central. Los dos coincidían en ese desprecio por la fuerza política y cultural que transformó la Argentina poniendo en el centro de la escena de la patria a los trabajadores. Tenían ese desprecio como motivo de conversación y como insumo para sus ficciones. Repasa Kohan, repasando estos diarios que tenían claro que, hacia finales de la dictadura, las elecciones implicaban la vuelta del peronismo.

Alguien que se ocupó de Borges y el peronismo es un autor que está citado por Kohan en los escritos de este libro a propósito de su novela “Si”: Anibal Jarkowski. En esa ficción, el autor se anima a redimensionar al gran escritor argentino desde las sutilezas, las contradicciones y las limitaciones de los días de 1946 cuando se enfrentaba a decidir qué hacer, no ante un despido, sino ante un traslado que lo hace dejar su trabajo en la Biblioteca Miguel Cané para ir al Mercado Central como inspector de aves y conejos. Ese si del título abre la pregunta qué hubiera pasado si aceptaba ese trabajo. Ese traslado fue clave para el Borges construido como víctima del peronismo. Jarkowski, docente, investigador, escritor y crítico, en la novela reconstruye esa decisión mientras se desarrolla la historia de amor con la escritora, periodista y traductora Estela Canto.

Justamente en el texto “Un amor de novela”, Kohan retoma su figura a partir del libro de Canto “Borges a contraluz”, un retrato que “no brilla por su discreción” y destaca: “con la indiscreción tan debida como indebida, que sirve a la escrutación personal no menos a la inveterada pasión de los chismosos, Estela Canto narra y describe la historia de ese amor singular que existió entre ella y Borges”. Entre ellos advierte Kohan “importa menos lo que pasó que lo que no pasó: lo que no pasó define todo, decide todo, es lo central”.

Borges y Arlt, un cruce que es puente:

Fue Piglia el que intentó trazar puentes entre las tradiciones representadas en Borges y en Roberto Arlt. “Todos nosotros nacemos de Roberto Arlt: el primero que logre engancharlo con Borges habrá triunfado”, escribió en sus diarios. Pero, ¿cómo unir esas dos obras que parecen ser lo opuesto? ¿Qué diálogo se puede establecer entre estos autores, uno relacionado con la elite cultural, el otro inventando oficios y géneros ante la escasez?

“Una lectura vertical de Arlt y Borges” es un trabajo reciente del escritor e investigador Tomás Fernández en el que hay pistas para pensar algunas respuestas. En primer lugar, la lectura vertical es retomada del texto “Introducción al análisis estructural del relato”, de Roland Barthes y refiere a indicios sutiles e implícitos sobre los personajes y sus universos. A diferencia de la lectura horizontal que implica seguir el desarrollo de la trama a través de elementos visibles y manifiestos. Fernández, autor de novelas como “El Territorio” o “Una mujer bastante espléndida”, grafica esta diferencia con la música donde la melodía es horizontal y la armonía vertical.

Será esa lectura vertical la que una a estos dos autores argentinos, ya que el libro, editado por Nido de vacas, los comparará a partir del último capítulo de “El juguete rabioso” (Arlt) y el cuento “El indigno” (Borges). Fernández plantea que podría parecer que ambos autores tienen poco en común: “Arlt ama las descripciones demoradas y sentidas; Borges las apila. Arlt no da datos sobre la política circundante; Borges sí, aunque lo haga de manera algo abstracta. Arlt tiene un sentido del misterio muy desarrollado; Borges menos. Arlt es pura interioridad; Borges rehúye la interioridad directa (no la que manifiesta por acciones o diálogo)”.  

Sin embargo, lo que el investigador advierte es que los dos eran odiadores de la sociedad estándar tal como se hallaba constituida. Eran inconformistas y cuestionaban los premios y castigos establecidos de manera monstruosa. “Y estos premios y castigos no eran un accidente. Eran sistemáticos. En esta sociedad, el buen ciudadano es el más peligroso de todos”, apunta. En este mapa la figura del traidor, el que no intenta justificar su vileza sino que la asume, es lo que une a estas dos ficciones en particular.

Tanto Silvio Astier, el protagonista de “El juguete rabioso” que intenta sin éxito saltear la pobreza, como Santiago Fischbein, el librero de “El indigno”, delatan y traicionan en la trama pero ni Arlt ni Borges empujan a un cuestionamiento moral. Son, explica Fernández, traidores que representan al héroe inconformista y son el corazón del universo narrativo en los dos textos.

Volver a leer para volver a percibir:

El 14 de junio de 1986 era sábado, ese día, a las 7.47 de Ginebra (Suiza) murió Jorge Luis Borges. Estaba en esa ciudad desde noviembre de 1985, año en el que en un hospital de Buenos Aires le habían detectado cáncer de hígado. Lo que siguió fue un viaje pensado para no volver. Tenía 86 años y una obra que lo convertía en un casi Nobel de literatura, en el escritor reconocido nacional e internacionalmente. A cuatro décadas de su muerte, su ficción está ahí para volver decirnos que las formas de lectura no son unívocas, nos desafían cada vez a mirar y volver a nombrar lo percibido.  

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Emilia Racciatti

Periodista - Licenciada en Ciencias de la Comunicación - Letra P / Radio AM 530
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