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Editorial

Duratierra: Patria es humanidad

En clave folclórica pero sin resignar una libertad creativa que es parte de su impronta natural, Duratierra publica hoy su séptimo disco “La Patria Viva”. Un testimonio potente y actual plagado de diversos aportes artísticos donde la invocación a lo nacional se expresa como un canto colectivo y vital capaz de entretejer un común que ya existe pero que es necesario potenciar.
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Con el reciente lanzamiento de “La Patria Viva” Duratierra parece dispuesta a seguir poniendo en entredicho las normas y las lógicas de los términos, sus resonancias y hasta sus significados y significantes. Y así como anuncia que el disco implica el segundo volumen de su andar “Folklórico” sin por ello necesitar atarse a un determinado canon momificado, además se atreve a visitar sentires patrios a enorme distancia de los símbolos formales, de las viñetas escolares y hasta de las utilizaciones estales de ocasión.

Para el sexteto, el territorio patrio y sus músicas son un espacio en construcción al que desde su talento nutre de una apuesta no exenta de riegos: dar forma a un diálogo con las raíces sonoras y, fundamentalmente, con una mirada abierta hacia las comunidades que por abajo y con sus gestos culturales constituyen ese entramado nacional, esa patria plebeya que existe, persiste y resiste lejos de los monumentos.

El ejercicio artístico y político del conjunto que integran Micaela Vita (voz y coros); Juan Saraco (guitarra criolla, acústica, eléctrica, requinto cuyano, guitarrón y coros); Nicolás Arroyo (percusión, coros y voz); Tomás Pagano (bajo acústico, eléctrico, guitarrón y requinto); Valen Bonetto (guitarra criolla, eléctrica, ronroco, coros y voz); y Martín Beckerman (percusión, requinto y coros), invita al ejercicio de imaginar al terruño como fruto de una síntesis donde sonidos y personas se tejen de maneras amorosas y encendidas.

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En las 14 paradas del repertorio de “La Patria Viva” no hay nombres propios que mañana serán calles o edificios públicos, tampoco hay postales para el turismo ni zonas de sacrificio de donde extraer recursos, sino historias entrañables e instantáneas sensibles dibujadas sobre un rumor sonoro que permite asumir una memoria musical y expresiva que siempre –o casi siempre- es la que más y mejor cuenta acerca de un lugar y de quienes son sus habitantes.

Con más de 20 años de historia, algunos cambios en su formación y una discografía que antes constó de los álbumes “Floralia” (2010), “Enobra” (2013) y “Cría” (2017) y que a partir del EP “Trinchera” (2019) y, fundamentalmente, de la mano de “A los amores” (2024), se afirmó en la atmósfera de las músicas nativas, Duratierra anuncia nuevas creaciones que profundizan esa senda.

Un disco como toma de posición

Para dar forma a este nuevo paso, Duratierra convocó a un elenco notable capaz de potenciar cada momento del cuidado material grabado entre mayo y junio de este año.

A las célebres presencias vocales de Liliana Herrero, Noelia Recalde, Susy Shock y Cucuza Castiello, se añadieron el violín de Pablo Farhat, el bandoneón de Federico Siksnys, los pianos de Clara Presta y de Emiliano Greco y los vientos andinos de Diego Cortez.

Sin desdeñar el filoso protagonismo autoral de Saraco (quien dice presente en letras o en músicas de todos los temas), en “La Patria Vive” además irrumpen Bonetto y Vita sumando aportes creativos en varias piezas para bucear más hondo en el viejo/nuevo carácter de una propuesta que se renueva sin dejar de caminar, apuntando intensamente a un futuro urgido para armar.

Sin atarse a los rigores de cada género telúrico pero mostrando la vocación por adentrarse en ellos y permitirse jugar en esos pliegues, en la nómina de canciones del disco existe un rol protagónico de la chacarera y sus derivados en cuatro temas: “¿Qué le pasa a mi Patria?” donde Valen Bonetto postula: “Que sea tu casa mi cuero/crezcan ahí tus anhelos:/tener coraje a soñar/ crezca el país, que haya pan/y que te arda la patria”; en “A los hombres rotos de la Patria”, con un texto en el que Saraco se pregunta “¿Qué le pasó a tu corazón?/¿y cuáles son los bordes?/ Te traigo sueños entre las manos/Pájaros heridos buscando un nido hermano/ Y agua que moje la voz y el campo/Noches de rocío refrescando el verano”; en “Cara e’ perro” otra vez Saraco indica “Ya no quiero cambiar/esto que yo soy/A cara e’ perro y cantor/ hueso pelao de mi país/ manos de cicatriz”; y por último en “La giradera” la dupla Bonetto-Saraco cultiva la ironía cuando expresa: “Los dueños de tradiciones/trazan las cuadraturas/Si vas pa’ la salamanca/llevá las escrituras”.

En la recorrida hay dos gatos optimistas y enérgicos, ambos firmados por Juan. En uno, “Tesoro”, que abre el listado sumando un recitado de Susy Shock, se repite “Guardo un tesoro/ en la memoria:/los pueblos siempre pueden/transformar la historia”; mientras que en “Gato para toda la vida” aflora otra invitación al baile, a la celebración, a la desmesura.

Otro par de obras de Saraco rumbean para el estilo con inclinaciones cuyanas en “Si digo noche estrellada» (“Creen saber lo que digo/si digo noche estrellada/pero no entienden al cielo/que yo he visto en tu mirada” en un final portentoso) donde se suma la voz de Noelia Recalde y el instrumental “Cielo bonaerense”.

También doblemente se anota el huayno en “Flores de mayo”, una creación de la pareja donde revindica su paso familiar por las sierras cordobesas y llama a “que la fiesta se encienda/acá y en todos los barrios/y nos recuerde que somos/pueblo, familia y hermanos”; y en el tema que da título al trabajo y donde Juan observa “A cada tranco/anda la Patria viva/por las roturas/por las junturas” para que la canten, en un contrapunto de estilos, Micaela y Liliana Herrero.

Con color porteño y bonaerense también hay espacio para la murga “Las manos de mi familia” donde otra participación de Noelia Recalde y el aporte de Federico Nicolau impulsan la proclama “Con los dientes gastados/la gomera en el bolsillo/es mi Patria rebeldía/y este barrio que rastrillo/para escarbar el cemento/y trepar alto hasta arriba/las manos de mi familia/sosteniéndome la vida” y para la milonga alimentaria “Las sartenes” con la estelar participación de Cucuza Castiello.

El muestrario se completa con el bello escondido “Como el color a las flores” donde el guitarrista sostiene “No importa cómo lo diga/la copla es como una lanza/clavada sobre la tierra/para nombrar la esperanza” y con la única zamba, creada entre Bonetto y Saraco, la magnífica “Regreso cantando” en la que Micaela se entrega en otra gran interpretación para decir: “Mi tierra hoy /soñé con tu furia ancestra/indígena, criolla/marrón, salitral/pastora de cerros/y un cóndor se entrega al cielo/zamba americana/soplando en el viento”.

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About Post Author

Sergio Arboleya

Sergio Arboleya es periodista. Se desempeñó como editor de Espectáculos en la Agencia Télam y es autor de los libros “La Trova Rosarina” (1998) y “No pienses que nos perdiste” (2024). Integró el colectivo que entre 2006 y 2015 realizó la revista Devenir e integra el grupo que a partir de 2017 hace el programa “Después de la Deriva” en Revuelto Radio.
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