Fotos: Daniela Cerbino
Fernando Cabrera reafirmó anoche, con un concierto magnífico e hipnótico, su capacidad de construir otra temporalidad y albergar en ella a las más de 300 personas que colmaron el auditorio del Centro Cultural Leonardo Favio en la ciudad bonaerense de Lanús.
Solo con su guitarra eléctrica y despojado también de los pedales que solía utilizar hasta hace poquísimo tiempo, el artista uruguayo pareció potenciar la expresividad que lo asimila con el instrumento y, sobre esa mecánica, lanzó desde una voz también llena de matices las gemas de su inspiración poética.
El recital gratuito que marcó el estreno del músico y compositor en esa ciudad del sur del conurbano del Gran Buenos Aires, convocó a un gentío variopinto que se introdujo natural y gozosamente en esa burbuja sensible y provocadora que Cabrera talló con una veintena de piezas que desgranó en alrededor de 80 minutos de fascinante viaje.
Lejos de cualquier atajo o simplificación, pero con la solvente austeridad de sus herramientas expresivas, el guitarrista y cantante puso los cimientos de un oasis capaz de convidar espacios de asombro y belleza ante el hecho artístico con forma de canción.
Al filo de las 21.10 una ovación saludó su ingreso al amplio y despojado escenario desde donde abrió la velada con una trilogía notable integrada por “Dulzura distante”, “La garra del corazón” y “Punto muerto”.
Y ya desde el comienzo se apreció como la guitarra eléctrica en su honda y personal sonoridad encarnó entre las manos y el pecho del oriental una especie capaz de deslizarse sobre el filo del carácter de su pariente acústica y su potencia amplificada, marcando el peso de la cuerda bordona como si fuera el bajo pero sin abandonar jamás el lirismo de su sutil ligereza.
Los fuertes alegatos personales de “Críticas” y “El loco” dieron paso a uno de los estrenos de la noche con el bolero “Histeria masculina” que se enlazó con la estupenda “Méritos y merecimientos” que bien pudo oírse como una precuela del personaje protagonista del tema que lo antecedió.
El impactante desarrollo conceptual en torno a uno de sus clásicos como “La casa de al lado” hizo estallar el grito de “bravo” desde el corazón de la platea para así interrumpir el sobrecogedor silencio que imperó durante todo el espectáculo.
“Trabajé toda la vida con mis propios textos pero esta canción es la única cuya letra no me pertenece”, anunció antes de “Carnaval de mis amores” que fue la antesala de la siempre impactante “Puerta de los dos” y de otra novedad con el ambiente campero del “Toldo de Antonia”.

“Caminos en flor”, “Viveza” –que como siempre acompañó agitando una cajita de fósforos en su mano derecha y provocó un nuevo estruendo-, antes de la bucólica y romántica atmósfera de “Manta y rocío” y su contracara con “Llanto de mujer”
“Observando vuestros rostros o lo poco que veo desde acá, diría que creo que el 98% de ustedes cree en la reencarnación”, ironizó como prólogo a la demoledora “Estaba en otra vida” (“Vivir es volátil como el fuego/Amar es crecerse poco a poco/Y entre los riesgos del juego
Y los confines de un loco/Estás vos, estamos nosotros”) y la aparente despedida con otra piedra preciosa de su cantera: “Imposibles” que acabó con el público aplaudiéndolo de pie.
Ante el esperado pedido de “una más”, Fernando jugó a rehusarse esgrimiendo más compromisos artísticos “a los que no me gustaría llegar tarde” y enseguida anunció que “23.30 nos esperan en Concordia y más tarde los amigos de Bahía Blanca también”, pero por fortuna solamente se trató de una humorada.
Y de nuevo sentado en el corazón del tablado se despidió con otra saga excepcional integrada con “Por ejemplo” (que la audiencia se animó canturrear tímidamente), “Te abracé en la noche” y “El tiempo está después” donde también se oyó un atisbo de coro surcando la sala.
El paso de Cabrera por Lanús fue la antesala de un par de intervenciones en la Feria del Libro de Mendoza que el domingo y el lunes lo reunirán por primera vez con el tucumano Juan Quintero y de un posterior regreso a Chile tras un par de años de ausencia con actuaciones en las ciudades de Viña del Mar y Santiago.
Mientras se suceden los lanzamientos de singles de “Cabrera en mi”, con creaciones propias en versiones a cargo de otros artistas hispanoamericanos, la próxima posibilidad de verlo en acción en el país sucederá hacia finales de noviembre en yunta con su compatriota Hugo Fattoruso para presentarse en las ciudades de Neuquén, Olavarría, Santa Rosa, Bahía Blanca, Ciudad de Buenos Aires, Ituzaingó y La Plata.
