Barcelona (por Mariano Suárez, enviado especial).- Shakespeare no inventó Romeo y Julieta. Se inspiró un poema de Arthur Brooke. A partir de un acto creador, generó otro, antiguo recurso artístico que, en la ópera, tiene numerosas evocaciones, sea directas (como I Capuleti e i Montecchi, de Vicenzo Bellini) o indirectas (Tristán e Isolda, de Richard Wagner). La versión del venezolano Gustavo Dudamel de West Side Story, la obra de Leonard Bernstein, también inspirada en Shakespeare, clausuró el jueves la temporada del Gran Teatro del Liceo de Barcelona sin pretender confrontar con el recurso de la repetición; por el contrario, se afirma sobre él. Lo necesita para transformar la representación del musical original de Bernstein en una versión bajo el formato acotado de concierto sin perder la amplitud de escucha. Ese horizonte fue allanado por la solvencia de voces solistas de relieve mundial y el resultado estuvo cargado de espectacularidad.

En las letras de la rosa está la rosa
Por imperio del género, aquello que en Shakespeare es lenguaje a Bernstein es percepción. Más allá de la secuencia del argumento, la versión teatral shakespereana interpela sobre la relación (y el límite) entre la palabra y su modo de definir al mundo. La Julieta de Shakespeare reclama que Romeo renuncie a su nombre. Si suprime su nombre -esta convencida- suprime a la vez el conflicto entre sus familias (que en Berstein se convierte en una rivalidad entre pandillas). Porque aquello que no tiene designación en el lenguaje tampoco existe. “¿Qué hay en un nombre? Lo que llamamos rosa con cualquier otro nombre olería igual de dulce”, dice Julieta en el segundo acto con dos siglos de anticipo a Ludwig Wittgenstein.
La Julieta de Shakespeare podrá coincidir con el lingüista austríaco pero confronta con el poeta Jorge Luis Borges que en el «Golem», en sentido contrario, escribió: «Si (como dijo en griego en el Cratilo) el nombre es arquetipo de la cosa / en las letras de rosa está la rosa / y todo el Nilo en la palabra Nilo».
En en la versión de Bernstein, Tony (el tenor Juan Diego Florez), su Romeo, canta: “Every sight that I see is Maria!”. Persiste el juego de palabras, pero ya todo es visual: desaparece la crisis del lenguaje.
El conflicto entre Tony y María ya no es inmanente, se puede disolver -o al menos sus protagonistas así lo creen- por la fuerza de la voluntad.
Dos culturas en pugna.
West Side Story, uno de los nombres más emblemáticos de la historia musical de los Estados Unidos, fue estrenado en 1957. Con letras de Stephen Sondheim y un libreto de Arthur Laurents, la obra ganó diez Oscar cuando fue adaptada al cine en 1961.
Dudamel dirigió en 2021 la legendaria partitura de Bernstein para la nueva adaptación musical de Steven Spielberg de West Side Story. El cineasta estadounidense eligió al director venezolano y la Filarmónica de Nueva York (la orquesta de la que Bernstein fue titular) como director musical para la nueva versión con Rachel Zegler y Ansel Elgort.
La obra, que transita sobre universales del teatro (“Dos culturas que chocan y que empuja la tragedia, la alegría, la comedia”, explico Dudamel en la previa de sus funciones en Barcelona), ha trascendido formatos ya en vida del propio Bernstein que la registró en un disco de estudio en septiembre de 1984 con el español José Carreras y la neozelandesa Kiri te Kanawa.
En la versión montada en Barcelona el éxito del cierre de la temporada 2024-2025 estuvo asegurado para una ´programación acotada de sólo dos funciones y las presencias del tenor peruano Juan Diego Flórez y la soprano estadounidense Nadie Sierra, quien ha convertido a Barcelona en una suerte de plataforma de su proyección artística luego de las ovaciones que concitó con «La Traviata» y «La Sonnambula», este mismo año.
Si es verdadero aquel enunciado que dice que aquello que que se convierte en recuerdo son más imágenes atravesadas por el dramatismo del lenguaje (y que todo lo demás es fugaz); no cabe más que concluir que la versión de Dudamel en el Liceu perdurará en la memoria del público barcelonés.
Dudamel, Flórez y Sierra, los principales protagonistas de la gesta, han sido presencias conocidas para los argentinos en el Teatro Colón, cuya programación en lo últimos años fue erosionada, un poco por las restricciones del dólar y tanto más por conducciones erráticas.
Como eco de aquellas visitas persiste una huella: el 17 de noviembre de este año se presentará Sierra en el Colón en un concierto en solitario. Una reunión como la de anoche en el Liceo barcelonés está hoy fuera del alcance argentino.
Ficha artística:
Libreto de ARTHUR LAURENTS
Música de LEONARD BERNSTEIN
Letra de STEPHEN SONDHEIMProducción original dirigida
y coreografiada íntegramente por
JEROME ROBBINSMaría: Nadine Sierra
Tony: Juan Diego Flórez
Anita:Isabel Leonard
Rif: Jarrett Ott
Bernardo: Milan Perišic
Baby: John Cristofol Romaguera
A-Rab: Pau Camero
Rosalia: Montserrat Seró
Francisca: Laura Brasó
Consuelo: Tanit Bono
Action: Guillem Batllori
Big Deal: Nauzet Valerón
Diesel: Dimitar Darlev

