Fotos: Carolina Fezza
Diego Arolfo, músico, cantante y compositor oriundo de Coronda, Santa Fe, en formato cuarteto, entregó una noche plena de folklore y poesía en Café Berlín con un concierto lleno de emoción que contó con la presencia de figuras invitadas. Una muestra de la vigencia de la música folklórica.
El acogedor ambiente de Café Berlín, en el porteño barrio de Villa Devoto, colmado por un público que siguió entusiasmado las más de dos horas de música y poesía, fue el escenario de la noche. Allí Arolfo y sus músicos e invitados fueron parte de la celebración de los 25 años de su primer trabajo discográfico, que ahora se continúa con el estreno de «Nuevo”, su flamante álbum. También fue un festejo al vigor del folklore y la poesía.
Diego Arolfo es un referente de folkloristas que tienen en sus letras una gran impronta social, que nos invitan a reflexionar sobre nuestra realidad y los problemas que nos tocan de cerca, una apuesta de este gran luchador de la música nacional. El músico de Coronda fue ganador del Pre Cosquín los años 1996 y 1997 y finalista del Cosquín 1999. Fue finalista de los Premios Gardel a la música folklórica el año 2024. A lo largo de su fecunda carrera, que cuenta con 17 trabajos discográficos, ha actuado en variados escenarios, como solista, con sus grupos o acompañado a músicos, entre los que destacan las giras por el exterior con el Chango Spasiuk.
El encuentro comenzó con “Lo que me falta aprender”, en el que resaltó el sólido acompañamiento de su banda: Daniela Reynoso en bombo y voz, Fernando Pelascini en guitarra y Facundo Cano en el bajo eléctrico. Así fueron desgranando zambas, chacareras, gatos y chamamés.
El primer invitado de la noche fue Chango Spasiuk, el enorme músico misionero que con su acordeón y la voz y guitarra de Diego Arolfo ofrecieron dos canciones litoraleñas: “Canito y yo” y “El forastero” que hicieron las delicias del público. El misionero ponderó al santafesino como un gran músico y cantante (“El mejor”, dijo). Ante el reclamó del público, el dúo realizó un tema más.

Quedó el tiempo para la poesía de Mariano Álvarez, otro de los invitados, que leyó un poema ante el silencioso respeto de un público que ya a esta altura estaba conmovido por lo que sucedía en el escenario. Siguieron más invitados, el turno de Maxi Salvatierra, que cantó a dúo con Arolfo la zamba “Mientras dormías”, para dar luego paso a Fernando Montiveros y la declamación sentida de “La última zamba” acompañada por los músicos del cuarteto con “Volveré siempre a San Juan”. El compositor y poeta Diego Cantero continúo, para dar paso a la chacarera de su autoría “Avistando realidades”. Para seguir con otra invitada, Milena Navarro Pajón con “El silencio”.
Las anécdotas de Diego Arolfo, también formaron parte. Es así que relató cómo compró una quena a un lutier peruano en 250 dólares, para luego verificar que en las tiendas de artesanías del aeropuerto limeño costaban solamente 20, pero que amaba su quena con la que interpretó el gato cuyano “Flautero” en la que se presentó Martín Jerez en el charango, luego una versión de “Milonga de mis amores” que levantó más al público.
Uno de los momentos más emocionantes del concierto fue cuando la invitada Fernanda Mores que a dos voces con Diego Arolfo interpretaron “Hacia tu encuentro”, la cantante nativa de Escobar resaltó la generosidad y el apoyo del anfitrión a las camadas jóvenes de músicos que interpretan y componen folklore. El turno luego fue de otro referente joven, el rionegrino Emanuel Ayala, que tras otros agradecimientos al Arolfo interpretaron “La llamadora”.
Ahí nomás empezó la despedida. El bandoneonista Hugo Cuervo Pajón se sumó al cuarteto para las logradas interpretaciones de “Sin ella vienen los días” y “Chacarera del Alto”. Para dejar lugar a otro invitado, Mario Chávez y su violín con “Locura”, la potente chacarera “Apego” y “La encendida”, para dar por terminado un concierto en el que los duendes y las musas de los montes y llanuras de nuestro extenso territorio volaron por la noche de Villa Devoto, para reafirmar que la música también puede volver a las raíces y cantar al amor, al desamor, al paisaje, pero también a los problemas sociales, ecológicos y la realidad que vivimos y que muchos la sufren.

