Una lejana resonancia del tango “Comme il faut” fue oída por Astor Piazzolla en el antiguo Café Germinal de la avenida Corrientes y ese momento transformó su destino (y el nuestro). Descubrió entonces, a finales de los ’30, que allí preparaba su debut la orquesta de Aníbal Troilo. Se juró entonces permanecer en ese bar no menos de seis horas al día y absorber cada una de esas músicas.
Acaso ese movimiento de seducción no fue tan diferente del que –trazamos a modo de hipótesis- dos jóvenes veinteañeros de Rosario sintieron luego de escuchar la memorable versión del mismo tango de Eduardo Arolas y que fue un emblema del repertorio del dúo de piano y guitarra entre Horacio Salgán y Ubaldo de Lío. Tal vez habrá sido por eso que “Comme il faut”, justamente, funcionó como una declaración de principios en la presentación porteña del dúo Federico Finocchiaro (piano) – Ciro Spizzirri (guitarra eléctrica), en la noche del jueves, en el escenario de Galpón B.
Esa ventana de la tradición-elegante, virtuosa, “moderna”-, que la que se infiere del espíritu de Salgán y De Lío, es que la muestra el dúo que pretende abrirse terreno en la Ciudad de Buenos Aires, donde ya habían tocado una vez antes, en abril, en La Casa del Tango.
“Como corresponde”, o “Como Dios manda”, en su versión más llana, es la traducción del título del tango de Arolas, que tensionaba sobre la aparente contradicción entre el refinamiento francés y las músicas de los suburbios rioplatenses.
Ese mismo juego de complejidades parece atraer el horizonte de aprendizaje del dúo Finocchiaro-Spizzirri, que eligieron apostar a un formato con enorme prosapia en el tango (además de Salgán-De Lío, por ejemplo, los momentos de Jaime Gosis y Horacio Malvicino en el “Nuevo” quinteto de Piazzollla, que aparecían cuando el bandoneón de Astor se silenciaba; o, ya en el temperamento de la guitarra clásica, el trabajo de Aníbal Arias con Orlando Tripodi).

Más allá de la conversación entre los fraseos melódicos de la guitarra y la expresión rítmica y armónica del piano, el joven dúo eligió presentar, por un lado, obras del repertorio del tango cantado invocadas y evocadas desde el lenguaje instrumental, pero sosteniendo las melodías que permitían recuperar la poética presuntamente ausente.
Como el tango “El ciruja”, interpretado en la apertura y repetido sobre el cierre, un éxito que recogió Carlos Gardel a raíz de su suceso popular, con una letra que pinta un retrato social y que lleva música de un verdadero desconocido de este tiempo: Ernesto de la Cruz, bandoneonista autodidacta que fue figura de un tiempo dorado –también lejano- de la radio argentina. En esa línea también se interpretó “Nunca tuvo novio”, de Agustín Bardi.
Pero a la vez los músicos mostraron su pericia en el repertorio del tango “puramente” instrumental como con “Gallo ciego” (Bardi) o “Aquellos tangos camperos”, también de la caligrafía de Salgán-De Lío.
Ese repertorio pesado no significó una reticencia a mostrar las composiciones de los músicos del dúo: “Sin pretensiones” (Spizzirri); “Venus”, “Alterado” (Finocchiaro), con indubitable anclaje en el mismo lenguaje que los inspira.
Aquella tarde de 1939 cuando Astor se topó con el piano sincopado de «Comme il faut» (que tocaba Orlando Goñi) se juró asistir al Café Germinal como si fuera su escuela. “Yo lo miraba a Troilo como si fuese Dios”, relató años después.
Acaso ese sea el temperamento “que corresponde” para enfrentar la riqueza musical y poética del pasado del tango: primero escucharlo y tocarlo “Como Dios manda(ba)” para desde allí trazar caminos hacia la transgresión.
Ojalá el dúo Finocchiaro Federico Spizzirri persiga esa ambición.
