La figura de Marcelo Berbel, creador central de la música proyectada desde la Patagonia, es el eje de un libro escrito por la periodista Cecilia Rayén Guerrero Dewey y que se presentará el viernes 23 de octubre, a las 18.30, en la Biblioteca Nacional (Agüero 2502).
“Berbel, el latido de la Patagonia” recnstruye la historia de “un poeta de la Argentina marrón”, cuya obra permite recuperar una dimensión popular, mestiza y territorial de la identidad argentina. Un trabajador de la palabra que hizo escuchar la Patagonia en el cancionero popular argentino, de la mano de artistas como Jorge Cafrune, José Larralde, Los Andariegos, Los Fronterizos y, también, a través de sus propios hijos, Los Hermanos Berbel.
Berbel nació el 19 de abril de 1925 (fecha en que se conmemora el Día del Indio Americano) en Plaza Huincul y conocía los descarnados acontecimientos de la «Patagonia Rebelde» contados por Osvaldo Bayer a pesar de que nunca leyó el libro.
«La ventaja de los patagónicos es que siempre escribimos verdades. Mis temas transcurren en el lugar donde sucedieron las cosas. «La Pasto Verde» o «Piñonero» son verdades y experiencias. Cuando escribí el tema «El embudo», que grabó León (Gieco), no exageré. Es lo que nos pasó a los patagónicos. Al estar tan lejos tenemos que ver cómo los gobiernos dejan que se lleven todo, nuestro petróleo, nuestro gas y nuestras riquezas», dijo una vez en una entrevista en el diario La Nación.
En la presentación participarán la autora; el editor Santiago Ares; el escritor Mariano Dubín y el cronista Alejandro Seselovsky. Un puñado de canciones de Berbel será interpretado por Pilar Gough, Sofía Trucco y Trucha, artistas de una nueva generación de la escena neuquina.

La autora: Cecilia Rayén Guerrero Dewey. Crédito: Fernando Ranni
Fragmento del libro
La Pasto Verde fue la primera canción nacida en Neuquén que logró instalarse en el cancionero popular argentino. Hasta entonces el sur era un misterio también en sus sonoridades. La historia de Carmen Funes se fue colando en las radios y en las casas del país y aunque parecía anónima, como muchas otras composiciones de Berbel, abrió un portal que se consideraba imposible. La Patagonia, la tierra que generosamente alimentaba a la nación con su petróleo y con su energía, empezaba a tener música, poesía y voz.
Con la canción ya consagrada en la Argentina, la tumba de la Pasto Verde se convirtió en monumento histórico en manos del escultor Atilio Morosín y hasta allí fue la banda del ejército a rendirle homenaje.
El día de la inauguración del paseo, la banda del Sexto Batallón con Berbel en el trombón, entonó las estrofas de la zamba. Los aplausos se volvieron ovación.
Nadie, ninguna autoridad del ejército ni del gobierno, aclaró que esa zamba pertenecía al sargento Marcelo Berbel. Al notarlo, Marité se acercó a Chita y le dijo al oído:
—Mamá, ¿por qué nadie dice que esa canción es de papá?
Chita la miró con ternura, pero no tuvo palabras. Entonces, fue corriendo a colgarse del brazo de su papá y casi llorando insistió:
—Papá, si esa canción es tuya, ¿por qué nadie te nombra?
Y Marcelo respondió, secándole las lágrimas:
—Eso —hija —eso no es lo importante.
