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Editorial

Músicas para la emancipación

Se cumplen 90 años del nacimiento de la cantora Mercedes Sosa y 45 de la muerte del poeta Vinicius de Moraes, dos formas de un mismo imaginario en el que la voz y la palabra abonan la construcción de un proceso colectivo.
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Un 9 de julio, hace 90 años, Mercedes Sosa, nació en Tucumán, territorio de la declaración formal de nuestra Independencia. Otro 9 de julio, hace 45 años, Vinicuis de Moraes falleció en Brasil. Dos formas de un mismo imaginario en el que la voz y la palabra abonan la construcción de un proceso colectivo.

«No se puede cantar como si Mercedes no hubiera existido, no es posible” afirma Liliana Herrero sobre la cantora tucumana que le cantó a los humildes de su tierra y que pagó ese canto con el exilio y la censura. En Brasil que, lenguaje mediante, le costó integrarse al imaginario de la canción latinoamericana, el poeta Vinicius de Moraes fue el eslabón esencial de un proceso de estilización de la tradición popular. “En esa época, probablemente Brasil haya creado las canciones de protesta más elegantes del mundo”, escribió Caetano Veloso en su biografía.

Los caminos de aquellas canciones con fundamento de la Argentina y de Brasil necesariamente se cruzaron.

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“Zambita para que canten los humildes de mi pago”

“Mis padres tenían en el año una peña en Buenos Aires llamada La Tribu (1963-1966), y un día llego Hedgar Di Fulvio junto a una jovencita muy flaquita, de pelo largo y un señor con una guitarra. De golpe ese hombre saca la guitarra (después supimos que era Oscar Matus) y empieza una voz maravillosa a cantar «Zambita para que canten los humildes de mi tierra…». Nos quedamos pasmados. Todavía no había tenido éxito en Cosquín. Fue la voz de nuestro país”, relata Marian Farías Gómez que ya era profesional en el tiempo de aquella anécdota.

Mercedes Sosa sintetizó un doble movimiento: el que propulsó la integración de las músicas de provincias con los sonidos de Buenos Aires y el que la convirtió en una figura universal sin resentir los fundamentos de la música de raíz.

Nació en Tucumán el 9 de julio de 1935, donde despuntó desde niña su oficio de cantora, macerado por su condición de origen: descendiente de calchaquíes, hija de un obrero de la industria azucarera y una lavandera.

Aquellos tiempos la ubicaban prestando su voz en la radio, en los actos partidarios del peronismo o en el circo, pero su despegue –y el comienzo de la definición del paradigma que representó en el folklore argentino- fue alumbrado en Mendoza, donde se radicó en 1957 a partir de su matrimonio con el músico Oscar Matus, con quien tuvo un hijo, Fabián.

Eran tiempos del folklore industrializado, masificado a partir de las migraciones de las provincias a Buenos Aires, que confrontaba para algunas miradas con el tango –también en tiempos de esplendor publicitario- y el cosmopolitismo portuario.

En 1962 Sosa lanzó su primer álbum, “La voz de la zafra” a instancias del músico Ben Molar, que convenció a los directivos del sello RCA. Ocho canciones de Oscar Matus- Armando Tejada Gómez: (entre ellas, “La zafrera” y “Zamba de los humildes”) prefiguraban lo que iba a ser el Movimiento del Nuevo Cancionero, formado al año siguiente.

Con pulso de vanguardia, con vocación por rebelarse ante el manual de repeticiones que imponía el canon folclórico y a partir de la convicción de cantar con fundamento, el Movimiento del Nuevo Cancionero fue una propuesta integradora de las músicas argentinas, empujado por Mercedes, Matus, Armando Tejada Gómez y Tito Francia.

Proponían “la búsqueda de una música nacional de raíz popular, que exprese al país en su totalidad humana y regional”, según el documento fundacional firmado el 11 de febrero de 1963 en el Círculo de Periodistas de la ciudad de Mendoza.

“Hay país para todo el cancionero. Sólo falta integrar un cancionero para todo el país”, postuló el texto también firmado por Víctor Gabriel Nieto, Martín Ochoa, David Caballero, Horacio Tusoli, Berla Barta, Chango Leal, Graciela Lucero. Clide Villegas, Emilio Crosetti y Eduardo Aragón.

“Canción con fundamento” (1965), el segundo disco de Mercedes –para entonces ya separada e instalada en Buenos Aires-, expresaba aquella apuesta.

Las reseñas biográficas de Mercedes enfatizan su irrupción en la quinta edición del Festival de Folclore de Cosquín, en 1965, introducida por Jorge Cafrune en su espacio y en la última noche, a pesar de ser resistida por la organización a raíz de su adhesión al Partido Comunista (aunque se sostienen otras versiones del hecho).

“Yo me voy a atrever, porque es un atrevimiento lo que voy a hacer ahora, y voy a recibir un tirón de orejas por la comisión, pero qué le vamos a hacer, siempre he sido así, galopeador contra el viento, les voy a ofrecer el canto de una mujer purísima, que no ha tenido oportunidad de darlo y que, como les digo, aunque se arme bronca, les voy a dejar con ustedes a una tucumana: Mercedes Sosa”, dijo el ‘Turco’ Cafrune el 31 de enero de 1965 al presentar a la cantora tucumana, entonces de 30 años.

Cantó sola con su caja “Canción del derrumbe indio”, del compositor tucumano Fernando Iramain. Fue ninguneada por los medios de entonces, pero no por el público, que la ovacionó. Esa actuación le allanó el camino para grabar su tercer disco, “Yo no canto por cantar”

Luego la historia es más conocida, jalonada por la popularidad y algunos discos memorables, como el homenaje a Violeta Parra registrado en 1971.

Censurada por la dictadura cívico-militar (1976-1983), se exilió en Europa, donde prosiguió con su trabajo con grandes figuras iberoamericanas de la canción. Tras su regreso a Argentina en los ’80 su sonido se atrevió al tango, el jazz y el rock.

Su último trabajo fue “Cantora: un viaje íntimo” (2009), en el que interpretó 34 canciones a dúo con otros tantos artistas latinoamericanos.

Falleció a los 74 años, el 4 de octubre de 2009 a raíz de una disfunción renal. Su figura, por su dimensión y potencia, no pudo ser ignorada por aquellos que, desde un tradicionalismo cerril, delimitaron y clausuraron aquello que es y que no es parte del folklore argentino pero, a la vez, tampoco pudo ser domesticada por ese acto aplanador. He allí uno de sus triunfos.

Transformar el mundo con la palabra

En un tiempo en que se postulaba cambiar el mundo con la violencia, Vinicius de Moraes lo consiguió con la palabra. Sus versos ayudaron a moldear una cultura y fundaron una estética: la bossa nova.

Por supuesto que aquel fue un movimiento colectivo que compendió, inicialmente, también a artistas como Tom Jobim, Joao Gilberto y Baden Powell. Pero Vinicius fue la pieza fundamental de aquel proceso.

“El no llegaba de la música, era un poeta de verdad”, enfatizó Caetano Veloso, heredero de esa tradición, en su autobiografía, “Verdad tropical”.

Crecido en el seno de una familia aficionada a la música, Moraes comenzó a escribir poesía desde chico.

A los 19 publicó su primer libro, “El camino para la distancia”, donde reveló una temprana influencia de las letras francesas, en especial, Rimbaud, pero también Baudelaire y Verlaine.

El 1929 comenzó a estudiar derecho sin abandonar el universo de las letras y en 1938, con una beca del gobierno inglés, se instaló en la Universidad de Oxford y escribió “Novos Poemas”.

En 1941 volvió a Río de Jaineiro y comenzó a escribir críticas de cine en periódicos y revistas.

Dos años más tarde se unió al cuerpo diplomático en el que permaneció hasta la dictadura militar brasileña (fue expulsado en 1968). En ese mismo tiempo también alumbró el libro “Cinco elegías”.

En los cincuenta fue artífice fundamental de un cruce entre la alta cultura y la cultura popular que derivó en el nacimiento de la bossa nova, con elementos de samba pero también la influencia del jazz.

Desde entonces -en todas partes-, la armonía musical es hija del Brasil.

Los enciclopedistas registran el nacimiento de la bossa nova con el disco “Canção do amor demais”, editado en 1958 con creaciones del dúo Tom Jobim Vinicius de Moraes y donde aparece la canción “Chega de saudade”, consagrada como la pieza fundacional de esta estética.

El propio Vinicius reconocía un movimiento que abandonaba el afrancesamiento y avanzaba en la estilización de las tradiciones populares; un proceso que excedía la música y comprendía a Mario de Andrade, Jorge Amado y Graciliano Ramos.

En ese tiempo colectivo fecundo, Vinicius realizó muchos trabajos en colaboración. De aquellas sociedades, sin duda, la más fructífera fue la que sostuvo junto con Toquinho con quien compuso más de 120 canciones; entre ellas, “Para uma menina com uma flor” y “Samba da bênção”.

Muchas más llevan el sello de Vinicius: “A felicidade”, “Si todas fossem iguais a você”, “Eu sei que vou te amar” y la universal “Garota de Ipanema”.

“En esa época, probablemente Brasil haya creado las canciones de protesta más elegantes del mundo”, escribió Caetano Veloso en su biografía.

Caetano de algún modo interpelaba así alguna crítica que cuestionaba cierto aire de placidez en las letras de Vinicius, que para ciertos artistas no se emparentaba con el espíritu de aquel tiempo político.

Nacido el 19 de octubre de 1913 en Río de Janeiro, Vinicius falleció la madrugada del 9 de julio de 1980 en la bañadera de su casa en Gavea, a los 66 años.


“Gente humilde”, escrita por Vinicius de Moraes y Chico Buarque, fue una de las canciones que tuvo que esperar hasta el final de la dictadura para que en la Argentina pudiera ser escuchada en la voz de Mercedes Sosa.

La cantora tucumana grabó más de 40 discos. En 2011 se lanzó un disco con las versiones en su momento prohibidas («Y seguí cantando»), con 15 canciones grabadas entre 1969 y 1980. Entre las censuradas aparecen, además de “Gente humilde”, por ejemplo «Ocio da terra», de Chico Buarque y Milton Nascimento; «Como la cigarra», de María Elena Walsh; «Como un pájaro libre», de Glejer y Reaches, y «Canción de las simple cosas», de Armando Tejada e César Isella. Estas canciones aparecían en las versiones internacionales de los discos pero eran suprimidas para la circulación en la Argentina.

Mercedes Sosa, que ya desde 1975 integraba la lista de «artistas subversivos» de la Triple A, se exilió en febrero de 1979, luego de una secuencia de atentados. Regresó a un escenario argentino el 18 de febrero de 1982, antes de que la dictadura jugase su cruzada final en Malvinas.

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Mariano Suarez

Licenciado en Ciencias de la Comunicación, magister y doctor en Derecho del Trabajo; Doctor en Derechos Humanos y Previsión Social. Escribió una decena de libros de derecho, comunicación y música.
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