Foto: Dovile Sermokas.
Con sus ojos cerrados, Camila Nebbia se balancea acompasadamente mientras produce sonidos inéditos con su saxo. Sus pies apenas se mueven en el espacio mínimo que ocupan, pero su cuerpo empieza a contorsionarse al ritmo imprevisto y siempre nuevo de esa sonoridad que expresa una conexión emocional y un intercambio físico profundo con su instrumento. Es una danza íntima en la que se entrega por completo, con su mente, su boca, sus brazos, sus manos y las puntas de sus dedos. Un baile imprevisible donde la interacción entre ella y su saxo produce evoluciones y derivas rítmicas regidas principalmente por el ambiente, la sensualidad, el juego, la intuición y el azar.
La suya es una música libre, lúdica y fluida, una expresión honesta de su subjetividad. Una música que se crea y retroalimenta mientras sucede, que sigue los caminos insospechados de su ánimo, de su intimidad y sus misterios, expresados en evoluciones sorpresivas y variaciones rítmicas inesperadas. Calma, vertiginosa, introspectiva o expansiva, es una música abstracta y conmovedora, siempre diferente y siempre nueva en su propia imprevisibilidad. La invitación a un viaje a lo desconocido, un proceso de creación espontáneo y aleatorio que elude la razón y no respeta reglas.
En el universo amplio y diverso de la improvisación musical, que en la cultura occidental se asocia en buena parte al bebop y el free jazz aunque también incluya otros géneros, el trabajo de Camila es altamente valorado a nivel internacional, al punto de haber sido nominada consecutivamente, en 2024 y 2025, al German Jazz Prize. Saxofonista, compositora, improvisadora y artista visual, Camila nació en Buenos Aires pero está radicada desde hace años en Berlín, donde sus actuaciones son muy celebradas y desde donde irradia la espontaneidad de su música y la expresión directa de sus emociones hacia otras ciudades alemanas y europeas.
Considerada como “una saxofonista esencial de nuestro tiempo” por la revista especializada Jazz PT, el álbum solista más reciente de Camila, Una ofrenda a la ausencia (Relative Pitch Records), fue descrito por The NYC Jazz Record como “un álbum profundamente humano y personal, que sorprende a los oyentes con un enfoque apasionado del jazz”. “Lo que me atrae de la improvisación es la gran libertad de expresión que implica: decidir en el momento hacia dónde ir, habitar lo desconocido y dejarse guiar por la curiosidad de lo nuevo”, afirmó en una entrevista con Negras&Blancas.
Entre los próximos conciertos de esta artista multifacética, que tocó y grabó con artistas como Marilyn Crispell, Michael Formanek y Angélica Sánchez, figuran el concierto que brindará el el 5 de junio junto a Chris Corsano en el club Cafe Oto en Londres.

Foto: Aurélie Raidron
-Paulo Pécora: ¿Cuándo y cómo llegó el saxo a tu vida? Lo heredaste, te lo regalaron, por qué te interesó tocarlo?
-CN: Mi historia con el saxo empezó a los 9 años, cuando de la nada le pregunté a mi mamá si podía tomar clases de saxo. No vengo de una familia de músicos, así que el amor y la motivación por la música fueron algo que fui descubriendo sola. Cuando era chica vi a un saxofonista en la televisión y desde ese momento me enloqueció el instrumento. Empecé a tomar clases con un saxo prestado y, años más tarde, tuve mi primer saxo propio.
-PP: ¿Cómo y dónde te formaste como saxofonista? En qué escuela, con qué maestros?
-CN: Mi formación académica fue primero en el Conservatorio Astor Piazzolla, donde estudié música clásica, y luego en el Conservatorio Manuel de Falla, donde hice la carrera de jazz. Más adelante estudié un máster en música contemporánea en un programa conjunto entre cuatro universidades europeas en Estocolmo, Tallin, Lyon y Hamburgo.
También tuve varios maestros particulares; entre ellos destaco a Luis Nacht, que además de haber sido un gran maestro se convirtió en un gran amigo y colega.
-PP: ¿Cuáles fueron tus influencias principales para tocar el saxo? ¿Qué te influyó de ellos?
-CN: Tengo muchísimas influencias, pero quizás una de las más importantes fue Ornette Coleman. Cambió por completo el rumbo de la música que venía haciendo. Yo estaba más enfocada en el jazz tradicional, y al descubrir su música fue como encontrarle sentido a todo. Ahí supe que tenía que ir por ese camino de la improvisación libre. También varias de mis influencias no tienen que ver con mi instrumento, como Marilyn Crispell, Kathleen Hanna (de Bikini Kill), Patti Smith, Alejandra Pizarnik, Frida Kahlo, entre otrxs.
-PP: ¿Quiénes son los saxofonistas más importantes (sean de jazz u otros) en tu formación y por qué?
-CN: Muchxs, pero si tuviera que nombrar algunos, tanto de antes como de ahora, diría Sonny Rollins, Ornette Coleman, Albert Ayler, Dexter Gordon, Ingrid Laubrock, María Grand, Sakina Abdou y James Brandon Lewis, por decir algunos; la lista es interminable. Cada unx tiene algo especial y honesto a la hora de tocar el instrumento, y eso es lo que más me inspira, escuchar sus voces tan personales.
-PP: ¿Qué otra formación artística tuviste, ya que también estudiaste cine y te dedicás a varias ocupaciones dentro del mundo de la música y el audiovisual?
-CN: Además de música y cine, no estudié nada más. Me dedico a escribir música, tocar en mis proyectos de música improvisada y compuesta, formo parte también en proyectos colaborativos y lideradas por otras personas. También parte de mi práctica artística es realizar mis propias películas experimentales. Con mis películas de super 8 hago varias tapas de mis discos, conciertos audiovisuales, y películas cortas para acompañar mi música.
-PP: ¿Cómo es tu relación con lo visual, con el cine y las imágenes? Qué tipo de films o videos te gusta realizar y por qué?
-CN: Siempre me atrajo el cine experimental. Hay algo en el arte experimental que me llama desde siempre: la posibilidad de encontrar narrativas no convencionales, otras formas de expresión distintas a las que ofrece el mainstream. Me encontré con el super 8 porque mi abuelo y mi mamá solían filmar películas familiares. Años después de haber terminado la carrera de cine, volví a encontrarme con ese material y empecé a explorar el medio. Me gusta hacer películas en super 8 intervenidas manualmente y destruidas: a veces son películas de archivo, otras veces filmadas por mí, y otras trabajo directamente sobre película transparente que luego pinto, usando pinceles, mis huellas digitales, y materiales como tinta y lavandina.
-PP: ¿Por qué elegiste el jazz para desarrollar tu actividad musical? ¿Qué características diferenciales podrías mencionar del jazz en relación a otros estilos musicales?
-CN: Está muy ligado a mi instrumento y lo fui descubriendo al tocar y aprenderlo. Tuve una etapa, en mi adolescencia, en la que escuchaba mucho rock y punk, pero a la hora de elegir qué estudiar, con mi instrumento estaba bastante claro el camino hacia el jazz, es como algo que ya sabía aunque tenía otro mundo que me fascinaba a la vez. Encontrar la improvisación libre, el jazz contemporáneo y la música experimental fue una forma de unir esos mundos que tanto amaba y que hiciera sentido en mi.
-PP: Como saxofonista, ¿qué encontrás en la improvisación que te atraiga o te satisfaga como para dedicarte a ella casi por completo? ¿Qué posibilidades creativas o musicales te ofrece?
-CN: Como artista, en general, lo que me atrae de la improvisación es la gran libertad de expresión que implica: decidir en el momento hacia dónde ir, habitar lo desconocido y dejarse guiar por la curiosidad de lo nuevo. La música improvisada da la posibilidad de generar conciertos con personas que quizás no conozco personalmente y con quienes nunca toqué antes, pero con quienes algo sucede por una única vez, como algo que solo existe en ese momento. Es una forma hermosa de conectar con otrxs, conocer gente nueva y descubrir lugares nuevos. Siempre digo que para mí lo más difícil de estar de gira es irse a dormir, porque tengo ese sentimiento que solo veo a estas personas por esa vez y no se cuando las volveré a ver, cada encuentro es muy único. Como saxofonista, me atrae la posibilidad de explorar sonidos de mi instrumento que no son necesariamente convencionales, así como trabajar la flexibilidad en el instrumento como en la música.
-PP: ¿Existen métodos o fórmulas para improvisar?
-CN: Hay muchas personas que escribieron sobre la improvisación y sobre formas de escucha ligadas tanto a la improvisación como a la composición, que se pueden incorporar. En la improvisación libre, por ejemplo, el trabajo llamado Deep Listening, de Pauline Oliveros, que para mí fue un libro que cambió profundamente mi forma de conectar con la música. A la vez, creo que sumado al trabajo técnico del instrumento, y cualquier tipo de ejercicios que puedan existir, lo más importante para esta música es juntarse a tocar con gente y escuchar mucho este tipo de música, ser activamente curiosa por nuevos sonidos.
-PP: ¿Qué grado de intuición, juego, azar y deriva ponés en juego cuando improvisás?
-CN: Diría que están todas a la vez, y sumaría algo fundamental: escuchar, estar presente e interactuar con quien sea que esté tocando.
-PP: ¿La improvisación sería al jazz lo que el cine experimental al cine clásico? Lo pregunto en el sentido de trabajar con una herramienta con la que se investiga, se juega y se usa de maneras diferentes o incluso contrarias a las que fueron pensadas.
-CN: De alguna manera puede verse así, pero también la improvisación existe en todas las tradiciones musicales y folclores. Por eso es interesante observar cómo cada música tiene su propio lenguaje, sus “reglas”, parámetros, etc. La improvisación libre no proviene únicamente del jazz, y eso es precisamente lo más interesante: no es necesario tener una formación específica para dedicarse a esta música. En el auge de la improvisación libre, muchos músicos, en la misma época del free jazz, que provenían de la música contemporánea en Europa comenzaron también a interesarse por la improvisación libre. Derek Bailey, guitarrista y pensador de la época, llamaba a ésta música como “no idiomatica”, el término me parece interesante, aunque no sé qué tan posible es escaparse del lenguaje.
-PP: Como en el cine experimental, ¿el free jazz y la improvisación serían una manera de dejar fluir libremente una subjetividad espontánea?
-CN: Sí, me parece una muy buena manera de pensarlo.
-PP: ¿Cómo es tu vida artística en Berlín? ¿Por qué elegiste Berlín para vivir, qué ventajas artísticas/productivas/operativas te ofrece?
-CN: Nunca había estado en Europa antes de decidir mudarme. Antes de llegar acá pasé por varias ciudades, pero cuando finalmente llegué a Berlín supe que era el lugar para mí. Me atrajeron su diversidad cultural, su carácter internacional y lo abierta que es la comunidad artística.
Me mantengo tocando conciertos no solo en Berlín, sino también en distintas ciudades de Europa. Trabajo con grupos estables que fui formando desde mi llegada, así como con formaciones más espontáneas que se crean para conciertos específicos. Para mí, la gran ventaja de haberme mudado acá es poder desarrollarme plenamente en la música y el cine, ya que hay una escena muy activa de ambas disciplinas, aunque mucho más en la música que el cine. Este tipo de vida me permite crecer, evolucionar y encontrar nuevos desafíos artísticos que me motivan a seguir explorando.
-PP: ¿Cómo es el circuito de jazz e improvisación europeo y mundial y qué lugar ocupa la escena argentina?
-CN: En Europa hay muchos espacios para tocar: festivales, series de conciertos y también numerosos eventos autogestionados, que sostienen un espíritu muy interesante dentro de la escena.En Argentina hay una enorme cantidad de músicxs increíbles, componiendo música muy interesante y con improvisadorxs de un nivel altísimo. Toda esta escena existe gracias al trabajo autogestivo de lxs músicxs: hay muy poco apoyo institucional, por no decir que ya casi no hay… y los clubes no se interesan por esta música (hay muy pocos que sí como Pérez, Roseti, entre otrxs). Sería muy importante que se apoyara más el trabajo creativo de lxs artistas de ahí, y no tantos homenajes al jazz, que en definitiva poco tiene que ver con nuestra historia y no ayuda a que la escena crezca y se desarrolle. Lamentablemente, la escena argentina está bastante desconectada del resto del mundo, como pasa en otros países también y cada artista tiene que encontrar su propia manera de poder viajar y tocar en diferentes partes del mundo.
-PP: ¿Cuáles son tus próximas giras y proyectos? ¿Editaste un nuevo disco recientemente o está por hacerlo?
-CN: El año pasado edité muchos discos, entre ellos uno en trío con Marilyn Crispell y Lesley Mok. Este año voy a sacar un disco a dúo con el baterista Chris Corsano y otro con mi sexteto de composiciones propias, The Hanged One, el segundo disco del trio Exhaust con Kit Downes y Andrew Lisle, entre otros. De gira voy a estar con muchos proyectos durante el año.
-PP: Por último, tu trabajo siempre es compartido con otros músicos, incluso cuando improvisás. ¿Cómo es tu método de trabajo para poder compartir y crear con otras personas?
-CN: No tengo un método específico. Me encanta el trabajo colaborativo y compartir con otras personas. Siento que lo más importante es el respeto mutuo, y para mí eso es prioridad. Si me voy de gira, quiero estar rodeada de gente buena onda. Después tocar siempre es algo que da sorpresas en el momento, hay mucho de bajar la expectativa de lo que debería ser y aceptar lo que es y crear desde ahí.
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