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Editorial

Bajofondo: el baile digital de la posverdad

Bajofondo se mueve en un tiempo no lineal, donde pasado y futuro conviven en el presente. Su nuevo disco OHM es un estadío más en ese largo camino que comenzó hace 25 años. Gabriel Plaza conversó con Luciano Supervielle y Javier Casalla para Negras&Blancas.
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Bajofondo se mueve en un tiempo no lineal, donde pasado y futuro conviven en el presente. No es nostalgia ni es pura vanguardia. Es más bien una deriva, una conversación constante entre las tradiciones musicales y una lectura contemporánea. Una nave que se transforma en cada etapa. Una obra en progreso. Un pasajero en trance.

Su nuevo disco OHM es un estadío más en ese largo camino que comenzó hace 25 años cuando los productores Gustavo Santaolalla y el uruguayo Juan Campodónico crearon un proyecto inicial de laboratorio, rodeados de cables y computadoras, que dialogaba con esa incipiente etiqueta del tango electrónico que comenzaba a circular en la industria.

“En todos los compilados de tango electrónico estamos metidos ahí, pero nunca lo buscamos ni lo concebimos de esa manera. Lo que sí hubo siempre fue una manera de componer y de invitar a artistas diversos a sumergirse en un mundo propio”, dice Luciano Supervielle.

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Después de su primer disco Bajofondo Tango Club (2002), donde participaban cantoras como Adriana Varela y se presentaban en vivo con un formato más de dj set y con programaciones, el grupo borró la palabra tango del proyecto y empezó a construir esa identidad con un destilado propio con el adn musical del Río de la Plata, -tango, milonga, candombe, folklore- perfumado por el sonido global del pop, el rock y la electrónica.

«Tras esa génesis en la que empezó a hablarse de tango electrónico, mote al que siempre nos opusimos, hoy quisimos hacer un disco electrónico con un sentido humanista también”, dice Luciano Supervielle, que ancla el discurso en el presente.

El grupo formado por Gustavo Santaolalla, Juan Campodónico, Luciano Supervielle, Javier Casalla, Martín Ferrés y Gabriel Casacuberta, se instaló durante días en el estudio La Siesta del Fauno de Ernesto Romeo, rodeado de sintetizadores como el DX1, el Yamaha CS 80, el Roland Juno 60, máquinas de ritmo, computadoras como la Commodore 64 y modulares analógicos como el Moog. El resultado son catorce tracks para un disco mayoritariamente instrumental que tendrá un lado b con más invitados en el segundo semestre del año, y que como dice el periodista Carlos Rodriguez Puente “es una autopista extensa cargada de referencias que van de Stockhausen a Kraftwerk o alguna rave lisérgica de locación secreta”. 

“Queríamos que esa electrónica fuera algo tangible y orgánico. Tocar la electrónica con otras manos, todos juntos.”, cuenta Supervielle, el músico uruguayo, que fue el primero en incorporar sus teclados y scratches con vinilo a la formación.

En el antecesor Aura (2019), el grupo experimentaba con la psicodelia. En OHM, el grupo vuelve a explorar en la electrónica y se radicaliza. Hay referencias con links directos a la electrónica pionera de Wendy Carlos, la experimentación concreta de Pierre Henry, o el pulso synth-pop de Pet Shop Boys. “Todos ellos fueron transgresores y criticados”, recuerdan.

«Hacer un disco electrónico con instrumentos analógicos es su gesto de resistencia. Es apropiarse de la tecnología cuando el algoritmo define el consumo en la vida moderna. El resultado son composiciones que revelan la ansiedad y el estado de ánimo de estos tiempos con la belleza imperfecta de lo humano. “Queríamos un sonido con grano, con profundidad”, dice Casalla, violinista del grupo.

Las colaboraciones, menos numerosas que en otros trabajos, vuelven a ser decisivas. Está la participación del legendario músico uruguayo Hugo Fattoruso (“tenerlo es como tener diez músicos más”), en el track de “Tres empanadas”, donde toca unos teclados que suenan siderales, y la invitación inesperada al baladista Cristian Castro en “Se fue el sol”, uno de los mejores temas del álbum, que dialoga con el electro pop ochentoso. La letra esta escrita por Santullo, el mismo autor de “El mareo”, el tema más escuchando de Bajofondo hasta la actualidad. Para este track la voz y la imagen de Castro completaba el imaginario ideal para la mirada irónica de Bajofondo.

“Cristian calzaba justo. Tiene una relación fuerte con el Río de la Plata y con México, como nosotros.”, dice Supervielle. La canción es un hit automático -tanto que Castro la incluirá en sus shows- con esa voz teñida por el pop romántico envuelta por en el tren bajofondero y unos sintetizadores que recuerdan a la banda de sonido de La Historia sin fin. Hay, además en el video, una estética glam, new romantic, ecos de los 80 y referencias a Bowie que no buscan el disfraz sino una visión más simbólica. “Después del despilfarro y los excesos, ¿de qué nos disfrazamos ahora?”, dice Casalla.

Entre el pulso excitante del baile, los paisajes más experimentales y un mensaje entrelíneas se mueve el territorio conceptual de OHM. “Pretendemos generar reflexión, conectar desde lo afectivo y no dejarnos obnubilar por la información direccionada”, dice Supervielle. 

“En el disco se trata de revisitar ese pasado donde el futuro era una cosa esperanzadora y donde la tecnología era una esperanza también porque todos pensábamos que la evolución tecnológica nos iba llevar a ser mejor como humanidad y como sociedad, que íbamos a a resolver un montón de cosas, y que iba a ser un mundo más justo. Entonces, también, hay un poco de sarcasmo en el nombre que es la unidad de resistencia a la corriente eléctrica y es el mantra con el cual conectarse con uno mismo vibracionalmente. Está un poco atravesado por todo todas esas inquietudes”, apunta Casalla.

Volver a la electrónica, pero desde un lugar humano. Revisitar el pasado para discutir el futuro. En esa tensión, Bajofondo encuentra su presente musical. OHM, no funciona solo como un boleto de ida al mundo líquido del capitalismo en composiciones como “Tic toc”, o la toxicidad de “Caño de escape”, ni como mantra apocalíptico en “Estibado público”, sino como un estado de conciencia y contemplación en piezas como “Horizonte”, y “Acequias”.

“Es un disco que suena retrofuturista”, dice Casalla.

OHM, es también una relectura social de este tiempo. “Futuro era el de antes”, bromea Javi Casalla, parafraseando al propio Santaolalla, frente a la distopía del presente, la escalada de la guerra en Medio Oriente, la presidencia de Javier Milei.

El disco atrapa un clima de época en la secuencia hiperquinética de composiciones como “Teletipo”, en la degradación urbana de las tonalidades menores de “Molinete”, en el sonido somnoliento y abismal de “Melancolaya” que suena a un réquiem para el Río de la Plata, en el trip hop porteño irregular que se planta desde su identidad espiritual en “Hay un lugar”, (cantado por Santaolalla), o en la catarsis tecno de “Mistrestrellas”, que cierra el disco, como si el grupo quisiera bailar sobre los escombros que dejó el libre mercado.

El álbum toma el residual discursivo de esa promesa de un futuro que no fue y plantea el interrogante de hacia donde vamos. En tiempos de posverdad, la música instrumental -territorio donde Bajofondo sigue apostando fuerte- es también un posicionamiento. “No es que planteemos respuestas, ponemos sobre la mesa las preguntas que nos estamos haciendo.”

-En el disco aparece un tema dedicado a la memoria. Quería que me cuenten el proceso y lo que implica hacer una canción así en esta época.

Luciano Supervielle:-Vivimos en tiempos de la posverdad y hay un esfuerzo por hacer un ejercicio de memoria. En este tema en particular cuya composición es de Gustavo, él y nosotros estamos súper comprometidos con muchas causas relacionadas con la memoria de este lugar. Tiene que ver con revelarse frente a los relatos que se quieren imponer desde afuera y tomar a la gente por estúpida. Con nuestra música tratamos de hacer reflexionar y que la gente tenga la capacidad de ser crítica, de pensar, sobre los distintos asuntos de la vida. La memoria es una cosa muy fundamental y hoy en día nuevamente está atacada desde muchos lugares. Es súper importante defenderla.

Javier Casalla: –Obviamente tiene que ver con la memoria, la verdad, la justicia en épocas de como decía recién Luciano está todo bastardeado y manoseado. También es como volver a tener memoria de dónde estábamos cuando todavía teníamos un futuro. Me parece que también pasa por ahí. Hagamos memoria de dónde estábamos cuando todavía podíamos pretender tener un futuro, a ver si lo volvemos a tener.


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About Post Author

Gabriel Plaza

Ejerce el periodismo musical desde 1992. Fue crítico de música en el Diario La Nación (Buenos Aires), desde 1996 hasta 2019. Sus crónicas musicales se publican en medios como Revista Ñ, Silencio, Página 12, Caras y Caretas, y Anfibia. Fue tercer premio del concurso para Jóvenes Periodistas de Iberoamérica Lazaro Carreter en el año 2000 (BMG Group. España). Es co-fundador de la Red de Periodistas Musicales de Iberoamérica (REDPEM) y uno de los autores del libro Ritual y Ritmo sobre el fenómeno de La Bomba de Tiempo, junto a Humphrey Inzillo, editado por Atlántida (2017). Sus artículos aparecie-ron en publicaciones de la Universidad de La Plata y la Universidad de Guadalajara, México. Es autor del libro sobre la Bomba de Tiempo junto a Humphrey Inzillo. Tiene su pro-grama de música Hora Cero, todos los martes a las 23, en Radio Nacional.
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