Desde su estudio y en plena expansión del proyecto Cancionera, con el que se llevó tres premios Grammys, Natalia Lafourcade conversa con una calma que no es quietud, sino un modo de habitar con conciencia la transformación. Afuera, la industria se acelera. Adentro, ella parece estar en otro ritmo, uno propio, uno en sintonía con sus propias transformaciones. En pocos meses será madre.
“Ha sido una sorpresa”, dice y abre los ojos redondos. “Yo no pensé que me iba a tocar. Y llegó en un momento donde el proceso del disco me permitía despojarme de muchas cosas, aligerarme, confrontar. Todo lo que habla el disco, bueno, ahora lo estoy viviendo muy orgánicamente. La transformación es constante, pero ahora viene con una montaña de emociones”, cuenta Natalia, a través del zoom.
Por estos días, la artista mexicana que anunció un nuevo concierto en la Argentina, el 29 de mayo en el Teatro Gran Rex, tiene otra novedad: su incursión en la música urbana con el single “La cometierra”, tema leimotiv de la nueva serie original de Prime Video inspirada en Cometierra (2019), la novela de Dolores Reyes.
«Me gusta que en esta historia se aborda la fuerza de un poder, un don que en el proceso de abrazarlo e integrarlo a su vida la protagonista logra ayudar a muchas personas. Hay historias terribles y a la vez siempre una esperanza de que algo cambie”, dice la artista sobre el nuevo single, inspirado en la historia de una niña con el don de encontrar personas desaparecidas.
Una canción puede cambiar una vida. A ella le pasó con “Hasta la raíz”, un tema de 2015 que se convirtió en un himno de su repertorio y fue elegida hace una semana entre las mejores cien canciones del siglo XXI por la revista Rolling Stone en español.
“Cuando yo canto “Hasta la raíz” me siento como coreando la canción de alguien más, es como una canción de todos y todas. Creo que es el pico más alto que podemos alcanzar nosotros los los artistas componiendo una canción. Es cuando tú dices: ya la canción es ella por sí misma, ya no se trata de uno. Ese es su valor mayor. Esta canción la agarran en las escuelas para que los niños se la aprendan porque es una canción que tiene valores, que habla de algo importante, ¿no?. Te puedo decir mil cosas, pero ni siquiera son suficientes para eso, para expresar la gratitud que me genera “Hasta la raíz”“, dice Lafourcade.
Ella habla de la canción como si fuera un ser vivo, un organismo que crece, se adapta y acompaña. En la arquitectura emocional de Cancionera, un álbum de doce canciones nuevas y dos bonus track totalmente acústicos, está ese mismo espíritu. En el disco, la que canta es ella y no es ella. Es el personaje de la cancionera, un alter ego envuelto por una atmósfera onírica, que recorre estás piezas de aire retro con un garbo teatral y una interpretación despojada.
En el álbum, editado por el sello Sony Music, Natalia Lafourcade es una decidora melancólica de otro tiempo. A veces encarna a una mujer que baila cumbia, se baña desnuda en el mar, fuma porro y se desliza ligera mientras canta una melodía efervescente hamacada por el mambo lento “Cocos en la playa”. Otras se sumerge en la gravedad de un chelo y una pequeña serenata nocturna,-un vals triste dedicado a la fama-, en “Mascaritas de cristal”. O puede invocar al sonido de una guajira suave, que recrea como una voz omnisiciente, la historia de un amor en “El paloma y la paloma”. Hasta puede construir su propia fábula de realismo mágico en “La bruja”.
“Este disco me empuja a jugar, a ponerme la máscara, a crear un alter ego, y después darme cuenta de que los alter ego somos nosotros mismos, solo que con espacios que no sabíamos que teníamos”, dice la cantautora mexicana, que pensó este disco con un concepto que se traduce en el arte de las fotos del álbum y los videos.
Las melodías pendulan entre el arco suave que dibuja la voz flotando sobre esa ornamentación instrumental delicada como una pieza de encaje. Es un disco sobrio que dispara imágenes muy cinematográficas en esos pequeños, o grandes destellos de las cuerdas, las trompetas, el tres cubano, la reverberación de la guitarra slide, el piano, el contrabajo y las percusiones.
Las canciones evocan cierta intimidad, ese primer sentimiento cuando la obra acaba de nacer en una habitación. En el disco, el tiempo parece suspendido y el personaje de Lafourcade se desliza por ese montaje teatral del disco como si fuera el recorrido de una trovadora errante cercana al retiro, que tiene flashbacks de todo lo vivido: es febril y melancólico.
Producido por Adán Jodoroswsky y registrado en cinta abierta, el sonido del álbum tiene ese clima retro y la densidad de un audio de belleza imperfecta. En el disco, también, hay invitados que no desentonan: la voz flamenca y sugerente de Israel Fernández es ideal para el bolero “Amor clandestino”, el cancionista David Aguilar se suma con oficio mariachi al dueto de la ranchera “Como quisiera quererte” y al tema infantil “El coconito”, y Los Hermanos Gutiérrez aportan un sonido bucólico en “Luna creciente”.
A pesar de la distancia que puede generar la virtualidad, la artista de 41 años, se preocupa por crear una charla intimista, donde se toma sus pausas para responder con un tono calmo, sin prisa, y contar en detalle la bitácora de Cancionera como si fuera un diario personal. Es su forma de dejar un rastro, una huella en el tiempo, que no sea borrada por las olas del mar de Acapulco.
–En tu libro-diario del álbum anterior De todas las flores hablás de la añoranza que te da el proceso creativo una vez que pasa. ¿Qué te sucede ahora, mirando la etapa de composición y grabación de Cancionera?
-A la distancia disfruto mucho la naturalidad con la que las canciones se van amoldando a la vida de las personas. Este proyecto me ha permitido anclar y celebrar la labor de la canción. Las canciones son grandes aliadas, compañeras de la vida. ¿Qué haríamos sin ellas? Las canciones nos reflejan, nos encuentran, nos unifican. Cuando ves a muchas personas, o incluso a poquitas, conectadas por una canción, es increíble. Para mí ha sido un regalo encontrarme con esta etapa de Cancionera, con esa canción que llegó como un homenaje a mi camino y al de muchas cancioneras en el mundo.
–En el tema “Cancionera” pareciera que te hablás a vos misma, casi como una artista que mira su recorrido desde un lugar contemplativo.
-Sí. Es una canción que me regala un mensaje no solo a mí, sino a cualquier persona. Habla de la importancia de cuidar la flor: la flor cancionera, mi propia flor, la que cultivo, la que protejo, la que no le regalo a nadie. Es una flor de autoconocimiento, de amor propio, de transformación. Creo que tanto De todas las flores como Cancionera son discos profundos, llenos de ciclos de muerte, renacer, duelo y luz.
-También es un disco que te conecta con la infancia, con lo lúdico, con la intuición.
-Totalmente. Se apaga la mente y se enciende la intuición, se enciende el corazón. Me conecta con la niña interior y con ese espacio creativo donde todo es juego. Y además yo amo crear colectivamente. Puedo empezar sola, pero me encanta escalarlo hacia muchas personas creando al mismo tiempo. Por eso grabar todo en tiempo real, en cinta, con los visuales, las fotos, y el contenido. Todos juntos en un mismo espacio creando. Fue un regalo.
-Cuando escucho tus dos últimas producciones me da la sensación que funcionan como un díptico.
-Sí, están conectados. En este disco abro y cierro con canciones dedicadas a mi padre y a mi madre. Me permito mostrar facetas que quizá no siempre muestro, una vena más cinematográfica. Juega lo poético, lo onírico, lo surreal. Vienen mundos muy de adentro que se construyen afuera. Y tuve los mejores acompañantes: Adán (Jodorowsky) como productor, los músicos, el David (Aguilar), los Hermanos Gutiérrez, Israel Fernández. Todos nos sometimos al mismo desafío. Estábamos en la misma sintonía.
-Lograste algo muy difícil: libertad creativa y, a la vez, apoyo de la industria musical.
-Me siento agradecida y afortunada. Estar con la industria puede ser abrumador. Cuando le dije a mi equipo que quería hacer este disco en octubre de 2024, me regresaron una lista con “cientos de pedidos”. Literal, cientos. Ahí dijimos: “¿Cómo vamos a cumplir esto?”. Y surgió la idea:
“Vamos a hacer un disco en tiempo real”. En algún momento éramos hasta cien personas en el estudio: músicos, cocina, producción y oficina. Era un caos hermoso. El desafío era lograr la música y la intimidad dentro de ese movimiento. Me hizo pensar en un set de película. Y entendí que estas formas de creatividad son posibles. No estoy peleada con la industria, sé que soy una artista de mi propio ritmo.
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