Cantante y compositora con un impactante recorrido como manager de compatriotas de la talla de Rubén Rada (durante 23 años hasta 2018), Jorge Drexler (1998-2001) y Fernando Cabrera (desde 2009), la uruguaya Lea Bensasson se asume ahora multiplicándose en otra escena, la teatral. Desde ese otro tablado e incluyendo sus reconocidas dotes vocales, es además dramaturga, directora y protagonista de “Mi gran casamiento hebreo” que el viernes 2 de abril desde las 20 regresará a Buenos Aires para una segunda función en el Café Berlín de Avenida San Martín 6656.
Con el impulso de la comediante argentina Dalia Gutmann desde Chiaku Producciones y el aval de otras cinco exitosas representaciones en Montevideo y una en Colonia, Lea asegura en diálogo con Negras&Blancas, que encarar esta faceta “es un volantazo de mundos y a los 57 años es lindo tener una nueva cosa para hacer, para explorar. Algo que me sacuda la neurona y me permita transitar el mundo del teatro que es muy diferente al de la música”.
Con la sonrisa franca siempre dominándole la expresión, hace hincapié en que “no soy comediante ni actriz” pero inmediatamente especifica su decisión de “no estudiar comedia porque el Stand-up no me atrae. Yo siento que lo que estoy haciendo es más teatro donde hay una historia con canciones”.
En la conversación en un bar del Bajo porteño, Bensasson cita a una amiga que “siempre me dice que mi hambre de arte me hace hacer cualquier cosa» y para confirmar la sentencia comenta que “me picó el bichito y ya estoy escribiendo otro unipersonal”.
Pero hasta que esa otra propuesta se consolide como así también las canciones de “Mirador” (álbum que continuará la senda solista comprendida por “No son rosas”, de 2011; y “Buena fortuna”, de 2019), disfruta de poner en escena la historia personal de una boda impuesta por mandato social con un hombre –judío como ella- con el que, haciendo balance de los cuatro años como novios y otros cuatro de matrimonio, sintetiza: “Hubo amor aunque nunca quisimos casarnos. Viéndolo en perspectiva siento que me casé con mi mejor amigo y nos re-quisimos porque fuimos buenos y nos dejamos ser.»
Ese vínculo, algunas de cuyas anécdotas dieron sustento al laureado cortometraje “Novia ke te veamos” (2024), de Melanie Catan y Valentina Lambach, fue retomado en primera persona por Lea para animar un encuentro por el Día de la Mujer promovido por el conglomerado de medios uruguayos Grupo Magnolio Media Group.
“Allí –evoca- estaba Dalia que me abordó y me dijo ‘¿Cómo puede ser que nunca te sentí nombrar si yo conozco a todas las comediantes uruguayas’ y yo le respondí ‘porque no soy comediante’, pero ella no me la dejó pasar y me tiró: ‘Estás equivocada. Sí sos comediante’. Y me prendió la mecha”.
Encendida y motivada desde un lugar diferente al que supo ocupar como parte de los elencos de las comedias musicales “El Violinista en el Tejado” y “Matilda”, entre más, también recuerda que una de las grandes impulsores del stand up en el Río de la Plata le preguntó qué le daba miedo de dar este paso “y pude serle sincera: ‘Me da miedo que no me guste hacerlo’. De verdad no me da miedo que vayan cuatro a verme, porque estoy acostumbrada a eso y porque nunca sabés quién te está viendo. Me importaba estar conectada con lo que iba a encarar”.
-¿Eso mismo te pasa con tu música, con tus canciones?
-No. A mí música decidí no contaminarla de un estado de emergencia, elegí tenerla como un tesoro que se expresa cuando aparece el don y el privilegio de la creación sin que esté condicionada por tener que darme de comer. Yo terminé siendo manager de otros artistas y gestora cultural y eso me sale bien, vivo de eso, pero la verdad es que estoy viva por lo otro y el pan me lo busco por otro lado. Y a la hora de mi música me doy caprichos como grabarme unos discos, carísimos con unos videos bárbaros que me los pago haciendo música de otra manera, gestionando la música de otros que también me encanta. Tengo como una vocación de servicio y me gusta estar para el otro artista que tiene ese esa listita de deseos incumplidos.
-Tomando nota de que esa revelación ocurrió el Día de la Mujer y que la temática de “Mi gran casamiento hebreo” tiene que ver con tu decisión de elegir la vida que querés vivir ¿Cuánto sentís que te marcó el auge de los feminismos para poder salir a contarlo?
-Yo siento que el feminismo nos ayuda a todas las mujeres y no solamente a nosotras, no importa de qué tipo de feminismo hablemos. Estoy convencida que el feminismo es muy bueno para la sociedad y por eso tiene que prevalecer y persistir. En mi caso soy una feminista de la vieja escuela, la del hacer en silencio, ya que en mi época era muy difícil dedicarse a producir en un ámbito de hombres y me abrí camino con ayuda de otros hombres también. Pero hoy en día creo que el feminismo extremista, por llamarlo de alguna manera, es necesario ya que ninguna revolución se hace en forma tibia, que las cosas funcionan como un péndulo y que son necesarios los extremos para abrir. Entonces yo acompaño la lucha aunque no esté de acuerdo con algunas formas ni me representen algunas formas, pero nunca voy a dejar de acompañarla porque
siento que hasta la mirada masculina está siendo bien afectada por el proceso que se viene dando. A veces me duelen cosas que nos perdemos por las formas del feminismo extremo, pero también lo entiendo y creo que tiene que existir ante mucho dolor acumulado y está bien revelarse tras muchos siglos de sumisión y de injusticia y está bien que esté si vamos en búsqueda de una equidad, de una igualdad de derechos, de una mejor distribución del ingreso, de los lugares que nos corresponden en los espacios de toma de decisión.
Aunque yo no vaya a las marchas ni lo explicite en mis redes, definitivamente me siento amparada por el feminismo
-¿Y en qué decisiones de tu vida personal reconocés las marcas de ese lucha?
-En mi esencia de querer ser libre. Yo no quise tener hijos y eso me puso en el lugar de una mujer rara. Fue una decisión de vida: sobrinos, perro, viajes, música, canciones. No le tengo miedo a la soledad, sé estar sola. Todas cosas que para mi vieja, por ejemplo, era imposibles, inconversables.
-Nunca pudieron acercarse en ese sentido…
-Fue muy difícil. Recién cuando empezó a irme bien y algunas personas le preguntaban “¿Sos la mamá de Lea?” o “¡Qué divina Lea!” o “¡Qué talento Lea!», ahí ella se amigó un poco con algunas decisiones que tomé, pero todo fue un trabajo mío y muy agotador.
-Quedó pendiente esa conversación…
-Es que yo rompí cosas e hice lo que ella no se animó. Hablando con amigas de ella de la infancia, confirmé que ella cantaba también y era buenísima. Imitaba a Lolita Torres porque era parecida y la hacía perfecta y si bien siguió cantando en las reuniones sociales de la puerta de casa para afuera no podía, no estaba bien visto y su padre no la dejó pese a que la fueron a buscar para que cantara profesionalmente. En definitiva le habían negado todo lo que quería hacer, sólo que ella no se rebeló.

