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Editorial

La Chicana: “El rol político del artista es fundamental”

La cantante Dolores Solá habla de “La Chicana En vivo – Puro Tango”, el último disco del renovador grupo tanguero que comparte con Acho Estol. Además, analiza al género y opina sobre las políticas destructivas de la era Milei: “Estamos perdiendo un lugar cultural identitario”.
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Foto: Billy Coleman

La Chicana cautiva con tangos, valses y milongas en la casa histórica Misia Antoñita, en Maipú, Mendoza. Es el sábado 19 de abril y la agrupación de Dolores Solá -en voz- y Acho Estol -en guitarra, dirección y coros- brinda un concierto en formato orquestal, entre coloniales paredes de adobe, junto a una galería con azulejos andaluces y a una bodega. Ante bailarines y un público selecto -con copas de vino- interpretan sus clásicos y graban un disco a modo de ritual y de retorno a su esencia: La Chicana En vivo – Puro Tango.

¿Qué representa este álbum -el decimocuarto- para La Chicana, que en 2026 cumplirá treinta años de trayectoria? La banda de Dolores Solá y Acho Estol, que es pionera en la renovación del tango, con actitud rockera, vuelo y experimentación, decidió reunir varios de sus temas emblemáticos, sin solemnidad, en el disco La Chicana En vivo – Puro Tango. El disco salió el 2 de octubre en plataformas y el 28 de noviembre habrán vuelto al Torquato Tasso (Defensa 1575, San Telmo) para presentarlo.

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“Toda la vida sacamos los pies del plato del tango. Es el sello de La Chicana, y hacer un disco nada más que de tango podía ser lo más transgresor” (Dolores Solá)

¿Qué dimensión lo envuelve? “Lo más transgresor que podíamos hacer era tocar puro tango”, asumió Dolores Solá un tiempo atrás. Y ahora explica la idea: “Toda la vida sacamos los pies del plato del tango. Es el sello de La Chicana, y hacer un disco nada más que de tango podía ser lo más transgresor”. ¿Por qué? “Nosotros fuimos punta de lanza respecto de esa libertad que muchos ahora se dan con el género -dice-. Empezamos en una época donde lo que hacíamos era inaudito: desde tocar ciertos instrumentos que traíamos de los viajes, y que no eran típicos en el tango, hasta hacer convivir tangos cantados por Carlos Gardel, como ‘La mariposa’, ‘Confesión’ o ‘Callejera’, con tangos nuevos y, por ahí, con un tema de Tom Waits, de Kurt Weill o de Charly García. Por eso, si uno escucha La Chicana En vivo – Puro Tango no suena a tango tradicional. Suena a La Chicana, que no sé muy bien cómo es, pero no a tango tradicional”.

Para este disco reinventaron parte de su repertorio tanguero con un ensamble de piano, guitarra, bandoneón, violín, contrabajo, percusión y voz. En La Chicana En vivo – Puro Tango, Dolores Solá y Acho Estol abordaron clásicos propios como “Juguete rabioso”, “Revolución o picnic”, “Milonga de los perros”, “Nos tenemos que ir”, “Pecado fresco”, y sumaron temas más recientes como “Bailarina rota” y “Fósil”. Además “hay dos temas que no son de Acho -repasa Solá-. Uno es de Alorsa, que es como un primo hermano, o más bien un hermano, en esta cosa de renovar el tango, y el otro es ‘El aguacero’, un clásico de José González Castillo y Cátulo Castillo. Todo lo demás es letra y música de Acho. Y si bien el disco es absolutamente tanguero -y nadie podría discutirnos eso-, es un tango… chicanero”, sonríe Solá.

Algo es clave: “Para este repertorio nos gustó sumar un piano: nos parecía que enriquecía nuestro sonido -analiza la cantante-. Nosotros tenemos muy poco piano y a veces lo toca el bandoneonista, Alejandro Montaldo. En este disco, además de él y del percusionista Agustín Barbieri, invitamos al pianista Josué Geredús, que es un amigo, un gran músico mendocino, y se sumaron otros dos mendocinos: Gonza Lesta en violín y Facu Ponce en contrabajo”.

Dolores Solá se queda pensando: “Podríamos sacar otro disco que se llame Puro Tango II: son muchísimos años, Acho ha compuesto mucho y hay muchísimo material. Pero La Chicana En vivo – Puro Tango era un proyecto pendiente y dijimos: ‘¿Por qué no ahora?’. Así que para grabarlo elegimos esta casa, Misia Antoñita, que es patrimonio histórico en Maipú, Mendoza. Al final de 2023 habíamos sacado el disco Los lobos del recuerdo, que fue en estudio y con muchos temas nuevos, y entonces era medio pronto para lanzar otro disco con estrenos. Es más: no sé si los hay, si hubiéramos llegado a hacer un álbum, ya que nosotros solemos hacer discos largos. Pero ahora nos pareció un buen momento para este disco”.

Y así, en La Chicana En vivo – Puro Tango, retomaron su raíz fundante entre tangos, milongas y valses, pero a la vez mantuvieron su espíritu rockero. ¿Qué salvedad hace aquí Dolores Solá? “Ese espíritu rockero tiene que estar entre muchas comillas, porque cuando uno se lo dice a alguien que no conoce La Chicana se imagina otras cosas. Yo creo que nuestro espíritu rockero está dado por la libertad con que abordamos el tango. La mayor parte de los temas son composición de Acho, que tiene mucho estilo, y los canto yo, que también tengo mi estilo. Todo eso, a través de los años, sumó una identidad. Y en el escenario también pasan cosas con La Chicana porque improvisamos mucho. El humor está muy presente siempre, también lo ideológico, y ningún show es igual al otro. Todo eso hizo de La Chicana un grupo con mucha identidad”.

Y esos elementos se replican, aunque de otra manera, en los discos de La Chicana: “La composición de Acho, las letras, lo ideológico, el humor y mi voz, han creado un sello chicanesco. La gente, en cuanto oye los primeros acordes, se da cuenta de si es La Chicana o no. Yo no me doy mucho cuenta de eso, por supuesto. Es casi imposible cuando estás adentro”, sabe Solá.

-Patricio Féminis: Tiempo atrás dijiste que muchas de las obras más recientes de Acho Estol son tan buenas como las más antiguas. ¿Es así?

-Dolores Solá: Sobre esto yo siento dos cosas. Por un lado, me pregunto si nos pasará lo que les sucede a muchos artistas, que la mejor época que tuvieron fue el pasado. Uno va a ver a un artista que a uno le gustó mucho durante mucho tiempo y que tuvo una época gloriosa -no quiero decir que la hayamos tenido nosotros- y ve que realmente le ocurre eso. Me pregunto si nos pasará y no nos damos cuenta. Aunque aún no reconozco que pase eso en La Chicana. Por ejemplo, ‘Fósil’, que es el último tango que compuso Acho, a mí me parece tan bueno o mucho mejor que ‘La bestia potenciada’. Por otro lado, me pregunto si al público le pasará eso. Pero aún me gustan las canciones, me gusta muchísimo cantarlas y no siento que hayan caducado.

-¿Cómo evaluás a la escena del tango actual?

-El tango es una música de culto total. Iba a decir “desgraciadamente”, y no sé si tan desgraciadamente, pero sería, la verdad, mucho mejor que fuera una música con más afluencia de público. Es reducido: es medio como un clan. Por ahí hay gente que dice: “Sí, voy un día a ver a La Chicana”, o “voy al Bar El Faro a verlo a Cucuza Castiello, porque me han dicho que está bueno”. Y te dicen “ay, sí, a mí me encanta Cucuza” y fueron sólo una sola vez. Y lo mismo con La Chicana. Hay mucha gente que es, digamos, un público frívolo frente al entusiasmo con el género y con los artistas. Pero hay otro público que es increíble: está en todas y conoce todo. A mí me conmueve mucho encontrarme con gente tan fanática, que nos quiere tanto y que demuestra tanto entusiasmo en nuestros shows.

Lo mismo les ocurre “a la Fernández Fierro, a Cucuza, a Julieta Laso -describe Solá-. Pero somos como una punta a la que le va muy bien dentro del tango. Después hay una cantidad de grupos jóvenes, talentosísimos, que hacen la suya; que tienen propuestas renovadas; que dedican un disco a clásicos del rock nacional y dedican otro disco a otra cosa: que son excelentes músicos. Algunos de ellos se ganan el mango trabajando en casas de tango. O tienen un repertorio enorme de tangos, y qué sé yo, pero corren la liebre. Tocan en lugares a la gorra o les cuesta un huevo llevar gente. Y a mí eso me parece muy injusto, porque ellos están abriendo el juego: están renovando un género que está muy vivo y que es un instrumento esencial para contar nuestra realidad”.

Entonces Dolores Solá se ve a sí misma, años atrás, con La Chicana: “Tenés que perseverar y perseverar y perseverar. Nosotros con Acho perseveramos mucho tiempo. Fuimos, además, matrimonio. Pero agarramos una época buenísima en la que viajamos por todo el mundo. Teníamos un representante en Europa y hacíamos unas giras importantes: estaban buenísimas. No nos podemos quejar. Vuelvo a decir: me parece que falta público. Y también falta apoyo estatal. Y ahora ni te cuento. Pero desde hace bastante tiempo es frívolo el apoyo estatal. No se dan cuenta del caudal de importancia que tiene el tango. El tango, ‘la soja de Buenos Aires’, como dijo Mauricio Macri en algún momento”.

-¿En qué sentido es frívolo?

-Yo siempre pongo un ejemplo que me parece muy bueno, porque refleja la visión cultural de la Secretaría de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires. Cuando no le daban la habilitación al Bar El Faro para que hiciera música, el mismo gobierno, pero otra área, lo convocaba para que fuera parte del circuito en el Festival de Tango. ¿Cuál es, loco? ¿Te querés colgar de lo que hizo Cucuza Castiello en el Bar El Faro, de toda esa movida importantísima para el tango, de todo lo que originó, pero por otro lado no le estás dando las herramientas? Y, son así: tremendamente frívolos.

-¿La mayor responsabilidad de que el tango sea de nicho es del Estado?

-No sé si es la mayor responsabilidad, pero sí sé que cuando el Estado incentiva algo aparece guita; aparecen permisos para que abran lugares y aparecen subsidios. De todas las variables que uno pueda analizar, el Estado es el que más cosas tiene para hacer. Si hay una política en la que al tango se le dan medios de comunicación, espacios a donde tocar y subvenciones para que la entrada sea libre y gratuita, o de muy bajo costo, la cosa cambia. Es como con el deporte. ¿Cuándo ganamos medallas? Después de que el Estado se dedicó a ayudar a los deportistas. Por eso estamos tan desesperados: porque uno sabe que es así. Todo va a crecer si se lo riega, si se lo ayuda. El tema es pensar que vale la pena y no tener una mirada corta. No decir “bueno, valen la pena las casas de tango porque son adonde van los colectivos de turistas”. Eso es no ver el futuro: es querer lucrar con algo en este momento y no abonarlo para que se transforme en otra cosa, además de eso.

En este punto, Solá aclara: “Además, a todos los tangueros jóvenes nos encanta el tango antiguo. Por eso nos acercamos al tango y por eso hacemos tango. Ninguno de nosotros rechaza eso. Estaríamos todos muy dispuestos a hacer homenajes a Homero Manzi, a Carlos Gardel, a Alfredo Le pera, a quien fuera. Pero bueno, no tienen una visión muy rica en materia cultural. Yo creo que es una de las más pobres. Por supuesto que es una cuestión de partidos políticos, desde luego, pero incluso los partidos nacionales y populares tampoco la tienen muy clara culturalmente”.

-Frente al gobierno de Javier Milei, ¿qué te genera mayor desazón?

-La destrucción es tan grande, el dolor es tan grande, la preocupación es tan grande, que lo cultural, lo artístico, hasta me parecen algo secundario. Me preocupa mucho más la cultura de un pueblo, en cuanto a cómo piensa ese pueblo y cuáles son los sentimientos que lo mueven. Me preocupa muchísimo más eso que lo que pasa con el tango. Porque los artistas siempre nos vamos a ocupar de que el arte esté presente, de hacerlo donde sea y de rebuscárnosla. A mí lo que más me preocupa es cómo siente y cómo piensa mi pueblo. Esa es la cultura que más me preocupa. Y es una herida tan abierta y tan dolorosa que lo demás -como que haya pocos lugares para tocar- parece mínimo al lado del horror. Es como morirte de hambre y que te vengan a hablar de algo que es, no secundario, sino que está en el sexto lugar. De repente estamos perdiendo un lugar cultural identitario. Y eso me preocupa muchísimo. Porque nunca lo sentí: es la primera vez que siento eso. Es la primera vez que reveo lo que es ser argentino. No para mí, pero pienso: ¿Cuál es mi gente? ¿Qué les duele? ¿Qué les importa? ¿Cuál es el límite de ellos? Bueno, eso está en primer lugar: la soberanía en todo sentido. En lo cultural y en todo lo demás.

-¿Ver eso te hace replantear el rol político del artista?

-No, yo creo que el rol político del artista es fundamental. Me llama la atención que un artista pueda sentirse apolítico: que pueda preferir mantener la política lejos de su escenario. Esa cosa como de asepsia, ¿viste?, de no corromper el arte con la política. Eso me parece raro y lo veo en muchos artistas; en muchos otros no, y esos son los que hacen pensar. Pero yo no considero que el artista esté por arriba. Yo no creo para nada que seamos superiores. Es más, me parece que hay mucha gente que trabaja en el arte, incluso con talento, y que es deplorable. Así que, en ese sentido, no creo que llevemos una llama, una bandera. Pero el rol político del artista va a seguir estando: los artistas no pueden separar lo ideológico de lo que hacen en el arte. Eso es algo que no se puede hacer.


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Patricio Feminis

Es periodista. Escribe sobre música popular, series, cine, espectáculos y cultura. Colabora con Clarín Spot, Caras y Caretas, La Agenda BA, Tiempo Argentino, De Coplas y Viajeros, Negras y Blancas y otros medios.
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