Con la sonrisa estampada en el rostro, envidiable vitalidad y privilegiada voz que lo habita con una naturalidad que asombra, Enrique Espinosa reafirmó anoche en un colmado Café Berlín su carácter de artista popular imprescindible capaz de sostener vigente una tradición estética a partir de la música criolla.
Su cuarta presentación en el coqueto salón del barrio porteño de Villa Devoto fue una velada surcada por presencias como la de la locutora y periodista Emiliana “Colo” Merino quien ofició de presentadora, las impactantes voces de Mariano Escobar, Seba Ruiz y Cucuza Castiello y el agregado de dos guitarras del taller municipal Quinto Espacio de Moreno, en la que Espinosa asumió con su habitual prestancia una memoria musical que el público maduro –entre quienes se contaban el músico Julián Hermida y el conductor Oscar Gómez Castañón, entre más- agradeció en modo disfrute.
Nacido en la ciudad bonaerese de Colón el 27 diciembre 1937 y también guitarrista y compositor, el intérprete fue parte de Los Hermanos Abrodos durante una década y también integró Los Visconti, pero fue como solista donde se impuso bajo el mote de “La voz romántica del folclore” (también título de su primer álbum fechado en 1969 bajo arreglos del enorme pianista de cuño tanguero Carlos García y con la participación de Los Andariegos), llegó a la consagración en el Festival de Cosquín en 1980 y tuvo 15 años de fecunda actividad en la Casa de Gardel en Medellín que lo llevó a radicarse en Colombia.
El apretado currículum de una vida entregada a la música deviene en un legado de absoluta vigencia cuando Espinosa –sin alardes ni gestos ampulosos- respira, canta y cuenta sobre un mundo provinciano de primeros amores, de asombros y desengaños, de paisajes que recorren territorios y almas.
Sostenido sonoramente en otra herencia estética como es la del cantor con guitarras, una fórmula capaz de hechizar si se apoya en talentos como los de Nicolás Ruiz (su ladero hace 18 años) y Maxi Braccamonte, Enrique asumió con solvente sencillez un repertorio que le es propio, que le calza como un guante, que es acervo colocado en acto presente gracias a su increíble capacidad vocal.

El cancionero en directo se inició con la zamba «Quiero ser luz», de Daniel Reguera, y en su primer desarrollo incluyó también la cueca de Arancibia Laborde «Caminito del norte» y la milonga de José Ángel Trelles «Es el amigo que hoy necesito».
“Soy el último de 10 hermanos porque nunca trabajé”, comentó entre risas, aunque esta vez fue menos locuaz que en otras presentaciones donde sabe enlazar anécdotas de una existencia de cuento y se enfocó en un repertorio que inmediatamente incluyó “Volver en guitarra”, chamamé de Roberto Galarza, «San Juan por mi sangre», vals criollo de Ernesto Villavicencio, y «En una zamba», de Pedro Belisario Pérez.
En un logrado dúo vocal con el estupendo Mariano Escobar llegó otro vals, «Nochecitas de San Juan», de Félix Blanco, y de nuevo en trío se lució en «Tan solo milonga», de Rubén Alberto Benegas y en dos valses más: «Y qué si ya te vas», de Roberto Cambaré, y «Engañada», del peruano Luis Abelardo Núñez,
La incorporación de otro par de guitarristas más surgidos del taller Quinto Espacio, regaló un pasaje instrumental con «9 de julio», un tango del tucumano José Luis Padula, pero Espinosa regresó con otro par de clásicos con su sello: la zamba «Con el simple deseo de amar», de Walter Larroquet, y el chamamé «Río de lluvia», de Félix Alberto “Cholo” Aguirre.
La participación del brioso cantante ciego Seba Ruiz que inició su participación entonando el feliz cumpleaños por los 88 años de Enrique, añadió una confluencia en torno a la zamba «La compañera», de su amigo y compadre Oscar “Cacho” Valles y Ruiz solo se encargó de explayar sus dotes en la tonada «Amor verdadero», de Rubén Díaz.
“Nos queremos despedir con una obra de la gran compositora Carmen Guzmán”, anunció como prólogo a «Canción enamorada», pero inmediatamente Cucuza Castiello subió con una torta por el natalicio y como regalo obsequió una gran intervención haciéndose cargo de «Viejas alegrías», de Charlo y Enrique Cadícamo, y a pedido de la audiencia, Espinosa recreó otra gema de su historial encarnada en la zamba «Tú», de Roberto Cambaré.
Para el cierre y verdadero broche de oro del recital, regresó el formato íntimo con las violas de Ruiz y Bracamonte para “dos gotanes del choromo del Abasto, un maestro de maestros”, expresó acerca de su admirado referente Carlos Gardel y en los bises reunió impresionantes versiones combinadas de «Golondrinas» y «Cuesta abajo».
