Danza la voz de La Charo sobre una base tecno pop tribal en “Areté”: “tiempo verdadero” en mbya guaraní. Avanza la letra en esa lengua y también en aché guayaki. Se disparan las texturas bailables y suena un sampler del coro de niños Ñamandu Mirī de la comunidad guaraní Yryapu en Puerto Iguazú. Areté es, además, el título del cuarto disco solista de Charo Bogarín, con nueve canciones en lenguas originarias con paisajes electrónicos: de lo danzante a lo intimista, de lo ancestral al futuro. ¿Qué sabidurías invoca para celebrar lo sagrado?
Sobre las sonoridades electrónicas, el álbum Areté trae cantos en lengua qom, guaraní, aché guayaki, tupí guaraní, mapuche, tehuelche y selk’nam. “Transitar con mi voz las nueve canciones del disco devolvió mi parte creativa a su estado más puro -dice La Charo-. El poder de la palabra y de la voz es enorme cuando le ponés un claro propósito: el de transformar, curar, sanar y conectar con el mundo espiritual”. Salió el 6 de noviembre y lo presentará el 19 de diciembre a las 20.30 en Niceto Club (Niceto Vega 5510), Buenos Aires. En su formato vinilo lo presentó el 29 de noviembre en la disquería Musicomio (Álvarez Thomas 540 piso 1), de 16 a 18.
La Charo, de 53 años, es cantora de raíz, compositora y gestora cultural. Aborda varios instrumentos como solista -o con el dúo de folklore electrónico Tonolec, hace veinte años- y es, también, vicepresidenta del Instituto Nacional de la Música (INAMU): desde allí impulsó la Fonoteca de Arte Sonoro Indígena para salvaguardar ese patrimonio musical. Y con su nuevo disco Areté acentúa sus investigaciones con los cantos en lenguas originarias y su propio origen guaraní: “Areté, ‘tiempo verdadero’, es un llamado al despertar interior -explica La Charo-. Incluye cantos ancestrales que invitan a un viaje sonoro transformador a través de las lenguas indígenas del sur de nuestro continente”.
El disco permite sumergirse en “la profunda sabiduría de los pueblos que honran la tierra. Cada canción está tejida con letras que hablan de la naturaleza, de animales totémicos y de la sanación”. Y lo produjeron Juan Sardi y Juan Blas Caballero durante un tiempo creativo que se inició poco antes de la pandemia. Ellos tocan todos los instrumentos a la par de lo electrónico y La Charo, además de cantar, suma n’vike (violín qom del monte), percusión y bombo legüero. “Con Juan Sardi iniciamos el proceso del disco y tardó casi seis años en terminarse. Yo quería hacer un mapeo sintético de la música en lenguas originarias del territorio argentino. En el camino sumé a Juan Blas Caballero y terminamos los tres de darle forma”.
Y hay otra conexión natural: Areté es, también, un retorno a las exploraciones electrónicas con lo étnico que La Charo realiza hace veinte años en Tonolec con Diego Pérez. Por eso dice: “Extrañaba hacer este tipo de canciones electrónicas y ancestrales. Fusionar las lenguas indígenas con la música electrónica sigue muy vigente y es una alternativa a los géneros folklóricos o urbanos que hoy dominan la industria musical”. Y acentúa: “Con estos cantos, la voz ancestral despierta en mí como mujer portadora de sangre guaraní. A partir de esa alineación identitaria se me hizo muy fácil abordar desde mi voz cualquier otra lengua originaria”.
Y piensa en el concepto de Areté: “tiempo verdadero”: “Da para múltiples interpretaciones, pero todas apuntando a la espiritualidad: a un tiempo de encuentro, de celebración. Nunca hay que perder esa alegría de reencontrarse. Y fortalecer el espíritu, sobre todo. Creo que a través de la música lo podemos lograr”.
La Charo recuerda que halló el concepto del disco gracias a Teresa Parodi: la visitó cuando Parodi era ministra de Cultura de la Nación, entre 2014 y 2015, y ella le regaló el libro Areté. Acerca de fiestas y rituales del Paraguay, de 2012, con textos del investigador, filósofo y gestor cultural Ticio Escobar y fotos de Fernando Allen. “Ese título y la celebración guaraní resume todo. Es el hilo conductor, porque el vector acá es mi sangre guaraní e indígena”, capta La Charo, que es tataranieta del cacique guaraní Guayraré. “Así que el mundo guaraní va amadrinando los cantos en las otras lenguas originarias de Argentina, Brasil y Paraguay incluidas en el disco”.
En el arranque de un álbum eminentemente bailable, la canción “Areté” tiene música de La Charo y letra de ella, en mbya guaraní, y en lengua aché guayaky de Margarita Mbaywangi, lideresa de la comunidad Kuetyvy en Paraguay: en la obra suenan los samplers del coro de niños Ñamandu Mirī de la comunidad guaraní Yryapu en Puerto Iguazú, Misiones. Luego hay dos temas co-escritos y cantados con Ema Cuañeri, también investigadora, docente y actriz qom de Clorinda, Formosa: “Eikanoi” (canto para curar) suma un canto chamánico del padre de Cuañeri, del clan Qañiyi. El otro tema en lengua qom es “Ialole” (hijita mía), un canto de poder que Cuañeri también heredó de su padre. Las partes de Charo llevan su letra y su música.
El poderoso “Canto tehuelche” fue registrado en la voz de Liborea Crespo en 1967 en Gastre, Chubut, y también registrado en la voz de Aimé Painé en los ‘80. “Primavera verde”, “Canto del zorro” y “Canto del pewen” son tradicionales mapuches. La contemplativa “Araruna”, en lengua tupí guaraní, posee letra y música de Marlui Miranda, una compositora, cantante, musicóloga e investigadora de la cultura indígena de Brasil. Y la honda “Canción de cuna selk’nam” tiene letra y música de Carina Carriqueo, vocalista, escritora y activista mapuche, quien la canta con La Charo, que hizo los arreglos vocales.
Y en la tapa de Areté aparece su retrato con una boa naranja de diseño y “el colorido bonete de la celebración Areté Guazú de los guaraníes, que representa el reencuentro con los ancestros y habla de un ‘tiempo verdadero’. Es una declaración de principios”. A su vez, los videoclips de los temas “Areté”, “Eikanoi” y “Canto tehuelche” están hechos con imágenes alegóricas, místicas y rituales, dibujadas sobre arena por el artista visual Alejandro Bustos. “Me siento representada por este álbum y por estas canciones -siente La Charo-. Creo que es lo más puro que puedo aportar en mi faceta de cantos en lenguas indígenas con sonoridades modernas, y les gusta a gente de diferentes generaciones y rubros. Me hace acordar a las repercusiones que Diego Pérez y yo teníamos en los inicios de Tonolec, en 2005. Es bueno volver a las raíces que fundan tu ser artístico, poético y musical”.
Y recuerda, La Charo: “En realidad, las primeras canciones de Areté fueron las que están en lengua mapuzungún: “Primavera verde”, “Canto del zorro” y “Canto del pewen”. Las cantaba Aimé Paine y las tuve que estudiar con abuelas de Neuquén. Yo revisé las letras y las canté en Soy Aimé, la biopic de Aymará Rovera que protagonicé en 2021 con la historia de vida de esta cantora mapuche y tehuelche. A raíz de eso nos juntamos con Juan Sardi para la banda de sonido. Ahí yo ya tenía la idea de hacer un disco, incluyendo mi cultura guaraní y viendo qué otro tipo de cantos podía integrar. Pero conceptualmente no fue tan fácil. Por eso creo que tardé tantos años, y en el medio vino mi anterior disco Formoseña, de 2022”.
“¿De qué manera le voy dando forma? ¿Cómo me inspiro para hacer estos cantos originarios?”, se preguntaba entonces La Charo. “Llegué a hablar con la cantante Luzmila Carpio, de Bolivia, para incluir un canto en quechua: es una puerta que quedó abierta, pero no se pudo dar. Y de repente aparecieron estas dos cantoras: la activista mapuche Carina Carriqueño, de Bariloche, y Ema Cuañeri, que es chaqueña y desarrolló toda su carrera y su vida en Formosa, al contrario de mí, que soy formoseña y, al menos hasta mis 30 años, desarrollé toda mi vida en Resistencia. Así que aparecieron los cantos mapuches de Carina Carriqueño y los cantos qom de Ema Cuañeri. Juan Sardi empezó a hacer las bases, sumé letra y música para ambas canciones ancestrales y ahí salieron “Eikanoi” y “Ialole”, con la voz de Ema: son cantos chamánicos que su padre, del clan Qañiyi, le trasladó a ella de pequeña”.
Luego está “Araruna”, “un canto en tupí guaraní de la brasileña Marlui Miranda que yo ya venía cantando desde mi primer disco La Charo, de 2017. A ella la conocí gracias a Pipo Lernoud, que en una nota comparó el trabajo de etnomusicóloga que hacía yo con el que hace Marlui Miranda en Brasil. Así la conocí y empecé a integrar esa canción, cada tanto, en mis conciertos. Y a ‘Areté’ la compusimos en lenguas aché guayaki y en mbya guaraní, en 2018, con Margarita Mbywagi, trabajando con las infancias de la comunidad Kuetyvy en Paraguay. Fue un encuentro que posibilitó Guayaki, una empresa de yerba mate sin glifosato fundada por el argentino Alex Pryor y por David Karr. Así que Areté resume en espíritu todo lo que es este disco”.
-¿Cómo decidiste qué otras lenguas originarias querías abordar?
-Fue algo muy orgánico, porque los cantos vinieron, o ya estaban ahí, y yo simplemente les tuve que dar una vuelta de tuerca. Es como cuando vos vas abriendo un baúl y vas sacando vestiditos que usaste o que estaban por ser usados: lo sacás para lucirlos. Por ejemplo, yo quería que un artista mapuche me acompañara y pude sumar la “Canción de cuna selk’nam”, con letra y música de Carina Carriqueo. A ella siempre la sentí muy cercana a mi visión sobre la divulgación de las lenguas originarias en los escenarios. Así que la convoqué y Carina aportó ese canto. Pensemos que la lengua selk’nam se considera extinta y que los únicos cantos que tenemos son los de la chamana Lola Kiepja, que recopiló la antropóloga Anne Chapman. Y, de repente, Carina Carriqueo creó un canto en esta lengua y, cuando lo escuché, me encantó. Ahí empezamos a crear la versión, que tiene colchones vocales y es un gran aporte de Carina al cancionero indígena.
-¿Cuál es, para vos, el gesto más político del disco Areté?
-La elección de que sea un álbum puramente en lenguas originarias, porque en los tiempos que corren tuvimos una vuelta atrás impresionante en derechos ganados para minorías, sectores vulnerados, mujeres, disidencias y pueblos originarios. Muchísima gente ya está mirando con otro lente a estas culturas, estas expresiones, estos modos de vivir la vida y de elegir quién querés ser y cómo querés ser. Siento que hubo un gran retroceso en todo esto a nivel nacional y mundial. Y hacer este disco es, para mí, una manera de plantar nuevamente bandera, como hicimos en los dos mil las generaciones que vivimos los años ‘70, los ‘80: en el cambio de siglo aportamos cambios de paradigmas que tenían que ver con la inclusión, la mixtura, la revisión histórica y el resarcimiento histórico para esos sectores vulnerados y para los pueblos originarios. Y, de repente, veinticinco años después estamos teniendo que volver al punto de partida. Pero, lejos de desanimarme, hago una vuelta no sólo a los orígenes de Tonolec, sino a revalorizar a través del arte todo eso que nos representa. Creo que elegir cantar las lenguas originarias es mi mayor manifiesto. El género tecno pop electrónico es el vestido que acompaña esa causa, con principios, ideas y una postura ideológica ante estos tiempos que corren.
En sintonía, La Charo confirma su visión sobre su propia herencia guaraní. “El disco Areté afianza lo que yo siempre percibía desde Tonolec, que es la capacidad de la cultura guaraní de integrar, de darse a conocer y de transformarse con amabilidad y alegría. El espíritu guaraní es lo que tamiza este compendio de canciones en lenguas originarias. Yo quería impregnar al álbum de ese espíritu. Podés hacer que la cultura indígena y ancestral se impregne en las nuevas generaciones desde un modo de hacer las cosas: a través del baile, del canto, de lo lúdico y de la alegría. Esa es una enseñanza que me siguen dejando la música, la cultura y la espiritualidad guaraní. Estas canciones te conectan con lo íntimo tuyo: con ese poder transformador. Esa ‘Tierra Sin Mal’ que ya propagamos desde Tonolec, en nuestro álbum doble de 2014, sigue expandiendo su espíritu”.
¿Cómo ve La Charo, en perspectiva, los veinte años que cumplieron con Diego Pérez en Tonolec? “Areté es, además, mi tributo y mi homenaje a Tonolec -dice-. Con Diego tratamos de juntarnos, este año, para sacar un nuevo álbum, pero nuestras actividades nos lo impidieron. Seguimos siendo hermanos musicales de la vida y nos amamos, pero fue imposible celebrar estos veinte años. Yo extraño la propuesta de Tonolec y creo que mucha gente también. Lo que yo más extraño es nuestra manera de componer y el mensaje que dábamos. Pero sé que el lugar que ocupábamos en la escena musical es actual y necesario veinte años después”.
-El sonido tecno-pop de Areté se liga con tus trabajos previos, pero a la vez tiene diferencias. ¿Qué les pediste a los productores Juan Sardi y Juan Blas Caballero?
-Yo creo que con Juan Blas Caballero fuimos encontrando un sonido más duro. Generalmente, en el canto tribal con folklore electrónico y lenguas indígenas hay un sonido más holístico, más ondulante, no tan duro: ahí tenés a Chancha Vía Circuito, Nación Ekeko, Tonolec y Uji. Son muy bailables, muy de hacerte un trip, y con Juan Blas Caballero empezamos a escuchar a Depeche Mode, a cosas más de los años ‘80, con un sonido más duro. Yo le decía: “Esa impronta es la que quiero que esté en el disco”. A Juan le re va esa estética, y ahí tuvimos que hacer unos ajustes con Juan Sardi, que tiene un sonido más blando. Así que conciliamos entre los tres. Esa era la búsqueda y la textura que a mí me sonaba para Areté.
-¿Qué destacás de tu trabajo como vicepresidenta del Instituto Nacional de la Música (INAMU)?
-Me parece que en estos cuatro años como gestora cultural, mi pequeño granito de arena en el INAMU ha sido la creación de la Fonoteca de Arte Sonoro Indígena. Se trata de un reservorio de cantos en lenguas originarias ancestrales, actuales o mixturadas del territorio argentino, y que incluye el canto con caja. Hemos hecho relevamientos de músicas que no estaban recopiladas, como el canto huarpe o el canto charrúa. Este año pude viajar a Formosa para relevar el canto pilagá y eso va a ser subido hacia fines o principios del año que viene. Pude ir de nuevo al territorio patagónico, a Chubut, a encontrarme con abuelas que compartieron sus cantos ancestrales y sagrados, y por segunda vez se relevó el canto con caja en San Carlos, Salta.
En ese sentido “hay abuelos y abuelas que quieren ser parte de la Fonoteca: quieren que se preserven sus cantos de manera digital. Y cualquiera puede acceder a la Fonoteca en https://fonotecainamu.musica.ar”, dice La Charo. “Si tengo que destacar algo de mi paso por el INAMU es este reservorio de cantos en lenguas originarias, con material editado e inédito, ahora recopilado, que va a quedar como una obra abierta: las nuevas generaciones también irán aportando su música y su canto como un legado para los pueblos que vendrán”.
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