A mediados de 1967, The Beatles lanzó su obra más ambiciosa y revolucionaria. “Sgt. Pepper´s Lonely Hearts Club Band” era un fabuloso corpus de canciones que ampliaba los límites del rock. Aquél compendio ofrendaba: psicodelia, music hall, sonoridades hindúes y arreglos orquestales. El último tema del álbum –el extraordinario “A day in the life”– duraba casi seis minutos. El doble de lo que, con miras a la difusión radial, imponía la industria discográfica. La semilla plantada por los liverpulianos floreció de manera exuberante. El lisérgico “A Saucerful of Secrets”, de Pink Floyd, el sinfónico “Concerto for Group and Orchestra”, de Deep Purple, y el corrosivo “In the Court of King Crimson”, debut del combo liderado por Robert Fripp, eran algunos de esos brotes. Dichos trabajos ostentaban piezas sofisticadas emparentadas con la improvisación del jazz y la distinción de la música clásica. Durante la primera mitad de la década del setenta, Pink Floyd, Yes y Emerson, Lake and Palmer subieron la apuesta presentando suites de casi media hora. La onda expansiva de ese movimiento, bajo el rótulo de “rock progresivo”, se extendió a escala mundial. Argentina no fue la excepción.
Dapalu nació, en la ciudad de Santa Fe, a finales de 1973. La denominación del grupo aludía a los nombres de sus integrantes: el baterista Danilo Baroni, el vocalista Eduardo “Pacu” Bailón y el guitarrista Luis Sáez. El trio– luego devenido cuarteto con la incorporación del bajista Alberto Mantaras – exhibía un repertorio variopinto. Relecturas de canciones de The Beatles, Creedence Clearwater Revival, Santana, Vox Dei y Arco Iris. Solía actuar, con equipos sumamente precarios, en clubes, peñas escolares y cumpleaños de quince. El circuito de presentaciones abarcaba la urbe de origen y localidades cercanas. A comienzos del año siguiente, Mantaras y Baroni se desvincularon del proyecto siendo reemplazados, respectivamente, por Héctor Malizia y Alberto Comer. La flamante etapa trajo consigo una serie de cambios. “Comenzamos a interpretar temas propios que estaban influenciados por bandas como Pink Floyd, Genesis y Jethro Tull”, rememora Sáez. La renovación artística impuso un nuevo bautismo. Así surgió Agnus, indubitable referencia a “Agnus Dei” surrealista pieza de Almendra.
El combo empezó a presentarse en clubes de la provincia de Santa Fe. Los recitales eran compartidos con bandas locales como Magma y Caballo Alado. Tiempo después, por diversas razones, Bailón, Malizia y Comer abandonaron el conjunto. Lejos de amedrentarse, Sáez convocó al doble de músicos. A principios de 1977, ya lideraba un octeto que hasta contaba con tres voces femeninas. “Esa inclusión – dice el guitarrista – nos abrió el espectro sonoro”. “Fue – acepta – el rasgo que nos diferenció del resto de las agrupaciones”. Entre los incorporados estaban el bajista Ricardo Tersse y el violinista Enrique Schussler. El primero contaba con una larga trayectoria dentro de la escena rockera santafesina. El segundo, integrante de la Orquesta de Cámara de la Universidad del Litoral, sumaría al proyecto a una figura decisiva: la flautista María Cecilia Glaría. “Con ella – reflexiona – logramos una atmósfera parecida a la de Jethro Tull”. Sobre fines de 1978, el prestigio y la convocatoria del grupo habían crecido. El 10 de noviembre actuó en el Teatro Luz y Fuerza y, un mes después, participó del “Primer Encuentro de Música Contemporánea” en el Anfiteatro Juan de Garay.
Un punto de inflexión en la historia de Agnus fue su encuentro con el colectivo denominado Músicos Independientes Asociados. La agrupación(popularmente conocida como MIA) fue fundada por Rubens “Donvi” Vitale y, su esposa, Esther Soto. La iniciativa, nacida en la localidad bonaerense de Villa Adelina, cobijaba a instrumentistas, diseñadores, sonidistas, iluminadores y artistas plásticos. El conjunto, que funcionaba como una cooperativa, producía sus recitales y lanzaba sus álbumes bajo su propio sello discográfico. En octubre de 1979, con cuatro placas editadas, elcombo emprendió una gira por el interior del país. Durante su estadía en Santa Fe estableció contacto con bandas vernáculas. “Rubens y Esther fueron quienes nos llevaron por el camino de la autogestión”, declara Sáez. Dicha elección implicaba encargarse de diversas cuestiones logísticas. “Confeccionábamos planillas con los datos de nuestros seguidores. Entonces, cuando programábamos un concierto, les avisábamos por correo o vía telefónica”, detalla. “También – completa – les dábamos una credencial con la que podían adquirir entradas anticipadas y con descuento”.
Desde principios de 1979, entre cambios de formación y con el agregado de músicos invitados, el grupo contaba con once miembros. La complejidad de su propuesta artística, a la que debía sumársele la inusual cantidad de integrantes, impuso una estricta rutina de ensayos. “Durante la semana – comenta Sáez – me encontraba con las chicas del coro para poner a punto los arreglos vocales”. “Los sábados – cuenta – el resto de la banda se reunía en la casa de Tersse”. Los domingos, finalmente, la alineación a pleno se juntaba para ensamblar el trabajo realizado los días previos. “Ese método nos permitió optimizar los tiempos y evitó situaciones tediosas. Sobre todo, cuando debíamos concentrarnos en alguna tímbrica específica”, subraya. El conjunto, que construía su sonoridad con la meticulosidad de un artesano, también cuidaba el aspecto escénico de los recitales. “Estábamos relacionados con otras ramas del arte porque queríamos ofrecer una propuesta integral”, manifiesta el guitarrista. Durante los conciertos, la música interactuaba con otras disciplinas como la pintura, la fotografía y el ballet.
Con el dinero obtenido tras una serie de presentaciones, Agnus costeó los gastos de grabación de su placa debut. Los temas, por recomendación de MIA, fueron plasmados en los estudios Recordex en la Ciudad de Buenos Aires. Las sesiones se desarrollaron entre junio y julio de 1980. “Salíamos desde Santa Fe los viernes a la noche y, tras recorrer casi 500 kilómetros, llegábamos a la gran metrópoli el sábado al amanecer”, recuerda Sáez. “Una vez en las instalaciones – continúa – trabajábamos todo el día y el domingo volvíamos a casa”. “Mientras algunos grababan, otros dormían en el piso de la sala”, confiesa. El disco fue registrado, por Federico Ehrlich, en una consola de cuatro canales. El combo empleó un método de reducción de pistas para enriquecer las canciones. “Cuando teníamos la toma adecuada, la mezclábamos y la pasábamos a un canal y así – describe el guitarrista – nos quedaban los otros libres para agregar instrumentos o voces”. “Luego – sigue – repetíamos la operación hasta lograr la sonoridad deseada”. El álbum fue editado en vinilo y cassette – unas quinientas unidades con la sumatoria de ambos formatos – a través Dipíscopu, sello discográfico del grupo.
En septiembre de 1980, “Pinturas y Expresiones” llegó a las bateas de las disquerías santafesinas. La tapa, hecha por el dibujante Leónidas Noriega, mostraba a una enigmática mujer en la punta de un peñasco y sobre una luna llena. El trabajo traía un cuadernillo de ocho páginas con ilustraciones, las letras de los temas, fotografías de las sesiones de grabación y la ficha técnica. También incluía un poster con el “Árbol Genealógico de Agnus”, pormenorizado recuento de quienes habían pasado por la conjunto. El fuego se abría con la pieza que titulaba la placa. Una suite, dividida en tres partes, de quince minutos. “Contenía dos secciones más, pero fueron desestimadas porque con ellas se superaba el tiempo de duración de la cara del vinilo”, revela el guitarrista. La canción portaba diversos pasajes melódicos y rítmicos – con reminiscencias a Yes y a Jethro Tull – plasmados por un grupo en estado de gracia. Sáez la compuso tras una suerte de viaje iniciático, realizado por Estados Unidos, durante febrero de 1979. El lado A cerraba con “Historia de un rey”. Oda acústica, de Sáez y Tersse, con elementos de la música medieval y el folk pastoril. “Reflejaba la propuesta de los primeros tiempos de la banda”, apunta el coautor. El diálogo entre la flauta traversa de Glaría y el violín de Schussler, más unos precisos arreglos corales, construían una entrega irresistible. La faz B comenzaba con “Siglo XXI”, otra creación de la dupla de lírica apocalíptica y climática a lo Pink Floyd. El final llegaba con “Nace el día (Los monjes de la desesperación)” alumbrada por Jorge “Archi” Basílico quien llevaba más de un año en el combo. “Él estaba influenciado por Luis Alberto Spinetta hasta en su forma de cantar. Esa obra – explica el músico –lo prueba”.

Una página del cuadernillo de la edición en CD del trabajo realizado por el sello Viajero Inmóvil
Luego del lanzamiento del disco, Agnus ofreció su primer recital en la Ciudad de Buenos Aires. El 29 de septiembre de 1980, en un ciclo de conciertos organizado por MIA, desembarcó en el Teatro Lasalle. En aquella ocasión, compartió tablas con otros tres conjuntos autogestivos: Irreal, Redd y Vassa. El primero – liderado por Juan Carlos Baglietto – provenía de Rosario. Los dos últimos eran oriundos de la provincia de Tucumán. La revista Pelo, en el número 137, cubrió el evento y prodigó elogios para los santafecinos. Tras destacar los desempeños de Sáez y Glaría calificó la actuación como “meritoria y musicalmente rica”. Tras el debut porteño, el combo realizó presentaciones en las localidades de Rafaela y Santa Fe. Con un férreo núcleo de seguidores, la aprobación de la prensa especializada y un reciente álbum bajo el brazo, el futuro se insinuaba prometedor. Sin embargo, diferencias creativas y cierto desgaste interno determinaron – sobre el cierre de 1981 – el fin de la colosal aventura progresiva. “La agrupación contaba con tres compositores que, con el paso del tiempo, tomaron diferentes rumbos estilísticos”, aclara el guitarrista. “La separación – atestigua – fue amistosa”.
Dieciséis años después de su aparición, “Pinturas y Expresiones” volvió a nacer. La compañía brasilera Progressive Rock Worldwide, utilizando las cintas originales cedidas por Sáez, lo lanzó en disco compacto. El álbum, lentamente, comenzó a circular entre los amantes del rock progresivo. Con la llegada de plataformas, como You Tube, ese puñado de piezas experimentales, preciosistas y grandilocuentes se esparcieron por diversos rincones del planeta. A comienzos del 2025, el sello europeo PQR-Disques Plusqueréel lo presentó en una edición, limitada y numerada, en formato vinilo de 180 gramos. En la Argentina, Viajero Inmóvil Records elevó aún más la vara pues a la reedición del trabajo en cd le sumó, como extras, cuatro temas registrados en vivo. Además ofreció otro compacto con aquél concierto realizado, el 10 de noviembre de 1978, en el Teatro Luz y Fuerza de San Fe. El recital – recuperado tras una reconstrucción técnica hecha desde una cinta de cassette – rescató once obras del grupo. Nueve de ellas, inéditas. “El reconocimiento que está recibiendo Agnus – afirma Sáez con emoción – es fruto del amor y la pasión con la que concebimos nuestra música”.

Afiches de Agnus
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